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Capýtulo 9:

 La sociología y la religión

Las objeciones más contundentes a la creencia religiosa en nuestra era no han venido de las ciencias naturales, sino de las ciencias sociales. Aunque los desafíos han surgido en numerosas áreas, probablemente los más significativos han venido del psicólogo Sigmund Freud y de los sociólogos Emile Durkheim y Carlos Marx.

Consideraremos a los sociólogos en primer lugar y luego pasaremos a la psicología.

Desafíos desde la sociología. Muchos sociólogos consideran a los dioses o a Dios como un producto de lo que se pudiera denominar la imaginación colectiva de una sociedad. Dios es una proyección, no un ser real. Él es creado por la sociedad para propósitos sociales, tales como ganar mayor control sobre los individuos. Los sociólogos ven a la creencia en Dios como el proporcionar un punto focal para los valores compartidos de una sociedad, particularmente estos valores considerados sagrados.

Las formas particulares de una teoría sociológica de la religión, por supuesto, reflejan las características de formas particulares de una teoría sociológica.

El sociólogo francés Emile Durkheim sostuvo que la religión sólo podía comprenderse concentrándose en su papel social al unir la comunidad tras un conjunto común de ritos y creencias. El rasgo que define a la religión es que bifurca el mundo en lo sagrado y lo profano; la consecuencia social de tales prácticas hacia el ámbito sagrado es la creación y reproducción de una conciencia colectiva, una unidad social que une a sus miembros en unidades homogéneas.

Por su parte, Marx centró su atención contra el uso de la religión cristiana por el Estado prusiano, social y económicamente explotador, para sus propios fines... El protestantismo es una religión apropiada, por su propia naturaleza, para semejante uso por los dirigentes políticos, pues sus ideas tenían una correspondencia particularmente cercana a la condición del hombre en una sociedad capitalista. Si se adopta este tipo de interpretación, entonces solo falta un corto paso para la sugerencia de que Marx fue principalmente un crítico del cristianismo institucionalizado y su corrupción política. Puesto que el cristianismo contiene en sí mismo una crítica de la política, la explicación es que el pensamiento de Marx no es sólo compatible con el cristianismo radical, sino consecuencia necesaria de la tradición opositora cristiana. Por consiguiente, Marx ha sido tratado como profeta secular que tronara contra los males del capitalismo y la complicidad de la Iglesia, así como los profetas del Antiguo Testamento se escandalizaron ante el culto de falsos dioses.

Ahora bien, ¿exactamente cómo constituye tales teorías una objeción a la creencia religiosa? A primera vista, es difícil de ver. También Durkheim como Marx nos han presentado teorías provocativas acerca de las funciones sociales que cumple la religión, pero es difícil ver cómo se puede sacar de esto alguna conclusión acerca de la verdad de la religión. Es difícil, por ejemplo, hallar argumentos en Marx en contra de lo razonable de la creencia en Dios.

Marx parece precisamente suponer que Dios no existe; y, en base a esa suposición, él construye una teoría acerca de por qué la gente cree en Dios.

El procedimiento de Marx es típico de los sociólogos de la religión, quienes muchas veces simplemente suponen respuestas a las preguntas filosóficas significativas acerca de la creencia religiosa.

Tal vez, la dificultad que la sociología plante a la creencia religiosa proviene de la suposición de que la consideración sociológica proporciona una explicación completa del origen de la creencia religiosa, y esto hace que sea imposible explicar las pretendidas experiencias y revelaciones en una manera puramente naturalista.
Uno debe ser cuidadoso aquí. Sería una falacia inferir que las creencias religiosas son falsas en base a la consideración de sus orígenes sociológicos.

Los lógicos la llaman falacia genética. Una creencia que se origina en circunstancias extraña o poco comunes puede todavía ser cierta; si se ofrece alguna evidencia a favor de una creencia, esa evidencia debe ser examinada y no rechazada meramente por causa de la filiación sospechosa de la creencia.

Existen poderosas razones para pensar en que las creencias religiosas no se puede explicar totalmente en términos sociológicos. En contra de la teoría de Durkheim acerca de Dios como un simbolismo de poder y autoridad de la sociedad, H. H. Farmer ha objetado que tal teoría no explica ni la esfera universal de las enseñanzas de las religiones mayores, ni el poder que la religión tiene para criticar a la sociedad en una manera profética. En oposición a Marx, uno puede notar que, aunque las creencias religiosas muchas veces han sido utilizadas para justificar la opresión social, ellas frecuentemente han proporcionado también la motivación para aquellos que se levantan en contra de la opresión -los abolicionistas de los Estados Unidos de América del siglo XIX son un buen ejemplo.

De todas formas, el hecho de que la religión cumple ciertas funciones importantes en la sociedad no es sorprendente y no debe ser particularmente para el creyente. En realidad, el creyente tiene mucho que ganar de los estudios sociológicos de la religión. Es extremadamente importante entender la forma en que el contexto social modela a la religión y la forma en que la religión influye en la sociedad.

LA RELIGIÓN ES "OPIO DEL PUEBLO"

"La miseria religiosa es en parte expresión de la miseria real, y en parte protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el alma de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. Es el opio del pueblo.

Superar la religión como felicidad ilusoria del pueblo implica exigir su felicidad real. Exigir que este abandone las ilusiones acerca de su situación equivale a exigir que se abandone una situación que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es por lo tanto, en germen, la crítica de este valle de lágrima, cuya apariencia sagrada es la religión".

Karl Marx, Crítica de la filosofía del derecho de Hegel.

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