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Trastornos alimenticios

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opinión) |1171 alumnos|Fecha publicación: 06/09/2010

Capítulo 2:

 Trastorno alimenticio en la primera infancia (1/2)

LOS TRASTORNOS ALIMENTICIOS EN LA PRIMERA INFANCIA: MI NIÑO/A NO ME COME NADA

INTRODUCCION

Los TCA presentan mucha mayor dificultad en las primeras etapas del desarrollo, puesto que los criterios de las clasificaciones de trastornos mentales más utilizadas tienen escaso valor, de hecho existen los iníciales trabajos en sistematizarlos por parte de KREISLER, recientemente en USA ha aparecido un documento de especial relevancia coordinado por National Center for Clinical Infant Programs y con la participación de científicos como EMDE, SAMEROFF, GREENSPAN, MINDE, SOLNIT, ZUCKERMAN, FENICHEL, etc. La tentativa de estos grupos de investigadores consiste en sistematizar y clasificar los trastornos psicológicos, mentales, conductuales y emocionales en la primera infancia, entre los que incluyen a los TCA, pero en todas estas sistematizaciones se incluyen más como trastornos digestivos y de la alimentación, dando una idea de reacción y expresión más que como cuadros autónomos.

Pero hablar de trastornos de la conducta alimentaria parece reducirse, a tenor de lo publicado, a los trastornos que aparecen en la adolescencia, es la llamada anorexia nerviosa (AN) o anorexia mental y la bulimia nerviosa (BN). Desde la práctica clínica se puede decir que los trastornos alimenticios son un tipo de trastornos común a todas las edades y representa una de las formas más prevalentes de expresión de una disfunción emocional y/o relacional en toda la infancia. De esta suerte se constituyen, junto con los trastornos del sueño, en una de las alteraciones más fiables a la hora de realizar la semiología psicopatológica y la expresión del funcionamiento vincular durante las primeras etapas del desarrollo emocional del sujeto.

Por otro lado hay que señalar que es un trastorno que origina una importante preocupación en el ambiente familiar, sobre todo en la figura materna, lo que aporta a 4 este tipo de trastornos una significación relacional de primera magnitud.

LOS CONTENIDOS DE LA CLINICA

Sobre un total de 221 casos nuevos atendidos durante un año, se seleccionaron las demandas referidas a niños/as cuya edad era inferior a 5 años y se establecieron dos grupos: 0-2 años y 3-5 años. El número total de casos estudiados que presentaron trastornos alimenticios fueron 40 y su distribución por edad y sexo se esquematiza en la * Fig. 1. La mayoría de este tipo de trastornos se presentaron en niños y con una edad comprendida entre los 3-5 años.

Una vez seleccionados los casos se analizó la fenomenología psicopatológica acompañante de los casos que presentaban trastornos alimenticios *Fig. 2. Se recogieron también posibles alteraciones somáticas que pudieran explicar el origen de los trastornos alimenticios *Fig. 3. Este tipo de causas fueron detectadas en el 32,5% de los casos. Algunas podrían ser consideradas causas como tal, caso de la Parálisis Cerebral Infantil, pero en el resto de los trastornos somáticos habría que delimitar con mucha precisión si el trastornos alimenticio era causa o efecto, factor desencadenante o trastorno acompañante de la globalidad del proceso. En este último caso podemos agrupar los déficit sensoriales (sorderas y cegueras), trastornos de expresión psicosomática (asma y atopias) y procesos de evolución crónica (anemias y cardiopatías congénitas). En el 20% de los casos estudiados *Fig. 4 se detectaron importantes contenidos relacionales acompañantes en los niños/as que presentaban este tipo de trastornos: la presencia de malos tratos se detectaron todos en el grupo de los 0-2 años, mientras que los celos hacia los hermanos aparecían en el grupo de 3-5 años y más en los niños que en las niñas (proporción 4/1). Lo que confería a ambas situaciones una gran significación estadística (p < 0.0001).

LA IMPORTANCIA DE LA ALIMENTACION EN LA PRIMERA INFANCIA

En la primera infancia los motivos de acudir al Pediatra por causa de la alimentación son muy frecuentes y variados: tipo de alimentación, introducción de nuevos alimentos, alteraciones alimenticias y nutricionales, etc. Al niño/a se le mide y pesa con cierta frecuencia y los exámenes periódicos de salud dan una importancia muy evidente a los aspectos nutricionales. Los efectos de los trastornos alimenticios como las distrofias más o menos severas, caprichos alimenticios, etc. son signos que podrían hacer sospechar un síndrome del niño/a maltratado. Por lo tanto constituyen una atalaya de observación de los procesos del desarrollo de primera magnitud y de una gran relevancia, de tal suerte que el Grupo de Expertos de OMS-Europa sobre Promoción del Desarrollo Psicosocial en los cinco primeros años desde los Servicios de Atención Primaria considera al proceso de alimentación-nutrición como de gran relevancia e impacto en todo el proceso del desarrollo psicosocial del sujeto; con ello se intenta destacar el contenido relacional y emocional de la alimentación más allá de lo meramente descriptivo y somático, tal y como se presenta en los exámenes periódicos de salud, al menos hasta el momento actual.

Entre las funciones de la alimentación en los bebés se destacan dos grandes grupos obtenidos de la prolongada observación de bebés y en los que coinciden la mayoría de las perspectivas teóricas serias de estudio de las interacciones precoces madre-bebé:

1º Satisfacer y calmar hambre y sed del bebé, como forma de comunicar y expresar sus necesidades vitales.

2º Descarga tensional. No queda extraño que ante situaciones de inquietud o nerviosismo o bien de retraimiento los bebés estimulan la zona oral, sobre todo con el reflejo de succión.

Entre los factores que intervienen en la alimentación de los bebés queremos destacar la importancia de los reflejos de succión y faríngeo, tal y como lo exponen BRAZELTON & CRAMER en una reciente publicación: Para liberarse del moco faríngeo los recién nacidos hacen conductas respiratorias para expulsarlo. En ese momento los reflejos faríngeos compiten con los de succión. Por ello un bebé al iniciar la succión puede hacer arcadas o escupir antes de succionar, lo que puede inquietar a una función materna sin la suficiente experiencia o que sea muy ansiosa. Esta situación podría ser interpretada por estos tipos de madres como si el bebé la rechazara, cuando solo es la necesidad de acoplamiento mutuo. Aprender a succionar es la tarea del bebé, mientras que la tarea de la madre es sostenerlo y estimular al bebé. De esta suerte se constituye una sincronía para establecer las conductas de apego, por medio de las que se aseguran los vínculos, y se comprende los diferentes ritmos de la madre y del bebé a la hora de la estimulación, en el sentido que lo concibe MAZET de adecuar el estímulo a cada par madre-hijo/a y en cada situación concreta para poder saber si un mismo estímulo es hipo, normo o hiperestimulación.

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