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Capýtulo 2:

 El cartismo

El movimiento obrero cartista surge de la conjunción de diversos factores y circunstancias.

En primer lugar, la espantosa miseria de la clase obrera, agravada por la crisis económica que, iniciada en 1836, se prolonga hasta 1843; después, la frustración producida entre los trabajadores – y en los radicales burgueses- por la reforma electoral de 1832, todavía muy alejada del sufragio universal, y finalmente, la difusión entre los obreros de las ideas socialistas a través de una serie de autores.

El cartismo, iniciado en 1837, se fundamentó en dos documentos: una petición nacional, preparada por R. K. Douglas, y un proyecto previo de Loret, que recogían los seis puntos inspiradores del movimiento:

1- Sufragio universal

2- Parlamentos anuales

3- Voto secreto

4- Suspensión de la obligación de ser propietario para ser miembro del Parlamento

5- Dietas a los miembros del Parlamento

6- Circunscripciones electorales iguales

El movimiento prendió con una inmensa fuerza en las masas, resumiendo todas las aspiraciones y encuadrando a las principales corrientes del movimiento obrero: la sindicalista, preocupada ante todo por reivindicaciones profesionales, y la radical o comunista, para la que la obtención de los seis puntos no eran más que un paso importante para lograr el poder político con el que cambiar el orden social. Con el cartismo la clase obrera se hizo más consciente, no sólo de los males de la opresión que padecía, sino también de su poder potencial.

En el movimiento se integran diversos grupos: radicales burgueses, artesanos, tejedores manuales, obreros fabriles y mineros, que era el grupo más sólido y de actitud más firme. Se trataba pues de un movimiento complejo. Su fuerza radicó en la capacidad de integrar a grupos distintos. Esta diferenciación interna fue también su debilidad.

El desarrollo del cartismo permite distinguir varias fases:

1.- Iniciado en 1837, crece de forma explosiva, produciéndose concentraciones de masas de magnitudes hasta entonces desconocidas (200.000 en Birmingham, 250.000 cerca de Manchester,…) se recogen firmas para una petición formalmente dirigida al Parlamento en demanda de los “Seis Puntos” y se convoca una convención como órgano de dirección.

El 12 de julio de 1838, el Parlamento rechazaría la petición por 235 votos contra 46. La Convención no fue capaz (muchos de sus miembros estaban llenos de prejuicios legalistas) de adoptar una decisión enérgica y la represión gubernamental determinó su disolución el 12 de septiembre del mismo año y el paso del cartismo a la clandestinidad. Durante el año siguiente parece que hubo proyectos de insurrección armada, pero detenidos los dirigentes más destacados, la actividad cartista fue decayendo y el movimiento parecía acabado a principios de 1840.

2.-La segunda fase, iniciada en 1841, tras un proceso de reflexión en el que los dirigentes cartistas se dan cuenta de la necesidad de una organización más fuerte, con una dirección centralizada y de un contacto más estrecho con las organizaciones sindicales, supone la creación del que se ha considerado el primer partido auténtico de clase obrera, la Asociación Nacional de la Carta (National Chart Association), que aumenta rápidamente. Se emprende la campaña a favor de una segunda petición nacional que, aun reuniendo más de tres millones de votos, será, como la primera, rechazada por el Parlamento.

Como la fase anterior, la Convención cartista tampoco pudo adoptar una actitud enérgica. Ni siquiera la Asociación Nacional de la Carta fue capaz de orientar la agitación obrera espontánea.

El gobierno lanzó una nueva oleada represiva, la crisis económica cedió en parte, y el cartismo, carente de una adecuada dicción, pareció extinguido.

3.- A partir de 1845 crece en la clase trabajadora, sobre todo entre los obreros cualificados. Ha habido cierto aumento salarial, se han conseguido algunas mejoras como la ley de las Diez Horas y la tendencia ha cambiado hacia un sindicalismo apolítico, como medio eficiente para mejorar la situación obrera.

El cartismo, pues, sólo contará desde entonces con los obreros no cualificados y con una minoría socialista muy preparada. Por lo tanto, el resurgir cartista de 1847-1848 tenía un carácter revolucionario más claro, pero no contaba ya con las masas de otros tiempos. Una nueva petición, con cerca de dos millones de firmas, fue, como siempre, rechazada por el Parlamento, y esta vez el cartismo, como fuerza política organizada no sobrevivió a la represión.

El cartismo fue, pues, derrotado, pero su significación dentro de la historia del moviendo obrero es grande. Los obreros ingleses mostraron por una parte a los obreros de una parte del continente la posibilidad de un moviendo político verdaderamente nacional de la clase obrera, y por otra, que era posible hacer salir al poder público del abstencionismo y obligarle a intervenir en la vida económica.

En efecto, al cartismo se deben, entre otras, la Ley de las Diez Horas, la Ley de Minas de 1842 y la Ley de Fábricas de 1844.

Engels escribiría en The British Labour Movement:

“la clase obrera de Gran Bretaña ha luchado ardientemente e incluso violentamente durante años por la Carta del Pueblo… Ha sido vencida, pero la lucha impresionó de tal forma a la burguesía victoriosa, que desde entonces se siente dichosa si puede conseguir un armisticio prolongado al precio de concesiones sucesivas a los trabajadores.

Asimismo, su influjo en el marxismo, a través de sus líderes y del conocimiento directo que Marx y Engels, residentes durante aquel tiempo en Inglaterra, relacionados con sus hombres, que tuvieron del cartismo es indudable.

Sin embargo, en Inglaterra, el fracaso cartista orientó a las masas obreras, la elaboración de las doctrinas socialistas continuará firme y sostenidamente hacia un sindicalismo escasamente politizado, hacia una aceptación del sistema existente dentro del que pensaban podrían mejorarse sus condiciones de vida.

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