¿Para qué sirve la vergüenza?
Intentemos formular una respuesta a esta pregunta.
Le invito a hacer este ejercicio: piense en algo concreto de lo que
se avergüenza. Trate ahora de esclarecer si es que su vergüenza
tiene estos dos motivos:
- Lo que le causa vergüenza lo conoció otro, y/o
- Lo que le causa vergüenza lo desaprueba usted mismo.
Sepa que es un buen indicador que sucedan las dos cosas por igual.
Es muy saludable sentir vergüenza en las dos direcciones, ya sea
que los demás demanden o no de nosotros esa reacción, ya sea que al
demandarla lo hagan culpándonos o exhortándonos a cambiar, ya sea
que haya quien nos haga reclamos o no.
La vergüenza es una emoción enormemente reveladora del ser y la
potencialidad individual. Una apertura hacia la crítica que nos
hace mejorar.
La vergüenza que se siente respecto a la mirada de otro, es la más
clara, sencilla y superficial, y es de suma utilidad: es una
vergüenza de alerta, de supervivencia, porque es una sensación de
posibilidad de pérdida de algo que nos da otro. Esta vergüenza es
relacional y pragmática, inmediatista; nos invita con urgencia a
reaccionar tomando precauciones y protegiendo o reparando nuestra
imagen socialmente visible (socialmente hacia alguien en particular
o hacia todos en general), para reivindicar nuestra imagen
social.
Veámoslo metafóricamente: la vergüenza interpersonal es la que nos
hace ver la necesidad de negociar o renegociar algo. La vergüenza
intrapersonal es la que nos hace ver la necesidad de trabajar con
nuestra cultura individual (valores y capacidades de todo
tipo).
La negociación cuida la imagen, maquillándola cuando es necesario.
La cultura promueve, sin esfuerzo, el espíritu que está animando a
la imagen.
La vergüenza que se siente ante la propia mirada, aunque nadie más
conozca su contenido, es aquella que nos conmina a hacer cambios de
tipo estructural, intentándolos interminablemente, porque responde
al hecho de que uno mismo desaprueba lo que le parece vergonzoso.
Esta es la manifestación del anuncio de la íntima dignidad, la
fuerte, la autónoma, la que promete poder personal, porque señala,
indica y permite representarnos ese poder, en la medida en que es
potencialidad, todavía no realización: hay posibilidad de que
realicemos aquello que nos ha sido anticipado ante nuestro
intelecto y ante nuestro apetito.
De hecho se ha conceptuado didácticamente a la cultura,
desde una perspectiva antropológica y de la psicología social
-diciéndolo no literalmente-, como la personalidad de un
colectivo.
Y, haciendo referencia al ser personal, resulta muy revelador, muy
consistente formular una definición sucinta de la personalidad
como la cultura de un individuo.
La vergüenza intrapersonal es un anuncio -la ventana
abierta- del conocimiento y el deseo, que nos predispone a
configurar nuestra voluntad -la puerta abierta-, a
diseñarla, para que ésta luego despliegue todas las capacidades en
todas las dimensiones de la persona, para diseñar una estrategia
-el camino- que nos active de manera que podamos
involucrarnos -caminar- en la fase artesanal de hacer,
para volver realidad lo anticipado como conocimiento y como
deseo.
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