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Vida y existencia. Origen de la concupiscencia

Autor: Ramón Agustín Castro Ramírez
Curso: 4/5 4/5 (1 opinión) |151 alumnos|Fecha publicación: 02/03/2009
Capítulos del curso

Capítulo 2:

 Paraíso celestial y las pautas para el retorno

El primer DON

El primer don que el padre de las luces obsequió, en su infinita benevolencia fue el de la residencia, que entrego personalmente a cada uno de los concupiscentes. Fue una energía o soplo divino que actuaba como un consolador interno, una diminuta miscela, perceptible microscópicamente que les recordaba que antes habían sido luz y que de ésta luz provenían, que habían venido de un paraíso que no recordaban, pero que antes habían tenido vida y vida en abundancia y que además el eterno padre esperaba con infinito amor y sabiduría su retorno.
 
Pero, también, les aclaraba que para retornar debían demostrar que tenían la capacidad, se les comunicó que a partir de ese momento se iniciaba un proceso evolutivo. La primera evolución se dio en los líquidos, especialmente en los mares y ríos, en donde el espíritu del señor había derramado los dones.

El paraíso celestial

Los concupiscentes habían recibido el don de la residencia y creyendo que ese don había sido concedido por su dios se sometieron ante él y ofrecieron toda su existencia y le pidieron normara a partir de entonces todos sus actos. En el paraíso celestial al entender que el señor de señores había sembrado la esperanza de retorno de todos los concupiscentes sintieron un gozo interno y el sitio celestial se llenó de fosforescentes colores.

En el paraíso reinaban, sometidos a la autoridad divina el amor y la sabiduría, los tres eran en verdad, uno solo y la decisión era una. Fue entonces cuando el señor pronunció con amor y  sabiduría la primera palabra y ordenó que exista la luz y ésta se esparció por  todo el universo, pero el paraíso celestial conservó lo más excelso y brillante de su creación.

La luz  fue sentida por los concupiscentes y por primera vez contemplaron sus formas que según ellos eran concepcionadas por su dios.LUZBEL había tomado una forma especial y dentro de él continuaba acrecentándose el resentimiento contra el padre de los dioses y a partir de ese momento, sin tener la capacidad de comunicarlo a sus aliados, le declaró abiertamente la guerra al señor de los señores, exigiendo que todos los concupiscentes se sometieran y entregaran su residencia dejándose devorar, para que esto solo fuera parte de su existencia.

Un grupo pequeño, temeroso y disminuido no aceptó la propuesta y trató de alejarse del considerado todo poderoso, por lo que fueron furiosamente perseguidos escondieron dentro de la inmensidad de las aguas y empezaron a clamar desesperados la ayuda del señor y fue así como la esperanza en el paraíso nuevamente se acrecentó y el señor permitió que los concupiscentes arrepentidos continuaran con una más de las siete  evoluciones programadas en la tierra y les permitió que pudieran salir del mar para no ser así alcanzados por los concupiscentes fieles a lucifer, nombre, que desde entonces los concupiscentes en proceso de arrepentimiento conocen, hasta ahora, al que antes fuera llamado LUZBELL

Pautas para el retorno

La alegría en el paraíso celestial, invitó a una profunda reflexión preguntaron al padre  como sería eso posible por lo que señor de los señores precisó mediante un decreto divino lo siguiente:

Primero: Los ángeles  del cielo controlaran ese retorno y prepararan un tamiz que sólo permita el regreso a los que con justicia lo merezcan, en concordancia con el orden establecido desde el inicio de la luz.

Segundo: Los querubines estarán ubicados en los siete reinos de la sabiduría y del amor, pudiendo ser educados hasta en ciento siete oportunidades.

Tercero: Sólo habrá dos medios o formas que permitirán la inscripción para participar en el primer estado el sufrimiento y la actividad permanente.

Cuarto: Los seres, hoy llamados humanos deben ser un producto de siete evoluciones en siete ambientes diferentes y en siete estados de la materia.

Quinto: Logrado la última evolución y transformado en ser humano debe reencarnarse, olvidando su reencarnación anterior por setenta y siete veces.

Sexto: Debe en el momento de perder su existencia, previa evaluación, descender a la profundidad de sus evoluciones, lo que hoy llaman infierno y desde allí, reprogramar su nueva vida para vencer mediante la acción del karma y el karma el peso de sus existencias anteriores.

Séptimo: Debe ser capaz de cristificarse, es decir encarnarse en cada uno de los supremos controladores y defensores del bien. Debe entender que es parte de la creación y transformarse nuevamente en la materia pura conciente de su rol y papel.

NOTA: Con este capítulo hemos llegado al final del curso.

Capítulo anterior - Concupiscencia. Origen
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