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Capítulo 14:

 El Tratado de Maastricht y el inicio de la UE 1992 II

UNIÓN ECONÓMICA Y MONETARIA.

      El mercado único queda concluido con la instauración de la UEM. La política económica consta de tres elementos. Los Estados miembros deben garantizar la coordinación de sus políticas económicas, instaurar una vigilancia multilateral de esta coordinación y quedar sometidos a normas de disciplina financiera y presupuestaria. El objetivo de la política monetaria consiste en instaurar una moneda única y garantizar su estabilidad mediante el equilibrio de los precios y el respeto de la economía de mercado.

      El Tratado prevé el establecimiento de una moneda única en tres etapas sucesivas:

o  La primera etapa, que liberaliza la circulación de capitales, comienza el 1 de julio de 1990.

o  La segunda etapa comienza el 1 de enero de 1994 y permite la convergencia de las políticas económicas de los Estados miembros.

o  La tercera etapa se inició el 1 de enero de 1999 con la creación de una moneda única y de un Banco Central Europeo (BCE).

      La política monetaria descansa en el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), constituido por el BCE y los Bancos centrales nacionales. Estas instituciones son independientes de las autoridades políticas nacionales y comunitarias.

     Existen disposiciones especiales para dos Estados miembros. El Reino Unido no asumió el compromiso de pasar a la tercera etapa de la UEM. Dinamarca obtuvo un protocolo en el que se disponía que un referéndum decidirá su grado de compromiso en la tercera etapa.

      El Tratado adoptado en la Cumbre de Maastricht, el 7 de febrero de 1992, asume, finalmente, el procedimiento cooperativo y progresivo para la UEM. No obstante, dos países, el Reino Unido y Dinamarca obtuvieron el beneficio de una cláusula de excepción.

      El Tratado de Maastricht consagra el proceso de consecución de la moneda única europea siguiendo el modelo propugnado por Delors, ya que las modificaciones introducidas se referían fundamentalmente a la concepción de la segunda fase, que se iniciaría dos años más tarde de lo en aquél establecido y sin cesión de competencias al SEBC. Para ello propone la creación de nuevas instituciones, siendo la principal de ellas el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC) con el Banco Central Europeo. Asimismo, el Tratado prevé un calendario preciso para alcanzar el objetivo en tres fases. Sin embargo, la entrada definitiva en la unión monetaria dependerá del cumplimiento por parte de los Estados miembros de los criterios de convergencia. De manera esquemática podemos indicar el planteamiento de la UEM en el Tratado:

o  27 artículos (del 102A al 109M integrantes del Título VI). 

o  7 Protocolos. 

o  Estatutos del SEBC y del BCE (núm. 3). 

o  Estatutos del Instituto Monetario Europeo (núm. 4). 

o  Procedimiento aplicable en caso de déficit excesivo (núm. 5). 

o  Criterios de convergencia (núm. 6) .

o  Condiciones para la transición a la tercera fase de la UEM (núm. 10). 

o  Estatuto opting out para Gran Bretaña y Dinamarca (núm. 11 y 12).

     Como se ha indicado, la primera etapa de la marcha hacia la unión monetaria se inicia en 1990, antes de la ratificación del Tratado de Maastricht. Esta etapa se caracterizó por la liberalización completa de los movimientos de capitales y, en un sentido más general, por el logro del mercado único, y por un refuerzo de la coordinación y control multilateral de las políticas económicas (los Estados se comprometían a presentar "programas de convergencia" destinados a aproximar y mejorar sus resultados económicos).

     El paso a la segunda etapa se efectúa el 1 de enero de 1994. El art. 109 E del Tratado indica su duración de 1994 a 1997. El IME se encuentra en funcionamiento desde entonces al tiempo que los países miembros se someten a dos tipos de medidas nuevas:

     La primera de ellas está relacionada con la independencia de los bancos centrales con respecto a los poderes políticos y la prohibición del financiamiento de los déficits públicos.

      La segunda etapa tiene que ver con la convergencia económica. Los Estados deben esforzarse en respetar los deferentes criterios de convergencia. El control de estos criterios corría a cargo de la Comisión y del IME. El Instituto Monetario Europeo entró en funcionamiento el 1 de enero de 1994 sustituyendo al Comité de Gobernadores de los Bancos Centrales de la CE y del FECOM.

     La tercera fase se inicia con la fijación irrevocable de los tipos de cambio entre las monedas de los países implicados. El 1 de enero de 1999 el SEBC sucede al IME y el euro se convierte juridicamente en la única moneda de la Unión. 

      Aunque puede que no haya supuesto más que efecto catalizador, el resultado negativo del referéndum danés, el 2 de junio de 1992, para ratificar el Tratado de Maastricht, se considera a menudo como el punto de partida de la crisis del SME. El no danés fue interpretado por los mercados como el primer signo de debilidad de la propuesta de la futura UEM. La unión se veía como algo asequible. La reunificación alemana, con el sock macroeconómico consiguiente para dicho país, dado que hubo que destinar miles de millones de marcos a la antigua Alemania del Este, produjo una demanda interior espectacularmente alta de su moneda. Dado que la revaluación del marco no se producía sin que el resto de monedas fuesen atacadas, todos parecían admitir que Europa funcionaba como una unión monetaria de hecho. Sin embargo, cuando el Bundesbank aumentó, en julio de 1992, sus tipos de interés, en respuesta a la persistencia de las tensiones inflacionistas, se puso de manifiesto que la convergencia entre las economías europeas no era tan pronunciada como se pensaba. En aquellos momentos economías como la de Francia, Reino Unido e Italia hacían frente a un crecimiento económico débil y al aumento del desempleo. La lira y la libra fueron las primeras monedas en soportar movimientos especulativos en el seno del SME.

      Esta sucesión de acontecimientos no es más que una larga lista de renunciamientos por parte de las autoridades monetarias y políticas para afrontar verdaderas oleadas especulativas. Italia fue el primer país en aceptar, el 13 de septiembre, una devaluación de su moneda, pero su amplitud (el 7%) fue considerada insuficiente. El Bundesbank hizo el esfuerzo de bajar simultáneamente sus tipos directores, aunque todavía muy débilmente, a los ojos de los mercados. Estos últimos parecían convencidos que había llegado la hora de los realineamientos.

      Bajo la presión de la especulación, la lira y la libra renunciaron el 16 de septiembre a su participación en el SME, mientras que la peseta era devaluada. La muy débil mayoría favorable al Tratado de Maastricht puesta de manifiesto en el referéndum francés de 20 de septiembre contribuyó muy poco a asegurar el futuro de la UEM. El SME sobrevivió a 1992 gracias a la drástica intervención del Banco de Francia y un endurecimiento del control de cambios en Irlanda, Portugal y España, más una devaluación de la peseta (la segunda) y del escudo. 

      El año 1993 comenzó con una devaluación de la libra irlandesa (30 de enero), mientras que varios países persistían en mantener sus tipos de interés en niveles muy elevados a pesar de la coyuntura muy desfavorable. El 18 de mayo la peseta y el escudo fueron nuevamente devaluados y las tentativas francesas para reducir los tipos de referencia del Banco de Francia tropezaron con el nivel base constituido por los tipos alemanes. En julio, un nuevo brote especulativo trae consigo la ampliación de los márgenes del SME del +-2,25 al +-15%. Esta medida contribuyó a mitigar la especulación pero la Europa monetaria había sufrido una crisis espectacular. El régimen de cambios del SME más que fijos parecían próximos a una flotación controlada. El 12 de octubre de 1993 Alemania ratifica el Tratado de Maastricht por escaso margen.

      Las crisis del SME tienen difícil explicación. Se aduce de la caída del Muro de Berlín en 1989 y la unificación alemana de 1990, la caída del telón de acero, la pérdida de competitividad de Italia y Reino Unidos con índices de inflación superiores a los de sus socios, la relajación de la política monetaria, etc. No existe acuerdo sobre las causas, lo que sí parece que queda claro es que en un entorno de alta movilidad de capitales, resulta prácticamente imposible la viabilidad de un régimen de cambios fijos sin una verdadera coordinación monetaria. 

      En diciembre de 1996, el IME decide los marcos reguladores, organizativo y logístico, del Banco Central Europeo y del Sistema Europeo de Bancos Centrales, preparándose la legislación relativa a la introducción de la moneda única. 

      En fechas previas a la Cumbre, Francia y Alemania pusieron en peligro el acuerdo precedente. Por un lado, los alemanes sostenían el cumplimiento inflexible del 3% del déficit respecto al PIB; el Ministro de Finanzas alemán, Teo Waigel, llegó incluso a afirmar que si no se firmaba el pacto de estabilidad, es decir, un plan por el los países del euro debían mantenerse dentro de un ajuste presupuestario permanente bajo pena de sanción, Alemania no entraría en la moneda única. 

      Conviene aclarar que la postura alemana derivaba de las frustraciones sufridas en Maastricht en la que ninguna de sus propuestas para una mayor integración política o un mayor protagonismo del Parlamento Europeo fueron aceptadas. De la ambiciosa visión del canciller Helmut Köhl, una Europa unida, quedó en sólo una unión monetaria. En 1992, cuando se firmó el Tratado de Maastricht, ya podía preverse que Alemania tendría dificultades con su déficit y deuda pública. Por decisiones políticas tanto el Gobierno como el Parlamento habían decidido que la financiación hacia la ex-RDA vendría por vía de deuda pública. En principio, este hecho debía dificultar la convergencia descrita en Maastricht pero dadas las favorables perspectivas económicas no se consideró conveniente informar a la opinión pública alemana sobre estos detalles. Sin embargo, la crisis de principios de los noventa terminó llegando a Europa y con ella la opinión pública alemana comenzó a desconfiar en la nueva moneda. La única manera de dar confianza era la de mantener la inflexibilidad en el cumplimiento de los criterios económicos y sostener que Alemania no haría concesiones presupuestarias para capítulos sociales. 

      Por su parte, los franceses, liderados por Lionel Jospin, afrontaban la Cumbre bajo el lema "construir Europa sin destruir Francia", en la que, contrario al Pacto, consideraban que para que fuese aceptable la construcción de una Europa económica debía de acompañarse de una Europa social. Debe considerarse que en las semanas anteriores a la cumbre de Ámsterdam el resultado de las elecciones francesas y la demanda del nuevo Primer Ministro francés de tener una Unión Europea más próxima a los intereses de los ciudadanos, especialmente referido al empleo, añadió dudas sobre el Pacto de Estabilidad y sobre el proyecto europeo en sí mismo. Para los mercados financieros era inviable una moneda europea sin que participasen Francia y Alemania. 

      En el Consejo Europeo celebrado en Bruselas, en mayo de 1998, se decide qué países van a formar parte inicialmente de la unión monetaria:

AlemaniaAustriaBélgicaEspañaFinlandiaFrancia
HolandaIrlandaItaliaLuxemburgoPortugal 

   Quedan inicialmente fuera: Dinamarca, Gran Bretaña, Grecia y Suecia.

      En el ECOFIN, previo a este Consejo Europeo, se fijan las paridades bilaterales de las monedas partícipes, que se utilizarán, en su día, para la fijación de las tasas de conversión irrevocables de estas monedas en la UEM respecto del EURO.

      Se adoptan, por unanimidad, la regulación de la denominación y de las especificaciones técnicas de las monedas del euro.

      Se reafirma el compromiso de los gobiernos en la estabilidad y el saneamiento de las finanzas públicas y de reforzamiento de los mecanismos de vigilancia sobre los presupuestos nacionales y sobre la coordinación de las políticas económicas.

      El Consejo de la Unión Europea, en su reunión de 31 de diciembre de 1998, aprueba de forma definitiva los tipos de conversión entre el euro y las distintas monedas nacionales de los Estados miembros participantes de la Unión Monetaria. Este acuerdo, que se refleja en el Reglamento núm. 2866/98, publicado en el Diario Oficial de las C.E., Serie L núm. 359 de 31 de diciembre, es el siguiente:

                 1 EUR= 40.3399 BEF

1.95583  DEM
166.386  ESP
6.55957  FRF
787564  IEP
1936.27  ITL
40.3399  LUF
2.20371  NLG
13.7603  ATS
200.482  PTE
5.94573  FIM

      Por Decisión del Consejo, de 19 de junio de 2000 (publicada en el DOCE serie L, núm. 167 de 7 de julio), Grecia forma parte de la UEM desde el 1 de enero del 2001, y su moneda, el dracma, tiene la equivalencia de 1 EUR = 340.750 GRD.

      En mayo de 1998, en la Cumbre europea de Bruselas, se da el conforme para que España entre a formar parte de la Unión Monetaria el 1 de enero de 1999. 

      El 31 de diciembre de 1998 se determina que la nueva moneda europea, el euro, equivalga a 166,386 pesetas. 

      Como se ha indicado, hoy en día nuestra economía está plenamente integrada. España forma parte de todos los organismos económicos internacionales, incluida la UE y la UEM. Pero, como ha quedado reflejado, no siempre fue así y el camino no siempre fue fácil. Porque la adaptación necesaria para incorporarse a la comunidad internacional y para cumplir las exigencias comunitarias, ha debido hacerse en el marco de una economía internacional, sometida a cambios profundos y rápidos como consecuencia de los avances del proceso de globalización, al que nadie hoy puede sustraerse. 

      De los modelos presentados para el paso a la moneda única, se decantaron, fundamentalmente, dos posturas: la economicista, sustentada principalmente por Alemania, que consideraba que antes del paso a la moneda única era necesaria una armonización económica y legislativa entre los Estados miembros (marcha lenta); y la monetarista, sustentada por Francia, que abogaba por un paso rápido a la moneda única, mediante la creación de una institución monetaria que estableciera los criterios económicos que debían seguir los Estados miembros.

      El modelo sancionado en Maastricht se acerca a la postura economicista. En el Tratado de la Unión Europea se articula la transición en tres etapas:

      El 1 de julio de 1990, por acuerdo del Consejo de Madrid, se inicia una etapa de consolidación del mercado interior. Los Estados miembros debían tomar las decisiones necesarias para la consecución de la libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales. Plena realización del mercado interior. Elaboración de planes de convergencia.

      El 1 de enero de 1994 comienza la segunda etapa con la realización de las reformas legales e institucionales necesarias cara a la configuración de la Unión Económica y Monetaria: prohibición de financiación privilegiada de los sectores públicos, evitación de déficits públicos excesivos, creación del Instituto Monetario Europeo, de un Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC) y de un Banco Central Europeo (BCE).

      La tercera etapa se inicia el 1 de enero de 1999. En esta etapa se fijan de forma irrevocable los tipos de cambio al cual el euro sustituye a las monedas nacionales y ejercitan plenamente sus funciones el SEBC y el BCE.Up

      La cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno en el Consejo Europeo de Feira decidió que Grecia había cumplido los criterios de convergencia y que se incorporaría al euro desde enero de 2001. También se anunció el tipo de conversión del dracma griego al euro.

      El 28 de septiembre de 2000 el referendum danés rechaza la inclusión en la zona euro. Los daneses votan no a la adopción del euro en un referéndum nacional sobre la pertenencia a la moneda única.

      A partir de septiembre de 2001, se inicia la precirculación y distribución de billetes y monedas de euro. Aunque todavía no entran legalmente en circulación, los primeros billetes y monedas de euro son distribuidos a los bancos y oficinas de correos. El 1 de enero de 2002, los billetes y monedas de euro entran en circulación.

      Alrededor de 7.80 millones de billetes de euro y 40.000 millones de monedas, aproximadamente, 144.000 millones de €, se ponen en circulación por los bancos centrales de los 12 países de la eurozona.


      El 28 de febrero de 2002, se retiran las divisas nacionales. La fecha definitiva para el final del status legal de las divisas nacionales durante el período de cambio (dependiendo de los calendarios de los planes nacionales de cambio), significa la retirada definitiva de la circulación de las divisas nacionales.

      El 14 de septiembre de 2003 se produce el referéndum sobre la pertenencia a la zona euro de Suecia. Suecia vota contra la adhesión a la zona euro.

      La tercera etapa se inicia el 1 de enero de 1999. En esta etapa se fijan, de forma irrevocable, los tipos de cambio al cual el euro sustituye a las monedas nacionales y ejercitan plenamente sus funciones el SEBC y el BCE.

Up

      El 1 de enero de 2004 se adhieren 10 nuevos Estados miembrosa la zona euro (República Checa, Estonia, Chipre, Letonia, Lituania, Hungría, Malta, Polonia, Eslovenia y Eslovaquia). Bulgaria y Rumanía se adhieren a la UE el 1 de enero de 2007. La eventual adopción de una moneda única forma parte de uno de los requisitos establecidos en el Tratado.

      Estos países, sin embargo, introducirán el euro tan pronto como hayan cumplido las condiciones necesarias (especialmente los criterios de convergencia de Maastricht) como establece el artículo 122.2 del Tratado de la Comunidad Europea.

      Eslovenia fue el primer Estado miembro que forma parte de los nuevos países adheridos en 2004, que cumplió todos los criterios de convergencia y estaba, por tanto, habilitado para adoptar el euro. Los billetes y monedas entraron en circulación en Eslovenia el 1 de enero de 2007.
El 1 de enero del 2009, Eslovaquía, el segundo país de los últimos doce países que se adherieron a la Union Europea, cambia su moneda nacional por el euro, sumando ya 16 países a la zona euro.

 

PROTOCOLO SOCIAL.

      Con el protocolo social anexo al Tratado, las competencias comunitarias se amplían al ámbito social. El Reino Unido no participa en este Protocolo. Sus objetivos son:

o  Promoción del empleo.

o  Mejora de las condiciones de vida y trabajo.

o  Protección social adecuada.

o  Diálogo social.

o  Desarrollo de los recursos humanos para garantizar un elevado y duradero nivel de empleo.

o  Integración de las personas excluidas del mercado laboral.

CIUDADANÍA.

      Una de las grandes innovaciones aportadas por el Tratado es la institución de una ciudadanía europea que se añade a la ciudadanía nacional. Todo ciudadano en posesión de la nacionalidad de un Estado miembro es también ciudadano de la Unión. Esta ciudadanía confiere nuevos derechos a los europeos, a saber:

o  Derecho de libre circulación y residencia en la Comunidad.

o  Derecho a votar y a ser candidato en las elecciones europeas y municipales en el Estado de residencia.

o  Derecho a protección diplomática y consular de un Estado miembro distinto del de origen en el territorio de un país tercero en el que el Estado de origen no tenga representación.

o  Derecho de petición ante el Parlamento Europeo y a presentar una denuncia ante el Defensor del Pueblo Europeo.

PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD.

      El Tratado de la Unión retomó como norma general el principio de subsidiariedad, que en el Acta Única Europea se aplicaba a la política de medio ambiente. Este principio precisa que cuando una competencia no sea exclusiva de la Comunidad, ésta sólo intervendrá si los objetivos pueden realizarse mejor a escala comunitaria que a nivel nacional. El artículo A prevé que la Unión adopte «las decisiones de la forma más próxima a los ciudadanos que sea posible».

      El presente Tratado fue modificado  por los Tratados de adhesión siguientes:

o  Tratado de adhesión de Austria, Finlandia y Suecia (1994), que amplia a quince el número de Estados miembros de la Comunidad Europea.

o  Tratado de adhesión de Chipre, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, la República Checa, Eslovaquia y Eslovenia (2003).
Este Tratado amplia el número de Estados miembros de la Comunidad Europea de quince a veinticinco.

o  Tratado de adhesión de Bulgaria y Rumanía (2005), que amplía de veinticinco a veintisiete el número de Estados miembros de la Comunidad Europea.

A continuación, veamos el título I (completo) del:

TRATADO DE MAASTRICHT

TÍTULO I

 

DISPOSICIONES COMUNES

Artículo A

      Por el presente Tratado, las Altas Partes Contratantes constituyen entre sí una Unión Europea, en lo sucesivo denominada «Unión».

El presente Tratado constituye una nueva etapa en el proceso creador de una Unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa, en la cual las decisiones serán tomadas de la forma más próxima posible a los ciudadanos.

La Unión tiene su fundamento en las Comunidades Europeas completadas con las políticas y formas de cooperación establecidas por el presente Tratado. Tendrá por misión organizar, de modo coherente y solidario, las relaciones entre los Estados miembros y entre sus pueblos.

Artículo B

      La Unión tendrá los siguientes objetivos:

-  Promover un progreso económico y social equilibrado y sostenible, principalmente mediante la creación de un espacio sin fronteras interiores, el fortalecimiento de la cohesión económica y social y el establecimiento de una unión económica y monetaria que implicará, en su momento, una moneda única, conforme a las disposiciones del presente Tratado.

- Afirmar su identidad en el ámbito internacional, en particular mediante la realización de una política exterior y de seguridad común que incluya, en el futuro, la definición de una política de defensa común que podría conducir, en su momento, a una defensa común.

- Reforzar la protección de los derechos e intereses de los nacionales de sus Estados miembros, mediante la creación de una ciudadanía de la Unión.

- Desarrollar una cooperación estrecha en el ámbito de la justicia y de los asuntos de interior.

- Mantener íntegramente el acervo comunitario y desarrollarlo con el fin de examinar, con arreglo al procedimiento previsto en el apartado 2 del artículo N, la medida en que las políticas y formas de cooperación establecidas en el presente Tratado deben ser revisadas, para asegurar la eficacia de los mecanismos e instituciones comunitarios.

      Los objetivos de la Unión se alcanzarán conforme a las disposiciones del presente Tratado, en las condiciones y según los ritmos previstos y en el respeto del principio de subsidiariedad tal y como se define en el artículo 3B del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea.

Artículo C

      La Unión tendrá un marco institucional único que garantizará la coherencia y la continuidad de las acciones llevadas a cabo para alcanzar sus objetivos, dentro del respeto y del desarrollo del acervo comunitario.

La Unión velará, en particular, por mantener la coherencia del conjunto de su acción exterior en el marco de sus políticas en materia de relaciones exteriores, de seguridad, de economía y de desarrollo. El Consejo y la Comisión tendrán la responsabilidad de garantizar dicha coherencia y asegurarán, cada cual conforme a sus competencias, la realización de tales políticas.

Artículo D

      El Consejo Europeo dará a la Unión los impulsos necesarios para su desarrollo y definirá sus orientaciones políticas generales.

El Consejo Europeo estará compuesto por los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembros, así como por el presidente de la Comisión. Estos estarán asistidos por los Ministros de Asuntos Exteriores de los Estados miembros y por un miembro de la Comisión. El Consejo Europeo se reunirá al menos dos veces al año, bajo la presidencia del Jefe de Estado o de Gobierno del Estado miembro que ejerza la presidencia del Consejo.

      El Consejo Europeo presentará al Parlamento Europeo un informe después de cada una de sus reuniones, así como un informe escrito anual relativo a los progresos realizados por la Unión.

Artículo E

      El Parlamento Europeo, el Consejo, la Comisión y el Tribunal de Justicia ejercerán sus competencias en las condiciones y para los fines previstos, por una parte, en las disposiciones de los Tratados constitutivos de las Comunidades Europeas y de los Tratados y actos subsiguientes que los han modificado o completado y, por otra parte, en las demás disposiciones del presente Tratado.

Artículo F

1. La Unión respetará la identidad nacional de sus Estados miembros, cuyos sistemas de gobierno se basarán en los principios democráticos.

2. La Unión respetará los derechos fundamentales tal y como se garantizan en el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales firmado en Roma el 4 de noviembre de 1950, y tal y como resultan de las tradiciones constitucionales comunes a los Estados miembros como principios generales del Derecho comunitario.

3. La Unión se dotará de los medios necesarios para alcanzar sus objetivos y para llevar a cabo sus políticas.

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