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La religión de Dios (Primera parte)

Autor: Jesús González García
Curso:
6,50/10 (2 opiniones) |880 alumnos|Fecha publicaciýn: 25/07/2008
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Capýtulo 14:

 La unidad de la religión (Parte 2)

Entre los grandes sistemas religiosos del mundo está el Islam. Cerca de trescientos millones de personas lo aceptan. Por más de mil años ha habido enemistad y lucha entre musulmanes y cristianos, debido a la desavenencia y la ceguera espiritual. Si los prejuicios y la imitación se abandonasen, no habría enemistad alguna entre ellos y estos cientos de millones de religiosos antagónicos adornarían el mundo de la humanidad con su unidad.

Ahora deseo pediros vuestra atención sobre un punto muy importante. Todo el Islam considera el Qur'án la Palabra de Dios. En este Libro Sagrado hay textos explícitos que no son tradicionales, declarando que Cristo era la Palabra de Dios, que Él era el Espíritu de Dios, que Jesucristo vino a este mundo mediante los hálitos vivificadores del Espíritu Santo y que María, su madre, era santa y santificada. En el Qur'án hay todo un capítulo dedicado a la historia de Jesús. Allí se registra que en el tiempo de su juventud Él adoraba a Dios en el templo de Jerusalén, que el maná descendía del cielo para su sustento y que hablaba apenas nacido. En suma, en el Qur'án hay elogios y alabanzas a Cristo que no pueden encontrarse en el Evangelio. El Evangelio no registra que el niño Jesús hablaba al momento de nacer o que Dios hizo descender su sustento desde el cielo, pero en el Qur'án se declara repetidamente que Dios enviaba el maná día tras día como alimento para Él. Además, es significativo y convincente el hecho de que cuando Muhammad proclamó su obra y misión, la primera objeción a sus propios seguidores fue: "¿Por qué no habéis creído en Jesucristo? ¿Por qué no habéis aceptado el Evangelio? ¿Por qué no habéis creído en Moisés? ¿Por qué no habéis seguido los preceptos del Antiguo Testamento? ¿Por qué no habéis entendido a los Profetas de Israel? ¿Por qué no habéis creído en los discípulos de Cristo? El primer deber obligatorio para vosotros, OH árabes, es el de aceptarlos y creer en ellos.

Debéis considerar a Moisés como un Profeta. Debéis aceptar a Jesucristo como la Palabra de Dios. Debéis saber que el aceptar a Jesucristo como la Palabra de Dios. Debéis saber que le Antiguo y el Nuevo Testamento son la Palabra de Dios. Debéis creer en Jesucristo como el producto del Espíritu Santo". Su pueblo respondió: "¡OH Muhammad! Seremos creyentes aunque nuestros padres y ancestros no lo eran, y estamos orgullosos de ello. Pero, dinos, ¿qué será de nuestros padres?". Muhammad respondió: "Os declaro que ocupan el más bajo estrato del infierno debido a que no creyeron en Moisés y en Cristo y no aceptaron la Biblia; y aunque ellos son mis propios ancestros, aun así se hallan desesperados en el infierno".

Este es un texto explícito del Qur'án; esto no es una narración o tradición sino el Qur'án mismo, el cual es conocido por la gente. Por tanto, es evidente que la ignorancia y los malentendidos son los que han causado tanta guerra y lucha entre los musulmanes y cristianos. Si ambos hubieran investigado la verdad básica en sus creencias religiosas, el producto sería la unidad y el acuerdo; la lucha y la amargura hubieran desaparecido para siempre y el mundo de la humanidad hubiera encontrado la paz y la serenidad. Considerad que hay doscientos cincuenta millones de cristianos y trescientos millones de musulmanes. ¡Cuanta sangre se ha derramado en sus guerras! ¡Cuantas naciones han sido destruidas! ¡Cuantos niños han quedado huérfanos! ¡Cuántos padres y madres han logrado la pérdida de sus hijos y seres queridos! Todo esto se ha debido a los prejuicios, desavenencias e imitaciones de creencias ancestrales, sin una investigación de la realidad. Si los Libros Sagrados hubiesen sido correctamente comprendidos, ninguna de estas discordias o aflicciones hubiesen existido, sino que el amor y el compañerismo habrían prevalecido en su lugar. Esto también se aplica a todas las demás religiones. Las condiciones que he nombrado se aplican a todas por igual. El propósito esencial de la religión de Dios es establecer la unidad entre los hombre.

Las divinas Manifestaciones fueron los fundadores de los instrumentos del compañerismo y el amor. No vinieron para crear discordia, lucha y odio en el mundo. La religión de Dios es la causa de amor, pero si se convierte en fuente de enemistad y derramamiento de sangre, de seguro su ausencia es preferible a su existencia, pues entonces se vuelve satánica, dañina, un obstáculo para el mundo humano.

Los diversos pueblos y naciones de Oriente estaban en un estado de antagonismo y lucha, manifestando la más extrema enemistad y odio los unos hacia otros. La oscuridad circundaba la mundo de la humanidad. En un momento como éste apareció Bahá'u'lláh. Eliminó todas las imitaciones y prejuicios que habían causado la separación y las desavenencias y echó las bases de la única religión de Dios. Cuando esto se realizó, musulmanes, cristianos, judíos, zoroastrianos y budistas, todos se unieron con verdadero amor y camaradería. Las almas de todas las naciones que siguieron a Bahá'u'lláh se volvieron como una sola familia viviendo en acuerdo y armonía, deseando sacrificar la vida los unos por los otros. El musulmán da la vida por el cristiano, el cristiano por el judío y todos ellos por el zoroastriano. Viven juntos en amor, camaradería y unidad. Han alcanzado la condición de renacimiento en el Espíritu de Dios. Han sido resucitados y regenerados mediante los hálitos del Espíritu Santo.

¡Alabado sea Dios! Esta luz ha venido del Este y con el tiempo no habrá discordia ni enemistad en el Oriente. Mediante el poder de Bahá'u'lláh todos estará unidos. Él izó este estandarte de la unidad de la humanidad en la prisión. Cuando se hallaba sometido al destierro por dos reyes, mientras era un refugiado de los enemigos de todas las naciones, durante los días de su largo encarcelamiento, escribió a los reyes y gobernantes del mundo con palabras de maravillosa elocuencia, acusándolos seriamente y convocándolos al divino estandarte de la unidad y justicia. Los exhortó a la paz y al acuerdo internacional, haciéndolos responsables del establecimiento de un cuerpo internacional de arbitraje, de un congreso de naciones con delegados seleccionados de todos los países y gobiernos, que construiría una corte universal de justicia para solucionar disputas internacionales. Escribió a la Reina Victoria de Gran Bretaña, al Zar de Rusia, al Emperador de Alemania, a Napoleón III de Francia y a otros, invitándolos a la unidad y paz mundiales. Mediante un poder celestial Él fue capaz de promulgar estos ideales en Oriente, los reyes no podían resistirse. Se esforzaron por extinguir su luz, pero esto sólo sirvió para aumentar su intensidad e iluminación. Mientras estaba en prisión, enfrentó al Sháh de Persia y al Sultán de Turquía y promulgó sus enseñanzas hasta que estableció firmemente la bandera de la verdad y la unidad de la humanidad. Yo estuve prisionero con Él durante cuarenta años hasta que los jóvenes turcos del Comité de Unión y Progreso derrocaron el despotismo de 'Abdu'l-Hamid; lo destronaron y proclamaron la libertad. Este comité me liberó de la tiranía y la opresión; de otro modo hubiese estado en prisión hasta los últimos días de mi vida. Mi intención es ésta: que Bahá'u'lláh en prisión fue capaz de proclamar y establecer los fundamentos de la paz aunque dos reyes despóticos eran sus enemigos y opresores. El rey de Persia, Násri'd-Din Sháh, había matado veinte mil bahá'ís, mártires que con absoluto desprendimiento y completa disposición ofrendaron alegremente sus vidas por su fe. Estos dos reyes poderosos y tiránicos no pudieron contrarrestar a un prisionero...

... Este Prisionero mantuvo en alto el estandarte de la humanidad y condujo al pueblo de Oriente al acuerdo y la unidad. Hoy, en Oriente, sólo aquellos que no siguieron a Bahá'u'lláh están en oposición y enemistad. Los pueblos de las naciones que lo han aceptado como estandarte de guía divina disfrutan una condición de verdadera camaradería y amor. Si asistierais a una reunión en el Este, no podríais distinguir entre cristiano y musulmán, no podríais saber quién fue zoroastriano, judío o budista; han fraternizado tan completamente que sus diferencias religiosas se han nivelado. Se asocian con el más extremo amor y fragancia espiritual, como si perteneciesen a una familia, como si fueran un solo pueblo.

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