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La religión de Dios (Segunda parte)

Autor: Jesús González García
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |521 alumnos|Fecha publicaciýn: 25/07/2008
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Capýtulo 8:

 La necesidad de un Educador Divino (Parte 1)

DIOS se dirige a Baháulláh como Su Manifestación Divina.

La necesidad de seguir las enseñanzas de las manifestaciones Divinas. La necesidad de un Educador Divino:

Cuando reflexionamos acerca de la existencia, vemos que los reinos mineral, vegetal, animal y humano requieren un educador. La tierra inculta se convierte en una selva donde crecen las malezas; pero si se encuentra un agricultor que la cultive, produce cosechas con que alimentar a las criaturas vivientes. Por tanto, es evidente que el suelo requiere la labranza del agricultor. Fíjate en los árboles: si no tienen quien los cultive no llegan a fructificar, y sin fruto resultan inútiles. En cambio, si reciben el cuidado de un jardinero, los árboles antes estériles dan frutos. Gracias al cultivo, los abonos y los injertos, los árboles que sólo entregaban frutos amargos los entregan dulces. Estos son argumentos racionales. Hoy día los pueblos del mundo necesitan argumentos basados en la razón. Sucede lo mismo con respecto a los animales. Observa el modo como el animal se vuelve dócil cuando se le amaestra. Así también con el hombre: si no recibe educación se vuelve bestial. Es más, si permanece bajo el dominio de la naturaleza, llega a ser inferior al animal, mientras que si es educado, se convierte en un ángel. La mayor parte de los animales no devoran a los de su propia especie; pero los hombres del Sudán, en África Central, se matan y devoran entre sí. Ahora bien, observa que es la educación la que hace que Oriente y Occidente estén bajo la autoridad del hombre; la que produce industrias maravillosas; la que difunde las gloriosas ciencias y artes; la que hace que se manifiesten nuevos descubrimientos e instituciones. Si no existiera un educador, no habría humanidad, civilización o comodidades. Un hombre abandonado en un yermo donde no llegara a conocer a ninguno de sus semejantes, se convertiría a no dudarlo en una simple bestia. Resulta evidente, pues, que hace falta un educador.

Ahora bien, la educación es de tres clases: material, humana y espiritual. La educación material se ocupa del progreso y desarrollo del cuerpo (mediante el alimento, comodidad y tranquilidad materiales). Tal educación es común a hombres y animales. La educación humana comporta civilización y progreso, o lo que es lo mismo, administración, obras benéficas, comercio, artes y oficios, ciencias, grandes inventos, descubrimientos e instituciones especiales, actividades todas propias del hombre y que lo distinguen del animal. La educación divina es la que procede del Reino de Dios. Se trata de la verdadera educación y consiste en la adquisición de las perfecciones divinas. En efecto, en ese estado el hombre se convierte en el centro de las bendiciones divinas, en la manifestación de las palabras "hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza". Necesitamos un educador que sea al mismo tiempo educador en los dominios material, humano y espiritual, cuya autoridad sea eficaz en todas las condiciones. En este sentido, si alguien adujese "yo poseo comprensión e inteligencia perfectas; no necesito tal educador", negaría lo que es claro y evidente. Sería como si un niño dijera "no me hace falta la educación; voy a actuar de acuerdo con mi entendimiento e inteligencia y así obtendré las perfecciones de la existencia"; o como si un ciego afirmase "yo no necesito los ojos pues hay ciegos que viven sin problemas".

A tenor de lo dicho, resulta evidente que el hombre necesita un educador que sea incuestionable e indudablemente perfecto en todo respecto, un educador que se distinga por sobre todos los hombres. De no ser así, si fuese como el resto de la humanidad, no sería su educador. Ello resulta tanto más cierto si se tiene en cuenta que el educador lo es en lo material, humano y espiritual. Es decir, el educador debe enseñar a los hombres a conformar un orden social, a organizar y conducir los asuntos materiales de modo y manera que la solidaridad y la ayuda mutua tomen cuerpo, y los asuntos materiales sean organizados en previsión de cualquier eventualidad. Análogamente, el educador ha de serlo en lo humano, en otras palabras, debe educar la inteligencia y el pensamiento de modo tal que alcancen un desarrollo completo, para que así la ciencia y el conocimiento se ensanchen, y la realidad de las cosas, los misterios de los seres y las propiedades de la existencia lleguen a ser descubiertos; para que día a día la educación, los inventos y las instituciones mejoren, haciendo posible que partiendo de las cosas perceptibles puedan extraerse conclusiones intelectuales. Además, el educador, debe impartir la educación espiritual, para que la inteligencia y la comprensión lleguen a penetrar en el mundo metafísico, y beneficiarse mediante la brisa santificadora del Espíritu Santo y establecer relación con el Concurso Supremo. Debe educar de tal manera la realidad humana que ésta se convierta en el centro de la aparición divina, en grado tal que los atributos y nombres de Dios resplandezcan en el espejo de la realidad del hombre, cumpliéndose así el santo versículo "hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza".

Es evidente que el poder humano no alcanza a cumplir una misión tan elevada, y que la razón por sí sola no podrá asumir una responsabilidad tan pesada. ¿Cómo es posible que una persona completamente sola, sin ayuda ni respaldo alguno, establezca los cimientos de tan noble construcción? Para acometer esa tarea se requiere alguien que dependa de la ayuda del poder espiritual y divino. Una sola Alma Santa confiere vida al mundo de la humanidad, muda el aspecto del globo terrestre, hace que progrese la inteligencia, establece los criterios de la vida nueva, establece nuevos cimientos, organiza el mundo, reúne a las naciones y religiones bajo la sombra de un mismo estandarte, libera al hombre del mundo de las imperfecciones y vicios para inspirarlo con el deseo y la necesidad de las perfecciones naturales y adquiridas. A decir verdad, nada que no sea un poder divino podría realizar tamaña empresa. Deberíamos sopesar lo dicho con justicia, pues tal es la función de la justicia.

¡Sin ayuda ni concurso ajeno, una sola Alma Santa puede promover una Causa que los gobiernos y pueblos del mundo se hayan visto incapaces de difundir valiéndose de todas sus fuerzas y ejércitos! ¿Hay acaso poder humano capaz de conseguir esto? ¡No, en el nombre de Dios! Por ejemplo, Cristo, solo y desasistido, enarboló el estandarte de la paz y la equidad, hazaña ésta que los gobiernos victoriosos, con todas sus huestes, no habrían logrado realizar. Piensa en el destino de tantos y tan diferentes imperios y pueblos: el Imperio Romano, Francia, Alemania, Rusia, Inglaterra, todos ellos fueron congregados bajo un mismo pabellón. Es decir, la aparición de Cristo produjo una unión tal entre esta diversidad de naciones como para que, bajo su influjo, algunas llegasen a sacrificar sus vidas y posesiones en aras de las otras. Después de la era de Constantino, responsable de la exaltación del cristianismo, surgieron divisiones en el seno de la cristiandad. Me explico, si bien Cristo unió a estas naciones, poco después de cierto tiempo, los gobiernos se convirtieron en fuente de discordias. Dicho de otra manera, Cristo sostuvo una Causa que los reyes todos de la Tierra no lograron establecer: unió las distintas religiones, cambió las costumbres ancestrales. Considera cuán grandes eran las diferencias que existían entre los romanos, griegos, sirios, egipcios, fenicios, israelitas y otros pueblos de Europa. Cristo eliminó tales diferencias transformándose en causa de amor entre los citados pueblos. Si bien pasado algún tiempo, los gobiernos destruyeron la unión así lograda, la obra de Cristo fue llevada a término.

Por consiguiente, el Educador Universal debe serlo al mismo tiempo en lo material, humano y espiritual, y debe poseer un poder sobrenatural para ocupar la posición del maestro divino. Si no manifestase ese poder santificado, no podría educar; pues si fuese imperfecto ¿cómo habría de conferir una educación perfecta? Si fuese ignorante ¿cómo podría conferir sabiduría a los demás? Si fuese injusto ¿cómo podría conseguir que otros se volvieran justos? Si fuese mundano ¿cómo habría de hacer para que los demás se volvieran celestiales? Reflexionemos entonces con imparcialidad: ¿han estado dotadas o no han estado dotadas las Manifestaciones Divinas de los citados requisitos? Si no hubieran poseído tales requisitos, no habrían sido verdaderos Educadores. Por tanto, ha de ser nuestra la tarea de demostrar a los reflexivos, mediante argumentos racionales, la condición profética de Moisés, de Cristo y de las demás Manifestaciones Divinas. Las pruebas que aportamos no se basan en argumentos tradicionales, sino en argumentos racionales. Ya se ha demostrado con argumentos racionales que el mundo de la existencia precisa extremadamente de un educador, y que su educación debe llevarse a cabo por medio del poder divino. No existe duda de que este poder sagrado es la revelación, y que el mundo ha de ser educado por medio de ese poder, un poder que se encuentra muy por encima del poder humano. (Contestaciones a unas preguntas, Abdul´ l Bahá).

DIOS se dirige a Baháulláh como Su Manifestación Divina:

"Aquél que es Tu Recuerdo y quien ha apareado en el manto de tu muy pura y augusta Belleza" y para Quien DIOS "levantó el velo de gloria y descubrió el semblante de la Belleza", Aquél a Quien Él designa como "Mi Belleza". "La Manifestación de Tu belleza y el Revelador de Tus signos". "Aquél Quien es Tu Belleza ha sido establecido sobre el Trono de Tu Causa". "El Sol de Tu Belleza". Te hemos escogido para que seas nuestra poderosísima Trompeta cuyo toque ha de señalar la resurrección de toda la humanidad. Y cuando ocurrió Tu promesa y se hubo cumplido el tiempo fijado, Aquel que es el Poseedor de todos los Nombres y Atributos fue hecho manifiesto a los hombres.

Tu ser.
Tu Luz.
Tu Lámpara.
Aquél que habla en tu Nombre.
Aquél que es el Soberano Supremo.
Aquél que es el Revelador de los NOMBRES DE dios.
La Manifestación de Tus nombres.
El Portador de Tu nombre más sublime y exaltado.
El Manantial de Tu inspiración.
El Depositario de Tu sabiduría.
El Río que es en verdad la vida.
El Árbol de Tu unicidad.
Tu Prueba infalible para todos los hombres.
El Sol que brilla en el cielo de Tu voluntad.
Aquél a Quien has escogido por Tu mandato.
Aquél que es Tu exaltado y Supremo Recuerdo.
El Lugar del Amanecer de Tu inspiración y de Tu revelación.
El Lugar del Amanecer de Tus muy resplandecientes signos.
El Sol de Tu creación.
El Sol de Tu gloria.
El Sol de Tu justicia.
El Sol de Tu palabra.
El sol de la luz de Tu unidad.
La Aurora de Tu Esencia.
La Aurora de Tu Causa.
La Aurora de Tus títulos más excelentes.
La Aurora de Tu poder.
La Aurora de las luces de Tu rostro.
La imagen del Más Misericordioso.
Aquél... mediante Quien DIOS ha separado a los piadosos de los impíos. (Baháulláh (La Gloria de DIOS).

Baháulláh es "El Organizador del planeta entero" y "La fuente de la Más Grande Justicia."(Shoghi Effendi, bisnieto de Baháulláh). Títulos de Baháulláh: algunos de entre unos 63. El Misericordioso. El Más Compasivo. El Perdonador. El Gran Dador. El Horizonte de la Revelación. El Más Antiguo Nombre. El Más Grande Nombre. El Más Grande Misterio. La Más Exaltada pluma. La Más Exaltada Palabra. El Educador de todos los seres. El Secreto manifiesto y oculto. El Mejor Informado. La pluma de la Revelación. La Voz Divina. La Lengua del Antiguo de los Días. El Vivificador del mundo. El Amado del mundo. El Divino Árbol del Loto. La Paloma Mística. El objeto de la adoración del mundo. El Tabernáculo de la Inmortalidad. La Más Grande Luz. La Más Grande Ley. El Que Ayuda en el peligro. La Bendita Belleza...( todos estos títulos describen Su propio misterio, Su ternura, Su belleza y lo que significa su nombre , Baháullá : La Gloria de DIOS.

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