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La religión de Dios (Segunda parte)

Autor: Jesús González García
Curso:
10/10 (1 opinión) |521 alumnos|Fecha publicación: 25/07/2008
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Capítulo 5:

 La Manifestación de Dios

La Manifestación de Dios:

Algo común a todos los fieles de cualquiera de los sistemas religiosos del mundo es el convencimiento de que a través de la Revelación Divina el alma entra en contacto con el mundo de Dios y que es esta relación la que da un sentido verdadero a la vida. Algunos de los pasajes más importantes de los escritos de Bahá'u'lláh son los que exponen extensamente la naturaleza y el papel de aquellos que son los canales de esta Revelación, los Mensajeros o "Manifestaciones de Dios". Una analogía que se encuentra repetidamente en estos pasajes es la del sol físico. Mientras éste comparte ciertas características con otros cuerpos del sistema solar, difiere sin embargo de ellos en que es, en sí mismo, la fuente de luz del sistema. Los planetas y satélites reflejan la luz, mientras que el sol la emite como un atributo inseparable de su propia naturaleza. El sistema gira alrededor de este punto focal y cada uno de sus miembros no sólo es influido por su composición particular, sino también por la fuente de luz del sistema.

Del mismo modo, afirma Bahá'u'lláh, la personalidad humana que la Manifestación de Dios comparte con el resto de la humanidad se diferencia de las otras de tal modo que la hace adecuada para servir como canal o vehículo para la Revelación de Dios. Las referencias aparentemente contradictorias respecto a esta doble posición atribuida, por ejemplo, a Cristo han sido una de las muchas fuentes de confusión y disensión religiosas a través de la historia. Bahá'u'lláh dice sobre el tema: Todo lo que hay en los cielos y todo lo que hay en la tierra es una prueba directa de la revelación de los atributos y nombres de Dios. En un grado sumo, esto es verdadero acerca del hombre, quien, entre todo lo creado, ha sido señalado para la gloria de tal distinción. Pues en él están revelados potencialmente todos los atributos y nombres de Dios en un grado que no ha sido superado ni excedido por ningún otro ser creado. Y de todos los hombres, los más perfectos, los más distinguidos y los más excelsos son las Manifestaciones del Sol de la Verdad. Más aún, todos, excepto estas Manifestaciones, viven por la acción de Su Voluntad y se mueven y existen por las efusiones de Su gracia.

A través de la historia, la convicción de los creyentes de que el Fundador de su propia religión ocupaba una posición única ha tenido el efecto de suscitar una intensa especulación sobre la naturaleza de la Manifestación de Dios. Tal especulación ha sido, sin embargo, seriamente obstaculizada por las dificultades de interpretar y resolver las alusiones alegóricas de las escrituras del pasado. El intento de cristalizar la opinión en forma de dogma religioso ha sido una fuente de división más que de unión en la historia. De hecho, a pesar de la enorme energía dedicada a las actividades teológicas -o tal vez a causa de ello- existen hoy día profundas diferencias entre los musulmanes respecto a la posición precisa de Muhammad, entre los cristianos respecto a la de Jesús y entre los budistas respecto al Fundador de su propia religión. Como es demasiado evidente, las controversias creadas por estas y otras diferencias dentro de una determinada tradición han demostrado ser al menos tan profundas, como las que separan dicha tradición de sus religiones hermanas. De particular importancia para la comprensión de las enseñanzas de Bahá'u'lláh sobre la unidad de las religiones son Sus declaraciones acerca de la posición de los sucesivos Mensajeros de Dios y sobre la función que han realizado en la historia espiritual de la humanidad: Las Manifestaciones de Dios tienen, cada una de ellas, una doble posición. Una es la posición de abstracción pura y unidad esencial. En este sentido, si tú las llamas a todas Ellas por un solo nombre y Les asignas los mismos atributos, no te desvías de la verdad.

La otra posición es la de distinción y pertenece al mundo de la creación y sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación de Dios tiene una individualidad distinta, una misión definidamente señalada, una revelación predestinada y limitaciones especialmente designadas. Cada una de Ellas es conocida por un nombre diferente y se caracteriza por un atributo especial, cumple una misión definida. Vistas a la luz de la segunda posición manifiestan servidumbre absoluta, máxima pobreza y completo olvido de Sí mismas. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios. No soy más que un hombre como vosotros..." Si alguna de las manifestaciones universales de Dios declarase: "Yo soy Dios", diría ciertamente la verdad y no cabría duda alguna de ello. Ya que a través de Su Revelación, Sus atributos y nombres manifiestan en el mundo la Revelación de Dios, Sus nombres y Sus atributos. Y si alguno de Ellos pronunciase la expresión: "Yo soy el Mensajero de Dios," también diría indudablemente la verdad. Contemplados bajo esta luz, se ve que todos Ellos no son más que Mensajeros de ese Rey ideal, de esa Esencia inmutable. Y si dijesen: "Somos los siervos de Dios", esto también es un hecho manifiesto e indiscutible. Pues se han manifestado en condición de total servidumbre, una servidumbre tal que ningún hombre puede alcanzar. De este modo, cualquiera que sea su expresión, ya pertenezca al Reino de la Divinidad, o a la posición de Señor, Profeta, Mensajero, Guardián, Apóstol o Siervo, todo es cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, estos dichos [...] tienen que ser atentamente considerados, para que las expresiones divergentes de las Manifestaciones del Invisible y Auroras de Santidad dejen de agitar al alma y confundir la mente. (Baha´u´llah)

Una civilización en continuo progreso:

En estos párrafos se halla implícita una perspectiva que representa la característica más desafiante de la exposición de Bahá'u'lláh sobre la función de la Manifestación de Dios. La Revelación Divina, declara Él, es la fuerza motriz de la civilización. Cuando tiene lugar esa Revelación, su efecto transformador sobre las mentes y las almas de los que responden a ella es reproducido en la nueva sociedad que va tomando forma paulatinamente en torno a esa experiencia. Aparece un nuevo foco de lealtad que puede lograr el compromiso de pueblos de muy diversas culturas; la música y las artes utilizan símbolos que transmiten unas aspiraciones mucho más ricas y maduras; una nueva y radical definición de los conceptos de lo correcto y lo erróneo hace posible la formulación de nuevos códigos de leyes civiles y de conducta; se crean nuevas instituciones con el propósito de dar expresión a los impulsos de responsabilidad moral que anteriormente eran ignorados o desconocidos: "Estaba en el mundo y el mundo fue hecho por él . A medida que la nueva cultura evoluciona hacia una civilización, asimila los logros e ideas de épocas pasadas en una multitud de nuevas combinaciones. Las características de antiguas culturas que no pueden ser incorporadas se atrofian o son adoptadas por elementos marginales de la población. La Palabra de Dios crea nuevas posibilidades tanto en la conciencia individual como en las relaciones humanas.

Toda palabra que emana de la boca de Dios está dotada de tal potencia que puede infundir nueva vida en cada estructura humana. Todas las maravillosas obras que contempláis en este mundo han sido manifestadas mediante la acción de Su suprema y exaltada Voluntad, Su maravilloso e inflexible Propósito. En cuanto es pronunciada esta resplandeciente palabra, sus energías animadoras, agitándose dentro de todas las cosas creadas, dan nacimiento a los medios e instrumentos con los que tales artes pueden producirse y perfeccionarse. En los días venideros, veréis por cierto cosas de las que jamás habéis oído. Cada letra que procede de la boca de Dios es verdaderamente una letra madre y cada palabra pronunciada por Aquel que es la Fuente de la Revelación Divina es una palabra madre. La sucesión de Revelaciones Divinas, afirma el Báb, es "un proceso que no ha tenido principio ni tendrá fin." Aunque la misión de cada una de las Manifestaciones está limitada en el tiempo y en las funciones que realiza, es una parte integral de un desarrollo continuo y progresivo del poder y la voluntad de Dios: Contempla con tu vista interior la cadena de Revelaciones sucesivas que ha vinculado a la Manifestación de Adán con la del Báb. Atestiguo ante Dios que cada una de estas Manifestaciones ha sido enviada por la acción de la Voluntad y Propósito Divinos, que cada una ha sido portadora de un mensaje determinado, que a cada una le ha sido confiado un Libro divinamente revelado. La medida de la Revelación con la que cada una de ellas ha sido identificada había sido preordenada con precisión.

Finalmente, a medida que una civilización en continua evolución agota sus fuentes espirituales, empieza un proceso de desintegración, al igual que ocurre en el mundo de los fenómenos. Volviendo otra vez a las analogías que ofrece la naturaleza, Bahá'u'lláh compara esta pausa en el desarrollo de la civilización con la llegada del invierno. Disminuye tanto la vitalidad moral como la cohesión social. Los desafíos, que se hubieran superado en etapas anteriores o se hubieran convertido en oportunidades para la investigación y el éxito, se convierten en barreras insuperables. La religión pierde su relevancia y la inquietud renovadora va interrumpiéndose progresivamente, haciendo cada vez más profundas las divisiones sociales. La incertidumbre sobre el significado y valor de la vida genera cada vez más ansiedad y confusión. Refiriéndose a esta condición de nuestra propia época, Bahá'u'lláh dice:

Percibimos perfectamente cómo toda la raza humana está rodeada de grandes e incalculables aflicciones. La vemos languidecer en su lecho de enfermo, severamente atribulada y desilusionada. Los que están embriagados de orgullo se han interpuesto entre ella y el divino e infalible Médico. Atestiguad cómo han envuelto a todos los hombres, incluidos ellos mismos, en la red de sus artificios. No pueden descubrir la causa de la enfermedad, ni tampoco poseen conocimiento alguno del remedio. Han concebido que lo recto es torcido y han imaginado que su amigo es un enemigo. Cuando cada uno de los impulsos divinos se ha cumplido, el proceso se repite. Una nueva Manifestación de Dios aparece con una medida más plena de la inspiración divina para la siguiente etapa del despertar y del proceso civilizador de la humanidad: Considera la hora en que la suprema Manifestación de Dios se revela a los hombres. Hasta la llegada de esa hora, el Antiguo Ser, que permanece todavía desconocido a los hombres y no ha dado aún expresión a la Palabra de Dios es, Él Mismo, el Omnisciente en un mundo en el que no hay ningún hombre que Le haya conocido. Él en verdad es el Creador sin una creación. Éste es de hecho el Día del que se ha escrito: "¿De quién será el Reino en este Día?" ¡Y no se encuentra a nadie dispuesto a contestar!

Hasta que una parte de la humanidad comienza a responder a la nueva Revelación y un nuevo paradigma espiritual y social empieza a tomar forma, la gente subsiste espiritual y moralmente con los últimos vestigios de los dones divinos anteriores. Las tareas rutinarias de la sociedad pueden seguir haciéndose o no; las leyes se pueden obedecer o incumplir; las tentativas políticas y sociales pueden funcionar o fracasar; pero las raíces de la fe -sin las cuales ninguna sociedad puede durar indefinidamente- se han secado. En el "fin del tiempo", el "fin del mundo", los que están despiertos espiritualmente comienzan a volverse de nuevo hacia la Fuente creativa. No importa cuán torpe o molesto pueda ser el proceso, no importa lo poco elegantes o desafortunadas que sean algunas de las opciones consideradas, tal búsqueda es una respuesta instintiva a la constatación de que se ha abierto un inmenso abismo en la vida ordenada de la humanidad. Los efectos de la nueva Revelación, dice Bahá'u'lláh, son universales y no limitados a la vida y enseñanzas de la Manifestación de Dios, que es el eje central de la Revelación.

Aunque no se comprendan, estos efectos impregnan cada vez más los asuntos humanos, revelando las contradicciones existentes en las creencias populares y en la sociedad, e intensificando la búsqueda de una mayor comprensión. La sucesión de las Manifestaciones es un hecho consustancial a la creación, declara Bahá'u'lláh, y continuará durante toda la vida del mundo: "Dios ha enviado a sus Mensajeros para que sucedan a Moisés y Jesús y continuará haciéndolo hasta 'el fin que no tiene fin.

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