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Trastornos del lenguaje y el habla en niños

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opinión) |1856 alumnos|Fecha publicación: 01/09/2010

Capítulo 11:

 Trastornos del lenguaje. Diagnóstico diferencial (3/3)

6. Trastornos de producción del lenguaje:

Hablando comúnmente, a menudo se tratan los términos de lenguaje y habla como sinónimos, pero el uso más preciso restringe el significado del habla como la actividad de articulación de los sonidos del lenguaje, considerando que el lenguaje se refiere a la comunicación de pensamientos mediante el uso de unidades significantes combinados de una manera sistemática. Los problemas de producción física del habla incluyen trastornos estructurales o funcionales que afectan la lengua, los labios y el paladar, trastornos de la voz causados por enfermedad o tensión de las cuerdas vocales, y ruptura de la secuencia fluida del rendimiento del lenguaje, es decir el trastorno de fluidez.

a. Anomalías estructurales y neurológicas del aparato del habla

Una pregunta de interés clínico es cómo las dificultades futuras del habla en niños pequeños aparentemente normales pueden ser causadas por anomalías estructurales menores de la articulación. Antiguamente, era común operar a los niños con un frenillo corto. La efectividad de este procedimiento nunca se ha evaluado adecuadamente, entrando en desuso, con el aumento del conocimiento de que las proporciones físicas articulatorias son características pobres predictoras del habla, incluso en niños con desproporción del aparato articulatorio (Peterson-Falzone,1982).

El término disartria abarca deterioros del habla que se producen por causas anatómicas y neurológicas, pero en la práctica su uso se restringe a menudo a dificultades del habla causadas por deterioro neurológico. Bronn (1985) proporciona una revisión comprensiva de las condiciones neurológicas que pueden causar disartria en niños y pueden indicar cómo el nivel de la lesión determina el alcance y naturaleza del deterioro motor que muestra.

b. Trastornos de la voz

Una voz áspera o ronca puede ser indicativa de un proceso de enfermedad subyacente, pero también puede interpretarse como la consecuencia de un abuso vocal, es decir gritar excesivamente o toser. En casos extremos, los crecimientos benignos (nódulos vocales) puede desarrollarse en los márgenes de los pliegues vocales. Aunque no amenazan la vida, tienen consecuencias adversas para el funcionamiento pudiendo ser necesaria la supresión quirúrgica. Los padres de niños con nódulos vocales informan que estos muestran una propensión defensiva, poniéndose nerviosos cuando las cosas no van a su manera, desobedecen hasta amenazan y se quejan de la injusticia de los otros. Tienen a menudo relaciones pobres con sus compañeros y tienden a ser distractibles e inmaduros.

c. Trastorno de fluidez

El tartamudeando se diagnostica cuando hay una perturbación en el ritmo del discurso, con vacilaciones, prolongaciones y repeticiones de sonidos en palabras cortas. Durante muchos años se pensó que el tartamudo reflejaba impulsos emocionales antagónicos (Meyer, 1945). Según la escuela cognitiva, el tartamudeo a largo plazo puede ser causado por un desarrollo impropio de la fluidez, aunque los adultos presten más atención y intenten corregir el discurso del niño.

Algunos programas de tratamiento contemporáneos intentan tratar el tartamudeo indirectamente, modificando la actitud del niño y la familia hacia el trastorno. Sin embargo, los estudios genéticos han demostrado factores hereditarios altos para el tartamudeo y han sugerido que, aunque el ambiente familiar puede afectar en alguna parte del curso del deterioro del trastorno, los factores constitucionales juegan un papel significativo en la etiología (Kidd, 1980).

d. Mutismo selectivo (electivo)

De vez en cuando se remiten niños porque han dejado de hablar (mutismo), habiendo producido previamente un lenguaje normal o casi normal. En este caso se han de considerar dos alternativas bastante diferentes: (1) la pérdida de la habilidad del habla ha sido consecuencia de una patología orgánica del cerebro (afasia adquirida); o (2) la habilidad del habla no ha cambiado pero su uso se ha dañado como resultado de una perturbación socio-emocional. Este segundo caso hace pensar en un mutismo selectivo o electivo y se refiere a una condición psiquiátrica en la que el niño puede hablar, pero tan sólo lo hace en presencia de un grupo íntimo. Ambos tipos de trastornos aparecen durante los años preescolares y requieren formas bastante diferentes de tratamiento, siempre de acuerdo con la realización del diagnóstico diferencial.

Puede pensarse que el diagnóstico diferencial de afasia es fácil porque la patología cerebral es lo bastante severa para causar perturbación del lenguaje al igual que también debe producir evidencia clara de deterioro neurológico. Sin embargo, esto no siempre es así, sobre todo en el caso de la afasia epiléptica adquirida, donde una base orgánica puede ser difícil de demostrar. El diagnóstico diferencial se hace en base a dos rasgos clave que separan el mutismo selectivo de la afasia. En la afasia, la pérdida de discurso es evidente en todas las situaciones. En cambio, en el mutismo selectivo, el fracaso para usar el discurso se da en situaciones específicas y está intacto cuando hay unas circunstancias sociales con características particulares. Normalmente, los niños con mutismo selectivo hablan cuando están solos con sus amigos, y a veces con sus padres, pero no en la escuela, en situaciones públicas o con extraños. En la afasia, los problemas se extienden más allá del uso del lenguaje hablado dañándose en muchos casos la comprensión del lenguaje pudiendo mostrar pérdida de habilidades de alfabetización en niños mayores. En cambio, los niños con mutismo selectivo mostrarán competencia en el lenguaje hablado en ciertas situaciones (esto puede ser confirmado consiguiendo que la familia grabe conversaciones en situaciones donde el niño habla, o por observaciones a través de un espejo), no mostrando ningún deterioro de comprensión, lectura o escritura. Si se presta una atención cuidadosa a estos dos rasgos clave, normalmente no hay dificultad para hacer la distinción.

No es raro que aparezca un rechazo inicial para hablar cuando los niños empiezan la escuela. Este fenómeno es particularmente común entre inmigrantes que aprenden un nuevo idioma. Sin embargo, este rechazo inicial casi siempre remite sin la necesidad de intervención. El mutismo selectivo persistente (más de 6 meses por lo menos) es mucho más raro, con una proporción de sólo aproximadamente 0.7 por 1000.

Aunque la selectividad en el uso del habla es un rasgo distintivo que se requiere para el diagnóstico, el deterioro del habla/lenguaje, la inmadurez del desarrollo y el deterioro cognoscitivo constituyen factores de riesgo importantes, y es importante que la comorbilidad con un trastorno del desarrollo del lenguaje no se pase por alto. No es sorprendente que niños con ausencia de habilidad lingüística se muestre ansioso al hablar en situaciones públicas. Además, es común en niños con mutismo selectivo mostrar comportamiento negativista o temperamental, timidez, o tendencias oposicionistas, pobres relaciones con los compañeros y aislamiento social. A menudo las familias no muestran ningún rasgo raro, pero la sobreprotección maternal parece ser relativamente común.

Los informes sobre el curso y resultado son bastante contradictorios. El pronóstico

es excelente en el síndrome más frecuente de rechazo a hablar al empezar la escuela, pero la larga prolongación de los casos de mutismo selectivo pueden ser bastante difíciles de tratar. Sluckin et al. (1991) sugirió que el tratamiento del comportamiento individual usando técnicas de cambio gradual o refuerzo eran muy eficaces, pero su estudio, no constituyó un ensayo controlado y la conclusión debe ser provisional. Algunos niños continuaron mostrando un grado de mutismo selectivo que continuó durante algunos años; esto ocurría a menudo cuando había una marcada psicopatología familiar.

7. Deterioro del lenguaje en la distrofia muscular de Duchenne

La separación entre la habilidad del lenguaje y la inteligencia no-verbal está bien documenta en la distrofia muscular de Durhenne, aunque no se entienda totalmente el mecanismo. Es importante ser consciente de esta asociación, porque el retraso del lenguaje, asociado con torpeza motora, puede ser el primer síntoma presentando (Kaplan et al., 1986) y fracasar al hacer a un diagnóstico correcto.

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