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Capítulo 21:

 Tercera Internacional

Nació en medio de la revolución que recorría Alemania y Europa Central, de jornadas sangrientas como las de enero de 1919 en Alemania, de la metralla de la guerra civil que amenazaba al reciente estado obrero. Y ese nacimiento fue muy discutido. Muchas polémicas se dieron antes y después de su fundación. 

La traición de 1914 tuvo un efecto devastador. La Internacional que

había educado a millones de obreros en el marxismo, en el internacionalismo proletariado, rompía con toda esa tradición al votar a favor de los créditos de guerra. Con la honrosa excepción de los rusos y serbios, todos los partidos de la Segunda Internacional apoyaron a sus propios imperialismos y enviaron a los obreros europeos a matarse unos a otros. En el Partido alemán, el más fuerte, el mejor formado, el que contara con el aporte de Engels en sus inicios, sólo Karl Liebknecht, votó en contra de los créditos de guerra. El resto, como dijera Rosa Luxemburgo, se transformó en un “cadáver pestilente”.

Nos encontrábamos, con dos tendencias bien diferenciadas:

De los dirigentes, sólo una minoría heterogénea, se manifiesta en contra de la política asumida. Por un lado, el sector mayoritario consideraba que no se podía abandonar la “vieja casa”, que había que esperar y recuperarla cuando cambiara la situación. (II Internacional)

Por otro lado estaban los claramente revolucionarios, entre los que se destacan en Rusia, Lenin, Trotsky; en Alemania Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht; en Rumania, Kristian Rakovsky, en Gran Bretaña el escocés John Maclean, verdadero héroe popular, llamado el Liebknecht de Escocia.

Trotsky hace una muy buena pintura de la disposición de este sector:

“Si la guerra escapa al control de la Segunda Internacional, sus consecuencias inmediatas se saldrán del control de la burguesía del mundo entero. Nosotros los revolucionarios socialistas, no quisimos la guerra. Pero no le tememos. No nos hemos entregado a la desesperación por el hecho de que la guerra rompió la Internacional. La historia ya se ha encargado de ello.

La época revolucionaria creará nuevas formas de organización surgidas de los recursos inagotables del socialismo proletario, nuevas formas que estarán a la altura de la grandeza de las nuevas tareas. Nos dedicaremos a este trabajo de inmediato, entre el rugir de las ametralladoras, el derrumbe de las catedrales, y el patriótico aullido de los chacales capitalistas”.

Lenin, el 1º de noviembre de 1914 escribe: “La Segunda Internacional está muerta, vencida por el oportunismo. Abajo el oportunismo y viva laTercera Internacional, desembarazada de los renegados y del oportunismo”. 

Es en el recién formado grupo Espartaco, en quien centralmente piensa.

Rosa Luxemburgo, principal dirigente de ese grupo, tiene grandes diferencias con Lenin. Para ella lo central no pasa por pensar en nuevos programas, ni en una nueva Internacional construida por “docenas de personas”, sino por “acciones de millones de hombres”. Nada de “derrotismo revolucionario como propone Lenin”, sino lucha contra la guerra. Ahí se desarrollará, en la acción, la “voluntad consciente de las masas”. 

En noviembre de 1918, por fin estalla la revolución alemana. En diciembre del mismo año el grupo Espartaco de Rosa Luxemburgo se fusiona con IKD (Comunistas Internacionalistas de Alemania) para dar origen al Partido Comunista Alemán. A pesar de que Rosa seguía opinando que aún no había llegado el momento de fundar la Internacional, la creación del partido alemán hace decir a Lenin: “cuando la Liga Espartaco se pasó a llamar Partido Comunista Alemán, la fundación de la III Internacional, de la Internacional Comunista, verdaderamente comunista, verdaderamente internacional, se volvió un hecho. Formalmente, tal fundación, aún no fue consagrada, pero la III Internacional existe en la realidad, desde ese momento.”

Cuando decía esto, el 5 de enero de 1919 culminó con el apresamiento y el asesinato de los dos grandes dirigentes de ese nuevo partido, Rosa Luxemburgo, la principal teórica y orientadora política y Karl Liebknecht, el gran tribuno socialista. En marzo del mismo año, fue asesinado en la cárcel, el principal organizador del partido, Leo Jogiches.

El 24 de enero de 1919, el Pravda, publica la noticia del asesinato de los dirigentes alemanes y la convocatoria a la Conferencia Socialista Internacional.  Esta convocatoria, redactada por Trotsky es firmada por : Lenin y Trotsky por el partido ruso y por los burós extranjeros (que estaban en Rusia) de los partidos comunistas polaco, húngaro, austriaco, letón; el partido alemán y los comités centrales, de los partidos comunistas finlandés, de la Federación Socialista Balcánica y del Partido Socialista Obrero Norteamericano.

El 2 de marzo, Lenin abrió el Congreso diciendo: “Por mandato del

Comité Central del Partido Comunista ruso, declaro abierto el primer congreso de la Internacional. Antes que nada, les pido que nos levantemos para honrar la memoria de los mejores representantes de la Tercera Internacional: Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo”

En cuatro años (1919-1922) se realizaron cuatro congresos. El segundo se da en medio de un gran crecimiento y también de nuevos problemas.

Partidos de todo el mundo rompen con la Segunda y adhieren a la Tercera., pero muchos de ellos traen a dirigentes que no han roto verdaderamente con el reformismo. Rakosi los explica así:

Dirigentes que estaban consagrados en cuerpo y alma a la Segunda Internacional querían entrar a la Internacional Comunista para no perder su influencia sobre las masas. La Internacional Comunista no era aún una organización fuerte y experimentada y la entrada de esos elementos oportunistas significaba el peligro de traer al seno de la Internacional Comunista el espíritu de la Segunda Internacional. 

La Internacional Comunista estaba integrada por partidos en vías de

formación y era una necesidad imperiosa descartar tales elementos. Esto es lo que explica las 21 condiciones de admisión’, aprobadas por el Segundo Congreso.”

 El centro de esas 21 condiciones estaba en la lucha contra el reformismo

Los reformistas debían ser descartados de todos los puestos importantes. Debía realizarse una lucha enérgica contra los reformistas y centristas. Los partidos tenían que aprobar esas 21 condiciones para poder permanecer en la Internacional.

Condiciones de adhesión a la Internacional Comunista:

1.   Toda la actividad de propaganda y agitación debe ser de naturaleza auténticamente comunista y conforme al programa y a las decisiones de la Internacional Comunista. Toda la prensa de partido debe estar bajo la dirección de comunistas de mucha confianza que hayan dado prueba de devoción a la causa del proletariado. La dictadura del proletariado no debe ser considerada simplemente como una fórmula de uso corriente para repetirla mecánicamente, hay que propugnarla de un modo que haga comprensible su necesidad a cualquier obrero u obrera común, a cualquier soldado o campesino, partiendo de los hechos de sus vidas cotidianas, los cuales nos tienen que servir continuamente como argumento en nuestra prensa.
Los periódicos y demás publicaciones, así como todas las editoriales del partido, deben estar completamente subordinadas al presidium del partido, independientemente del hecho de que en un momento dado el partido sea legal o clandestino. No se puede permitir que las editoriales abusen de independencia y desarrollen una línea política que no esté en absoluta armonía con la línea política del partido.
En los artículos de la prensa, en las asambleas públicas, en los sindicatos y en las cooperativas, donde quiera que los adherentes a la Internacional Comunista estén presentes, es necesario denunciar, sistemática e implacablemente, no sólo a la burguesía, sino también a sus servidores, los reformistas de cualquier tipo.

2.   Cualquier organización que quiera adherirse a la Internacional Comunista debe quitar por norma a reformistas y centristas de todos los cargos de responsabilidad dentro del movimiento obrero (organizaciones de partido, comités de redacción, sindicatos, grupos parlamentarios, cooperativas, órganos de gobierno locales, etc.) y sustituirlos con comunistas probados, incluso aunque, sobre todo al inicio, sea necesario sustituir oportunistas "expertos" por simples trabajadores de base.

3.   En casi todos los países de Europa y América la lucha de clase está entrando en la fase de la guerra civil. En esta situación los comunistas no pueden de ninguna manera depender de la legalidad burguesa. Estos están obligados a crear por todas partes una organización clandestina paralela que en el momento decisivo ayudará al partido a cumplir su deber con la revolución. En todos los países en los que los comunistas no están en condiciones de operar legalmente, a causa del estado de sitio o de leyes de excepción, es absolutamente necesario combinar la actividad legal con la clandestina.

4.   Dentro del deber de divulgar las ideas comunistas merece mención específica el desempeño de dicho deber en el ejército, con una actividad de propaganda sistemática y enérgica. Allí donde tal labor de agitación se vea impedida por las leyes de excepción, hay que llevarla a cabo clandestinamente. El rechazo a desempeñar semejante tarea equivaldría a repudiar el deber revolucionario y es incompatible con la pertenencia a la Internacional Comunista.

5.   Es necesario hacer un trabajo de agitación sistemático y programado en el campo. La clase obrera no puede consolidar su victoria si no se asegura, por medio de su propia línea política, el apoyo del proletariado rural y de al menos una parte de los campesinos más pobres, así como la neutralidad de parte de la población rural restante. Actualmente la actividad comunista en las zonas rurales está adquiriendo una importancia de primer orden. Es necesario llevarla a cabo principalmente con la ayuda de los trabajadores comunistas de la ciudad y del campo que tengan relación estrecha con éste. El descuidar este trabajo o abandonarlo en las manos de los nada fiables semireformistas equivale a renunciar a la revolución proletaria.

6.   Todo partido que quiera pertenecer a la Internacional Comunista tiene la obligación de desenmascarar no solamente al socialpatriotismo declarado, sino también la falsedad y la hipocresía del socialpacifismo, de hacer ver sistemáticamente a los trabajadores que sin el abatimiento revolucionario del capitalismo ninguna corte internacional de arbitraje, ningún acuerdo para la limitación de armamento, ninguna reorganización "democrática" de la Sociedad de las Naciones, podrá impedir nuevas guerras imperialistas.

7.   Los partidos que quieran adherirse a la Internacional Comunista tienen la obligación de reconocer la necesidad de una ruptura completa y absoluta con el reformismo y con la línea política de "centro", y de propugnar todo lo que se pueda esta ruptura entre los propios miembros. Sin esto no es posible ninguna línea política coherentemente comunista.
La Internacional Comunista exige rotunda y categóricamente que tal ruptura se produzca lo antes posible. La Internacional Comunista no puede permitir que oportunistas tristemente famosos como Turati, Modigliani, Kautsky, Hilferding, Hillquit, Longuet, MacDonald, etc., tengan el derecho de pasar por miembros de la Internacional Comunista. Esto no podría dejar de llevar a la Internacional Comunista a un estado de ruina similar al de la Segunda Internacional.

8.   Los partidos comunistas de países en los que la burguesía está en posesión de colonias y oprime otras naciones es necesario que tengan una actitud particularmente explícita y clara sobre la cuestión de las colonias y los pueblos oprimidos. Todo partido que quiera formar parte de la Internacional Comunista tiene la obligación de desenmascarar los trucos y engaños de sus "propios" imperialistas en las colonias, de apoyar no solo de palabra sino con hechos todo movimiento de liberación en las colonias, de pedir que los imperialistas de su país sean expulsados de tales colonias, de infundir en los trabajadores de su propio país una actitud de verdadera fraternidad con los trabajadores de las colonias y los pueblos oprimidos, y de hacer sistemáticamente una labor de propaganda entre las tropas de su propio país para que no colaboren con la opresión de los pueblos coloniales.

9.   Todo partido que quiera pertenecer a la Internacional Comunista debe desarrollar una actividad sistemática y duradera en los sindicatos, en los consejos obreros y en los comités de empresa, en las cooperativas y en las otras organizaciones de masa de trabajadores. Se necesita constituir dentro de dichas organizaciones células comunistas que por medio de un trabajo constante e infatigable conquisten para la causa del comunismo a los sindicatos, etc. En su labor cotidiana las células tienen que dar a conocer en todas partes las traiciones de los social patriotas y la irresolución de los centristas. Las células comunistas deben estar completamente subordinadas al conjunto del partido.

10.   Todo partido que pertenezca a la Internacional Comunista tiene la obligación de entablar una lucha inexorable contra la "Internacional" de Ámsterdam de sindicatos amarillos. Debe difundir con todo vigor entre los sindicalistas la necesidad de una ruptura con la Internacional amarilla de Ámsterdam. Debe hacer todo lo posible por apoyar a la Asociación internacional de sindicatos rojos, asociada a la Internacional Comunista, actualmente en vía de formación.

11.   Los partidos que quieran adherirse a la Internacional Comunista tienen la obligación de someter a revisión los componentes de sus grupos parlamentarios y destituir a todos los elementos desleales, de hacer que tales grupos estén subordinados al presidium del partido no solo de palabra sino en los hechos, exigiendo que cada parlamentario individual comunista subordine toda su actividad a los intereses de una propaganda y una agitación auténticamente revolucionarias.

12.   Los partidos que pertenezcan a la Internacional Comunista deben basarse en el principio del centralismo democrático. En el momento actual de dura guerra civil el Partido comunista sólo podrá realizar su cometido si su organización está lo más centralizada posible, si se impone dentro de ella una disciplina férrea y si el centro dirigente del partido, apoyado en la confianza de sus miembros, tiene fuerza y autoridad y se le dota de los más amplios poderes.

13.   Los partidos comunistas de los países en los que los comunistas operan en la legalidad de vez en cuando deben emprender un trabajo de depuración (reinscripción) entre los miembros del partido para desembarazarse de todos los elementos pequeños burgueses que se hayan infiltrado.

14.   Todo partido que quiera adherirse a la Internacional Comunista tiene la obligación de apoyar incondicionalmente todas las repúblicas soviéticas en la lucha contra las fuerzas contrarrevolucionarias. Los partidos comunistas deben llevar a cabo una propaganda explícita para impedir el envío de municiones a los enemigos de las repúblicas soviéticas; además deben realizar una labor de propaganda, con todos los medios, tanto legales como ilegales, entre las tropas enviadas a sofocar las repúblicas obreras.

15.   Los partidos que todavía mantienen los viejos programas socialdemócratas tienen la obligación de someterlos a revisión lo antes posible, y de redactar, teniendo en cuenta las condiciones particulares de su país, un nuevo programa comunista que esté en conformidad con las decisiones de la Internacional Comunista.
Como norma el programa de cada partido perteneciente a la Internacional Comunista debe ser ratificado por un congreso regular de la Internacional Comunista o por el Comité Ejecutivo. Si el programa de un partido no obtuviese la ratificación del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, el partido en cuestión tiene el derecho de apelar al congreso de la Internacional Comunista.

16.   Todas las decisiones de los congresos de la Internacional Comunista, así como las decisiones de su Comité Ejecutivo, son vinculantes para todos los partidos pertenecientes a la Internacional Comunista. La Internacional Comunista, que opera en una situación de dura guerra civil, debe tener una estructura mucho más centralizada que la de la Segunda Internacional. Naturalmente la Internacional Comunista y su Comité Ejecutivo deben tener en cuenta en todas sus actividades la diversidad de situaciones en las que se encuentra cada partido para luchar y actuar, y deben tomar decisiones vinculantes para todos únicamente cuando tales decisiones sean posibles.

17.   En este sentido, todos los partidos que quieran adherirse a la Internacional Comunista deben cambiar de nombre. Todo partido que quiera pertenecer a la Internacional Comunista debe llamarse: Partido Comunista de tal o cual país (sección de la Internacional Comunista). El hecho del nombre no es solamente una cuestión formal, sino una cuestión exquisitamente política y de gran importancia. La Internacional Comunista ha declarado la guerra a todo el mundo burgués y a todos los partidos de la socialdemocracia amarilla. La diferencia entre los partidos comunistas y los viejos partidos "socialdemócratas" o "socialistas" oficiales, que han traicionado la bandera de la clase obrera, debe hacerse comprensible para cualquier simple trabajador.

18.   Todos los principales órganos de prensa de partido de todos los países tienen la obligación de publicar todos los documentos oficiales importantes del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.

19.   Todos los partidos pertenecientes a la Internacional Comunista y los que han hecho la petición de admisión tienen la obligación de convocar lo antes posible, y en cualquier caso dentro de los cuatro meses siguientes al segundo congreso de la Internacional Comunista, un congreso extraordinario para examinar todas estas condiciones de admisión. Por este motivo todas las centrales de partido deben comprobar que las decisiones del segundo congreso de la Internacional Comunista han sido comunicadas a todas las organizaciones locales.

20.   Los partidos que ahora quieren entrar en la Internacional Comunista, pero que no han cambiado todavía radicalmente su vieja estrategia, antes de entrar en la Internacional Comunista deben hacer que su comité central y todos los organismos dirigentes centrales estén compuestos por no menos de dos tercios de compañeros que ya antes del segundo congreso propugnaran públicamente e inequívocamente la entrada de su partido en la Internacional Comunista. Se pueden hacer excepciones con el consenso del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. El Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista también tiene el derecho de hacer excepciones en el caso de los representantes centristas mencionados en el párrafo 7.

21.   Los miembros del partido que rechacen como principio las condiciones y tesis elaboradas por la Internacional Comunista deben ser expulsados del partido.
Lo mismo es válido en especial para los delegados a los congresos extraordinarios

En agosto de 1933, Trotsky escribió. “Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista nos legaron una herencia programática invalorable: el carácter de la era moderna como época del imperialismo es decir de decadencia del capitalismo; el reformismo moderno y los métodos de lucha contra el mismo, la relación entre la democracia y la dictadura proletaria, el papel del partido en la revolución proletaria; la relación entre el proletariado y la pequeña burguesía, especialmente el campesinado (cuestión agraria); el problema de las nacionalidades y la lucha de los pueblos coloniales por la liberación; el trabajo en los sindicatos; la política del frente único; la relación con el parlamentarismo. Los cuatro primeros congresos sometieron todas estas cuestiones a un análisis principista que todavía no ha sido superado. Una de las tareas primarias, más urgentes, de las organizaciones que levantan la bandera de la regeneración del movimiento revolucionario consiste en separar las decisiones de los cuatro primeros congresos, ponerlas en orden y dedicarles una discusión seria a la luz de las tareas futuras del proletariado”.

En este momento de la historia, cabe destacar dos acontecimientos importantes que no se han comentado antes, y al mismo tiempo, tampoco los participantes en los importantes acontecimientos históricos antes comentados, tampoco realizaron ningún tipo de comentario.

El primero se trata del cruel asesinato de Rosa de Luxemburgo y de su compañero Karl Liebknecht, que ya dieron su versión de los acontecimientos en la II Internacional. Este asesinato se produjo en enero de 1919.

La constitución de la III Internacional por Lenin el 2 de Marzo de 1919, solo hizo referencia al asesinato de Rosa y de Kart, pero durante los años siguientes que continuaron con el desarrollo del Congreso de la III Internacional, tampoco realizaron ningún tipo de apunte en el acontecimiento quizá mas importante que se tuvo en este año, la única explicación que al parece hay es que se trataba de una manipulación de los trabajadores por los países capitalitas, y debido a esto no se comento nada, me refiero al nacimiento de la ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO.

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