Acaban de oir que la carne de cerdo no abandona nuestro cuerpo en forma fisiológica, que no logramos detoxicarla a través de las válvulas de salida y eliminación normales como son la orina, el pulmón, los intestinos y la piel, de tal manera que al no utilizarse fases de excreción debe salir en forma patológica, la más inocua de las cuales es la inflamación aunque el dolor sea la característica dramática de esta fase. Según sea el órgano o el tejido del cerdo que coma el hombre así serán sus enfermedades.
El índice va desde colecistopatías con litiasis vesical (colesterol), cólicos biliares y apendicitis aguda, muchos pacientes mueren debido a complicaciones secundarias como trombosis y embolias pues la apendicectomía no logra eliminar la toxicosis porcina. En aquellos casos en los cuales el consumo no ha sido muy elevado puede no aparecer la inflamación y en vez de ello se depositan los componentes porcinos en el tejido conectivo, especialmente grasas y elementos malignógenos. El consumidor de puerco pasa entonces por varias etapas: gorduras en comedores de salchichas, adiposidad en los amantes del tocino con un tronco redondo pesado como una aplanadora.
Quienes comen jamón gordana y manteca tienen nalgas y estremidades características. Cuando "la taza está llena" y el organismo no encuentra ninguna posibilidad de salir adelante con tanta sobrecarga se inician las fallas en la irrigación cerebral y coronaria. Puede hacer un último intento por salvarse y se sirve para ello de alguna inflamación. Los pacientes vienen entonces a nostros con peligrosos carbúnculos en la nuca, forunculosis, abscesos de glándulas sudoríparas (casi patognomónicos de las fritangas). Graves apendicopatías, colangitis, empiemas de vesícula, etc, etc. Hace pocos días me escribió un especialista muy conocido en Alemania a quien por su "arterioesclerosis cerebral" le habían recomendado abstención total del cerdo pues consideraban su falta de irrigación cefálica como una clásica consecuencia de su larga y frecuente adicción al puerco.
Como pertenecía a nuestro grupo tomaba parte activa en nuestras discusiones, pero nunca pudimos convencerlo de que su menú favorito algún día lo llevaría a soportar lesiones irreparables. Por años se burló de nosotros. Hoy en su estado apopléjico le vino algo de luz para comprender su situación. El profesor WENDT señala, que la ceba proteica conduce a un almacenamiento desordenado de mucopolisacáridos en la membrana basal. Una consecuencia típica del consumo de la pezuña de cerdo y de los productos derivados de la pierna de este animal es la úlcera cruris. Berlín es famoso por su elevado consumo de pezuña, de bola y de grasa de pierna (EISBEIN Berlines). La estadística de dicha ciudad en ulceraciones de las extremidades inferiores es algo apesadumbrante.
Todo empieza con la flebitis especialmente. La úlcera cruris hay que considerarla como un último intento del organismo por liberarse de la inflamación profunda de sus tejidos a través de esta válvula mesenquímica. Es una fase de reacción con la cual el cuerpo esquiva al cáncer amenazante expulsándolo en forma de excreción purulenta, dolorosa, fétida y asquerosa. Es, repito, un intento desesperado por librarse de las graves sutoxinas introducidas con deleite a nuestro cuerpo desde años atrás. Si nos vamos lanza en ristre contra estas ulceraciones las tapamos, quemamos, pincelamos con colorantes e incluso las cerramos a la fuerza sin conseguir que esas pobres víctimas cambien radicalmente su alimentación, veremos cómo aparecen por los puntos de resistencia menor las más graves enfermedades cuyo registro va desde flemones agudos, pasando por tromboembolismos con sus consecuencias, hasta el florecimiento súbito de malignomas sobre todo cuando se adicionan al cuadro factores de sobrecarga psíquica. Ya otros investigadores están empezando a llamar la atención al respecto. El consumo crónico de la carne de cerdo produce como ya se dijo depósitos de grasa y alteración de la sustancia cartilaginosa humana, que debe tener consistencia dura y fuerte. El tejido conectivo gelatinoso del puerco ablanda los cartílagos, los cuales bajo la presión y peso del cuerpo empiezan a lacerarse. Las enfermedades discales, artritis y artrosis, son la dura cuenta que se les presenta a estos pacientes.
Todo el aparato de sostenimiento del enfermo se torna gelatinoso. Los deportistas que consumen cerdo preferencialmente se tornan perezosos y pesados. Son muchos los profesionales que han tenido que retirarse prematuramente. Es posible que a través de una gripe, especialmente cuando se ha ingerido con la salchicha el susodicho "virus", se expulse en forma de esputo una buena parte del material mucoso sutóxico acompañado del virus. Si todas estas enfermedades agudas, como el flujo vaginal particularmente cuando está asociado a ulceraciones del cuello uterino, se entiende como reacción de defensa eliminatoria de toxinas porcinas y se tratan en forma biológica correcta con la terapia homotoxicológica y dietética adecuada, veremos la liberación de muchísimos males.
Por desgracia no suele ser este el caso. Los facultativos que practican una medicina biológica no abundan y la situación tóxica debida al consumo de cerdo y de otras grasas animales inconvenientes, es algo totalmente desconocido por la medicina Universitaria. La Homotoxicología ha comprobado que todas las enfermedades son medidas de defensa contra toxinas o lesiones producidas por las mismas en el cuerpo. Así adquieren las enfermedades el carácter de procesos biológicos convenientes que por ningún motivo deben suprimirse pues son claro testimonio de que el cuerpo intenta recuperar la salud a través de excreciones inflamatorias. De lo contrario existe el peligro de que procesos agudos de detoxicación como, fiebre, gripe, inflamaciones de la garganta, etc., sean interrumpidos en su mecanismo desintoxicante, impidiendo que los venenos y toxinas culpables puedan ser eliminados, surgiendo en esta forma lo que aquí llamamos "retoxicaciones".
Esto sucede especialmente cuando hacemos uso de quimioterapia, antibióticos, antipiréticos, antiinflamatorios, antihistamínicos, etc. Los antibióticos y las sulfas, eliminan las bacterias, pero de ninguna manera erradican las toxinas causantes de la enfermedad. Sabemos que los cadáveres de dichos gérmenes con sus endo y ecto-toxinas empeoran aún más la Homotoxicosis. Las bacterias juegan por lo general el papel de indicadoras y no de iniciadoras de las enfermedades (SPERANSKY). Ellas saprofitan en un terreno inflamado e infestado de sutoxinas, disuelven la gelatinosidad con su trabajo y su hialuronidasa, sirviendo de factores coadyuvantes benéficos.
Ellas nos indican qué clase de toxicosis existe, pues su crecimiento está en directa relación con ella. Hay, por ejemplo, situaciones homotóxicas favorables para el crecimiento del estreptoestafilo - neumococos etc. - Precisamente la carne de cerdo ofrece las mejores condiciones para el crecimiento (por lo general desordenado y exagerado) de bacterias y de virus (no sólo los de la gripe). Quien no come cerdo suele escaparse de gripe viral. Es una triste realidad el hecho de que el uso crónico de quimioterapéuticos, analgésicos y tranquilizantes, le ha hecho perder a la mayoría de los seres humanos su efectividad defensiva.
Es deber de la medicina biológica propiciar el refortalecimiento de nuestro sistema de la gran defensa, para ello, contamos con excelentes medios de estimulación, dietas biológicas y una vida ceñida a las sanas leyes de la naturaleza. Más de una joven vida ha sido destruida después de tratar flujos e inflamaciones del terreno urogenital, nefritis o tromboembolismos post-quirúrgicos con medicamentos de síntesis química, pues nunca se pensó que todas ellas provenían del consumo de las sutoxinas y similares.
La apendicectomía elimina la inflamación; hemos de tener presente que la apendicitis vale como proceso de detoxicación para eliminar las sutoxinas a través de una reacción linfática. En este caso los peligros son tan graves que muchas veces el bisturí del cirujano es salvador. La terapia biológica pre y post operatoria con brionia, mercurio solubilis y heparsulfuris, acompañada por echinacea compuesta, árnica y sus complementarios así como nosodes y preparados orgánicos suis nos convencerán de que la Homotoxicología es carta de triunfo incomparable. Lo mismo es válido para el flujo vaginal caracterizado frecuentemente por un olorcito desabrido, como de fritanga fresca, o para los furúnculos y abscesos de toda clase. Todos ellos son eliminaciones. Suprimir estas fases es alopatía, vale decir contrario a lo biológico. Las retoxicaciones vía vicariación progresiva nos colocarán ante fases de enfermedad cada vez más deplorables. Por ejemplo, después de suprimir abscesos de glándulas sudoríparas con "suaves" irradiaciones puede presentarse una colitis ulcerativa. Lo mismo puede decirse de las diarreas las cuales no deben detenerse químicamente, pues el intestino es el gran exosto para toxinas y venenos. Hay medios biológicos y de efectiviad pasmosa para resolver estas situaciones. Lo importante es abordarlas con criterio Homotoxicológico.
La carne del cerdo sivestre o jabalí es tan peligrosa como la del cerdo doméstico. Cuando el jabalí cae debe abrirse de inmediato para que "sude sus humores", pues de lo contrario no hay quien lo coma con gusto, además se vuelve tóxico. La situación tóxica de cada ser viviente es la causa de todas sus enfermedades. Es un hecho que la carne de cerdo y sus similares sobrecargan gravemente tal estado tóxico de inicio. Las toxinas porcinas llenan rápidamente nuestro basurero mesenquímico y esta es una condición "sine qua non" para enfermar.
Debemos ser conscientes de que la mejor terapia (bioterapéutica, antihomotóxica, Homeopática, neural-terapéutica etc.), de nada sirve sin una prohibición consecuente de la carne de cerdo. El acné, cara y piel llena de barros, las otitis, sinusitis etc., exigen la dieta más estricta. Si los barremos con antibióticos tendremos que tratar más tarde quistes (incluso pilonidales), fístulas o fases aún más avanzadas. No importa que se nos diga que este o aquel abuelo llegó a los 90 años con pipa y tocineta. Examinen esos casos detenidamente y se convencerán de que algo anduvo mal en ellos. A menudo se nos habla de los "sanos y robustos campesinos" a quienes nunca les faltó el cerdo en la mesa. Un estudio científico comprobó hace años que esto era puro cuento. La población campesina resultó ser la más enferma a pesar del aire puro, particularmente aquella que consumía puerco (o carne de roedores) en forma constante.
Durante mi actividad de médico rural examiné muchos campesinos. Una vez visité a una familia acomodada y numerosa. El padre tenía artrosis, coxitis y lesión hepática; la madre úlceras crónicas en ambas piernas monstruosmente varicosas, constante dolor y prurito. La hija enfermó de fiebre reumática después de una amigdalitis; el hijo también presentó trastornos cardíacos después de una angina y ahora sufría de furunculosis generalizada a pesar de ser "el demostrar" en esa casa. La otra hija padeció de bronquitis crónica y sospecha de bronquiectasias post amigdalectomía. Otro hijo tenía pleuritis crónica y formación recidivante de fístulas. Condiciones similares de salud encontré en numerosas familias campesinas de la selva negra; naturalmente también las había en los valles y en las riveras de los ríos. Diez años practiqué mi profesión entre esas gentes, lo cual me autoriza para emitir un juicio.
Durante las horas que atendí a la familia descrita, estaba afuera en el chiquero, una marrana gorda y oronda que con gran placer se rascó casi todo el tiempo contra una rama bajita de un árbol. Le dije a sus dueños: "¿ven ustedes a su marrana? Todas esas sustancias que sin pausa alguna la obligan a rascarse, son inflamatorias. Todo eso se lo comen con la carne. Se trata de complejos histamínicos y de otros muchos factores que a ustedes, aún en este sitio tan bello y puro, les estan haciendo la vida imposible. A los cerdos que Uds. comen les debo la consulta que acabo de hacerles y gracias a ellos tienen ustedes que pagarme ahora". La carne de puerco es pues la más cara que existe, no sólo por su alto precio en dinero, sino por las muchas enfermedades que produce. Las consecuencias positivas de dejarla no las veremos de inmediato ni mucho menos. Por años seguidos tendremos que ingeniárnoslas para deshacernos de las impregnaciones porcinas, que como ya sabemos, sólo nos abandonan en forma de fases de reacción y ojalá que no sea como degeneración. Si la lucha es larga, ¿por qué no comezar ahora mismo? El ser humano debería lograr en nuestra era una edad biológica de 150 años. En sitios donde no se consume cerdo desde hace siglos, por ejemplo en el Cáucaso, Turquía y países islámicos que tienen además un clima suave, abundan congéneres de 130 y 150 años.
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