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Sobre la confianza

Autor: Herder Editorial
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |58 alumnos|Fecha publicaciýn: 19/07/2011
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Capýtulo 5:

 Romper la confianza. Enemigos

Enemigos declarados y no declarados

Ante enemigos reconocidamente hostiles, no pocas veces tendemos a adoptar formas restringidas de confiar. Frente al ladrón que acorrala con un arma, solemos levantar las manos. En este caso, la vulnerabilidad que se asume no es ni espontánea ni reflexiva, sino impuesta. Obligadamente, la persona acosada se subordina (en muchas ocasiones, no intenta, digamos, quitarle al ladrón el arma o huir). Se establece, pues, una dependencia no querida: variación de la condición 1.

No obstante, en medio de esta relación de dependencia no querida, es probable que se procure discernir grados, al menos, de la razonabilidad instrumental del ladrón. Así, tal vez se quiera hacer que el ladrón calcule que le conviene sólo robar, y no secuestrar ni asesinar, si toma en cuenta tanto la posibilidad de ser apresado, como el comportamiento sumiso en relación con sus amenazas: variación de la condición 2.

Esta forma desviada de la confianza interpersonal, que se puede denominar «confianza instrumental como autodefensa», se deja reconstruir en la oscilación entre variaciones de la condición 1 y restricciones de la condición 2, y, así, en estos casos también se aplica alguna versión, aunque desviada, del principio de confianza en cuanto presunción. Para reducir esa oscilación y poder aplicar dicho principio, el acosado quizá procure no desesperar; quizá anhele que sus expectativas positivas motiven al ladrón a no hacerle más daño del necesario para el robo que ha planeado: variación de la condición 3.

De esta manera, en relación con los modos de actuar que se subsumen bajo el concepto de confianza, indagar las confianzas a medias o instrumentales, o incluso los desvíos, los contraejemplos, las transgresiones, los abusos, las rupturas, a menudo contribuye a elucidar tal concepto. En ocasiones, esas elucidaciones se vuelven iluminadoras, sobre todo cuando se trata de desviaciones o rupturas extremas. Por eso, me demoro todavía en examinar otros rompimientos y abusos de la confianza.

Grados de rompimiento de la confianza interpersonal por parte de enemigos no declarados

Con intereses algo diferentes de los del primer mapa regresamos, pues, a las rupturas de la confianza. Consideremos la siguiente escala de tales rupturas a la que se hace referencia con las expresiones «me decepcionó», «me defraudó», «me engañó», «me traicionó». En la escala que es posible reconstruir con esas confesiones, cada rompimiento de la confianza puede interpretarse como progresivamente más grave. Por otra parte, hay que establecer dos grupos: mientras que las dos primeras expresiones aluden a respuestas a modos de actuar intencionales o no intencionales, con las dos últimas se hace referencia sólo a rompimientos intencionales (o, al menos, que la persona considera como intencionales). Elucidemos un poco cada una de esas confesiones.

En muchas circunstancias, cuando se afirma «me decepcionó», no hay que atribuir la intención correlativa de decepcionar, ni siquiera alguna intención específica por parte «de quien decepciona ». A menudo, quien confía, P, se había hecho cierta imagen de una persona o de una situación, y meramente se actuó de manera diferente de como lo esperaba P. En situaciones como ésas, la expresión «me decepcionó» es otro modo de expresar «me desilusioné». (Tal vez adoptando una perspectiva más amplia y algo crítica sobre uno mismo razonemos: «Con tanto fantasear, no es raro que después me frustre. Yo mismo, pues, tuve la culpa de decepcionarme por creer lo que deseaba creer».) Algo análogo sucede con la expresión «me defraudó». No pocas veces, P se indigna con el comportamiento de una persona Q, aunque Q no haya hecho nada intencional para producir la indignación de P. En casos como éstos se está ante confianzas mal depositadas, y la consiguiente frustración de expectativas.

En cuanto a los rompimientos intencionales de la confianza, sospecho que resulta esclarecedor subsumir el continuo de males que va de los engaños a las traiciones bajo la clase «manipular». ¿En qué consiste ésta? P manipula a Q si 1) P intencionalmente maneja la dependencia de Q y sus expectativas positivas respecto de P, de modo tal que Q no se da cuenta de esos manejos, o condición de astucia; 2) el propósito de P es influir en los deseos, las creencias, las emociones de Q, para actuar en contra de los intereses de Q y en beneficio de sus propios intereses, o condición de malicia.
Tal vez se objete que la condición 2 sólo vale para casos de manipulación fuerte. Pero hay otros casos de manipulaciones. Por eso la condición 2 debería ser sustituida por una condición más débil, a saber, 2’. El propósito de P es influir en los deseos, las creencias, las emociones de Q para actuar en beneficio de sus propios intereses, o condición del propio interés.
En este caso, el manipulador desatiende si sus intereses coinciden o no con los del manipulado. Pero este desatender, ¿realmente define un subgrupo de manipulaciones débiles? Por otra parte, se debe tener en cuenta que no sólo hay manipulaciones más o menos inocuas, sino que parece que también las hay justificadas. (Si P es un secuestrador, existe justificación para llevar a cabo actos que cumplan con las condiciones 1 y 2 de la manipulación para salvar a la víctima.)3 Hasta es común admitir una categoría loable de engaños: las llamadas «mentiras piadosas».

Sin embargo, ¿de qué modo esa manipulación extrema de la confianza, la traición, contribuye a iluminar no sólo la confianza interpersonal, sino también otros tipos de confianza?
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3. Si las condiciones 2 o 2’ no se aplican, no se puede subsumir la acción bajo la clase

«manipular». Por ejemplo, Q es muy joven y no se da cuenta de un peligro, o Q se encuentra bajo el influjo de drogas. Considero que no son formas de manipulación (y menos de engaño y, todavía menos, de traición) los manejos paternalistas de P que le permiten tomar medidas a favor de Q sin que Q se entere, con el propósito de evitar que Q sufra daños. Por desgracia, las diversas formas de paternalismo son resbaladizas y, con facilidad, se prestan a la manipulación injustificada. Cfr. T. M. Scanlon, «Promises and Contracts», especialmente la sección «Manipulation and Regard for Expectations», en Peter Benson (comp.), The Theory of Contract Law, Cambridge, Cambridge University Press, 2001, págs. 88-93.

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