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Religión. Proverbios de la biblia

Autor: Agustín Fabra
Curso:
10/10 (1 opinión) |362 alumnos|Fecha publicación: 28/02/2011
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Capítulo 1:

 Proverbios de la biblia. Introducción

Debido a una antigua tradición piadosa, durante muchos Siglos, el llamado Cantar de los Cantares, así como los Libros de los Proverbios, del Eclesiastés, de la Sabiduría, y otros Libros de Salmos y de Odas, fueron atribuidos a la autoría de Salomón, personaje a quien cita la Biblia como hijo y sucesor del rey David, dotado de una gran sabiduría, así como de una gran habilidad para las relaciones diplomáticas. Fue el constructor del primer gran templo de Yahvé en Jerusalén, y también el último rey en común de todas las tribus israelitas.

Sin embargo, en el caso de todas estas obras, los estudiosos bíblicos ya han determinado que esta atribución, casi seguramente, no es ninguna otra cosa sino un artificio literario, destinado a exaltar, por una parte, la gran inteligencia legendaria del mencionado rey, y, por otra, tratar de aumentar la autoridad de los escritos, al atribuirlos a un autor conocido, ilustre en razón de su realeza, y, por añadidura, notable y destacado en el campo del conocimiento.

Dado que a lo largo del texto aparecen algunas palabras, nombres propios o conceptos antiguos o que no son frecuentes en la actualidad, al final de este estudio, concretamente en la página 13) aparece una lista con la definición de cada una de esas palabras, las cuales aparecen subrayadas en el texto general.

El Libro de los proverbios toma su nombre de su primer versículo: “Los proverbios de Salomón, hijo de David”. Salomón no fue el verdadero autor de los Proverbios, sino que es una compilación de sabios proverbios de numerosas colecciones anteriores. Salomón fue el “modelo” de la tradición sapiencial judía. Tal atribución se debe a que la tradición israelita consideraba a aquel célebre rey como el "sabio" por excelencia. Según el primer libro de los Reyes, él "pronunció tres mil máximas" (1 Rey. 5. 12) y su sabiduría "superaba la de todos los Orientales y toda la sabiduría de Egipto" (1 Rey. 5. 10).

Algunas partes del Libro de los Proverbios se remontan a los antiguos proverbios de Egipto y de Mesopotamia que fueron adaptados por los sabios judíos para instruir a los jóvenes. Otras partes provienen de colecciones hechas por maestros para educar a los estudiantes en la corte real o en sus propias escuelas. Alrededor del año 440 A.C., estos y otros refranes fueron editados en el Libro de los Proverbios por un sabio cuyo nombre se desconoce.

Gran parte del libro consiste en recitar refranes y proverbios que apenas se conectan entre sí. Hay algunas secciones que desarrollan temas de una manera antigua, como el “Poema Acróstico de la Mujer Perfecta” (31:10-31). Muchos de los proverbios se refieren a la sabiduría secular y detalles mundanos de la vida cotidiana, pero se deja en claro que cada proverbio es la base de la creencia religiosa: “El temor a Yahvé es el principio de la sabiduría” (1:7).

En los proverbios la expresión más frecuente y característica es el aforismo o dicho breve y agudo, que encierra una verdad útil para la vida. En algunos pasajes del libro de los Proverbios, como en otros Libros sapienciales del Antiguo Testamento, se perciben notables influencias de la antigua sabiduría egipcia y oriental, e incluso se encuentran en él varias sentencias de dos sabios árabes: Agur (30:1-14) y Lemuel (31:1-9). Esto pone de manifiesto el aprecio que tenia Israel por aquella sabiduría ancestral y su capacidad para asimilarla creativamente, haciéndola compatible con las exigencias de su propia fe.

La visión teológica expresada en el Libro es relativamente sencilla. El Señor es el creador del mundo y todo lo ha hecho con sabiduría. Las huellas de esa sabiduría divina han quedado grabadas en cada una de sus obras. Por lo tanto, aquel que ponga todo su empeño en abrir los ojos a la realidad que lo rodea, encontrará el camino que lo lleva a la vida y lo libra de la muerte.     Lo importante es buscar el orden establecido por Dios en el mundo y vivir en conformidad con él. Pero la adquisición de la sabiduría presupone ciertas condiciones morales. Una actitud específicamente sapiencial es prestar atención a las advertencias y exhortaciones de los sabios, que son los portadores de una experiencia acumulada a través de los siglos.

El ideal de estos sabios es descubrir y enseñar el arte de vivir bien. Lo que más les preocupa es guiar al individuo hacia la felicidad y el éxito en esta vida. Ningún aspecto de la actividad humana es indigno de su atención. De ahí que las personas de toda condición social encuentren en los Proverbios consejos adecuados a su edad o profesión: reyes y gobernantes, jueces y comerciantes, hombres y mujeres, pobres y ricos, jóvenes y ancianos. Con frecuencia se alude a las relaciones entre padres e hijos, entre marido y mujer, entre patrones y servidores. Su reflexión se extiende al ámbito religioso, moral, político y social, con el fin de encontrar para cada circunstancia una norma práctica fundada en la sabiduría.

Este Libro se abre y se cierra con una alusión al "temor del Señor" (1:7 y 31:30), entendido como una actitud a la vez filial y reverencial con respecto a Dios, que no sólo es el creador del mundo, sino también el Dios de la Promesa y de la Alianza. El "temor de Dios", es el principio y la coronación de la sabiduría por la que debe regirse toda la conducta humana.

Otro aspecto importante es el énfasis puesto en el éxito personal como motivación del comportamiento moral. Esta motivación, lo mismo que la idea de una retribución meramente terrena de las acciones humanas, ha quedado superada por el Evangelio. Pero hay otras riquezas de los Proverbios que mantienen plena vigencia: el amor a la sabiduría, la preocupación por encontrarla y llevarla a la práctica en circunstancias concretas de la vida, la fe en la justicia de Dios y en el gobierno divino del mundo son valores permanentes y asumidos por el cristianismo. De hecho, el Nuevo Testamento contiene numerosas citas del libro de los Proverbios; entre ellas, merece destacarse la que se refiere a la actitud paternal con que Dios corrige a sus hijos (Heb.12:5-6 > Prov. 3:11-12).

La enseñanza de los proverbios sin duda ha sido ya superada por la enseñanza de Cristo, Sabiduría de Dios, pero algunas de las máximas anuncian ya la moral del Evangelio. Debemos también recordar que la verdadera religión únicamente se edifica sobre una base de honradez humana, y el uso que el Nuevo Testamento hace del Libro de los Proverbios (catorce citas y más de veinte alusiones) impone a los cristianos el respeto al pensamiento de esos antiguos sabios de Israel.

Capítulo siguiente - Libro de proverbios

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