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Sobre la confianza

Autor: Herder Editorial
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |58 alumnos|Fecha publicaciýn: 19/07/2011
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Capýtulo 1:

 Condiciones. Confianza (1/2)

Aprende con este curso de Herder Editorial, fragmento del libro: " Sobre la confianza", del autor Carlos Pereda (ISBN 978-84-254-2652-0). Puedes descubrir y adquirir este libro en http://www.herdereditorial.com/section/3456/

Editorial Herder. Tapa del libro sobre la confianza 1

1. Las confianzas interpersonales. Confiar en conocidos La condición 1, o condición de dependencia, expresa la comprobación de riesgos que son tal vez la diferencia específica del concepto de confianza. Esta comprobación fue la primera que se hizo presente cuando con el primer mapa nos aproximamos al concepto de confiar a partir de su entorno conceptual: quien confía se abandona ha, descansa en aquello en lo que confía o en quien confía. Así, en una confianza interpersonal, quien confía subordina su juicio a la discreción y al juicio de otra persona o, si se prefiere, a su buena o mala voluntad en la medida en que, literalmente, pone en sus manos algo que considera de valor: una persona, un objeto, un secreto, la propia intimidad. Por eso, una primera persona que confía en una segunda persona se vuelve «de alguna manera», «en alguna medida» –no hay que dejar de insistir en esos calificadores–, vulnerable: abre la puerta a la posibilidad de daño.

Es una situación conocida, y, si se reflexiona un poco, por eso en muchas ocasiones se tiene miedo de confiar y se busca actuar aplicando, al menos selectivamente, el principio de desconfianza sistemática. Porque las personas en las que se confía se encuentran en la mejor posición de herir a quien confía. Por ejemplo, quienes aman y, así, confían no suelen ser engañados por desconocidos, sino por aquel vecino, tan simpático, al que invitaron a cenar, o por ese colega, tan zalamero, a quien tontamente se le ha contado un secreto. Los grandes pleitos por rupturas de la confianza y los consiguientes reproches tienden a producirse entre amigos, parientes o colegas. Las conmovedoras tragedias que se han narrado en muchas tradiciones han sido a menudo un asunto de familia.

Consideremos ya la condición 2, o de discernimiento. A diferencia de la condición 1, que aparece ya en el entorno conceptual del confiar y en las metáforas que aluden a la confianza...hay que hacer un arduo trabajo de rescate en relación con la condición 2, que, en esas primeras aproximaciones a nuestro autoentendernos, cuando confiamos apenas se insinúa, si es que lo hace. Por ejemplo, en el primer mapa de la confianza, en el mapa formal, esta condición se hace presente a partir de las rupturas de la confianza. Porque la condición 2 expresa las restricciones de quien confía cuando duda o sospecha. Así, con la condición 2 se busca reasumir el control sobre creencias y acciones. Es el modo de procurar que la dependencia respecto de la segunda persona no sea arbitraria: que el exponerse que implica contar un secreto, encomendar el cuidado de un niño o prestar una casa no constituya un abandonarse ciego, un abrirse sin cautelas, sino que, en alguna medida, sea razonable.

Atendemos de nuevo a P y Q. Si P se va de viaje y deja su casa al cuidado de Q, P le otorga a Q permiso para hacer aquello que implica la difusa expresión «cuidar bien una casa».

Si P otorga ese permiso, lo hace porque cree conocer a Q, y atribuye razonabilidad a Q. En condiciones habituales, se tratará de que Q alimente al gato, de que riegue las plantas, de que revise que no haya quedado ninguna ventana abierta. Luego, ya en condiciones excepcionales, habrá que llevar a cabo lo que requiera la situación. «Lo que requiera la situación»: si Q observa señales de fuego, deberá llamar a los bomberos.1

Para nublar la tranquilidad de cualquiera, pero así de incierta es la vida humana, esa discrecionalidad que se otorga a aquel en quien se confía se respalda en una atribución no sólo de racionalidad, sino también de honestidad. Ésta a menudo incluye una predicación de grados de franqueza. Sin embargo, tales atribuciones a veces no se satisfacen. De ese modo, se borran las posibles restricciones a la condición 1. El otro puede resultar un tonto, un negligente o un malvado que se aprovecha de la situación. Así, Q tal vez se ponga a pintar de dorado los muebles de P («quedan tan bonitos») o los regale («era una oportunidad como no se presentará otra»). Sin duda, se defenderá Q, P no le dio permiso de pintar los muebles de dorado ni de regalarlos, pero tampoco le dio permiso para, ante un incendio, llamar a los bomberos.
_________________________________________________________________________

1. Baier subraya adecuadamente que depositar confianza interpersonal a menudo conlleva atribuir poderes discrecionales en quien se confía. Cfr. El primero de sus trabajos de la serie, «Trust and Antitrust», págs. 95-129, en op. cit.

Capýtulo siguiente - Condiciones. Confianza (2/2)

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