Coagulación
Una de las propiedades más notables de la sangre es su capacidad
para formar coágulos, o coagular, cuando se extrae del cuerpo.
Dentro del organismo un coágulo se forma en respuesta a una lesión
tisular, como un desgarro muscular, un corte o un traumatismo
penetrante. En los vasos sanguíneos la sangre se encuentra en
estado líquido, poco después de ser extraída adquiere un aspecto
viscoso y más tarde se convierte en una masa gelatinosa firme.
Después esta masa se separa en dos partes: un coágulo rojo firme
que flota libre en un líquido transparente rosado que se denomina
suero.
Un coágulo está formado casi en su totalidad por eritrocitos
encerrados en una red de finas fibrillas o filamentos constituidos
por una sustancia denominada fibrina. Esta sustancia no existe como
tal en la sangre pero se crea, durante el proceso de la
coagulación, por la acción de la trombina, enzima que estimula la
conversión de una de las proteínas plasmáticas, el fibrinógeno, en
fibrina. La trombina no está presente en la sangre circulante. Ésta
se forma a partir de la protrombina, otra proteína plasmática, en
un proceso complejo que implica a las plaquetas, ciertas sales de
calcio, sustancias producidas por los tejidos lesionados y el
contacto con las superficies accidentadas. Si existe algún déficit
de estos factores la formación del coágulo es defectuosa. La
adición de citrato de sodio elimina los iones de calcio de la
sangre y por consiguiente previene la formación de coágulos. La
carencia de vitamina K hace imposible el mantenimiento de
cantidades adecuadas de protrombina en la sangre. Ciertas
enfermedades pueden reducir la concentración sanguínea de varias
proteínas de la coagulación o de las plaquetas.
Reacciones Homeostáticas
Ciertas características de la sangre se mantienen dentro de
estrechos límites gracias a la existencia de procesos regulados con
precisión. Por ejemplo, la alcalinidad de la sangre se mantiene en
un intervalo constante (pH entre 7,38 y 7,42) de manera que si el
pH desciende a 7,0 (el del agua pura), el individuo entra en un
coma acidótico que puede ser mortal; por otro lado, si el pH se
eleva por encima de 7,5 (el mismo que el de una solución que
contiene una parte de sosa cáustica por 50 millones de partes de
agua), el individuo entra en una alcalosis tetánica y es probable
que fallezca. De igual manera, un descenso de la concentración de
glucosa en sangre (glucemia), en condiciones normales del 0,1% a
menos del 0,05%, produce convulsiones. Cuando la glucemia se eleva
de forma persistente y se acompaña de cambios metabólicos
importantes, suele provocar un coma diabético. La temperatura de la
sangre no suele variar más de 1 ºC dentro de un intervalo medio
entre 36,3 y 37,1 ºC, la media normal es de 37 ºC. Un aumento de la
temperatura de 4 ºC es señal de enfermedad grave, mientras que una
elevación de 6 ºC suele causar la muerte.
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