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Semiología de la conducta agresiva. Psicología y agresividad

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |2498 alumnos|Fecha publicaciýn: 31/03/2010

Capýtulo 2:

 Teorías o enfoques psicológicos sobre frustración y agresividad

Teorías psicológicas

Frustración y agresividad según el grupo de Yale

El mismo año en que murió Freud, en su obra colectiva “Frustración y agresión”, Dollard y sus colaboradores presentaban una teoría de la agresividad que tiende a descartar cualquier referencia al inconsciente.

Según estos autores, si se rechaza la hipótesis del inconsciente, ya no se puede mantener el concepto de pulsión agresiva. Es más, si la psicología niega formalmente la existencia de un “factor agresividad”, el psicoanálisis deja sin determinar su relación al respecto. ¿Cómo explicar entonces la existencia de un componente agresivo en la organización psíquica tal como es puesta en evidencia por los tests clínicos (Roscharch et Thematic Apperception Test -TAT- de Murray) claramente, y las técnicas de análisis factorial? A consecuencia de estas críticas, el grupo de Yale propuso una teoría de la agresividad que contempla la teoría psicoanalítica, la doctrina conductista y la psicología de la motivación, inspirándose en el principio de la homeostasis de Cannon.

La agresividad se caracteriza, al principio, como un “comportamiento reaccional que tiene por finalidad el daño infligido a otro organismo”. El psicoanálisis sostiene el principio de que “toda agresividad tiene como causa la frustración de una necesidad”. La integración de estas dos formulaciones, a través de la psicología de la motivación, permite crear a Dollander, una nueva definición de la agresividad.

Se llama agresividad a la reacción debida a una frustración que tiene por objetivo la reducción de la instigación secundaria (frustración) y que deja intacta la instigación primaria (la necesidad). En este sentido, según Dollard, la agresividad prácticamente puede ser cuantificada: cuanto mayor es la necesidad, mayor es la instigación secundaria y por lo tanto mayor será la agresividad. La agresividad es un intento de catarsis de la frustración. La teoría del grupo de Yale traslada, pues al ámbito del comportamiento, ciertas conclusiones del psicoanálisis dependientes del inconsciente. Los problemas que conlleva la permanencia del comportamiento delictivo o la aparición de regímenes de tipo fascista se explican por la definición: la frustración que generan las normas sociales se reduce con la reacción agresiva, pero la instigación primaria intacta sigue alimentando la persistencia del fenómeno.

Teorías de interrelaciones.

El campo (K Lewin) y el combate (A Rapoport)

Después de la desarticulación del concepto freudiano de pulsión por el grupo de Yale, quedó la vía libre para otros enfoques psicológicos de la agresividad con fundamento únicamente fenomenológico.

Kurt Lewin no se limita a proponer una teoría, sino que pretende llegar a disponer de instrumentos conceptuales aptos para explicar los procesos que se observan comúnmente como agresivos. La agresividad es el resultado de una modificación del “campo global de las interacciones” entre el organismo y su ambiente. Está sostenida por una tensión emocional específica y distinta de la que conllevan otras conductas. Esta tensión emocional nace de una situación de conflicto y se traduce en agresividad a través de dos tipos de procesos: una agitación y una “primitivización” de las conductas. Es así como Lewin explica los fenómenos de paso al acto, los de omnipotencia del pensamiento o los actos con valor mágico. Si tomamos por ejemplo el caso de un grupo conducido por un líder que usa la fuerza de la autoridad, los miembros del grupo se encuentran en una situación de inseguridad fundamental. Esta inseguridad sube el nivel de tensión emocional de cada uno de los miembros y ésta, a su vez, engendra la agresividad de los miembros entre ellos. Al final, la agresividad ligada a la autoridad del líder, conduce a la búsqueda de un chivo expiatorio en el caso de fracaso del grupo, blanco de la agresividad acumulada por parte de cada uno de los miembros del grupo.

Siguiendo el mismo punto de vista fenomenológico, pero desplazando el objeto de estudio desde las relaciones del individuo con su núcleo a las relaciones entre individuos, Rapoport formaliza en 1960, tres tipos de interacciones: el combate, el debate y el juego. En los tres casos, se tiene un problema con el adversario, pero la relación que se mantiene con éste varía en función del “contexto de agresividad”.

En situación de juego, la existencia del adversario debe ser preservada absolutamente, ya que es indispensable para el desarrollo del juego. El objetivo es ganar. El adversario es, de algún modo, otra parte de sí mismo y, supuesto en tanto que sí mismo, dotado de racionalidad. Para vencerle hay que adelantarle en términos de racionalidad. En el debate el objetivo no es adelantar al contrario, sino que es necesario superar sus ideas, se le debe convencer. Cuando se trata de un combate, en cambio, ya no es una cuestión de adelantar de de convencer. El objetivo perseguido es el fin del combate. Para vencer al adversario, hace falta su destrucción.

Eclectismo de Pierre Karli

Un académico y científico, Pierre Karli, reunió en un eclectismo singular tres conceptos de la agresividad considerados incompatibles: biología, psicología y sociología.

¿Cuál es la causa de la agresividad? “Un papel primordial lo tienen las emociones, las experiencias afectivas”. De hecho, según Karli no se puede descuidar el papel de los mecanismos cerebrales que sostienen las emociones. Las reacciones emocionales no son “epifenómenos”. Deben existir relaciones causales de naturaleza neurobiológica que engendran la emoción. La emoción es el “primer motor” de la agresividad, ella misma fuente de fenómenos biológicos, psicológicos, sociológicos. La agresividad está así directamente ligada al ámbito de la neurobiología del comportamiento que “no debe limitar su campo de investigación únicamente a los mecanismos cerebrales implicados en la puesta en marcha de un comportamiento dado en respuesta a un estímulo o a una situación dada”.

La neurobiología, como Karli sostiene después de Paul Scott, debe conducir a una concepción “polisistémica” “que se esfuerce en comprender -en el transcurso del tiempo las complejas interacciones entre el genotipo, las características somáticas y conductuales del fenotipo, y la sociedad con el ecosistema en el seno del cual evoluciona”. Son necesarios pues, según Karli, estudios longitudinales y “tener en cuenta, en cada estadío de la ontogénesis, los datos aportados por investigaciones de tipo biológico, psicológico y sociológico”.

Según Karli se puede decir que el conjunto “biología, psicología, sociología” es a la vez causa y consecuencia del fenómeno de la agresividad.

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