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Sobre la confianza

Autor: Herder Editorial
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |58 alumnos|Fecha publicaciýn: 19/07/2011
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Capýtulo 17:

 Confiar en la naturaleza (1/2)

5. La confianza natural: confianza en la naturaleza

De manera inevitable, la gente tiene confianza natural: se abandona a, cuenta con la naturaleza y sus presencias y sucesos: condición 1. Además, tal abandono es constante. Más todavía, si se retoma una vez más el primer mapa, el mapa formal, de seguro se aceptará que «confianza natural» es casi un sinónimo de la confianza general, pero sólo casi. Porque también con confianzas particulares y singulares la gente se abandona a la vida vegetal y animal que la rodea. Aunque en las sociedades industriales muchas formas de ese apoyarse en, contar con la naturaleza no son inmediatamente visibles, no por eso son menos efectivas: cualquiera que sea la estructura de la sociedad en que se encuentren los animales humanos tienen que servirse de las llamadas «riquezas naturales». Así, tal vez haya pocos límites, si es que hay alguno, en relación con la vulnerabilidad respecto de la –por así llamarla– «naturaleza externa»: sin oxígeno y sin agua y sin otras condiciones naturales no podrían sobrevivir los animales humanos, y ningún tipo de vida. Pero tampoco se debe olvidar que esa vulnerabilidad también atañe a la «naturaleza interna». De esta manera, hay que cuidarse de no desatender este abandonarse, este contar con la naturaleza, y conviene siquiera anotar varias de sus ramificaciones, incluyendo algunas tal vez inesperadas.

Por lo pronto, la confianza natural se puede vincular de muchas maneras con la denominada «actitud realista» en teoría del conocimiento. En efecto, la vieja bandera del realismo epistemológico fue «Siempre hay más realidad que conciencia». Previsiblemente, a partir de esa bandera se infirió que no hay que dejar de desconfiar de la conciencia y de todo lo que la atañe, pero, a la vez, no hay que dejar de confiar en la naturaleza e incluso de abandonarse a la naturaleza. Por otra parte, este contar con la naturaleza, ¿no se confirma en una versión reciente de esa bandera: «Siempre las condiciones de verdad trascienden las condiciones de verificación»? Al menos no es forzar este dictum interpretarlo como otorgando predominio a la confianza natural sobre la confianza en sí mismo y sus poderes; por ejemplo, los poderes humanos de comprobar o refutar una propuesta.

No obstante, la creencia en tener en cuenta lo que «trasciende » los propios poderes no pocas veces rebasa la epistemología, y se vuelve emocional: una actitud de vida. Si se adopta esa actitud, la confianza natural desborda la confianza interpersonal e institucional y, sobre todo, la confianza en sí mismo, y produce lo que tal vez se puedan denominar «emociones de la confianza natural». Algunas de esas emociones son: la gratitud simplemente porque haya naturaleza, la reverencia8 por una naturaleza que es mucho más poderosa de lo que es cualquier animal humano, la humildad que inspira la inmensidad y complejidad del universo, el respeto por todo aquello en cuya realidad no hemos intervenido... (Estas emociones de la confianza natural tienen directamente que ver con el concepto de contemplación de Aristóteles.) Por supuesto, tanto estas emociones de la confianza natural como esta misma confianza admiten varias modalidades, lo que nos remite a la condición 2 de la confianza.

En efecto, ¿cómo opera esta condición 2 en la confianza natural? La confianza de los animales humanos en la naturaleza tanto externa como interna ha sido y es diferente según su concepción de naturaleza. En lo que se puede llamar una «naturaleza encantada» o, tal vez con más neutralidad valorativa, «sagrada» o «sacralizada», un modo en el que se aplica la condición 2, o de discernimiento, consiste en esos frecuentes intentos de entrever y descifrar los designios de los dioses, o de Dios. Por eso, en muchos contextos, para mucha gente, las expresiones «confiar en la naturaleza», «confiar en el mundo» y «confiar en Dios» se vuelven más o menos equivalentes. A su vez, en la confianza en una naturaleza sacralizada, la condición 3 opera de nuevo reforzando la condición 1. Así, la condición 3 se hace presente suscitando expectativas positivas respecto del abandonarse, entre garse..., las cuales incluso se convierten en anticipaciones que, de algún modo, buscan comprometer. Porque ¿qué otra cosa son muchas formas de la fe: rezos, ofrendas, ritos?

En contraste, si se acepta que Sus caminos no son nuestros caminos, o se cree que no existen ni los dioses ni Dios y que hay que enfrentar una «naturaleza desencantada», una «naturaleza desacralizada», la condición 2 cambia de función. En una «naturaleza desencantada», a partir de la condición 2, con actitud científica, digamos, predictiva, se planea teniendo en cuenta las regularidades conocidas de la naturaleza. No obstante, también frente a una «naturaleza desencantada» tienden a persistir muchos vínculos afectivos con la naturaleza (¿tal vez no suficientemente «desencantada»?). Por ejemplo, al contemplar un paisaje suelen acompañarnos las emociones de la confianza natural.

Así, con premura –¿con demasiada premura?– planteo aquí una quinta conjetura sobre el operar de las condiciones 1, 2 y 3 en la «confianza natural»: la «confianza natural», que es otra expresión para hacer referencia a la confianza en la naturaleza y en las diversas partes que la constituyen, se conforma con las condiciones 1 y 2. A su vez, la condición 3 constantemente reafirma la condición 1.

Supongamos que las cinco conjeturas propuestas acerca de las confianzas interpersonales, institucionales, comunicativas, en sí mismo y en la naturaleza son verdaderas. Sin embargo, vale la pena introducir todavía algunos señalamientos.

Por lo pronto, hay que tener cuidado de no distorsionar esos tipos de confianza, independizándolos. Se advirtió de que, respecto de las confianzas interpersonales e institucionales, según las circunstancias, se conconstituyen. Algo análogo puede indicarse del resto de los tipos de confianza incluidos en este segundo mapa. Por supuesto, la confianza comunicativa circula por las diversas confianzas, conconstituyéndose con ellas. También la confianza en sí mismo se conconstituye en relación con las confianzas interpersonales e institucionales. Además, la investigación empírica parece confirmar que la adquisición de la confianza en sí mismo se correlaciona de manera directa con reconocimientos interpersonales. A su vez, confianza en sí mismo y confianza natural también se conconstituyen; por ejemplo, la serenidad personal no pocas veces es resultado de ambas.
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8. Cfr. Paul Woodruff, Reverence: Renewing a Forgotten Virtue, Nueva York, Oxford University Press, 2001.

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