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Religión. El poder de la Oración cristiana

Autor: Agustín Fabra
Curso:
9,50/10 (2 opiniones) |711 alumnos|Fecha publicaciýn: 04/02/2011
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Capýtulo 5:

 Oración padrenuestro (1/3)

Aquí analizaremos y meditaremos cada una de las diferentes partes de la oración que Jesus nos dejó: el Padrenuestro. Nuestra meditación personal debemos efectuarla sobre las distintas partes de esa oración, después de haber oído la lectura del texto introductorio de cada sección del Padrenuestro. Pidamos a Jesus que nos enseñe a rezarlo con el espíritu filial con que El lo rezo, y con el espíritu filial con que quiso que también lo rezáramos nosotros. Después de cada reflexión a cada frase del Padrenuestro, es aconsejable que elevemos al Señor nuestra oración personal sobre aquella reflexión en concreto.

Padre: Dios es Todopoderoso, eterno, infinito en todo, pero quiere que al dirigirnos a Él le llamemos Padre y  pedirle que sienta que El es mi Padre. Padre que pensando en mí y amándome, creó todas las cosas: el sol con su luz y calor, la tierra con tanta variedad de vida, el mar, las montañas, los ríos, las plantas, las flores, los frutos, el aire que respiramos, los alimentos que consumimos…. Todo lo hizo y lo sigue haciendo pensando en mí, mirándome, amándome. El formó mi cuerpo, con sus miembros y sentidos, y me los conserva; mi alma con el entendimiento, memoria y voluntad. El me hizo hijo suyo con la gracia santificante; me da su vida, me hace imagen suya viva, su hijo, y quiere mirarse a sí mismo en mí, como un padre cariñoso se mira en el hijo que se le parece. El me dio a su Hijo para que me hiciera su hijo y me lo sigue dando todos los días para que sea mi alimento, fortalezca mi vida y perfeccione su imagen. El se me quiere dar todo en herencia; El mismo será mi felicidad, viéndole, poseyéndole, amándole, gozando de Él y sintiendo el amor infinito del Padre que se vuelca en mí. ¡Cuánto me ama mi Padre!

EFLEXION: ¿Como he correspondido a tanto amor de Dios? ¿Me he portado como un buen hijo? ¿Cuántas veces le he ofendido, le he vuelto la espalda, le he desobedecido? ¿Cómo he de corresponder a partir de ahora? Siendo un buen hijo. Debo vivir y sentirme como un hijo muy querido de Dios, someterme del todo a la voluntad de Dios como lo hizo Jesucristo; amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia, estimándolo más que todas las cosas, prefiriendo su voluntad a todo lo demás. Toda mi vida deberá estar dirigida solo a Dios.

Nuestro: Dios es Padre, no solo mío, sino también de todos. A todos ama, a todos ofrece su vida y su gloria. Por todos se sacrifico, murió y se quedo en la Eucaristía. Quiere que nos amemos todos como hermanos, hijos del mismo Padre. No puedo amar a Dios si no amo a mis hermanos, sus hijos. Amarlos con el corazón de Dios, como Dios ama. Amar a todos, como Dios ama y derrama sus bendiciones sobre todas las personas, buenas y malas. Quiere que pidamos por todos para que todos pidan para cada uno. A pedir por mí mismo me mueve la necesidad; a pedir por otros me mueve la caridad, que es más agradable a Dios. Pediré por todos: por los cristianos, por los que no creen y por los que rechazan a Dios o a Jesucristo, para que pueden decir con nosotros: Padre Nuestro.

REFLEXION: ¿He vivido ese ideal de fraternidad? ¿Considero, amo y trato a los demás como hijos de Dios y hermanos míos? ¡Cuántos egoísmos y cuanta falta de amor! Buscando mi propio gusto en vez de buscar el bien de los demás. ¿Cómo tengo que vivir el amor a los demás? Como el buen samaritano o, mejor aún, como Jesús, Nuestro Señor?

Que estás en el cielo: Dios está en todas partes, pero en el cielo muestra de un modo especial su gloria, su bondad, su amor; allí hace felices a sus hijos con la felicidad perfecta. Por eso quiere Jesús que elevemos nuestra mirada al cielo cuando oramos. Allí esta nuestro Padre. La casa del Padre será mi casa, allí veré a mi Padre lleno de amor, le amaré, le poseeré sin temor alguno de perderle, y sentiré el amor infinito del Padre. Quiere Jesús que al orar elevemos nuestros corazones al cielo, que busquemos lo de allí. Allí estaré con Jesús, sentiré su amor infinito y sus predilecciones conmigo. Aquella será nuestra felicidad sin fin. El deseo de alcanzar el cielo nos ayudará a ser más pobres al tener nuestro corazón libre de todas las cosas; más obedientes, buscando siempre y haciendo solo la voluntad de Dios.

REFLEXION: ¿Vivo con el corazón en el cielo o mas bien estoy siempre mirando las cosas de la tierra? Buscad las cosas de arriba, donde esta Cristo; saboread las cosas de arriba, no las de la tierra.

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