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Como bien sabemos la respiración es sumamente importante ya que a través de esta nuestro cuerpo recibe el oxigeno que necesita para trabajar de manera correcta. Pero muchas veces no damos importancia a nuestra forma de respirar y esto puede ocasionar algunos problemas.

Respirar de manera profunda puede ayudar a relajarnos y a que nuestro cuerpo se oxigene de forma adecuada y así soltar el cuerpo rígido por causa de los impactos nerviosos súbitos; de los impactos emocionales producto de la fatiga y demás manifestaciones del sistema nervioso. Te invitamos a continuar con este curso donde aprenderás a recuperar tus energías en 15 minutos.

Vamos ahora a empezar a manejar lo que se conoce como relajación dirigida por palabras, para lograr, descansar concientemente y por ende, a recuperarnos en unos 15 o 30 minutos, de la fatiga de varios días.

Nos ubicamos en un espacio apropiado con buena ventilación, un poco de penumbra si es posible, música ambiental, clásica o especial para relajación y adoptamos la mejor de las posturas; esto quiere decir:

Acostados en el piso sobre un tapete, colchoneta o manta doblada, tratamos de sentirnos cómodos, bien sea de medio lado (En yoga, postura del pez aleteando), boca abajo o prono (En yoga postura del cadáver), boca arriba o supino (En yoga postura optima).

Cerramos los ojos y estiramos el cuerpo por completo imaginando una tracción de pies y manos máxima, lenta y sostenida, a conteo de 5 ó 10 segundos aflojando luego lentamente para repetirla varias veces. (Unas cinco).

Respiramos; se inhala, se retiene se exhala; se afloja y se tensan músculos de abdomen, glúteos y vagina completa, sostenido y lento a conteo de cinco ó 10 segundos aflojando luego y repitiendo unas cinco veces hasta sentir, que realmente se ha logrado el efecto deseado, o sea, el aflojar. Siempre concientes de la parte o las partes del cuerpo involucradas y beneficiadas.

Empezamos a visualizar el espacio en el cual nos encontramos, su tamaño y forma, al igual que los colores.

Pasamos luego al cuerpo empezando el recorrido por los pies.

Visualizamos los pies con sus dedos, su arco o puente, el talón…les pedimos que se suelten, se relajen y descansen.

Continuamos con los tobillos, piernas, rodillas, muslos; pidiéndoles igualmente, se suelten, se relajen y descansen.

Vamos ahora a los glúteos; bajo y alto vientre con sus órganos internos y les ordenamos que se suelten, se relajen y descansen.

En este punto, si sentimos alguna incomodidad o cansancio, suspendemos las órdenes para poder mover la, o las partes del cuerpo que se encuentran fatigadas, las movemos lento hasta lograr equilibrarlas para poder continuar.

Vamos ahora al pecho, la espalda, los órganos que se alojan en la caja torácica y les pedimos igualmente se suelten, se relajen y descansen; en este momento nada nos duele, nada nos estorba, nada nos molesta.

Vamos a los hombros, brazos, antebrazos, muñecas, codos; enviando las órdenes de descanso y relajación como lo hemos hecho con las demás partes del cuerpo.

Visualizamos el cuello en su cara anterior y posterior; los músculos de la cara, el cuero cabelludo, las… orejas… ojos cerrados sin tensión, la lengua suelta.

En este momento todo nuestro cuerpo se encuentra completamente relajado, suelto y sin tensiones. Nada nos molesta, nada nos duele, nada nos estorba.

Disfrutamos de este estado de no ser, de no sentir, de no pesar, de la ausencia del dolor y la fatiga, del goce pleno de la relajación total; del descanso recuperador de nuestro cuerpo y mente.

Los pensamientos entran y salen, no nos detenemos en ninguno de ellos; al igual que los sonidos, simplemente pasan de un lado al otro sin sentirse; el descanso es total; mente y cuerpo se encuentran en armonía absoluta.

Respiramos lento, rítmico, ensanchando el pecho sin esfuerzo; oxigenamos renovando todo el sistema que recorre nuestro cuerpo.

Respiramos, aflojamos, descansamos.

En este punto estamos preparados para desplazarnos, para salir del cuerpo para viajar con la mente y el espíritu a lugares maravillosos, a los que más nos agraden para, al entrar en ellos, descansar plenamente.

Vamos pues a emprender solos o acompañados, un viaje por ese maravilloso lugar escogido, disfrutando del sol o la lluvia; de la brisa o el viento; de la niebla o la brillantez de los atardeceres o la alborada; de las olas o los rápidos de un río; de la quietud de un lago; del contraste del dorado llano con el punto de fuga del azul lejano.

Empezamos el recorrido lentamente, sin prisa, observando cada cosa en detalle, las flores, los árboles, las mariposas, las abejas y las aves; los peces y reptiles; las diminutas mariquitas con sus pecas de colores; sentimos el aroma de cada flor, de cada hoja, el olor de los pinos y el bosque primitivo, de la tierra húmeda, del musgo.

Caminamos sobre los colchones de musgo de los bosques de niebla, miramos pasar una por una las hormigas azules solitarias, sentimos la respiración del oso de anteojos y el vuelo de las gallinetas.

Vemos caer las gotas de las barbas y liquen de los árboles de los páramos, matrices guardadoras de aguas puras, de los nacimientos limpios, descontaminados y quietos.

Continuamos por el sendero adelante sin afán, sin temor ni tiempo; respiramos profundo y lento disfrutando de cada visión, sensación o momento.

Nos detenemos (sin movimiento) el tiempo necesario para el regreso; luego, empezamos a hacer nuevamente conciencia de todas las partes que conforman nuestro cuerpo empezando a sentir y a estirar lento y sostenido; sintiendo la renovación de cuerpo y mente. Hacemos conciencia del regreso; de los movimientos y el descanso.

De la recuperación lograda con el desplazamiento, de la reparación de horas de sueño, del necesario descanso.

Movemos lentamente el cuerpo en todos los sentidos; nos estiramos como “la pereza del gato” tras la cacería.

Abrimos los ojos, y muy despacio, nos colocamos de pie dando gracias por los beneficios recibidos con la relajación.

Nuestra mente está en calma y libre de cargas generadoras de estrés, fatiga o sentimientos de desagrado o dolor; hemos descansado, agradable, profunda y conscientemente.

Ahora, podemos sentir cuerpo y mente en armonía.


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