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El valor educativo de la Educación Física

Autor: arturo gonzález
Curso: 5/5 5/5 (2 opiniones) |1659 alumnos|Fecha publicación: 02/12/2005

Capítulo 6:

 Valores intrínsecos a la Educación Física

Los diferentes autores coinciden en la existencia de una serie de valores inherentes a la práctica deportiva. La mayoría de ellos se centran inexorablemente en aquéllos que son positivos, deseables,... en su afán por argumentar el valor educativo de la Educación Física. Ahora bien, sí difieren en el número de los mismos. Seirul.lo (1995; en D. Blázquez, 1995) reconoce tres, el agonístico, el lúdico y el hedonístico. Por su parte Acuña (1994), distinguiría por un lado la obtención de marca, la victoria y la superación, y por otro, más próximo a los intereses educativos, a la diversión, el entretenimiento y el mantenimiento físico. Mc Hugh (1995; citado por Gutiérrez Sanmartín, 2003) considera aprender a depender unos de otros, aumentar la autoestima y la autoconfianza, desarrollar la persona al completo y adquirir una buena deportividad y construir un sentimiento de responsabilidad y de trabajo en equipo, todos ellos, en palabras de Gutiérrez Sanmartín (2003) cualidades que la mayoría de la gente considera como valores sociales..

    En cuanto al valor agonístico, la mayoría de profesionales lo ha identificado con la competición propia del deporte "adulto". Esto ha hecho menospreciar al deporte como contenido a impartir dentro del marco escolares, cuestionando su utilidad, ya que este argumento ha sido, por los detractores del deporte, utilizado en contra. No cabe duda de que el valor agonístico, la competición, es inherente al deporte, pero bien estructurado y planificado, orientado hacia los objetivos que el currículo escolar plantea, no desvirtúa aspectos positivos como el compañerismo, la solidaridad, la cooperación, el espíritu deportivo o fair play,...

 No olvidemos que ya a finales del siglo IX y principios del VIII a. C. de los dos grandes poemas homéricos (la Iliada y la Odisea) subyacen aspectos comunes que convertirían a Homero en el gran educador griego, reunidos en el concepto de areté. En la educación homérica el paradigma es el héroe, el noble guerrero, el caballero. En él la areté funda un sentido agonístico (o de lucha) de la vida: para el caballero, la vida entera es una incesante lucha en pos de la supremacía entre sus pares, tanto en la guerra cuanto en la paz, con las armas como con la palabra (Jaeger, 1967).  Puede ser éste el origen del gusto por lo agonístico vinculado con la educación, al ser humano le gusta compararse con sus semejantes, para demostrar su capacidad motriz.

    No son pocos los practicantes por el valor competitivo del deporte, sintiéndose atraidos por el mismo, es precisamente su comportamiento agonístico lo que nos atrae del mismo. No obstante,  diversos autores coinciden en que competir, en sí mismo, no es ni bueno ni malo, es el uso y orientación de la misma, la que le puede dar uno u otro carácter" (Blázquez, 1985, 1995). Por tanto, debemos enseñar a competir, fomentando la cooperación, buscando, en palabras de Csikszentmihalyi (1997), la motivación intrínseca a la propia actividad.

Por tanto, en la competición, no debemos identificar su valor intrínseco, relativo al disfrute personal conseguido a través de la autosuperación, por ejemplo, con otros aspectos externos que se derivan del mismo, como humillar al rival, intentar vencerlo a través de la eliminación de sus derechos,... Cagigal (1981) aludía a la necesidad de que el hombre recupere su naturalidad para relacionarse con los demás evitando estereotipos preconcebidos, para que la competición por fin no se oriente a conseguir vencer a los demás, sino a cumplir un objetivo previamente establecido, y que no implique "ganar es lo importante".

    También es intrínseco al deporte su aspecto lúdico, apareciendo éste en la mayoría de los contenidos de Educación Física. Cagigal (1981) afirmaba que sin diversión, no existiría verdadero deporte, por estar vinculado al juego.  Éste, además, es uno de los contenidos imprescindibles en Primaria, y un recurso para secundaria.

Al deporte se le ha desvalorizado el componente lúdico, exaltándose el componente agonístico. Se hace difícil comprender este hecho, ya que parece claro que existen dos tipos de deporte según diferentes autores (Cagigal, 1981; Domingo Blázquez, 1985, 1995; Contreras Jordán y colaboradores, 2002; Huizinga, 1987). Por un lado el deporte espectáculo, que busca la excelencia y el éxito deportivo; y por otro, el deporte escolar o recreativo, con objetivos más próximos a la búsqueda de la formación integral de la persona. Homo ludens vs homo faber. Sin embargo, y de acuerdo a autores como Gutiérrez Sanmartín (2003) existe intrusismo del deporte espectáculo, con sus valores, al deporte educativo: la publicidad, el espectáculo,...¿Cómo superar esto? Ya que autores afirman que "No se trata de ganar, se trata de pasarlo bien de una forma más o menos organizada" (Seirul.lo, 1995; en D. Blázquez, 1995).

Ambos valores (agonístico y lúdico) no son excluyentes, y sí complementarios. La unión superación personal e intrascendencia resultará positiva. Desde la psicología se afirma que se favorece el desarrollo más a través del juego, que de cualquier otra forma. Se aprende mejor jugando.

El propio currículo educativo (aparece tanto en las enseñanzas mínimas de la E.S.O. en la LOGSE,  R. D. 3473/2000 como las enseñanzas comunes de la E.S.O. en la LOCE, RD 831/2003) considera que es una finalidad o función de la Educación Física la higiénica. Este valor es inherente a la práctica de A.F. y deporte, pero no de cualquier forma. Para ello ha de ser bien planificada y estructurada teniendo en cuenta el referente, o sea, el practicante. No se han de superar límites funcionales que conduzcan más a la involución que al desarrollo, partiendo de sus capacidades y limitaciones. Cualquier actividad física, no es positiva: el tópico mejor hacer cualquier tipo de A.F. que no hacer nada, se ha de erradicar.

Ya en las antiguas civilizaciones orientales (China, Egipto, India) existían escritos que afirmaban el valor higiénico de la práctica de ciertas actividades con una característica que no aparece en Occidente hasta la actualidad: la búsqueda de equilibrio psicofísico. En Occidente, es en la Grecia Clásica cuando se le comienza a otorgar este valor, existiendo escritos médicos (Hipócrates, Galeno) y filosóficos (Aristóteles) que así lo atestiguan. La importancia concedida a este valor se mantuvo, en menor medida, en Roma (donde casi se redujo a la práctica de A.F. con finalidad militar), desapareciendo con el oscurantismo cristiano. Con el Renacimiento, se recuperaron los valores de la cultura clásica, produciéndose una verdadera rehabilitación del cuerpo, practicando las clases altas ejercicios para mejorar su aspecto, como signo de distinción social. Finalmente, es en el siglo XIX cuando, gracias a Ling y al principio de la sistemática del ejercicio, cuando se produce un boom en la consideración de este valor, comenzando por primera vez a practicar ejercicios a partir de métodos sistematizados con una finalidad terapéutica  (Mandell, 1985)

   Este valor se incluye dentro del currículo actual también como tema transversal que ayude a la formación integral de la persona: educación para la salud. Pero más allá de los valores humanistas, de la intención terapéutica de Ling, de la mejora de la forma física y con ello la salud, y como consecuencia de la crisis de valores que nos acucia, es el visionado del "chico/a danone" lo que mueve a una ingente cantidad de gente a la práctica de actividad física, que coinciden espacialmente en los gimnasios. Ésta búsqueda de la estética corporal olvida que la actividad física debe favorecer la conservación y mejora de la propia salud y estado físico, así como prevenir determinadas enfermedades y disfunciones (algo reflejado en el citado currículo de E.F.) derivando en que muchos hacen un mal uso de sustancias que hacen no solo que no se mejore su salud, sino que la pongan en peligro. "Profesionales" del gimnasio que sin la formación adecuada "recetan" qué sustancia es la que te permitirá conseguir esos bíceps tan deseados.

    Otro valor intrínseco que muchos sitúan en extrínseco sería el hedonístico, también considerado por el currículo de secundaria como una función de la Educación Física, muy vinculada a la liberación de tensiones o catarsis. Ya que a través de la práctica de A.F. y deporte el ser humano disfruta, obtiene placer, y con ello, libera tensiones que se acumulan en la vida cotidiana. Esta sociedad que nos aplasta nuestra parte más humana, y nos lleva a una carrera de fondo en la que nuestro objetivo es alcanzar la mayor calidad de vida a toda costa. Estas restricciones que nos vienen impuestas por el medio (la vida en las ciudades) o nuestras circunstancias laborales (necesidad de alcanzar los objetivos planteados por la empresa para no perder nuestro puesto que tanto nos costó alcanzar, por ejemplo) o socio-familiares (las obligaciones domésticas, el cuidado de los hijos/as,...), hacen que sea necesario compensarlas (otra función de la Educación Física) a través de la práctica de A.F. y Deporte, consiguiendo con ello además disfrutar y alcanzar una verdadera sensación de bienestar. (siguiendo la terminología de Seirul.lo, 1995; en D. Blázquez, 1995). A lo largo de la historia, en civilizaciones como la romana, de forma tácita aparece la importancia que se le otorgaba a este valor y que les conducían a las termas,... ¿qué motivo, sino el disfrute, les llevaba a hacerlo?

    De acuerdo con Csikszentmihalyi (1997) es la sensación de gratificación intrínseca de hacer algo por el simple placer de hacerlo, sin motivaciones extrínsecas. Aunque éstas, como ahora veremos, también son inherentes en cierto modo a la práctica deportiva: corremos no solo por el hecho de correr y obtener placer, existen otros valores que nos llevan a ello.

Pero no siempre se consiguen estos valores calificables como excelentes, deseables e ideales. ¿Cómo podrá disfrutar un alumno en clase que nunca recibe el balón? ¿Cómo mejorar el autoestima de un alumno o alumna a la que nunca eligen para jugar? ¿Y si ese alumno además está en una escuela deportiva o club y pasa los partidos sentado en el banquillo? ¿Qué ocurre cuando un hijo ve que el padre solo valora la victoria, la agresividad,...? ¿Qué opina ese padre sobre el tópico "lo importante es participar?

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