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Sobre la confianza

Autor: Herder Editorial
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |58 alumnos|Fecha publicaciýn: 19/07/2011
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Capýtulo 8:

 Confiar en las instituciones (1/2)

2. Las confianzas institucionales

A cada momento encontramos ejemplos característicos de confianzas institucionales. Si entro a comer a un restaurante en una ciudad que visito por primera vez, no doy el paso previo de investigar el estado de higiene de la cocina. Más bien confío en su fachada y, así, expongo mi salud. Para minimizar la posible zozobra que pudiera sobrevenirme, tal vez reflexione: «Si un establecimiento con esa costosa apariencia cobra mala fama, es probable que quiebre. Ello no les conviene a sus dueños». En explícitos o implícitos presupuestos de racionalidad instrumental como éste, se basan muchas confianzas institucionales. Pero hay instituciones de varios tipos.

Confiar en instituciones privadas, confiar en instituciones públicas

La gente no sólo se expone, sino que se encomienda y hasta se abandona a juzgados, bancos, escuelas, hospitales, y al resto de las instituciones, privadas y públicas. Ese sometimiento se apoya en la variable «experiencia personal». Ésta se vive, desde muy temprano, en numerosas instituciones, y se expresa en reportes como los siguientes: «Yo acudí al juzgado del barrio y fui atendido con rapidez, y recibí un trato justo»; «Mis vecinos compraron una casa con créditos del Banco del Sur, por eso no me importa haber contraído con él ese tipo de hipotecas»; «He inscrito a todos mis hijos en la escuela Montessori porque sus egresados suelen tener alto rendimiento»; «El hospital San Antonio le dio a mi tía una excelente atención». Además de tales declaraciones, como se dice, también las acciones hablan. De hecho, la gente en su actuar muestra que, de algún modo, está dispuesta a depender de los juzgados, los comercios, los bancos, las escuelas, los hospitales, y de muchas otras instituciones, públicas y privadas.

Claramente, en estos ejemplos característicos de confianza institucional se reencuentra la condición 1, o de dependencia, del concepto de confianza. Porque cuando un ciudadano acude a un juzgado, un parroquiano come en un restaurante, una familia deposita sus ahorros en un banco, un padre inscribe a su hija en una escuela, un enfermo se interna en un hospital, el ciudadano, el parroquiano, la familia, el padre, el enfermo dan crédito, cuentan con, se ponen en las manos de juzgados, restaurantes, bancos, escuelas u hospitales, y se exponen: se vuelven vulnerables a sus prácticas. Por supuesto, los riesgos que se corren se alivian, al menos psicológicamente, teniendo al respecto expectativas positivas. En las confianzas institucionales, la condición 3 vuelve a operar como un reafirmador de la condición 1.

No obstante, también el ciudadano, el parroquiano, la familia, restringen su dependencia ejerciendo su discernimiento. En principio, lo hacen evaluando las «fachadas» de las instituciones y teniendo en cuenta sus experiencias personales con ellas: condición 2. Sin embargo, no hay que pasar por alto ese «en principio». Porque obsérvese que, en relación con las instituciones, la condición 2 tiene un operar más complejo que en las confianzas interpersonales.

Respecto de las instituciones privadas, por ejemplo, respecto de un banco, la mayoría de sus clientes no se encuentran capacitados para aplicar con demasiado rigor la condición 2: para comprender su funcionamiento interno y evaluarlo. De ahí que su discernimiento, además de apoyarse en cierta medida en su «fachada», y en sus escasas experiencias personales, esté condicionado por todo un sistema de confianzas entrecruzadas, o S1. En el caso de un banco, el banco A es parte del sistema bancario. Sin embargo, el banco A también es parte de un sistema mayor en el cual cumplen algún papel otras instituciones I1, I2... In: instituciones privadas como las corporaciones y las industrias, e igualmente instituciones dependientes del Estado. A la vez, también forman parte de S1 poderes fácticos de algún modo entrelazados: monopolios económicos, dirigentes políticos, líderes de opinión, «celebridades». Así, no pocas veces sucede que algunas confianzas interpersonales, o imaginariamente interpersonales, se trasladen a ciertas instituciones. (Por ejemplo, si una «celebridad» –una estrella de cine, un cantante popular, un jugador de fútbol– declara en la televisión que ha abierto una cuenta en el banco A, aunque no exponga sus razones, esa sola declaración, por provenir de alguien admirado –envidiado...–, le otorga grados de confiabilidad al banco A.)

Los movimientos opuestos de traslado de confianza también son frecuentes. Por confianza institucional se confía en el médico de cierto hospital, en el gerente de un banco poderoso, en el profesor de una universidad reconocida («Lo afirmó P, que enseña en Harvard»). E incluso si se investiga un poco, y se exhiben pruebas en contra, no pocas veces se las reinterpreta o desatiende. Porque la posición que P (el médico de cierto hospital, el gerente de un banco poderoso...) ocupa en un sistema de prestigios a veces cuenta más para confiar en P que su desempeño efectivo. (A menudo se continúa apoyando a un funcionario, pese a las pésimas experiencias que reiteradamente se tienen con él, sólo por el lugar que ocupa en un sistema socialmente prestigiados: cierto hospital, cierta empresa...)

En cuanto a las instituciones públicas, el papel que el sistema de confianzas S1 desempeña en las instituciones privadas lo desempeñan los grados de confianza o desconfianza que para una persona o un grupo tenga el sistema de instituciones del Estado, S2, en cierta sociedad. Así, el discernimiento, y los grados de confianza y desconfianza que tiene la gente en los juzgados, en la policía o en otras instituciones públicas de un Estado dependen, en último término, de la confianza general que se tiene en ese Estado. A su vez, esa confianza está condicionada por la confianza que recibe el gobierno actual de dicho Estado.

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