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Capítulo 16:

 El Tratado de Lisboa

La ciudad de Lisboa conoció épocas de esplendor, cuando cientos de curiosos aventureros, entre ellos Vasco da Gama, se lanzaban al mar deseosos de descubrir y explorar nuevas tierras que la convirtieron en potencia marítima, y épocas de desastre y miseria, que la dejaron al borde de la ruina. Sin embargo, nada pudo evitar que Lisboa resurgiera como una ciudad pujante de cara al futuro. He aquí un resumen de su historia.

La leyenda cuenta que fue Ulises quien fundó Lisboa en su vuelta a casa luego de la guerra de Troya. Ulises habría llamado a la ciudad Olissipo, un derivado de su nombre que a su vez derivó en Olissipona, Lissapona, hasta la voz actual de Lisbon para el inglés, Lisboa para el castellano y el portugués. En realidad no se sabe a ciencia cierta si fueron los griegos o los fenicios quienes la fundaron en el 1200 a.C. y la bautizaron Olissipo, un derivado de Allis Ubo, que en lengua fenicia significa "puerto encantado".


Al principio la ciudad era disputada por fenicios, griegos y cartagineses, debido a su ubicación estratégica para el comercio marítimo. Fueron los romanos quienes la ocuparon allá por el 205 a.C., y la llamaron Felicitas Julia. Formaba parte de la colonia de Lusitania y era la ciudad más importante de la Península Ibérica cuando Julio César llegó al poder, en el año 60 a.C.


Cuando cayó el imperio romano, las tribus bárbaras avanzaron, y alanos y suevos ocuparon la ciudad. Los visigodos eran quienes habían tomado la ciudad cuando en el 711 los musulmanes del norte de África la invadieron y ocuparon durante 450 años. De este período pueden observarse aún sus huellas en las sinuosas calles de Alfama y el Castillo de San Jorge.

 

El primer rey de Portugal fue Alfonso I Enriques, quien expulsó a los musulmanes en 1147, y más abajo del castillo de San Jorge construyó una catedral, la Sé, adonde llegaron los restos de San Vicente, mártir en la lucha contra los musulmanes y luego patrono de Lisboa. En el 1256, bajo el reinado de Alfonso III, la ciudad devino capital de Portugal. Con su hijo Dinis, Lisboa se expandió comercial y culturalmente y, en 1290, se fundó la primera universidad. Se amplió la ciudad a los pies del castillo y en la zona de la Baixa. Cuando en 1373 la ciudad fue saqueada por Enrique II de Castilla, Fernando I hizo construir unas murallas como protección para sus 40.000 habitantes. La peste negra sacudió la ciudad de Lisboa y la economía se desestabilizó; sólo se recuperó la prosperidad en la Era de los Descubrimientos.

Después de que Cristóbal Colón emprendiera sus viajes en busca de las Indias, muchísimos marinos soñaban con hacerse a la mar para probar suerte también. Uno de ellos fue Vasco da Gama que, en 1497, se embarcó en Belém y abrió la ruta hacia las Indias bordeando África.

 
El 26 de enero de 1531 la ciudad sufrió un terremoto en el cual murieron miles de personas. No obstante, las riquezas obtenidas con el comercio de especias, aumentadas también por las provenientes de Brasil, convirtieron a la ciudad en una potencia, el centro comercial de Europa. En estos tiempos Manuel I levantó la Torre de Belém y el Mosteiro Dos Jerónimos, como agradecimiento a Dios por tanta riqueza. En el siglo XVI se trazó la Plaza de Comercio (Terreiro do Paço) frente al río, y surgió el Bairro Alto, con comerciantes que venían a establecerse en la ciudad. La Inquisición instaló su régimen de terror y numerosas ejecuciones tuvieron lugar en la Plaza de Comercio y en la Plaza del Rossio.

 

Cuando murió Sebastián I, la ausencia de herederos animó a los españoles a ocupar Portugal en 1580. No fueron expulsados sino hasta el año 1640, cuando el duque de Braganza subió al trono como João IV. El oro traido de Brasil renovó la prosperidad de la ciudad y el rey João V emprendió ambiciosos planes de edificación, entre ellos, el del Acueducto de Aguas Livres, que llevaba el agua desde el valle de Alcántara.
Toda la prosperidad cayó en pocos minutos cuando un nuevo terremoto sacudió Lisboa el 1º de noviembre de 1755, dejándola totalmente destruida.

La reconstrucción de la ciudad quedó en manos del primer ministro de José I, el marqués de Pombal. Este había planificado un diseño de cuadrícula, con el centro de la ciudad en la zona de la Baixa. La eficacia con que se enfrentó la crisis y el desarrollo enérgico de su plan lo convirtieron en la figura política del momento. Cuando Napoleón invadió Portugal, el rey debió huir a Brasil, la capital del imperio pasó a Río de Janeiro y los proyectos no se continuaron, provocando la decadencia de Lisboa. No obstante, el diseño de Pombal puede observarse aún hoy en las calles de la Baixa, llamada por eso Baixa Pombalina. El plan tardó bastante en concretarse y el Arco de Triunfo que cierra la Rua Augusta se acabó cien años más tarde, en 1873.

 

      Durante la segunda mitad del siglo XIX llegó la revitalización económica. Se construyeron carreteras, vías férreas, circularon tranvías, se hizo un muro de contención en el Tajo.

 

      En 1908 asesinaron al rey Carlos y su hijo Luis Felipe cuando pasaban por la Plaza de Comercio y dos años más tarde caía la monarquía. Antonio Oliveira Salazar, que implantó una dictadura desde 1926 a 1968, continuó modernizando Lisboa en detrimento del resto del país. En 1966 se levantó el puente Salazar sobre el Tajo, que pasó a llamarse Ponte 25 de abril conmemorando la Revolución de los Claveles de 1974, que acabó con la dictadura.

      Tras la revolución, el país vivió años de gran euforia y cambios en la política. Portugal pasó a formar parte de la Comunidad Europea en 1986, lo que significó que la economía evolucionara favorablemente.

 

      En 1988, nuevamente la tragedia tocó a la ciudad, cuando el fuego arrasó con el barrio del Chiado. Las pérdidas en cuanto a patrimonio edilicio fueron cuantiosas y fue convocado uno de los mejores arquitectos de Portugal para la reconstrucción: Alvaro Siza Vieira.

 

      Lisboa fue capital cultural europea en 1994 y sede de la Exposición Universal de 1998, cuyo tema fue el océano, una forma de rendir homenaje a su inigualable historia marítima.

      En la actualidad, la ciudad de Lisboa, capital de Portugal, cuenta con unos 600.000 habitantes. La Agenda de Lisboa fue un acuerdo de la Unión Europea basado en medidas para la mejora de la economía europea, firmado en Lisboa en 1999. Sin embargo, es la firma del Tratado de Lisboa en diciembre de 2007, el evento más trascendental que ha celebrado la UE en esta ciudad.

 

      Europa ya no es la misma que hace 50 años, como tampoco lo es el resto del mundo. Hoy más que nunca, en un mundo globalizado que no deja de cambiar, Europa debe afrontar problemáticas nuevas: mundialización de la economía, evolución demográfica, cambio climático, abastecimiento energético, nuevas amenazas para la seguridad.

      Los Estados miembros no están ya en condiciones de afrontar en solitario todos estos nuevos retos, que no conocen fronteras. Sólo un esfuerzo colectivo a escala europea permitirá hacerlo y responder a las preocupaciones de los ciudadanos. Pero, para ello, Europa tiene que modernizarse. Necesita instrumentos eficaces y coherentes adaptados no sólo al funcionamiento de una Unión, recientemente ampliada de 15 a 27 miembros, sino también a las rápidas transformaciones del mundo actual. Esto implica renovar las normas de la vida en común establecidas en los Tratados.

      El Tratado de Lisboa se diseñó para mejorar el funcionamiento de la Unión Europea (UE) mediante la modificación del Tratado de la Unión Europea (Maastricht) y el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea(Roma). Algunas de las reformas más importantes que introduce el Tratado de Lisboa son la reducción de las posibilidades de estancamiento en el Consejo de la Unión Europeamediante el voto por mayoría cualificada, un Parlamento Europeo con mayor peso mediante la extensión del procedimiento de decisión conjunta con el Consejo de la UE, la eliminación de los tres pilares de la Unión Europea, y la creación de las figuras de Presidente del Consejo Europeoy Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad para dotar de una mayor coherencia y continuidad a las políticas de la UE. El Tratado de Lisboa también hace que la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea sea vinculante jurídicamente.

      Estos son, básicamente, los objetivos del Tratado firmado en Lisboa el 13 de diciembre de 2007. Al acordar esas nuevas normas, los Jefes de Estado o de Gobierno tenían presentes los cambios políticos, económicos y sociales que se estaban produciendo y la necesidad de responder a las esperanzas y expectativas de los ciudadanos europeos. El Tratado de Lisboa establece qué puede y no puede hacer la UE, y qué medios puede utilizar. Modifica la estructura de las instituciones europeas y sus métodos de trabajo, para que puedan dar mejor servicio a la democracia y a los valores fundamentales de la Unión.

       Este Tratado es el fruto de negociaciones entre los Estados miembros reunidos en la Conferencia Intergubernamental, en la que participaron también la Comisión y el Parlamento Europeo. Ha sido ratificado por los 27 Estados miembros. Cada uno de ellos podía elegir su propio método de ratificación, de acuerdo con sus normas constitucionales.

      El Tratado de Lisboa, por el que se modifican el Tratado de la Unión Europea y el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, fue firmado por los representantes de los veintisiete Estados miembros en la capital portuguesa el 13 de diciembre de 2007. Entró en vigor el 1 de diciembre de 2009, una vez ratificado por todos los Estados miembros.

      El Tratado de la Unión Europea incluye una disposición que permite la revisión de los Tratados: el artículo 48 prevé que cualquier Estado miembro, el Parlamento Europeo o la Comisión podrán presentar al Consejo proyectos de revisión de los Tratados. El Consejo remitirá dichos proyectos al Consejo Europeo y los notificará a los Parlamentos nacionales. Si el Consejo Europeo adopta una decisión favorable, el Presidente del Consejo Europeo convocará una Convención compuesta por representantes de los Parlamentos nacionales, de los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembros, del Parlamento Europeo y de la Comisión. La Convención examinará los proyectos de revisión y adoptará por consenso una recomendación dirigida a una Conferencia intergubernamental (CIG), que convoca el Presidente del Consejo. El Consejo Europeo también podrá decidir, por mayoría simple y previa aprobación del Parlamento Europeo, no convocar una Convención cuando la importancia de las modificaciones no lo justifique. En este último caso, el Consejo Europeo establecerá el mandato para una CIG que a continuación será convocada por el Presidente del Consejo. De este modo, en ambas hipótesis se convocará una CIG compuesta por todos los Estados miembros (precedida o no por una Convención), y cualquier modificación de los Tratados requerirá siempre la ratificación por parte de todos los Estados Miembros con arreglo a sus respectivas normas constitucionales.

      El Tratado de Lisboa es el último de los Tratados que, en el pasado, han modificado los Tratados sobre los que se han fundamentado las Comunidades y la Unión Europea, tales como el Acta Única Europea (1986), el Tratado de la Unión Europea (Maastricht) (1992), el Tratado de Ámsterdam (1997) y el Tratado de Niza (2001).

      El 1 de diciembre de 2009, tras años de negociación sobre cuestiones institucionales, entró en vigor el Tratado de Lisboa.

      El nuevo texto modifica los actuales Tratados de la UE y la CE, pero no los sustituye. El nuevo Tratado brinda a la Unión el marco y los instrumentos jurídicos necesarios para afrontar los retos del futuro y responder a las expectativas de los ciudadanos.

1º. Una Europa más democrática y transparente.

       El Parlamento Europeo y los Parlamentos nacionales tienen mayor protagonismo, hay más oportunidades para que los ciudadanos hagan oír su voz y es más fácil saber cómo se reparten las tareas entre la Unión y los países miembros.

o  Mayor protagonismo del Parlamento Europeo: El Parlamento Europeo, directamente elegido por los ciudadanos de la Unión, estrena nuevas competencias sobre legislación, presupuesto y firma de acuerdos internacionales por la UE. Cabe destacar el mayor recurso al procedimiento de codecisión, pues coloca al Parlamento Europeo en pie de igualdad con el Consejo, que representa a los Estados miembros, para la mayor parte de la legislación de la UE.

o  Mayor participación de los Parlamentos nacionales: Los Parlamentos nacionales pueden participar más en las labores de la UE gracias, en particular, a un nuevo mecanismo que garantiza que la Unión sólo actúe cuando resulte más eficaz (subsidiariedad). Esta novedad, unida al mayor protagonismo del Parlamento Europeo, acrecienta la democracia y la legitimidad de las actuaciones de la Unión.

o  A la escucha de los ciudadanos:Gracias a la "iniciativa ciudadana", un grupo de al menos un millón de ciudadanos de un número significativo de Estados miembros puede pedir a la Comisión que haga propuestas de legislación.

o  Reparto de tareas: La relación entre los Estados miembros y Unión Europea queda más perfilada gracias a una clasificación precisa de las competencias de cada cual.

o  Retirada de la Unión:El Tratado de Lisboa prevé explícitamente, por primera vez, la posibilidad de que un Estado miembro se retire de la Unión.

2º. Una Europa más eficaz.

      Con métodos de trabajo y votación simplificados, instituciones modernas y adaptadas a la Unión de los Veintisiete y más capacidad para actuar en los ámbitos prioritarios para la UE de hoy.

o  Eficacia en la toma de decisiones: La aprobación por mayoría cualificada en el Consejo se amplía a otras políticas, con el fin de agilizar las decisiones e incrementar su eficacia. A partir de 2014 la mayoría cualificada obedecerá al principio de doble mayoría (mayoría de los Estados miembros y de la población), que refleja la doble legitimidad de la Unión. La doble mayoría se alcanzará cuando los votos favorables representen, como mínimo, el 55% de los Estados miembros y el 65% de la población.

o  Un marco institucional más estable y racionalizado: El Tratado de Lisboa crea el cargo de Presidente del Consejo Europeo elegido por dos años y medio, vincula directamente la elección del Presidente de la Comisión a los resultados de las elecciones europeas, prevé nuevas disposiciones relativas a la futura composición del Parlamento Europeo e introduce normas más claras sobre las cooperaciones reforzadas y los aspectos financieros.

o  Mejorar la vida de los europeos:El Tratado de Lisboa mejora la capacidad de la UE para abordar cuestiones que hoy día son prioritarias para la Unión y sus ciudadanos. Es el caso de la actuación en el campo de la justicia, la libertad y la seguridad, ya sea para luchar contra el terrorismo o combatir la delincuencia. Lo mismo ocurre, en cierta medida, con otros campos como política energética, salud pública, protección civil, cambio climático, servicios de interés general, investigación, política espacial, cohesión territorial, política comercial, ayuda humanitaria, deporte, turismo y cooperación administrativa.

3º. Una Europa de derechos y valores, libertad, solidaridad y seguridad.

       Potenciando los valores de la Unión, concediendo rango de Derecho primario a la Carta de los Derechos Fundamentales y estableciendo nuevos mecanismos de solidaridad que garanticen una mejor protección a sus ciudadanos.

o  Valores democráticos:El Tratado de Lisboa especifica y consolida los valores y objetivos sobre los que se basa la Unión. Dichos valores constituyen un punto de referencia para los ciudadanos europeos y representan lo que Europa puede ofrecer a sus socios de todo el mundo.

o  Derechos de los ciudadanos y Carta de los Derechos Fundamentales: El Tratado de Lisboa conserva los derechos ya existentes e introduce otros nuevos. En particular, garantiza las libertades y los principios enunciados en la Carta de los Derechos Fundamentales, cuyas disposiciones pasan a ser jurídicamente vinculantes.La Carta contiene derechos civiles, políticos, económicos y sociales.

o  Libertad de los ciudadanos europeos: El Tratado de Lisboa conserva y consolida las "cuatro libertades" y la libertad política, económica y social de los ciudadanos europeos.

o  Solidaridad entre los Estados miembros: El Tratado de Lisboa establece que la Unión y los Estados miembros actúan conjuntamente con espíritu de solidaridad si un Estado miembro es objeto de un ataque terrorista o víctima de una catástrofe natural o de origen humano. También se hace hincapié en la solidaridad en el sector de la energía.

o  Mayor seguridad para todos:La Unión tiene más capacidad de actuación en el campo de la justicia, la libertad y la seguridad, lo que redunda en beneficio de la lucha contra la delincuencia y el terrorismo. Las nuevas disposiciones sobre protección civil, ayuda humanitaria y salud pública pretenden impulsar la capacidad de la UE para enfrentarse a las amenazas contra la seguridad de los ciudadanos europeos.

 

4º.Hacer de Europa un actor en la escena global.

 

       Combinando los instrumentos con que cuenta la política exterior europea a la hora de elaborar y aprobar nuevas políticas. Gracias al Tratado de Lisboa, Europa está en condiciones de expresarse con más claridad ante sus socios internacionales. Se ponen en juego todas las capacidades económicas, humanitarias, políticas y diplomáticas de Europa para fomentar sus intereses y valores en todo el mundo, respetando los intereses particulares de los Estados miembros en el marco de las relaciones exteriores.

o  La figura del Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad —que también es Vicepresidente de la Comisión— da mayor peso, coherencia y visibilidad a la actuación exterior de la UE.

o  El nuevo Servicio Europeo de Acción Exterior asiste al Alto Representante en el desempeño de sus funciones.

o  La personalidad jurídica única de la Unión fortifica su poder de negociación, convirtiéndola en un actor más eficaz a escala internacional y un socio más visible para otros países y organizaciones internacionales.

o  El desarrollo de la Política Europea de Seguridad y Defensa conserva un sistema especial de toma de decisiones. Sin embargo, también prepara el terreno para la cooperación reforzada de un grupo más reducido de Estados miembros.

      Las negociaciones para lograr esta reforma de la UE se han venido desarrollando desde el año 2001 con el fallido intento de creación de una Constitución Europea.  El Tratado se firmó en Lisboa (dado que Portugal ostentaba la Presidencia del Consejo de la UE a la sazón), y habría sido ratificado por todos los Estados miembro para finales de 2008, a tiempo para las Elecciones al Parlamento Europeo de 2009. Sin embargo, esto no fue posible debido al rechazo inicial del Tratado por parte del electorado de Irlanda en junio de 2008, por lo que el texto no entró en vigor hasta el 1 de diciembre de 2009.

      Algunos detractores del texto aseguran que este promociona la desregulación del mercado y no favorece la intervención del Estado para lograr objetivos sociales así como por ser, en esencia, el mismo tratado que fue rechazado por Francia y Holanda en 2004, la Constitución Europea. Por su parte, algunos partidarios del Tratado consideran que hará a la UE más eficaz y democrática.

      El Tratado no constituye un fin en sí mismo: se trata de una herramienta mediante la cual la Unión podrá lanzar las políticas que los ciudadanos esperan.

A) A través del nuevo Tratado, la Unión podrá funcionar mejor en las esferas estratégicas: En la continuidad de los Tratados de Niza y Ámsterdam, el nuevo Tratado otorga el poder de decisión a una mayoría cualificada en treinta grandes esferas de acción, entre las que se cuentan la lucha contra el cambio climático, la energía y la solidaridad energética, la investigación, la integración y la lucha contra las discriminaciones, la ayuda humanitaria de emergencia, la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo.

B) Se renueva la política de acción exterior, la política de defensa y el “espacio de libertad, de seguridad y justicia”:Solamente una Europa fuerte nos podrá permitir entablar un diálogo de igual a igual con nuestros interlocutores: Estados Unidos, Rusia, China, Japón, Brasil, y otros. Con el nuevo Tratado, un Alto Representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad hará que la Unión Europea pueda hablar en nombre de las instituciones europeas en los organismos internacionales cuando la Unión haya adoptado posiciones comunes. Este Alto Representante será responsable a la vez ante los Estados miembros y ante el Parlamento Europeo. En materia de defensa, los Estados miembros más comprometidos podrán cooperar de modo eficaz para garantizar el éxito de las misiones más exigentes de gestión de crisis (las “cooperaciones estructuradas”).

La Unión adquiere nuevas competencias en materia de desarme, de consejo y de asistencia militar, prevención de conflictos y estabilización post-conflicto (artículo primero, nº. 47).

Se crea un nuevo espacio europeo de libertad, seguridad y justicia. Se podrán adoptar definiciones comunes en materia de euro-delito: terrorismo, lavado de dinero, trata de seres humanos, tráfico de armamento, crimen organizado, etc.

DOS ARTÍCULOS DEL TRATADO DE LISBOA.

NO DISCRIMINACIÓN Y CIUDADANÍA.

Artículo 2.

      Los ciudadanos de la Unión son titulares de los derechos y están sujetos a los deberes establecidos en los Tratados. Tienen, entre otras cosas, el derecho:

A) De circular y residir libremente en el territorio de los Estados miembros.

B) De sufragio activo y pasivo en las elecciones al Parlamento Europeo y en las elecciones municipales del Estado miembro en el que residan, en las mismas condiciones que los nacionales de dicho Estado.

C) De acogerse en el territorio de un tercer país en el que no esté representado el Estado miembro del que sean nacionales, a la protección de las autoridades diplomáticas y consulares de cualquier Estado miembro en las mismas condiciones que los nacionales de dicho Estado.

D) De formular peticiones al Parlamento Europeo, de recurrir al defensor del Pueblo Europeo, así como de dirigirse a las instituciones y a los órganos consultivos de la Unión en una de las lenguas de los Tratados y de recibir una contestación en esa misma lengua.

TÍTULO VII

CLÁUSULA DE SOLIDARIDAD

Artículo 188.

1º. La Unión, y sus Estados miembros, actuarán conjuntamente con espíritu de solidaridad si un Estado miembro es objeto de un ataque terrorista o víctima de una catástrofe natural o de origen humano. La Unión movilizará todos los instrumentos de que disponga, incluidos los medios militares puestos a su disposición por los Estados miembros, para:

- Prevenir la amenaza terrorista en el territorio de los Estados miembros.

-Proteger a las instituciones democráticas y a la población civil de posibles ataques terroristas.

-Prestar asistencia a un Estado miembro en el territorio de éste, a petición de sus autoridades políticas, en caso de un ataque terrorista.

Capítulo anterior - El Tratado de Niza

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