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Capýtulo 4:

 Los padres de la Comunidad Económica Europea. Konrad Adenauer

KONRAD ADENAUER.

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“Sólo quedó una vía para salvar nuestra libertad política, nuestra libertad personal, nuestra seguridad, nuestra forma de vida, desarrollada desde hacía muchos siglos, y que tenía como base un concepto cristiano y humano del mundo: una firme conexión con los pueblos y países que tengan las mismas opiniones que nosotros sobre estado, persona, libertad y propiedad”.

“Vivimos bajo el mismo cielo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte”. (Konrad Adenauer).

Primer canciller de la República Federal Alemana (Colonia, 5 de enero de 1876 –Rhöndorf, 19 de abril de 1967). Fue el tercero de cinco niños que tuvieron Johann Honrad Adenauer y su esposa Helene. Creció con sus  hermanos en condiciones modestas. Tras finalizar sus estudios de derecho, su origen y educación lo condujeron a afiliarse al Partido del Centro, (Zentrum) la patria política del catolicismo alemán. Adenauer inició su carrera política en la ciudad de Colonia asumiendo diferentes cargos. El político alemán pudo acreditarse gracias a su ingenio y creatividad, sobre todo durante la crisis ocasionada por la Primera Guerra Mundial al lograr la organización del abastecimiento de Colonia con víveres. Su nombramiento como primer alcalde en 1917 lo convirtió en el alcalde más joven de una ciudad prusiana (1917-1933). En 1919, cuando estalló la revolución alemana, estaba al frente de la ciudad de Colonia, ayudando a sofocar dicha revuelta y, de esta forma, se filtró en el separatismo renano a principios de los años veinte. Durante la República de Weimar, Adenauer figuró entre las personalidades políticas más destacadas de Alemania. Convirtió a Colonia en la "metrópolis del occidente". Durante su cargo se logró la nueva fundación de la universidad en 1919, se reestructuró el antiguo terreno de la fortaleza convirtiéndolo en un cinturón verde, se reactivó la feria de Colonia, se amplió el puerto del Rin, se construyó otro puente sobre el Rin y se asentaron empresas industriales. Los enemigos de la República de Weimar lo odiaron por su convicción federalista y cristiano-social.

Convertido ya en uno de los líderes del Centro, empezó a perfilarse como defensor de los intereses regionales de Renania frente al poder central. Presidió la cámara alta del Parlamento prusiano durante la República de Weimar, entre 1920 y 1933

Como muchos políticos de su generación, Adenauer se convenció, tras la Primera Guerra Mundial, de que una paz duradera sólo podría lograrse a través de una Europa unida. Su experiencia durante el Tercer Reich – fue apartado de su cargo de alcalde de Colonia por los nazis –, le reafirmaron en esta opinión.

En 1931 se produjeron los primeros enfrentamientos con los nacionalsocialistas cuando éstos embanderaron los puentes del Rin con banderas de cruz gamada en una acción nocturna. Adenauer mandó a retirar las banderas de inmediato, colocándose en el punto de mira de la SA. Tras la "subida al poder" de los nazis, al perder las elecciones el partido del centro en Colonia, y haberse negado a apretar la mano de un dirigente nacionalsocialista con motivo de la visita de éste en Colonia, cesaron a Adenauer de sus cargos políticos, viéndose obligado a huir a la abadía de María Laach por temor a las represalias nazis, permaneciendo en dicha abadía un año.

Después de la denominada “Noche de los cuchillos largos”, a mediados de 1934, fue encarcelado durante un corto período de tiempo y obligado a cambiar periódicamente de residencia por temor a las represalias nazis.

En junio de 1941, a pesar del pacto existente entre Alemania y la Unión Soviética, Hitler se lanzó contra los soviéticos en la mayor invasión conocida durante la Segunda Guerra Mundial. Adenauer, al recordar este tiempo dijo:

“ Me he avergonzado muchas veces, durante la época nacionalsocialista de ser alemán, avergonzado en lo más profundo de mi corazón. Sin embargo, estaba orgulloso del valor con que el pueblo alemán soportaba su destino, orgulloso de cómo todos y cada uno soportaban y no desesperaban, cómo intentaban no hundirse y salvarse de esa miseria, con vistas a un futuro mejor”.

Adenauer y su familia sobrevivieron los años de la tiranía nazi y la guerra en la pequeña ciudad de Rhöndorf, cerca de Bonn. Tras el fracasado levantamiento contra Hitler el 20 de junio de 1944, Adenauer fue detenido por la policía secreta del estado e internado en uno de los campos de concentración de Colonia donde al poco tiempo enfermó de gravedad. El comunista Eugen Zander le salvó la vida al impedir su deportación a Buchenwald. Tras la capitulación incondicional de Alemania, los americanos volvieron a nombrar a Adenauer – quien se encontraba a la cabeza de una lista de políticos sin pasado nacionalsocialista - primer alcalde de la casi por completo destruida ciudad de Colonia. Sin embargo a los pocos meses fue despedido de su cargo por el entretanto responsable gobierno militar británico por haber criticado su política de ocupación, por lo que el septuagenario se dedicó por completo a su trabajo en el CDU al cual se había adherido poco después de su fundación. La contribución histórica de Adenauer consistió, en último término, en haber logrado convertir el elemento cristiano – que, en gran parte, logró salir sin manchas del nacionalsocialismo - en un movimiento político que armonizó la ideología conservadora, social y liberal.

      Al acabar la Segunda Guerra Mundial, Adenauer tenía 69 años; pero su reputación de hombre conservador, demócrata y francófilo, buen gestor y libre de sospechas de colaboración con el nazismo, le dieron un perfil adecuado para volver a ocupar puestos relevantes. Regresó inicialmente a la alcaldía de Colonia, de la que dimitió en 1945 por discrepancias con las fuerzas de ocupación británicas. Intentó refundar el Centro, pero la nueva situación política le aconsejó participar en la fundación de la Unión Demócrata-Cristiana (CDU); contando con el apoyo de la jerarquía católica, ascendió rápidamente, convirtiéndose en presidente del partido en la zona de ocupación británica.

      El paso decisivo en el camino de Konrad Adenauer a la cima del emergente estado germanoccidental fue su nombramiento como presidente del Consejo Parlamentario, constituido en 1948 por orden de los tres aliados occidentales, con el encargo de elaborar una ley fundamental para la República Federal de Alemania. En este cargo ganó gran prestigio ante la opinión pública. El 15 de septiembre de 1949, Adenauer fue nombrado canciller federal por el Bundestag alemán. Bajo su gobierno se sentaron las bases necesarias para la exitosa reconstrucción de la nueva democracia.         Durante la "era de Adenauer" se tomaron las decisiones más importantes de la época que condujeron a la estrecha unión con los Estados Unidos, a la reconciliación con Francia y a la reconciliación con el pueblo judío, posibilitando el regreso de los alemanes a la comunidad de naciones y convirtiéndolos en una parte importante de la integración europea. La integración de los expulsados y refugiados así como la construcción de la economía social de mercado como nuevo orden económico que hizo posible el "milagro económico alemán" gracias al fomento de la libre competencia y a la responsabilidad del estado social, figuran entre los grandes éxitos de la política interior de Adenauer.

        En solamente seis años, de 1949 a 1955, Adenauer consiguió objetivos de gran envergadura en política exterior que vincularon a Alemania a la alianza occidental: afiliación al Consejo de Europa (1951), fundación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (1952) y entrada de Alemania en la OTAN (1955).

      Adenauer inició la reconstrucción de Alemania Occidental y ayudó a convertir a la nación en una potencia económica. También cabe resaltar que Adenauer dirijió la reconciliación con Francia y las otras potencias aliadas. Bajo el gobierno de Adenauer, a la Alemania Occidental le fue permitido rearmarse y unirse a la OTAN. Adenauer también abrió relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y el resto del bloque este. En 1955 logró asegurar la liberación de los últimos prisioneros de guerra alemanes.

       Reelegido en 1953, 1957 y 1961, presidió el gobierno de Alemania Occidental durante 14 años, por lo que es considerado el «padre» de la democracia alemana. Entre los logros de su mandato destacan la reconstrucción de la posguerra, la consolidación de una democracia estable y la reintegración de Alemania en el concierto internacional. En 1954 consiguió acabar con el estatuto de país ocupado y restablecer la plena soberanía de Alemania Federal.

        Bajo su gobierno se produjo el llamado «milagro económico alemán», atribuible más a su ministro de Economía, Ludwig Erhard, que a él mismo.      Las reformas económicas y el nuevo sistema de la R. F. Alemana recibieron una serie de ayudas de gran alcance de diversas procedencias: fondos de inversión bajo programa europeo de la recuperación, conocido más comunmente como el plan de ordenación; el estímulo a la industria alemana proporcionado por la diversificación de otros recursos occidentales para la producción de la guerra coreana; y la preparación alemana a trabajar duramente y con  salarios bajos hasta conseguir una elevada productividad. Pero el componente esencial del éxito era el renacimiento de la confianza en la economía alemana, impulsada por las reformas de Erhard y por la nueva modernidad.

      El auge de la R. F. Alemana que comenzó en 1950 era, en verdad, memorable. El índice de crecimiento de la producción industrial era muy elevado: del 25.0 por ciento en 1950 y el 18.1 por ciento en 1951. El crecimiento continuó en una alta tasa para la década de los 50, a pesar de algunos descensos coyunturales. En 1960 la producción industrial se había levantado al doble del  nivel de 1950 y un crecimiento económico muy superior a la etapa de los gobiernos nazis de la década de los treinta, en Alemania. El GDP aumentó en más de dos tercios durante la misma década de los sesenta. El número de personas con empleo en Alemania se elevó a partir de los 13.8 millones de personas ocupadas en 1950 a unas 19.8 millones en 1960, y por consiguiente el indice de desempleo bajó a partir 10.3 por ciento a tan sólo el 1.2 por ciento, a finales de los sesenta.

      En política exterior (cartera que ocupó personalmente entre 1951 y 1955) fomentó la alianza con Estados Unidos y el acercamiento a Francia; resultado de lo primero sería la creación de un nuevo ejército alemán integrado en la OTAN (1954); y de lo segundo, la decisiva participación alemana en la Comunidad Económica Europea (1957). A pesar de su política anticomunista y su compromiso con Occidente, trató de atenuar las tensiones derivadas de la guerra fría, como se evidenció en su viaje de 1955 a Moscú para activar el establecimiento de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, y en las crisis surgidas a partir de 1961, tras la construcción del Muro de Berlín por parte de los soviéticos.

      En 1962 el escándalo de Spiegel hizo erupción, cuando la policía bajo ordenes del gabinete arrestó a cinco periodistas del Spiegel, acusándolos de traición, espeficamente por publicar un memorando detallando supuestas debilidades en las fuerzas armadas alemanas. Los miembros del gabinete que pertenencían al Partido Democrático Libre renunciaron a sus puestos en noviembre de 1962, y el ministro de defensa Franz Josef Strauss, líder de la Unión Social Cristiana, fue obligado a dimitir, seguido por los miembros del gabinete que formaban parte del mismo partido. Adenauer fue forzado a renunciar y fue sucedido por Ludwig Erhard, aunque permaneció como líder de la CDU hasta 1966.

      El primer Canciller de la República Federal de Alemania, que estuvo al frente del nuevo Estado de 1949 a 1963, influyó más que nadie en la historia alemana y europea de la postguerra. La política interior de Adenauer se caracteriza por una acentuada hostilidad frente al comunismo, por la oposición a las socializaciones y por su tesón en poner nuevamente en pie al ejército.

      La política de Adenauer correspondía, en muchos aspectos, al espíritu que dominaba en la posguerra germana, con lo de : “¡Sobre todo nada de experimentos!” como consigna y mandamiento clave. Una política más elástica frente a la Alemania Oriental y la Unión Soviética, ciertamente  habría dificultado más a Moscú y Berlín Este el atacar a Alemania Occidental como peligro básico para la paz, pero la verdad es que apenas si hubiese producido cambio alguno en las mutuas relaciones. Dados los objetivos políticos de las potencias comunistas, el conflicto mencionado resulta irreconciliable, sin arreglo posible en términos de mutuo agrado.

      Konrad Adenauer, a pesar de su falta de inspiración, poseía una base de apoyo popular mayoritario. En las elecciones generales de 1957 el CDU recibió, por vez primera, sufragios como para ganar la mayoría absoluta: 270 escaños en el Bundestag, de un total de 497, mientras los socialdemócratas quedaban en 169, y los liberales tenían 41. Cuatro años después aparecieron los primeros síntomas del declinar del Partido democratacristiano; fenómeno que se derivaba, quizá, no tanto de cualquier error grave en el gobierno, como de la sensación, entre el público, de que eran necesarios hombres e ideas nuevos. En las elecciones, de 1961, el porcentaje de votos del CDU bajó al 45%, en tanto los socialdemócratas subían a un 36%. Los cristianodemócratas, aun siendo todavía el partido máximo, tenían que mirar de nuevo fuera de sus filas para encontrar apoyos, de cara a una coalición y, con ello, quedaban en situación de soportar cierta extorsión política. Las elecciones de 1961 mostraban ya, por consiguiente, el principio del fin en la era de Konrad Adenauer.

      Una piedra angular de la política exterior de Adenauer fue la reconciliación con Francia. Junto con el Presidente francés Charles de Gaulle, dio la vuelta a la historia: en 1963, los acérrimos enemigos de antaño, Alemania y Francia, firmaron el Tratado de Amistad que fue un verdadero hito en el camino hacia la integración europea.

      Denostado por su autoritarismo y por su acomodo a los intereses occidentales, con el tiempo las mayores críticas le vendrían por su actitud hacia los países del Este; con más de ochenta años, el Viejo conectaba mal con la opinión abierta y liberal de las generaciones jóvenes. Tras haber renunciado a optar al puesto de presidente de la República, dimitió como canciller en favor de Erhard en 1963, presionado por su propio partido, que no aprobaba la forma con que ejercía la jefatura del mismo.

      Adenauer creó bastante descontento político, lo cual eventualmente desencadenó las revueltas estudiantiles de los años 1960 y la toma del poder a través del partido Social-Demócrata en 1969. Su control irrestringido de la CDU finalizó cuando el congreso del partido designó a un administrador general con el poder para reorganizarlo. Durante su gobierno, muchos científicos alemanes emigraron a Estados Unidos en busca de un ambiente de investigación más liberal.

      El nombre de Konrad Adenauer está intrínsicamente unido a la recuperación de Alemania, levantándose de los escombros morales y políticos en los que quedó sumida tras el nacionalsocialismo. Adenauer reconoció que la nueva Alemania solamente podía nacer de la reconciliación con los estados vecinos europeos. El primer Canciller de la República Federal de Alemania persiguió, por lo tanto, sin vacilar el objetivo de reconciliarse con Francia, país que durante años había sido un "enemigo histórico". La amistad germano-francesa no fue para Adenauer solamente un medio para conseguir la soberanía en materia de política interior y exterior - por lo menos para Alemania Occidental -, sino más bien se arraigaba en la percepción decenaria del renano de que solamente así era posible garantizar un futuro pacífico para todos los europeos. La integración económica, resultado de la fundación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), fue para Adenauer siempre un instrumento destinado a la consecución de este objetivo superior. En materia de política de seguridad, Adenauer acompañó esta política de integración europea intercediendo a favor del rearmamento de Alemania Occidental y de la adhesión a la OTAN, una actitud que le valió muchas críticas.

      Murió, el 19 de abril de 1967, en Rhöndorf, Westfalia, a los 91 años de edad, siempre con lucidez y esperanzas en el futuro.

      Su secretaria personal, Analiesse Poppinga, publicó en noviembre de 2009, un libro donde relata los dos últimos viajes de K. Adenauer, justo antes de su muerte, a principios de 1967, cuando el mundo se encontraba en plena guerra fría contra el comunismo. El primer viaje fue de visita a Israel y el segundo, y último a la España de Franco. De nuestro país decía que de no haber nacido en Alemania le hubiese gustado ser español.

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