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Curso: Doctrina Social de la Iglesia

Temáticas:
religión
Categoría:
calidad de vida
Autor:
Percy Infante
Fecha de publicación:
13/09/05
Dificultad:
Fácil

Alumnos que han seguido este curso:
285

Contenido del curso

  1. 1. Introducción
  2. 2. La doctrina social de la Iglesia forma parte de la teología moral
  3. 3. La doctrina social de la Iglesia al servicio del hombre y de la sociedad
  4. 4. Dimensión histórica de la doctrina social
  5. 5. Magisterio pontificio
  6. 6. Documentos más recientes


2. La doctrina social de la Iglesia forma parte de la teología moral


Capítulo anterior: 1 - Introducción
Capítulo siguiente: 3 - La doctrina social de la Iglesia al servicio del hombre y de la sociedad

 La doctrina social de la Iglesia forma parte de la teología moral en el campo social, sus enseñanzas se fundamentan en el derecho natural y en la revelación. Esta enseñanza se refiere al modo cómo debe comportarse el hombre en sociedad y, además, propone las exigencias éticas que deben regular el ordenamiento de las estructuras económicas, políticas, culturales y sociales.

La visión cristiana de la convivencia social se fundamenta en la dignidad de la persona humana recibida del evangelio, como a continuación se afirma:

"La Iglesia recibe del Evangelio la plena revelación de la verdad del hombre. Cuando cumple su misión de anunciar el Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina" (Catecismo de la Iglesia Católica, 219).

Es esta verdad acerca del hombre, siempre que se trate de sus aspectos morales, lo que la DSI ofrece como su aporte particular a la solución de los problemas humanos. Además de anunciar lo que es el hombre, denuncia la raíz de las situaciones injustas que atentan contra su dignidad, pero también contribuye con los esfuerzos en beneficio del desarrollo integral del hombre y de la sociedad. (Orientaciones, 11; SRS, 1).

La doctrina social de la Iglesia, al formar parte de la teología moral, no se queda en las cuestiones técnicas que competen a otras disciplinas, sino que pretende juzgar la realidad social desde el punto de vista ético, para conocer su conformidad o diferencia con lo que el evangelio enseña acerca del hombre en la convivencia social y para ver en qué medida los sistemas existentes respetan la dignidad humana. (Cfr. Libertatis conscientiae, 74).

Esta doctrina contiene tres niveles de reflexión: "principios de reflexión", "criterios de juicio" y "directrices de acción" con una orientación eminentemente práctica, o sea, orientada a la transformación de la conducta moral y las estructuras sociales.

a.       Los principios de reflexión provienen del evangelio y el derecho natural, aplicables a las diversas situaciones históricas. Afirman la dignidad de la persona humana, la igualdad fundamental de los hombres, sus derechos inalienables, el derecho a la vida, a la propiedad, el derecho natural de asociación, etc.

b.       Los criterios de juicio están compuestos por juicios morales, dictados sobre hechos históricos, estructuras e ideologías. Estos juicios varían en la medida en que cambian las circunstancias que le dieron origen.

c.       Las directrices de acción comprende normas morales que se deducen de los principios; por ejemplo las obligaciones sociales de la propiedad, el salario, etc. Estas directrices requieren del concurso de los recursos de la ciencia y del saber para llevarlas a la práctica.

Con base en estos tres niveles de reflexión, la DSI ofrece su aporte a la sociedad desde tres dimensiones: Una dimensión teórica, encargada de formular los principios éticos permanentes. Una dimensión histórica, la cual tiene a la vista los problemas concretos de la sociedad en cada momento de la historia y finalmente la doctrina social de la Iglesia goza de una dimensión práctica ya que se convierte en fundamento y estímulo para la acción y se propone la aplicación de los principios permanentes a la vida práctica. (Orientaciones, 6)

De cara a los no creyentes el pensamiento social cristiano, fundamentado en una correcta interpretación de la naturaleza humana, se convierte en una respetable autoridad moral, pues su discurso también recoge valores universales aceptado por todos. Para los creyentes, en cambio, esta enseñanza, al formar parte del Magisterio moral del Romano Pontífice, obliga en conciencia. La obligación de cumplir estas enseñanzas sociales, depende de la clase de juicio que se emita.

En este sentido hay más obligación moral en llevar a la práctica los principios morales permanentes, que aquellos criterios éticos elaborados sobre circunstancias históricas o aspectos técnicos en el orden social, político y cultural. En este caso, cuanto más intervienen factores técnicos y más amplia y compleja es su participación en la elaboración de los juicios tanto menos vinculantes serán los resultados.

Esto no significa que el creyente deba menospreciar estas directrices, sino que deben ser considerados como importantes elementos de juicio para ilustrar su propia conciencia y asumir las opciones que considere más apropiadas y factibles. En este campo es cuando la Iglesia reconoce la pluralidad de opciones de parte de los laicos.

En definitiva, le compete a la doctrina social reflexionar sobre el plan de Dios acerca del hombre en la vida social. Y con base en este estilo de existencia que viene dado por el derecho natural y la revelación, le corresponde a la DSI defender y promover al hombre en el contexto social donde éste desarrolla su existencia, de acuerdo a las exigencias de la justicia en procura del bien común.





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