La belleza física.
En muchas ocasiones, se equipara la belleza física, especialmente, en la mujer, con el éxito profesional. Un hecho que esclaviza a algunas de las personas que se mueven en el mundo del espectáculo y que están sometidas a una presión estética continua.
En una sociedad demasiado preocupada por la belleza física convendría decir que las personas pueden maquillarse los ojos o los labios, sin embargo, no pueden maquillarse el alma.
La apariencia física no dice absolutamente nada de cómo es el interior de un ser humano que también puede mostrar su belleza a través del carisma interior o su personalidad. Existe una clara obsesión por la estética que para muchas personas se traduce en una presión.
La moda debería enseñarnos a querernos y a aceptarnos mejor a nosotros mismos pero no debería convertirse en una esclavitud enfermiza o en un deseo de estar perfecto las veinticuatro horas del día.
Además, a través de la televisión, parece que hoy día sólo existiese un canon de belleza: el que marcan las modelos sometidas a una delgadez extrema que muestra el cuerpo de una mujer sin curvas.
Por esta razón, las personas que tienen un trabajo cuya imagen es importante (actrices, presentadoras, etc) tienen que superar continuamente un examen de perfección puesto que son muchas las revistas que se encargan de señalar la celulitis o los kilos de más de determinadas mujeres. Una presión por la imagen que en el caso de los hombres es mucho menor.
La mayoría de las actrices o presentadoras ocupan más espacio en los medios de comunicación por temas amorosos o por temas relacionados con la moda y su aspecto físico (aspectos que por sí mismos no tienen ningún mérito ya que la belleza es simplemente una herencia genética y la juventud una etapa de la vida que se pasa con los años) que por los méritos profesionales alcanzados.
Algo que sin duda debería hacer reflexionar a una sociedad que se enorgullece de haber dejado atrás el lastre del machismo y que cuenta con gran cantidad de mujeres universitarias formadas y preparadas para enfrentarse de forma inteligente al mundo laboral.
Esta obsesión por la belleza remite a la superficialidad en lugar de a la interioridad de las personas. Una interioridad que muestra la verdad que cada persona lleva dentro de sí misma y que merece la pena descubrir como si se tratase de un regalo puesto que es la única forma de tener un conocimiento adecuado y acertado del otro. De lo contrario, seguimos alimentando el campo de los prejuicios y los estereotipos. Por otra parte, aunque en muchas ocasiones se asocia equivocadamente la belleza física con el éxito lo cierto es que la apariencia física no es un fundamento adecuado para la felicidad.
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