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Capítulo 5:

 Violencia de género. Tipos de agresor

NADIE CAMBIA A NADIE, SOLO CADA UNO CAMBIA POR SU PROPIA CUENTA, SÍ SE LO PROPONE”. 

Hasta el amor por una persona es a veces insuficiente para que ella haga los cambios necesarios y se acople a la otra en la relación.

Si cuando estaban de novios tu pensabas que ciertas actitudes machistas las podías cambiar ya casados, ahora estarás más que segura de tu equivocación, ¿Verdad?  Pues como a ti no te gusta que él pretenda cambiar tus gustos, sueños, deseos y aspiraciones y hasta violentar tu espacio y libertad.  Entenderás que tampoco puedes hacerlo con él.  Si tienen aristas y se las quieren pulir, no es tratando tú de limárselas a él y viceversa.

Hacer cambios en nuestra forma de pensar y actuar, serán fruto de un proceso de autoanálisis y conclusiones que nos lleven a tomar  la decisión, porque estimamos conveniente y razonable esos cambios, no por presiones de terceros, sino porque reconocemos para nosotros que haciéndolo nos evitamos dolores de cabeza y podemos ser mejores personas.

Sí en una relación de pareja ambos se muestran interesados en hacer cambios para acoplarse mejor y se piden ayuda para señalar esos puntos que debieran cambiar, los pueden descubrir a través de un diálogo sincero, a modo simplemente de exponer esas dificultades y ponerse de acuerdo en elaborar un plan de crecimiento, que consiste en: identificar el problema, elaborar unos pasos para mejorar éste, hacer evaluaciones periódicas y medir los resultados.  Esto es de personas maduras y que valoran su relación al punto de preocuparse por mejorar aquello que los está distanciado.

Caso contrario si uno de los dos se niega a poner en marcha un plan de crecimiento y no está interesado en hacer cambios, la decisión queda en el campo contrario.  No podemos pretender vivir con una persona que está cerrada a cambiar, hasta los animales y las plantas cambian, como no lo va a hacer un ser racional, que puede elegir pasando por encima de su orgullo o comodidad, para darle valor al amor por el cual se unió a otra persona.

Cuando alguien no muestra interés en amoldarse en una relación de pareja, sólo queda dejarlo en libertad para que conviva con su egoísmo y se haga la vida que quiera.  Esa persona no te necesita a su lado, se basta a sí misma.

El manipulador, “Como tú quieras mi amor” Es el astuto, que utiliza subterfugios, historias, disculpas, consejos o  promesas, - no sé qué otras cosas para acomodar la situación a su favor, sin contradecir a su pareja, casi siempre dándole la razón, pero usando tretas que lo lleven a ser el ganador, <<este meloso gato traicionero>>, siempre busca darle gusto a la mujer, o hacerla responsable a ella de la situación de una manera velada, pero al ceder o con su posición,  está solapadamente demandando su propia recompensa. 

Si ese es tu caso, acá debes emplear a fondo el método de tu paz interior y hacer de tu vida un remanso de paz.  Por mucho que tú hagas por la relación siempre te vas a encontrar con la misma respuesta, así que te das cuenta que estas amando sola, convencida de que en verdad eres amada y respetada y por si fuera poco eres la única responsable de mantener a flote la relación.  El sujeto siempre se valdrá de disculpas aparentemente válidas para que lo consideres honesto y comprometido.  Hasta que descubres la farsa.

Este personaje requiere de enfrentar retos de tu parte a fin de entenderlo y comprenderlo pero consiguiendo que acepte ser responsable de sus actos, para que estos no afecten tu tranquilidad y estabilidad emocional que es lo más importante.

El método del diálogo es igualmente necesario y si no se presta para ello, pues se pasa a la escritura, al fin de cuentas lo importante es que puedas exponer tus sentimientos afectados por la convivencia.  No se trata de comprar paz a cualquier precio, es decir, que dejas de enfrentar la realidad por no empeorar la situación, esto no es sano ni conveniente, porque contradictoriamente, la situación empeora, cuando dejamos pasar las dificultades sin aclararlas por medio de un diálogo sincero y profundo, como el método con el cual podemos establecer responsabilidades y acciones que nos lleven a tomar el control de nuestras vidas y de la relación de pareja.

No se trata de conformarte cuando te dicen que tú tienes el control, como tampoco tú de igual manera quisieras que tú pareja lo tuviera.  Para eso existe la concertación a través del diálogo, hay principios innegociables dentro de una relación y esos son la toma de decisiones importantes que afecten los intereses de pareja.  Tu escuchas la posición del otro y el la tuya, después de un discernimiento mutuo, viene una decisión mutua, sin imposiciones ni renuncias, fruto del amor y el  interés de ambos por una sana relación.

Algunas decisiones de menor importancia se tomarán de manera individual porque no afectan la relación, pero no podemos emplear el mismo método con lo trascendente, con lo que realmente se puedan herir los sentimientos de uno o de ambos.  Porque se corre el riesgo de las acusaciones o señalamientos y tener que enfrentar conflictos evitables al ser consecuentes con su participación activa en las decisiones que atañen al buen desempeño dentro de la relación.

El Don Juan, “Todas las mujeres son fáciles” Este personaje suele rodear de romanticismo  a sus víctimas, para hacerlas presa de su arrogancia, lo más agresivo de su cercanía con las mujeres es quizá su falta de sentimientos nobles.  Porque suele crear un ambiente de amor y ternura - fingidos -, que terminan por derrumbarse como castillo de naipes una vez cumple sus propósitos, casi por lo general ceñidos al acoso con fines sexuales y hasta con intereses económicos. Por tanto,  consiguen confundir los afectos en la mujer, ésta termina herida en sus sentimientos, frustrada y abandonada a su dolor, renunciado a confiar más adelante en los varones.  Evitará ser herida de nuevo. Dudando de cualquier hombre que se le acerque.  

La consecuencia de esto para la mujer es una pérdida de la confianza en la afectividad y en sí misma, para elegir un compañero.

Recuerda que tu pareja no te pertenece, está a tu lado porque así lo eligió, de igual manera estás tú y tampoco le perteneces.  Pero debe existir respeto por el compromiso que hicieron de compartir sus vidas. Y eso implica reservarse para el otro de manera integral.

Tristemente las mujeres que comparten su vida con este tipo de personas, llevan en vilo su tranquilidad y su emotividad.  Quien en su sano juicio, desea estar a todo momento con la incertidumbre de la infidelidad en la puerta de la casa.  Ni la más tranquila ni la más osada, puede permitir que su relación dependa de una tercera persona, eso no es sano ni muchos menos consecuente con la idea de vivir una relación.  La infidelidad no solo es cuestión de sexo, es también, en lo afectivo, la corresponsabilidad, la cercanía, la consideración, la valoración de la persona y por sobre todo en los actos de amor.

Evita ser traicionada, esa quizá sería la partida para una  espinosa y lamentable  crisis para tu relación, y esto lo puedes prevenir siempre y cuando estés atenta al diálogo sobre este aspecto, si haces lo pertinente para mantener la atención sobre ti, y tu, sobre tu pareja, entonces se minimiza el riego y puede acrecentarse la confianza.  No se trata de celar a nadie, es participar obteniendo la atención sobre ti.

Algunas mujeres se casan y pierden todo interés en mantenerse bien presentadas, descuidan su figura y se olvidan de atender  a su esposo, esto en el sentido de que sienta que es amado y valorado y sin perder el contacto afectivo.  Si esto no ocurre, lamentablemente, el hombre empieza a mirar hacia afuera y a comparar, encontrando mujeres atractivas que infortunadamente están atentas a recoger lo que otras descuidan.  Si permites que esto ocurra, ya para que te lamentas.

No es celando al hombre como se le retiene, la libertad individual es un derecho inalienable, así que, cuando se elige vivir con alguien esa elección lleva implícita una obligación, el respeto y la consideración por la persona elegida.  Si el hombre no entiende esa parte de su elección, alguien se lo debe dar a conocer y entender.

Si no está dispuesto a respetar esto, también es claro que no se puede obligar a que lo efectúe muy a pesar de saber que falta a su palabra y por tanto habrá que tolerar ese cambio en su decisión.  No te pertenece, no tienes poder sobre él, por más que quieras retenerlo no será posible a menos que sea por su propia decisión.  Cada quien elige con quien estar.

Un don Juan, es un ególatra que sólo ve en su satisfacción personal la recompensa, se olvida de que está tratando con personas que tienen sentimientos y concluye que  la vida es un juego donde ganan pocos y él es uno de ellos.  Su pareja, de malas, ella pobrecita le tocó acomodarse a la situación y tiene que soportarla porque él está primero.  Y como es hombre tiene ese privilegio, pues las mujeres no pueden darse esos lujos.  La mayor ofensa y para él imperdonable,  es que su mujer se atreva a tener un romance con otro, es más, casi que ni tenga amistades masculinas porque está propensa a caer en las garras de la seducción, es decir, que juzgan según actúan.  Y aunque se muestren indiferentes, internamente están atentos a las reacciones de su pareja.

Que diríamos en este caso de cómo debe actuar la mujer.  Ante todo la revancha no es el camino, por tanto no debe responderse con las mismas armas que se es agredida.  La dignidad y los valores morales en la mujer están por encima de los comportamientos impropios del hombre.  Debe dar ejemplo de respeto por su cuerpo y su compromiso con el otro, así no reciba lo mismo.  Su dignidad no está sujeta a variaciones forzadas por las circunstancias.  Su amor es suyo y no mercancía de oferta ante cualquier situación provocada por su pareja.

Como ese hombre no te pertenece, pues debes pensar en soltarlo, como un barco suelta el lastre, para andar ligero.  Si tú interés es superior y no deseas dejarlo, entonces tú esposo debe proporcionarse para tener una terapia de pareja y definir si su relación es más importante que sus aventuras, si su egoísmo es más fuerte que el amor que te debe como a su pareja.  Debes dejar por sentado que quieres y que esperas en la convivencia contigo.  Los resultados te mostrarán el camino a seguir y cuál sería la decisión más correcta a tomar.

El hombre celoso,“¿Tu no me estarás traicionando?”  Este modelo de hombre, es en verdad un tormento para la mujer que desafortunadamente ha ligado con él.  Su actitud hostil, perseguidora, desconfiada, llega en algunos casos a extremos de demencia y nada extraño encontrar aquellos que combinan muy bien su “enfermedad” con la violencia física.  Esto lo implantan al sentirse impotentes para controlar sus emociones, no reconocen su perturbación y difícilmente aceptan ayuda, porque consideran que ellos no son el problema, sino las “actitudes provocadoras” que su pareja asume, las cuales con sobrada razón lo llevan a reaccionar airadamente.

Este tipo de persona tiene un serio problema sicológico y si no recibe ayuda profesional, difícilmente superará su dificultad.  La mujer que se enfrenta a esta celotipia, se ve impotente en la mayoría de los casos, porque haga lo que haga, siempre sale perdedora. 

Enfrentar por parte de la mujer este problema es hasta riesgoso, porque generalmente el afectado llega a la violencia.  Si entiendes que nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento y tu no le perteneces a tu pareja, llénate de fuerza interior y afronta el reto de convencer a tu pareja de que su relación no se puede fundar en la desconfianza y en las presiones causadas por los celos.

Cuando ambos están de acuerdo en continuar juntos y trabajar por su relación, el esfuerzo de la mujer, debe centrarse en demostrarle el amor no sólo con palabras, sino también, con hechos que le den la seguridad que él no tiene, porque ese es el principal problema del celoso, falta de seguridad en sí mismo, pareciera que no fuera merecedor del amor de su mujer y vive un infierno tratando por todos los medios habidos y por haber de retenerla a su lado.  El diálogo honesto y sincero sirve para expresarle esa seguridad que él necesita.  Sin embargo para que la mujer logre ese poder de convicción, debe buscar su paz interior que le ayude a mostrarse trasparente, receptiva y despojada de toda prevención, para que pueda ganarse la confianza de su pareja.

También es posible que se encuentre con el hombre que no quiera dar su brazo a torcer, que no quiera trabajar por mejorar en su relación y simplemente se cierra a continuar como ha venido expresando su desconfianza o quizá se vuelva más violento e intolerante que antes.  Este es el punto de quiebre y acá la mujer por más que lo quiera debe entender que no puede continuar a su lado, esa relación se vuelve enfermiza y no aporta nada bueno ni a la tranquilidad de la mujer ni a la satisfacción del hombre que jamás se verá complacido.

El egoísta, “Tú no tienes porque saber cuánto gano” - Como si el dinero que gana el hombre fuera exclusivamente para él.  Cuando se ha formalizado una relación de convivencia, la economía es de pareja, o sea, que el dinero es de los dos y no de quien lo gana. 

Una pareja bien avenida o constituida, hace planes conjuntos y dentro de estos incluye su plan económico.  No siempre ambos van a devengar un sueldo o van a tener los mismos ingresos, por lo tanto, sea cual fuere el caso, no deben dejar de tener un plan de economía doméstica que contemple todos los aspectos del gasto o inversión.

Para el caso de la pareja que sólo el hombre devenga, sus gastos deben estar acomodados a sus ingresos y si como es costumbre en la mayoría de quejarse porque el dinero no les alcanza, pues deben comenzar por centrarse en los gastos importantes y dejar de lado las cosas superfluas o los vicios que desangran su presupuesto.  Pero algo bien importante, por pequeño que sea el presupuesto, siempre debe contemplar una partida para uso exclusivo de la mujer, para sus gastos personales, porque si ella no trabaja por fuera de casa, dentro de ella trabaja bastante y no tiene un salario, entonces es más que justo que pueda disponer de algo para sus necesidades.

La relación con el hombre egoísta debe centrar la atención a través del diálogo, para organizar los gastos haciendo un plan conjunto.  Es venderle la idea de que el control del presupuesto no lo quiere hacer usted, sino, que juntos lo van a diseñar, para que pueda confiar en que usted no se va a malgastar el dinero. Y que él va a tener el control sobre éste.

El temor del egoísta es a despilfarrar y quedarse sin nada, de tal forma que el presupuesto debe encaminarse a lo más urgente y si queda algo se dejará como ahorro o provisión para una emergencia, no inventar en que gastarlo, porque eso genera mayor desconfianza.  Tampoco es conveniente que se gaste todo lo que ingresa, el ahorro es fundamental por pequeño que sea.

El fanfarrón,“Tú no tienes derecho a decidir”.  Este personaje se pavonea y hace alarde porque en su casa se hace lo que él dice, no admite que la mujer tenga sus propias decisiones y la obliga a pedirle “permiso” o autorización hasta para realizar aquello que sólo le incumbe a ella. No tolera interferencias de nadie en su “territorio” es decir, que todo cuanto lo rodea es de su propiedad, incluyendo a su mujer, de la cual dispone igual que si fuera un objeto.

Ante todo volvemos a insistir, tú no le perteneces, no eres un objeto para que te quieran controlar como tal.  Tampoco te debes sentir inferior, eres una persona con derechos y deberes igual que tu pareja.  Para ti que convives con ésta situación se te puede hacer difícil de creer que las cosas cambien, bien porque no tienes forma de mantenerte económicamente o porque el temor te paraliza y consideras que te pones en riesgo a una reacción violenta de su parte.

Debes entender que tu libertad la pierdes cuando tú decides perderla, el temor, lo económico, o cualquier otro elemento que se presente, no es el responsable de la situación, es tu falta de acción la que te amarra al fanfarrón.  La paz interior que necesitas no la venden en los supermercados, las decisiones tampoco, así que tienes que tomar el riesgo de asumir una posición que te coloque en mejores condiciones frente a esta relación tirano-dependiente.  Sal de tu guarida y busca la luz, busca ser la persona que Dios quiere que seas, plena, libre, alegre y dispuesta a luchar para convertirte en un ser humano cada vez más espiritual, lleno de amor y solidario.  No lo vas a conseguir a menos que te plantes en esa decisión a riesgo de terminar convertida en una persona gris, triste y deprimida, por no poder conseguir realizar los sueños de vivir el amor de pareja.

Necesitas valorarte para valorar, quererte para querer, respetarte para respetar y aceptarte para aceptar ya que nadie da de lo que no tiene dentro de si.  Ninguna relación te dará la paz que tu misma no crees en tu interior.  Ninguna relación te brindará felicidad que tú misma no construyas.  Sólo serás feliz con otra persona cuando seas capaz de decirle bien convencida “No te necesito para ser feliz”.

Sólo podrás amar siendo independiente, hasta el punto de no tener que manipular ni manejar a los que dices querer.  Solo se podrá ser feliz cuando dos personas felices se unen para compartir su felicidad, no para hacerse felices la una a la otra.

Para amar necesitas una humilde autosuficiencia, necesitas autoestima y la práctica de una libertad responsable. Pretender que una persona nos haga felices y llene todas nuestras expectativas es una fantasía narcisista que sólo trae frustraciones.  Por eso ámate mucho y madura y el día que puedas decirle a la otra persona “sin ti me lo paso bien” ese día estarás más preparado para vivir en pareja.

Nos educaror en la idea de la “Media Naranja” en que somos seres incompletos que necesitamos del otro para hallar la sensación de plenitud, los cuentos de hadas siempre terminan con el encuentro del príncipe azul y el consabido “Y vivieron felices” y nos empecinamos en habitarlos.  Entonces aparecen frases como “El otro me hace sufrir” ”El otro no me comprende” y permanecemos atados a relaciones donde seguimos esperando que algo externo a nosotros cambie y nos traiga la paz, el equilibrio, el amor y la tranquilidad.

Antes de acudir al encuentro del otro, deberíamos intentar el encuentro con nosotros mismos.  Nada encontraremos en el otro si primero no lo hallamos en nosotros.  Es un largo proceso que puede tomarnos toda la vida y al transitar ese camino, nos encontramos con partes nuestras que preferimos no reconocer, con dolores, con miserias personales…pero vale la pena.

El desconsiderado, “Esos oficios son para las mujeres” Este género de hombres, machistas o que dicen no serlo.   Resultan ser quienes argumentan que los trabajos de la casa, educación y atención de los niños, son sólo obligación de la mujer.

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