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Capítulo 8:

 Terapia familiar

a.    En los toxicómanos adolescentes, manipuladores. Se hace necesario trabajar el contrato con aquellas personas que se harán cargo del trabajo terapéutico (que en general son los padres o alguno de ellos). El perfil de estos pacientes, es la falta de compromiso y con frecuencia inician una terapia obligados por los progenitores. Es importante que en el contrato de los drogadictos y alcohólicos, se paute el pago por sesión y los horarios fijos. En ocasiones, se comprometen con las sesiones en la situación crítica, luego pueden huir de la relación terapéutica por resistencias a ingresar en el territorio que oculta el síntoma.

b.   Para los sujetos manipuladores psicopáticos. También es relevante pautar el pago por sesión y con mucha claridad y hasta a veces establecer un contrato por escrito. El pago se estipulará por sesión con pautación de horarios fijos. El tipo de contrato es rígido, para no dejar margen a la infiltración de manejos que enturbiarían el vínculo terapéutico.

c.    En los fóbicos y resistentes. Por una cuestión de diseño de trabajo (la pautación de prescripciones y registro de las mismas llevan a la plasticidad de turnos), es decir deben reglamentarse con flexibilidad los horarios y los honorarios, por la tendencia a la huida y al miedo al compromiso.

d.   En los depresivos. En ocasiones son atendidos en consultorio y a veces en domicilio, tal cual los panicosos. Pero no solo ellos, muchos pacientes por imposibilidades físicas, operaciones, o simplemente porque el terapeuta considera importante verlos interactuar en su propio seno familiar (para observar en vivo y en directo cómo funcionan en su hábitat original), son atendidos domiciliariamente. Estos detalles también son importantes remarcarlos en el contrato.

En algunos casos, el terapeuta podrá utilizar un instrumento diagnóstico y terapéutico empleado en la terapia de la anorexia nerviosa, en la cual se organiza una comida familiar que es presenciada por el terapeuta. De este modo, el terapeuta tiene la oportunidad de observar las transacciones familiares, sus características estructurales y las perturbaciones funcionales en esta esfera vital de la vida familiar.

Almuerzo familiar. La técnica del almuerzo familiar, creada por Salvador Minuchín (1971), en el tratamiento de la anorexia nerviosa, tiene tres modelos que pueden adaptarse a las pautas interaccionales y a la etapa de desarrollo de la familia en cuestión.

Modelo uno, el objetivo de este modelo es alentar a los padres que traten, uno por vez, de que su hijo coma. Les recuerda que ellos son los responsables de que el niño reciba una nutrición adecuada. Por lo tanto, se plantea que los problemas que necesitan atención son la autoridad y la obediencia, y no la enfermedad. En general, los padres no logran llevar a buen término este intento. Como consecuencia del estímulo del terapeuta y del enojo de los padres por su impotencia ante la voluntad del niño, los padres son capaces de unir sus fuerzas y establecer una actitud coherente ante el niño. Cuando los padres dejan de estar en pugna, son capaces de alimentar al niño o éste empieza espontáneamente a comer algo.

En el Modelo dos, se alienta a los padres y al niño a formar vínculos. Al comienzo de la sesión, como en el primer modelo, se insta a los padres a tratar de alimentar al niño. Por lo general, estos intentos son infructuosos. Seguidamente se pide a cada uno de los padres que actúe de una manera determinada con el niño. A uno de ellos se le pide que lo haga comer instándolo, alabándolo, rogándole o apelando a su razonamiento, o empleando cualquier otro medio de presión “suave” que se le ocurra. Al otro se le encomienda la tarea de hacer comer al niño recurriendo a la fuerza, las órdenes autoritarias y las amenazas. Por último, se hará evidente para los padres el enorme poder que tiene sobre ellos la criatura aparentemente enferma e indefensa, y dejarán de controlar los hábitos de alimentación del niño.

El terapeuta desliga a los padres de futuros contactos con el beneficiario sobre el tema de la alimentación y convierte este tema en un asunto privado entre él y el beneficiario.

El Modelo tres, se refiere al intento de neutralizar la interacción familiar en torno del tema de la comida. Se deja que el niño decida si va a comer o no. El terapeuta no fomenta el compromiso entre los padres y el niño, sobre el asunto de la comida e impide que se saque a colación cualquier tema que pudiese concertar la atención en los hábitos de alimentación del niño.

Los tres modelos mantienen y dirigen la confrontación entre los padres y el hijo de manera totalmente diferente. De esta manera, difiere el tipo de experiencia emocional creada en cada uno de los modelos. La elección del modelo depende de la estimación que realice el terapeuta del estilo, la estructura y la etapa del desarrollo de la familia. Veamos: 

En los modelos uno y dos se generan una crisis terapéutica a fin de romper una estructura familiar demasiado rígida.

El modelo uno es conveniente cuando se trata de niños pequeños y pre púberes; clarifica las luchas por el poder y destaca la competencia entre los padres.

El modelo dos es ventajoso cuando los beneficiarios son adolescentes cuya lucha por la autonomía y la separación de la familia necesita apoyo. En familias cuya estructura parece más flexible, o en el caso de que el niño haya comenzado a comer otra vez solo, es adecuado el modelo tres.

En síntesis, los tres modelos expuestos pueden producir una modificación decisiva en los sistemas familiares que pasan por una situación de vida o muerte. El almuerzo familiar es una estrategia de intervención de la terapia familiar estructural, un caso especial de representación de transacciones familiares, en la cual “se pone en escena” un problema familiar específico durante una sesión terapéutica, con el fin de obtener un diagnóstico exacto de las pautas de interacción familiares y de intervenir directamente en el proceso de interacción en marcha. 

Además, el terapeuta tiene la ocasión de intervenir directamente en las “Configuraciones”; este es un de los conceptos más importantes de la teorías de los sistemas familiares, implica una secuencia o conexión ordenada de sucesos. Se refiere a una entidad funcional cuyas partes pueden diferenciarse entre sí.

Bateson, en su último estudio, considera que los “Procesos Mentales”, son esencialmente la formación y la realización de configuraciones (todos pensamos con la ayuda de configuraciones que nos conectan).

Capítulo anterior - Contrato de familia

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