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Capítulo 16:

 Movimiento obrero en Gran Bretaña

El deseo de llegar al Parlamento pronto se hará realidad. En las

En las elecciones de 1875, se presentaran 14 candidatos obreros por primera vez a unas elecciones parlamentarias británicas; de éstos, saldrán elegidos dos: A. Mac Donaid y T. Burt, que «fueron los primeros diputados obreros que tomaron puestos en el Parlamento Británico». Este hecho provocó una gran satisfacción, tanto en Gran Bretaña como en Europa, pues significaba que la clase obrera había triunfado y que a partir de ahora los políticos tenían que contar con ella.

Los primeros triunfos se habían conseguido, pero aún faltaba un largo camino que recorrer hasta la formación del Partido Laborista. La crisis de los años 80 hizo retroceder la politización de los obreros, que no despertarían de su letargo hasta la huelga de los docks en Londres (1892).

En 1890 se había formado la Labour Electoral Association, con el fin de preparar y organizar los manifiestos electorales de los candidatos obreros que fueran atrayentes al electorado y que sirvieran para conseguir un mayor número de votos. Pero los diferentes puntos de visión, las dificultades de organización y la falta de ideas concretas dificultaban el camino a seguir, Un hombre y una idea harán que, a partir de 1892, se eliminen todos los obstáculos que impedían la existencia del partido de la clase obrera inglesa. Así es, en el Congreso de las «Trade Unions» celebrado ese año, un minero escocés, Keir Hardie, propuso la idea de organizar un partido con el objeto de que el movimiento tradennionista interviniese en el campo de la política activa.

Inmediatamente encontró a personas que le secundaron como Tom Mann, Bruce Glasier o Robert Smile, y un poco más tarde al que sería líder indiscutible del futuro Partido Laborista, Ramsay Mac Donald, que se convirtió en seguida en el brazo derecho de Hardie.

Como consecuencia de estos hechos, se va a formar en enero de 1893, en la ciudad de Eradtord, el Partido Laborista Independiente (Independent Labour Party). Contaba con delegados de varios organismos socialistas, y aunque en principio no se quiso identificar con el socialismo, sus mociones y programas contenían reivindicaciones basadas en esta ideología. En 1895, contaba ya con 200 grupos de afiliados, y participó en las elecciones generales de ese año, en las que presentó 28 candidatos; a pesar de no ser elegido ninguno, recibió 44.000 votos, que significaba un importante apoyo.

En 1899, el líder del PLI,  Hardie, vio la necesidad de unir su partido con las «Trade Unions», con el fin de conseguir una mayor unidad, que podía significar mejores resultados. Para lograr esta idea, creó un comité en el Congreso de Plymouth, denominado Labour RepresentationComitte, cuya finalidad principal consistiría en llevar al Parlamento el mayor número de obreros. El secretario de este comité sería J. Ramsay Mac Donald, quien al mismo tiempo se encargaría de entablar negociaciones con las Trade Unions.

El Comité Parlamentario del Consejo de las Trade Unions aceptó las ideas propuestas por Hardie, y convocó una conferencia en Londres el 27 de febrero de 1901, con el objeto de constituir de una manera formal el Labour Representation Comitte, como unidad de acción de todas las organizaciones obreras y sociedades socialistas. Fueron invitados a esta constitución: la Federación Social Democrática (FSO), el Partido Laborista Independiente (PLI), la Sociedad Fabiana y las Sociedades Cooperativas del Reino Unido. Todos enviaron representantes menos estos últimos. De esta conferencia saldrá el LRC consolidado por estas organizaciones y un comité formado por siete delegados de las Frade Unions, cinco de los partidos socialistas y uno de la Sociedad Fabiana ,su secretario será Y. R. Mac Donald. También se aprobará la siguiente declaración:

«Esta conferencia se declara en favor de que la clase trabajadora se halle directamente representada en la Cámara de los Comunes, por hombres que simpaticen con los ideales y reivindicaciones de las organizaciones obreras y cuyos candidatos san presentados por algunas de las entidades representadas en la asamblea». 

Parecía que el movimiento laborista se había consolidado y que era el momento de obtener todas las peticiones y anhelos que la clase trabajadora intentaba conseguir desde hacía tiempo, pero un hecho hará que la unidad fracase. En efecto, en la reunión del LRC de agosto de 1901, los representantes de la Federación Social Democrática decidieron retirarse del Comité. Sin embargo, la FSD siguió apoyando las campañas del LRC, que consideraban importantes para la clase trabajadora.

Este suceso hizo pensar al Partido Liberal, que la retirada de la Federación significaba que la clase obrera se resistía a aceptar las doctrinas socialistas, por lo cual, aumentó sus esfuerzos para atraerse las simpatías de las Trade Unions. Ante esta situación, que podía dividir a la clase obrera, en la Conferencia anual de Newcastle on Tyne (1903), el LRC declaró que “era un movimiento no sólo independiente, sino distinto a los partidos Liberal y Conservador”.

En las elecciones de 1903 se llegó a un acuerdo, de forma totalmente secreta, entre el LRC y el Partido Liberal, representados por Mac Donaid y Gladstone, con el fin de ayudarse mutuamente y no presentar candidatos rivales. Este pacto electoral trajo ventajas a los dos grupos, pero muy especialmente al LRC, pues esto le permitió aumentar a 30 el número de miembros parlamentarios en la Cámara de los Comunes.

Este gran éxito electoral, que permitió al LRC sentirse con un poder político independiente, hizo que el 12 de febrero de 1906, después de

diversas consultas, los miembros del grupo parlamentario decidieron que ellos podrían adoptar el simple título de Partido Laborista. Un nuevo partido parlamentario había nacido, era y será el partido de la clase trabajadora y de todos aquellos que participaban de las ideas socialistas en Gran Bretaña.

El camino, no había sido fácil, pero tampoco se había acabado. Atrás quedaban unos ciento cincuenta años, en que el primer campesino alcanzo los límites de la ciudad para convertirse en un urbanita, quedaban también las agonías y las frustraciones que este campesino tuvo que pasar para acondicionarse a la nueva forma de trabajo que el destino le había impuesto.

Debieron de ser, éstos primeros años del siglo XX, años de alegría y tristeza, alegría por haber podido conseguir el triunfo en la lucha contra la burguesía, aquella vieja idea que afloro en la Revolución Francesa, aquellos anhelos cayados que se querían en aquellas noches de frío debajo de las mantas raídas en los pabellones de los trabajadores que habían puesto los patronos para que tuvieran mas cerca el pozo de la mina y no tuvieran mas tiempo que perder en la extracción del carbón.

La otra cara del momento, la tristeza por aquellos que no había llegado a conocer estos nuevos tiempos, los que habían caído en la lucha, en la huelgas, bajo la bota de la dominación del patrono, aquellos que quedaron en su momento en el olvido, y hoy en este momento, al comienzo del Siglo XX van desfilando por delante de los que hoy tienen la antorcha, la antorcha que ellos contribuyeron a encender, aunque solo fuera con su presencia, y que hoy ardiera e informara al mundo entero que se había conseguido que el trabajador, el obrero pudiera caminar por la cabeza bien alta por haber conseguido un sueño, un sueño hecho realidad, y que no le había concedido ni un centímetro de ventaja en esta carrera contra reloj para alcanzar el derecho que tanto tiempo le había sido negado, SER PERSONA, y aunque la lucha continúe, ésta nueva etapa se afronta de diferente forma, ya existen unos derechos reconocidos y alguien que los defienda, ahora comienza otra andadura de la cual ya se deberá de intentar que el obrero sea dueño de su destino.

TRIUNFO DEL MOVIMIENTO OBRERO EN GRAN BRETAÑA

El deseo de llegar al Parlamento pronto se hará realidad. En las

En las elecciones de 1875, se presentaran 14 candidatos obreros por primera vez a unas elecciones parlamentarias británicas; de éstos, saldrán elegidos dos: A. Mac Donaid y T. Burt, que «fueron los primeros diputados obreros que tomaron puestos en el Parlamento Británico». Este hecho provocó una gran satisfacción, tanto en Gran Bretaña como en Europa, pues significaba que la clase obrera había triunfado y que a partir de ahora los políticos tenían que contar con ella.

Los primeros triunfos se habían conseguido, pero aún faltaba un largo camino que recorrer hasta la formación del Partido Laborista. La crisis de los años 80 hizo retroceder la politización de los obreros, que no despertarían de su letargo hasta la huelga de los docks en Londres (1892).

En 1890 se había formado la Labour Electoral Association, con el fin de preparar y organizar los manifiestos electorales de los candidatos obreros que fueran atrayentes al electorado y que sirvieran para conseguir un mayor número de votos. Pero los diferentes puntos de visión, las dificultades de organización y la falta de ideas concretas dificultaban el camino a seguir, Un hombre y una idea harán que, a partir de 1892, se eliminen todos los obstáculos que impedían la existencia del partido de la clase obrera inglesa. Así es, en el Congreso de las «Trade Unions» celebrado ese año, un minero escocés, Keir Hardie, propuso la idea de organizar un partido con el objeto de que el movimiento tradennionista interviniese en el campo de la política activa.

Inmediatamente encontró a personas que le secundaron como Tom Mann, Bruce Glasier o Robert Smile, y un poco más tarde al que sería líder indiscutible del futuro Partido Laborista, Ramsay Mac Donald, que se convirtió en seguida en el brazo derecho de Hardie.

Como consecuencia de estos hechos, se va a formar en enero de 1893, en la ciudad de Eradtord, el Partido Laborista Independiente (Independent Labour Party). Contaba con delegados de varios organismos socialistas, y aunque en principio no se quiso identificar con el socialismo, sus mociones y programas contenían reivindicaciones basadas en esta ideología. En 1895, contaba ya con 200 grupos de afiliados, y participó en las elecciones generales de ese año, en las que presentó 28 candidatos; a pesar de no ser elegido ninguno, recibió 44.000 votos, que significaba un importante apoyo.

En 1899, el líder del PLI,  Hardie, vio la necesidad de unir su partido con las «Trade Unions», con el fin de conseguir una mayor unidad, que podía significar mejores resultados. Para lograr esta idea, creó un comité en el Congreso de Plymouth, denominado Labour RepresentationComitte, cuya finalidad principal consistiría en llevar al Parlamento el mayor número de obreros. El secretario de este comité sería J. Ramsay Mac Donald, quien al mismo tiempo se encargaría de entablar negociaciones con las Trade Unions.

El Comité Parlamentario del Consejo de las Trade Unions aceptó las ideas propuestas por Hardie, y convocó una conferencia en Londres el 27 de febrero de 1901, con el objeto de constituir de una manera formal el Labour Representation Comitte, como unidad de acción de todas las organizaciones obreras y sociedades socialistas. Fueron invitados a esta constitución: la Federación Social Democrática (FSO), el Partido Laborista Independiente (PLI), la Sociedad Fabiana y las Sociedades Cooperativas del Reino Unido. Todos enviaron representantes menos estos últimos. De esta conferencia saldrá el LRC consolidado por estas organizaciones y un comité formado por siete delegados de las Frade Unions, cinco de los partidos socialistas y uno de la Sociedad Fabiana ,su secretario será Y. R. Mac Donald. También se aprobará la siguiente declaración:

«Esta conferencia se declara en favor de que la clase trabajadora se halle directamente representada en la Cámara de los Comunes, por hombres que simpaticen con los ideales y reivindicaciones de las organizaciones obreras y cuyos candidatos san presentados por algunas de las entidades representadas en la asamblea». 

Parecía que el movimiento laborista se había consolidado y que era el momento de obtener todas las peticiones y anhelos que la clase trabajadora intentaba conseguir desde hacía tiempo, pero un hecho hará que la unidad fracase. En efecto, en la reunión del LRC de agosto de 1901, los representantes de la Federación Social Democrática decidieron retirarse del Comité. Sin embargo, la FSD siguió apoyando las campañas del LRC, que consideraban importantes para la clase trabajadora.

Este suceso hizo pensar al Partido Liberal, que la retirada de la Federación significaba que la clase obrera se resistía a aceptar las doctrinas socialistas, por lo cual, aumentó sus esfuerzos para atraerse las simpatías de las Trade Unions. Ante esta situación, que podía dividir a la clase obrera, en la Conferencia anual de Newcastle on Tyne (1903), el LRC declaró que “era un movimiento no sólo independiente, sino distinto a los partidos Liberal y Conservador”.

En las elecciones de 1903 se llegó a un acuerdo, de forma totalmente secreta, entre el LRC y el Partido Liberal, representados por Mac Donaid y Gladstone, con el fin de ayudarse mutuamente y no presentar candidatos rivales. Este pacto electoral trajo ventajas a los dos grupos, pero muy especialmente al LRC, pues esto le permitió aumentar a 30 el número de miembros parlamentarios en la Cámara de los Comunes.

Este gran éxito electoral, que permitió al LRC sentirse con un poder político independiente, hizo que el 12 de febrero de 1906, después de

diversas consultas, los miembros del grupo parlamentario decidieron que ellos podrían adoptar el simple título de Partido Laborista. Un nuevo partido parlamentario había nacido, era y será el partido de la clase trabajadora y de todos aquellos que participaban de las ideas socialistas en Gran Bretaña.

El camino, no había sido fácil, pero tampoco se había acabado. Atrás quedaban unos ciento cincuenta años, en que el primer campesino alcanzo los límites de la ciudad para convertirse en un urbanita, quedaban también las agonías y las frustraciones que este campesino tuvo que pasar para acondicionarse a la nueva forma de trabajo que el destino le había impuesto.

Debieron de ser, éstos primeros años del siglo XX, años de alegría y tristeza, alegría por haber podido conseguir el triunfo en la lucha contra la burguesía, aquella vieja idea que afloro en la Revolución Francesa, aquellos anhelos cayados que se querían en aquellas noches de frío debajo de las mantas raídas en los pabellones de los trabajadores que habían puesto los patronos para que tuvieran mas cerca el pozo de la mina y no tuvieran mas tiempo que perder en la extracción del carbón.

La otra cara del momento, la tristeza por aquellos que no había llegado a conocer estos nuevos tiempos, los que habían caído en la lucha, en la huelgas, bajo la bota de la dominación del patrono, aquellos que quedaron en su momento en el olvido, y hoy en este momento, al comienzo del Siglo XX van desfilando por delante de los que hoy tienen la antorcha, la antorcha que ellos contribuyeron a encender, aunque solo fuera con su presencia, y que hoy ardiera e informara al mundo entero que se había conseguido que el trabajador, el obrero pudiera caminar por la cabeza bien alta por haber conseguido un sueño, un sueño hecho realidad, y que no le había concedido ni un centímetro de ventaja en esta carrera contra reloj para alcanzar el derecho que tanto tiempo le había sido negado, SER PERSONA, y aunque la lucha continúe, ésta nueva etapa se afronta de diferente forma, ya existen unos derechos reconocidos y alguien que los defienda, ahora comienza otra andadura de la cual ya se deberá de intentar que el obrero sea dueño de su destino.

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