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Capýtulo 20:

 Sesiones de la II Internacional

En la Casa del Pueblo de Bruselas tuvo lugar el II Congreso de la nueva Internacional durante los días 16 a 23 de agosto de 1891. A este Congreso asistieron muchas de las asociaciones y dirigentes que habían tomado parte en el Congreso “posibilista” de París de 1889. Desde el punto de vista de la unidad y de la amplitud, el Congreso de Bruselas superaba al de París.

Asistieron numerosas delegaciones y, como en París dos años antes, coincidieron en Bruselas los hombres más representativos del movimiento obrero y socialista con importantes delegaciones de Francia, (incluidos los posibilistas) Inglaterra, Alemania, Bélgica, España, etc. Gompers, de la Federación Americana del Trabajo, había anunciado su asistencia, pero al final canceló su compromiso, así como una visita anunciada a Engels aprovechando su viaje a Europa. Al margen de las formalidades del Congreso, se presentó en el mismo una delegación española de anarquistas presididos por un tal Fernández Gramos, que, después de provocar algunos incidentes, abandonaron la sala del Congreso. De ellos hablaremos más adelante. En este Congreso aparece Turati, el que más tarde sería uno de los principales dirigentes del socialismo italiano.

El orden del día discutido por el Congreso fue el siguiente:

1º Legislación protectora del trabajo desde el punto de vista nacional e internacional y medios a emplear para hacerla eficaz y extenderla.

2º Del derecho de asociación, de las garantías, de las huelgas, del boicot, del movimiento corporativo desde el punto de vista internacional.

3º Posición y deberes de la clase obrera frente al militarismo.
4º Actitud concerniente a la cuestión judía.

5º Del uso del parlamentarismo y del sufragio universal.

6º De la alianza con los partidos burguesas.

7º De la supresión del trabajo por piezas y del destajo.

8º Primero de Mayo consagrado a las ocho horas, a la reglamentación del trabajo y al mantenimiento de la paz.

9º Título que deberán tener los partidos obreros del mundo.

10º Organización obrera internacional, propaganda.

11º Congreso de Chicago en 1893: designación de fecha y lugar del próximo Congreso Obrero Internacional.

Los puntos 5º y 6º fueron retirados en razón a la diversidad de opiniones que se manifestaban en torno a ellos y que ponían en peligro la unidad del Congreso. De otra parte, la diferencia de situación en que se desenvolvía el movimiento obrero de cada país aconsejaba dejar para otro Congreso el examen de los problemas que planteaban esos dos puntos del orden del día.

Como no podía ser por menos, el Congreso de Bruselas no se vio libre de la acción perturbadora de los anarquistas. En él figuraban bastantes delegados anarquistas representando asociaciones obreras y que apoyaron la acción de los elementos provocadores.

El primer incidente fue promovido por los tres grupos anarquistas belgas que, con ese carácter, querían tomar parte en el Congreso. Este rechazó su admisión.

El segundo incidente lo promovió una delegación española que, sorprendiendo en su buena fe al presidente, fue presentada al Congreso en plena sesión, dándole la bienvenida y concediendo la palabra al que venía al frente de ella, Fernández Gramos. Fernández Gramos, en una violenta intervención, afirmó “representar a cincuenta organizaciones obreras creadas para sostener la lucha del trabajo contra el capital”; reivindicando para los anarquistas “todos los movimientos y todos los resultados de las luchas reaccionarias en España”, el presidente invitó a Pablo Iglesias para que interviniera, y este lo hizo limitándose a decir, en nombre del Partido Socialista Español, que los grupos representados por Fernández Gramos combatían encarnizadamente la manifestación del Primero de Mayo, empleando todos los medios, incluso la calumnia. Estos grupos, no admiten la legislación del trabajo, cuyo estudio es, precisamente, uno de los objetos de este Congreso. No tienen, pues, razón para hacerse representar en él.

Por unanimidad, el Congreso no aceptó la delegación de Fernández Gramos y de los que le acompañaban, retirándose ruidosamente del Congreso con insultos a los delegados.

Eliminada la obstrucción de los anarquistas, el Congreso de Bruselas realizó un enorme trabajo desarrollando las decisiones del Congreso anterior de París, dándoles precisión para ponerlas en práctica. Sobre el primer punto del orden del día, el Congreso aprobó por unanimidad la siguiente resolución:

1º Organizar en cada país una información permanente sobre las condiciones del trabajo y la situación de la clase obrera.

2º Cambiar las informaciones necesarias para el desenvolvimiento de la unificación de la legislación obrera.

3º En fin, el Congreso recomienda a los asalariados del mundo entero unir sus esfuerzos contra la dominación capitalista y dondequiera que disfruten de los derechos políticos, servirse de ellos para emanciparse de la esclavitud del salario.

En la primera resolución queda planteada la necesidad de una dirección internacional, de un organismo que recoja y centralice la acción nacional de cada movimiento obrero; la necesidad de un órgano de propaganda y relaciones que informe y oriente al proletariado internacionalmente. No es, sin embargo, en el Congreso de Bruselas donde queda resuelto este problema, pero por lo menos el que pone de relieve, una vez más, la necesidad de su solución.

La participación de varios delegados en el Congreso, entre ellos figuras tan valiosas como Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, hizo que el problema de la mujer fuera discutido. Como consecuencia, fue aprobada una resolución que decía:

El Congreso invita a los partidos socialistas obreros de todos los países a afirmar enérgicamente en sus programas la igualdad completa de ambos sexos y a demandar, en primer lugar, la abrogación de todas las leyes que pongan a la mujer al margen del derecho común y público.

Los partidos socialistas y obreros de todos los países afirman que no puede haber antagonismo de sexo o combates de razas o nacionalidades, sino sólo la lucha de clase de los proletarios de todas las razas contra los capitalistas de todas las razas.

Los partidos socialistas y obreros de todos los países afirmaron que no podía haber para ellos antagonismos o combates de raza o nacionalidades, sino la lucha de clase de los proletarios de todas las razas contra los capitalistas de todas las razas. Condena las excitaciones antisemíticas y filosemíticas como una de las maniobras por las cuales la clase capitalista y los gobernantes intentan hacer desviar el movimiento socialista y dividir a los trabajadores.

El Congreso reitera el mandato de que, en torno a la manifestación del 1º de Mayo, se desarrolle la campaña en favor de la jornada de ocho horas y todo un plan de reivindicaciones económicas, haciendo de esa jornada una verdadera afirmación de lucha de clases. Decide igualmente que el próximo Congreso se celebre en Europa, en una ciudad de Suiza, rechazando la propuesta de las organizaciones americanas que pedían se celebrara en Chicago, coincidiendo con la Exposición Universal de 1893.

Entre los principales problemas a los que hubo de enfrentarse, destacó el de la controversia ideológica de dos grupos:

El radical, compuesto por los marxistas ortodoxos, partidarios de una revolución como fórmula para destruir el capitalismo y cambiar la sociedad. Una de sus principales figuras fue Rosa Luxemburgo.           E. Bernstein    El más moderado, de carácter reformista, denominado"revisionista", pues discutía algunos puntos de la teoría marxista, como el de la lucha de clases o el materialismo histórico. Entre sus representantes destacó Eduard Bernstein, que preconizaba llegar al socialismo mediante una vía pacífica con la participación de los trabajadores en el juego parlamentario.

La Segunda Internacional recibió el golpe de gracia tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, conflicto que fue incapaz de evitar.

La clase trabajadora, dividida entre los sentimientos patrióticos y el ideal de solidaridad internacional, optó por los primeros, se enroló en los ejércitos contendientes y abandonó la causa que inspiraba la organización.

No pudiendo resolver esa contradicción, en 1916 se disolvía la Internacional.

En 1917, a raíz del triunfo de la Revolución Rusa se impusieron las tesis de aquellos que, como Lenin, el líder de los bolcheviques, abogaban por las tesis marxistas más radicales.

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