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Trastornos del lenguaje y el habla en niños

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opinión) |1856 alumnos|Fecha publicación: 01/09/2010

Capítulo 9:

 Trastornos del lenguaje. Diagnóstico diferencial (1/3)

1. Identificación del deterioro del lenguaje:

El primer problema para aquéllos que desean aplicar el criterio diagnóstico expuesto en el DSM-IV o el ICD-10 es el cómo cuantificar el lenguaje y habla respecto a la edad del niño. Un niño de tres años puede decir 'el bato' por 'el gato', 'poeta' por 'pelota' sin que se considere que tiene un trastorno, pero si daría causa de preocupación si éste persistiera hasta los 6 años. Estos ejemplos están bastante claros, pero qué pasa cuando el niño todavía está diciendo 't' por 'k'. En países angloparlantes hay una guía amplia de datos de investigación. Sin embargo, otros idiomas contienen sonidos y construcciones gramaticales diferentes y en muchos casos poco es conocido sobre los modelos animales de adquisición. En países donde no existe ninguna prueba estandarizada conveniente, la evaluación del comportamiento verbal ofrecido por el DSM-IV y el ICD-10 hace que se identifiquen los niños por debajo de los niveles de edad esperados. Donde pruebas estandarizadas están disponibles, éstos tienen la base para cuantificar la anormalidad del lenguaje en relación al grupo de edad. Es una práctica común convertir los resultados en edad equivalentes que permiten encontrar la edad promedio obtenida.

La anormalidad estadística de un retraso de lenguaje en una edad cronológica varía según la prueba. Para niños de dos años la diferencia entre edad lingüística y edad cronológica puede parecer un problema severo, pero para muchas pruebas del lenguaje de uso común, semejante diferencia no es nada raro en la población normal.

Se puede evitar este problema usando pruebas de lenguaje estandarizadas para identificar a niños cuyos resultados son estadísticamente anormales. Sin embargo, si confiamos en una definición estadística del trastorno, creamos un nuevo dilema, porque entonces el predominio del trastorno permanecerá constante en edades diferentes y culturas diferentes. Uno puede, por ejemplo, alarmarse al oír que algunos estudios encuentran un 16% de niños con trastorno y deterioro del lenguaje. Sin embargo, si la presencia del trastorno se define en términos del niño que anota 1 desviación típica por debajo de la población, entonces ésta es exactamente la figura de predominio que uno quiere obtener y permanecerá el mismo aun cuando el nivel del lenguaje de la población entera aumente drásticamente. En el ICD-10 se considera que los niños más grandes muestran mejora progresiva y esto implica que el diagnóstico del lenguaje específico y el trastorno del habla puede ser apropiado en niños cuyos resultados en las pruebas estén en el rango normal, pero quiénes previamente tenía dificultades particularmente severas con un modelo anómalo de funcionamiento lingüístico.

2. Distinción entre retrasos específicos y retrasos más generales:

Es bastante fácil identificar casos de impedimento mental severo donde el habla y las habilidades no-verbales están por debajo del nivel de edad, pero hay mayor dificultad al hacer un diagnóstico cuando un niño con dificultades del lenguaje tiene una inteligencia no-verbal que se sitúa por debajo del nivel de edad pero no en el rango mentalmente impedido. Esta es una situación muy común. Varios estudios longitudinales han encontrado que las puntuaciones en las pruebas de CI no-verbales son dos a tres veces más bajas en niños con logros del lenguaje pobres. Por ejemplo, en un estudio con niños de 7 años (Silva et al., 1984), 57 de 827 niños fallaron en la prueba de articulación. El 10% estaban mentalmente impedidos, es decir, con CI menor de 70 y el 33% tenían CI entre 76 y 89.

Estos niños estarán incluido como casos de trastorno del desarrollo específico del lenguaje según la definición que adoptemos. Algunos usan un punto de corte, en donde el niño debe lograr algún nivel mínimo de habilidad no-verbal (Ej. un CI de 70) para determinar el criterio de diagnóstico. Sin embargo, esto conlleva dos problemas. Si el punto de corte fijo es relativamente bajo, hay peligro de incluir niños que no parecen tener una diferencia sustancial entre el funcionamiento verbal y no-verbal. Para reflejar este problema podemos tomar un caso extremo: podríamos incluir un niño con un CI no-verbal de 71 y una puntuación verbal de 69. Sin embargo, si el punto de corte fijo fuera más alto, entonces excluiríamos casos donde un niño con un CI no-verbal bajo tiene un problema severo del lenguaje que es compatible con funcionamiento global, por ejemplo un niño de 8 años con un CI no-verbal de 75 que es totalmente mudo.

El criterio diagnóstico actual en el DSM-IV y el ICD-10 evita tales problemas cuando se diagnostica el trastorno específico del lenguaje en términos de la desigualdad entre habilidades verbales y no-verbales, independiente del nivel de habilidad no-verbal. Sin embargo, en ningún esquema de diagnóstico preciso especifica cómo se cuantifica la desigualdad verbal y no-verbal dejando que se interprete la definición según el juicio individual.

Es posible usar la correlación entre prueba verbal y no-verbal para estimar la diferencia entre las dos puntuaciones que son estadísticamente anormales. Según los datos usados por Silva (1987), podemos calcular que alrededor del 6% de los niños se espera que obtengan unos resultados por debajo de una desviación estándar en el Test de desarrollo del lenguaje de Reynell en relación al CI obtenido en el Test de Wechsler para niños. Con el actual estado de conocimiento, una regla útil para decidir cuándo hay un deterioro del lenguaje significativo discordante con el CI sería el que el niño debe obtener una puntuación en una prueba de lenguaje por lo menos 2 desviaciones estándar por debajo del normal, con una puntuación de CI por lo menos 1 desviación estándar el lenguaje.

En muchos países el volumen de recursos educativos especiales se dirige a niños que muestran habilidades no-verbal normales, cuando otros niños con niveles similares de trastorno del lenguaje pueden estar recibiendo una pequeña ayuda del especialista, porque tienen pobres medidas no-verbal. Esta diferencia podría justificarse si los niños con trastorno del lenguaje específico demostraran ser cualitativamente diferente de aquéllos con dificultades más globales, aunque esto no ha sido demostrado todavía.

3. Pérdida o trastorno del lenguaje:

Para aprender el lenguaje hablado, se ha de poder oír. Los niños con pérdida de oído congénita profunda (más de 90dB) tienen gran dificultad para el aprendizaje del lenguaje hablado, incluso cuando (excepcionalmente) hay uso de audífonos. Leer los labios no puede proporcionar la misma información que el escuchar pues muchos sonidos (como m, p y b) son visualmente indistinguible. No se puede desviar el deterioro de oído simplemente enseñándole al niño a leer si el niño no tiene habilidades de lenguaje adecuadas para apreciar lo que la forma escrita refleja. Según el grado de pérdida de oído será mayor la probabilidad que el niño tenga un discurso inteligible, tenga éxito al leer los labios, muestre evidencia de usar el discurso interior y adquiera habilidades de lectura funcionales (Quigley, 1978; Conrad, 1979).

La falta de conocimiento preciso sobre la relación entre la pérdida de oído menos severa y el deterioro del lenguaje significa que habrá necesariamente un grado de subjetividad en la decisión de si un trastorno del lenguaje observado puede atribuirse o no al deterioro del oído. La mayoría de los niños designados como déficit parciales del oído tienen déficits verbales y muchos autores sostienen que las pérdidas apacibles pueden tocar incluso a una parte del lenguaje causando dificultades. En general, no es razonable atribuir dificultades del lenguaje a la pérdida conductiva de oído asociada con otitis media, excepto cuando la condición es crónica y incesante. La edad de la pérdida de oído es importante. Incluso unos años de oído normal en la vida temprana puede representar una gran diferencia en el desarrollo del lenguaje del niño.

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