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La religión de Dios (Segunda parte)

Jesús  González García

Autor
Autor: Jesús González García
Curso: 5/5 5/5 (1 opinión) |163 alumnos|Fecha publicación: 25/07/2008

Capítulo 9:

 La necesidad de un educador divino (Parte 2)

La Bendita Belleza sufrió durante 40 años destierros y encarcelaciones, para poder darnos el Mensaje de DIOS. ¿Qué mayor amor que éste: amor a DIOS y amor a nosotros, a toda la humanidad. La Antigua Belleza ha consentido ser encadenado para que la humanidad sea liberada de su cautiverio, y ha aceptado ser prisionero de esta poderosa fortaleza para que todo el mundo logre la verdadera libertad. Ha bebido hasta los pozos de la copa del dolor, para que todos los pueblos de la tierra alcancen felicidad perdurable y sean colmados de alegría. (Baháulláh). El primer deber prescrito por Dios a Sus siervos es el reconocimiento de Aquel que es la Aurora de Su Revelación y la Fuente de Sus leyes, Quien representa a la Deidad tanto en el Reino de Su Causa como en el mundo de la creación. El que haya cumplido este deber ha logrado todo bien; y el que esté privado de él se ha extraviado, aunque fuese autor de toda obra justa. Incumbe a
Todo el que alcance esta muy sublime estación, esta cumbre de trascendente gloria, observar cada uno de los preceptos de Aquel que es el Deseo del mundo.

Estos dos deberes son inseparables. Ninguno es aceptable sin el otro. Así lo ha decretado Quien es la Fuente de inspiración divina. Aquellos a quienes DIOS ha dotado de perspicacia reconocerán fácilmente que los preceptos establecidos por Dios constituyen el medio supremo para el mantenimiento del orden en el mundo y la seguridad de sus pueblos. Quien se aparta de ellos se cuenta entre los seres malignos y necios. En verdad, os hemos ordenado rechazar los dictados de vuestras malas pasiones y deseos corruptos, y no transgredir los límites que ha fijado la Pluma del Altísimo, pues son éstos el hálito de vida para todas las cosas creadas. Los mares de la sabiduría divina y la divina expresión se han agitado por el soplo de la brisa del Todo misericordioso: ¡apresuraos y bebed a plenitud, hombres de entendimiento! Quienes han violado el Convenio de Dios quebrantando Sus mandamientos, y se han vuelto atrás, ésos han cometido un lamentable error a los ojos de Dios, el Poseedor, el Altísimo. ¡Pueblos del mundo! Tened por cierto que Mis mandamientos son las lámparas de Mi amorosa providencia entre Mis siervos y las llaves de Mi misericordia para con Mis criaturas. Así ha sido enviado desde el cielo de la Voluntad de vuestro Señor, el Señor de la Revelación. Si algún hombre probara la dulzura de las palabras que han querido proferir los labios del Todo misericordioso, aunque poseyera los tesoros de la tierra, renunciaría a todos y a cada uno de ellos para poder vindicar la verdad de siquiera uno solo de Sus mandamientos, los cuales brillan sobre la Aurora de Su generoso cuidado y ternura. Di: De Mis leyes se desprende el fragante aroma de Mi vestidura, y con su ayuda serán plantados sobre las cumbres más altas los estandartes de la Victoria. La Lengua de Mi poder, desde el cielo de Mi omnipotente gloria, ha dirigido a Mi creación estas palabras: "Observa Mis mandamientos por amor a Mi belleza". Feliz el amante que ha percibido la divina fragancia de su bienamado en estas palabras, impregnadas del perfume de una gracia que ninguna lengua puede describir. ¡Por mi vida! Quien haya bebido el vino selecto de la equidad de manos de Mi generoso favor, circulará alrededor de Mis mandamientos que brillan sobre la Aurora de Mi creación.

No penséis que os hemos revelado un mero código de leyes. Antes bien, hemos roto el sello del Vino selecto con los dedos de la fuerza y del poder. De ello da testimonio lo que ha sido revelado por la Pluma de la Revelación. ¡Meditad sobre esto, hombres de discernimiento! (Pasajes de los escritos de Baháulláh). Es realmente sabio aquel a quien el mundo y todo lo que en él existe no ha impedido reconocer la Luz de este Día, quien no ha permitido que la vana palabrería de los hombres lo desvíe del sendero de la rectitud. Es realmente como un muerto, aquel que en el maravilloso amanecer de esta Revelación no ha sido revivido por su brisa conmovedora. Es en verdad un cautivo aquel que no ha reconocido al Supremo Redentor, pero que ha aceptado que su alma este trabada, afligida y desamparada en las cadenas de sus deseos. (Baháulláh).

...mi guía se detuvo por un momento mientras yo me quitaba los zapatos. Entonces; con un rápido movimiento de la mano, retiró la cortina, cuando yo hube pasado, la puso nuevamente en su sitio; y me encontré en una gran habitación, a lo largo de cuyo lado de fondo había un diván bajo, mientras que en la pared frente a la puerta estaban colocadas dos o tres sillas. Aunque yo tenía una vaga idea del lugar adonde iba y a Quién había de contemplar (pues no me había sido proporcionada ninguna información precisa), pasaron unos segundos antes de que, estremecido de asombro y reverente temor, tuviera conciencia de que la habitación no estaba vacía. En el ángulo donde el diván se apoyaba en la pared, distinguí una extraordinaria y venerable figura, coronada con un tocado de fieltro, parecido a los llamados táj por los derviches, pero diferente en la hechura y mucho más alto, y en cuya base estaba arrollado un pequeño turbante. El rostro de Aquel a Quien contemplé nunca lo podré olvidar y, no obstante, no puedo describirlo. Esos ojos penetrantes parecían leer en mi propia alma; en Su amplia frente había poder y autoridad, mientras que las profundas arrugas de Su ceño y Su faz denotaban una edad que parecía negar el negro azabache de Su cabello y Su barba que descendía exuberante casi hasta la cintura. ¡No necesitaba preguntar en presencia de Quién me encontraba al inclinarme ante Aquel Que es objeto de una devoción y un amor que los reyes podrían envidiar y no por los cuales los emperadores suspiran en vano! Una voz digna y suave me pidió que me sentara y continuó: "¡Alabado sea DIOS por haber llegado hasta Mí!... Has venido a ver a un prisionero y un desterrado... Nosotros sólo deseamos el bien del mundo y la felicidad de las naciones; sin embargo, nos consideran causantes de sedición y de rivalidades, merecedores de la prisión y del destierro...Que todas las naciones tengan una fe común y todos los hombres sean hermanos; que se fortalezcan los lazos de afecto y unidad entre los hijos de los hombres; que desaparezca la diversidad de religiones y se anulen las diferencias de raza. ¿Qué mal hay en esto?... pero esto se cumplirá, estas luchas sin objeto, estas guerras desastrosas desaparecerán y la "Paz Más Grande" reinará... Vosotros en Europa, ¿no necesitáis también esto? ¿No fue esto mismo lo que anunció Cristo?... Sin embargo, vemos a vuestros reyes y gobernantes disipando sus tesoros más en medios de destrucción de la raza humana que en aquello que proporcionaría felicidad a la humanidad... Estas luchas, este derramamiento de sangre y esta discordia cesarán y todos los hombres serán como miembros de una sola familia... Que ningún hombre se gloríe de que ama a su patria; que más bien se gloríe de que ama a sus semejantes..."

Éstas son, más o menos, las palabras que puedo recordar y que, además de muchas otras, yo escuché de labios de Bahá u lláh. Que aquellos que las lean consideren por sí mismos si tales doctrinas merecen muerte y prisión, y si el mundo más probablemente gane o pierda por su difusión. (Entrevista, visita realizada por Edgard Granville Browne miembro del Pembroke collage, cambridge, y eminente orientalista en años futuros. A Baháulláh en la primavera de 1890 en Akká (Haifa, Israel). El mensaje central que Bahá'u'lláh ofrece en este Día a la humanidad es el de la unidad y la justicia. Dos citas a menudo empleadas por los bahá'ís lo resumen: "Lo más amado de todo ante Mi vista es la justicia'. "La Tierra es un solo país, y la humanidad sus ciudadanos'. También afirmó: "El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad, son inalcanzables a menos que su unidad sea firmemente establecida'.(unidad en diversidad). Esta es la recomendación de Dios, el divino y omnisciente Médico, para nuestro desfalleciente mundo. Pronto el viejo orden será enrollado y uno nuevo será desplegado en su lugar. (Baháulláh (La Gloria de DIOS.

"¡OH Señor! Haz que se manifiesten en tus países almas humildes y sumisas con sus rostros iluminados por los rayos de guía, desprendidas del mundo, que alaben tu Nombre, proclamen tu alabanza y difundan la fragancia de tu santidad entre la humanidad." "¡OH Dios, mi Dios! Ayuda a tus siervos leales a tener corazones afectuosos y sensibles. Asísteles para que difundan, entre todas las naciones de la tierra, la luz de guía que proviene del concurso de lo Alto."(Baháulláh).

-La necesidad de seguir las enseñanzas de las manifestaciones Divinas:

PREGUNTA: ¿Qué necesidad tienen de las enseñanzas divinas quienes, considerándose independientes de ellas, destacan por sus obras bondadosas y por su benevolencia hacia todos? Me refiero a personas poseedoras de una conducta digna de alabanza, movidas por el amor y la amabilidad hacia todas las criaturas, animadas por su preocupación para con los pobres y por sus esfuerzos en aras de la paz universal. ¿Cuál es la condición de dichas personas?

RESPUESTA: Has de saber que tales obras, tales esfuerzos y tales palabras son dignos de alabanza y aprobación, y que constituyen la gloria de la humanidad. Así y todo esas obras, por sí solas, no son suficientes; son un cuerpo de gran encanto, pero carente de espíritu. No, la causa de la vida perdurable, del honor eterno, de la iluminación universal, de la salvación y prosperidad verdaderas, es ante todo el conocimiento de Dios. Sabido es que el conocimiento de Dios trasciende todo conocimiento y que es la mayor gloria del mundo humano. Pues del conocimiento de la realidad de las cosas se deriva el beneficio material gracias al cual progresa la civilización. Pero el conocimiento de Dios es la causa del progreso y la atracción espirituales; por su intermedio se consiguen la percepción de la verdad, la exaltación de la humanidad, la civilización divina, la rectitud moral y la iluminación.

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