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La religión de Dios (Primera parte)

Autor: Jesús González García
Curso:
6,50/10 (2 opiniones) |880 alumnos|Fecha publicaciýn: 25/07/2008
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Capýtulo 13:

 La unidad de la religión (Parte 1)

*Unidad de los profetas

Las Santas Manifestaciones que han sido fuentes fundadoras de los diversos sistemas religiosos están unidas y de acuerdo en sus propósitos y enseñanzas. Krishna, Abraham, Moisés, Zoroastro, Buda, Jesús, Muhammad, el Báb y Bahá'u'lláh son uno en espíritu y realidad. Además cada Profeta cumplió la promesa de Aquel que vino antes que Él y, a su vez, cada Uno anunció a Aquel que habría de seguirle.

Considerad cómo Abraham predijo la venida de Moisés, y Moisés encarnó la declaración abrahámica. Moisés profetizó el ciclo mesiánico, y Cristo cumplió la ley de Moisés. Es evidente, por tanto, que las santas Manifestaciones que fundaron los sistemas religiosos están unidas y de acuerdo; no hay diferenciación posible en sus misiones y enseñanzas; todos son espejos que reflejan la realidad, y todos promulgan la religión de Dios. La religión divina es la realidad y la realidad no es múltiple; es una. Por tanto, los fundamentos de los sistemas religiosos son uno debido a que todos provienen de la realidad indivisible; pero los seguidores de estos sistemas han disentido; discordia, lucha y guerra han surgido entre ellos, pues abandonaron el fundamento y se adhirieron a lo que sólo es imitación y apariencia. Puesto que las imitaciones difieren, el resultado es enemistad y disensión. Por ejemplo, Jesucristo, ¡que mi espíritu sea sacrificado por Él¡ echó los cimientos de la realidad eterna, pero después de su partida muchas sectas y divisiones aparecieron en la cristiandad. ¿Cuál fue la causa de ello? No cabe duda de que se originó en imitaciones dogmáticas, pues los principios de Cristo eran la realidad misma, en la cual no existe divergencia. Cuando aparecieron las imitaciones, se formaron las sectas y grupos disidentes.

Si los cristianos de todos los grupos de disidentes investigaran la realidad, los principios de Cristo los unirían. No quedaría enemistad u odio porque todos estarían bajo la guía única de la realidad misma. Del mismo modo, y en un plano más amplio, si todos los sistemas religiosos existentes se apartasen de las imitaciones ancestrales e investigaran la realidad buscando el significado verdadero de los Libros Sagrados, se unirían y concordarían sobre el mismo fundamento, la realidad misma. Mientras sigan doctrinas falsas o imitaciones en vez de la realidad, existirán la discordia y la animosidad, y éstas aumentarán. Dejadme ilustrar esto. Moisés y los profetas de Israel anunciaron el advenimiento del Mesías pero lo expresaron en lenguaje simbólico. Cuando Cristo apareció, los judíos lo rechazaron aunque estaban esperando su manifestación y en sus templos y sinagogas exclamaban y se lamentaban diciendo "¡Oh Dios, apura la venida del Mesías!". ¿Por qué lo negaron cuando se anunció? Porque habían seguido formas e interpretaciones ancestrales y estaban ciegos a la realidad de Cristo. No habían percibido los íntimos significados de la santa Biblia. Proclamaron sus objeciones diciendo: "Estamos esperando a Cristo, pero su venida está condicionada al cumplimiento de ciertos anuncios proféticos.

Entre las señales del advenimiento hay una que dice que vendrá de un lugar desconocido, en tanto que ahora este presunto Mesías ha venido de Nazaret. Conocemos su casa y conocemos a su madre". "Segundo, una de las señales o condiciones mesiánicas es que su cetro sería una vara de hierro y este Cristo ni siquiera tiene tallado de madera. Tercero, Él debía sentarse en el trono de David, mientras que este rey mesiánico se halla en el más extremo estado de pobreza y ni siquiera tiene una esterilla. Cuarto, Él debía conquistar el Este y el Oeste. Esta persona no ha conquistado siquiera una villa. ¿Cómo puede ser el Mesías? Quinto, Él promulgaría las leyes de la Biblia. Éste no sólo no las ha promulgado, sino que ha infringido la ley sabática. Sexto, el Mesías reuniría a todos los judíos dispersos en Palestina y les restauraría el honor y el prestigio, pero éste en vez de elevarlos los ha degradado. Séptimo, durante su soberanía incluso los animales disfrutarían de bendiciones y comodidades, pues de acuerdo a los textos proféticos, Él establecería la paz con tal alcance universal que el águila y la codorniz vivirían juntas, el león y el ciervo se alimentarían en la misma pradera, el lobo y el cordero pacerían juntos. En el reino humano la guerra cesaría completamente; las lanzas se convertirán en hoces y las espadas en arados.

Ahora vemos en el día de este pretendido Mesías que prevalece tal injusticia que incluso él mismo es sacrificado. ¿Cómo podría ser el Cristo prometido?" Y así expresaron palabras infamantes referidas a Él. Ahora bien, al estar los judíos sumergidos en el mar de las imitaciones ancestrales no podían comprender el significado de estas profecías. Todas las palabras de los profetas se cumplieron, pero debido a que los judíos se aferraron tenazmente a interpretaciones hereditarias, no entendieron los significados ocultos de la sagrada Biblia; por consiguiente, negaron a Jesucristo, el Mesías. El propósito de las palabras proféticas no era el significado externo o literal, sino el significado simbólico oculto. Por ejemplo, fue anunciado que el Mesías debía venir de un lugar desconocido.
Esto no se refería al lugar del nacimiento del cuerpo físico de Jesús. Se refería a la realidad de Cristo, es decir, la realidad de Cristo debía aparecer de un reino invisible, pues la realidad de Cristo es sagrada y santificada por encima del lugar.

Su espada sería de hierro. Esto significa que el instrumento era su lengua, la cual debía separar la verdad de lo falso, y mediante esa gran espada de ataque él conquistaría los reinos de los corazones. Él no conquistó por el poder físico de una vara de hierro; conquistó el Este y el Oeste mediante la espada de su prolación. Estaba sentado en el trono de David, pero su soberanía no era napoleónica ni el dominio efímero del faraón. El reino de Cristo era sempiterno, eterno en el cielo de la Voluntad divina. Al promulgar las leyes de la Biblia, la realidad de la Ley de Moisés era su propósito. La ley del Sinaí es el fundamento de la realidad de la cristiandad. Cristo la promulgó y le dio una expresión espiritual más elevada. Conquistó y subyugó al Este y al Oeste. Su conquista se efectuó a través de los hálitos del Espíritu Santo, el cual eliminó todas las fronteras y brilló en todos los horizontes.

En su día, de acuerdo a la profecía, el lobo y el cordero beberían de la misma fuente. Ello se realizó en Cristo, la fuente a que se hace referencia es el Evangelio, del cual mana el agua de vida. El lobo y el cordero son las razas divergentes y opuestas simbolizadas por estos animales. Su reunión y asociación eran imposibles, pero al convertirse en creyentes de Jesucristo aquellos que anteriormente eran como lobos y corderos se unieron mediante las palabras del Evangelio. La idea es que todos los significados de las profecías se cumplieron, pero debido a que los judíos eran cautivos de las imitaciones ancestrales y no percibían la realidad de los significados de estas palabras, negaron a Cristo. Más aún, fueron tan lejos que lo crucificaron. Considerad cuan dañina es la imitación. Estas eran interpretaciones transmitidas por padres y ancestros, y debido a que los judíos se aferraron a ellas fueron privados del Espíritu Divino.

Es evidente, entonces, que debemos abandonar tales imitaciones y creencias para que no cometamos este error. Debemos investigar la realidad, dejar de lado nociones egoístas y desterrar el rumor de nuestras mentes. Los judíos consideran a Cristo enemigo de Moisés, mientras que Cristo (al contrario) promovió la Palabra de Moisés. Esparció el nombre de Moisés a través de Oriente y Occidente. Promulgó las enseñanzas de Moisés. Si no hubiera sido por Cristo, no habríais oído el nombre de Moisés; y si la manifestación mesiánica no hubiese aparecido en Cristo, no hubiésemos recibido el Antiguo Testamento. La verdad es que Cristo cumplió la ley mosaica y apoyó a Moisés en todas formas; pero los judíos, cegados por las imitaciones y los prejuicios, lo consideran enemigo de Moisés.

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