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La religión de Dios (Primera parte)

Autor: Jesús González García
Curso:
6,50/10 (2 opiniones) |880 alumnos|Fecha publicaciýn: 25/07/2008
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Capýtulo 3:

 Armonía de las Religiones (parte 1)

Se permite que los pueblos y razas de la tierra se asocien los unos con los otros resplandecientes y con alegría. ¡OH pueblo! Relacionaos con los seguidores de todas las religiones en un espíritu de amistad y compañerismo. Así brilló el sol de su sanción y su autoridad sobre el horizonte del decreto de Dios, el Señor de los mundos. (Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, p.22)

Quienes se hallan dotados de sinceridad y lealtad deben relacionarse con todos los pueblos y razas de la tierra con alegría y esplendor, puesto que la relación con la gente ha promovido y continuará promoviendo la unidad y la concordia, las cuales, a su vez, conducen al mantenimiento del orden en el mundo y a la regeneración de las naciones. Benditos sean quienes se aferran al cordón de la amabilidad y la tierna misericordia y se hallan libres de animosidad y odio. (Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, p.36)

Ni tampoco. Ella (la fe bahá'í) pretende bajo circunstancia alguna invalidar esos eternos y primordiales principios que animan y sirven de base a las religiones que la han precedido. Ella admite y establece como su más firme y definitiva base, la autoridad, otorgada por Dios, con la que cada un de ellas está investida. No las considera bajo otra luz sino como etapas diferentes en la historia eterna y en la evolución constante de una religión Divina e indivisible, de la cual ella misma solo es parte integrante. Ni tampoco trata de oscurecer el Divino origen de estas religiones, ni de menoscabar la reconocida magnitud de sus colosales obras. No aprueba intento alguno que tienda a deformar su rasgos o a denigrar las verdades que inculcan. Las enseñanzas de la Revelación Bahá'í no se apartan en lo más mínimo de las verdades que ellas encierran, ni el peso de su mensaje resta un ápice ni una tilde a la influencia que ejercen o a la fidelidad que inspiran. Lejos de proponerse derribar el cimiento espiritual de los sistemas religiosos del mundo, su fin declarado e inalterable es el de ensanchar su bases y volver a proclamar sus principios fundamentales, reconciliar sus propósitos, reanimar su vida, demostrar su unidad, restaurar la prístina pureza de sus enseñanzas, coordinar sus funciones y ayudar a la realización de sus más altas aspiraciones. Como lo expresó de forma gráfica un profundo observador, esas religiones divinamente reveladas, "están condenadas, no a morir, sino a renacer... '¿Acaso no sucumbe el niño en la adolescente y el adolescente en el hombre, y sin embargo no perecen ni el niño ni el adolescente?'". (Shoghi Effendi, La Dispensación de Bahá'u'lláh, pp. 40-41)

El principio fundamental enunciado por Bahá'u'lláh -lo creen firmemente los seguidores de su Fe- es que la verdad religiosa no es absoluta sino relativa, que la Revelación Divina es un proceso continuo y progresivo, que todas las grandes religiones del mundo son de origen divino, que sus principios básicos están en completa armonía, que sus objetivos y propósitos son uno y el mismo, que sus enseñanzas no son más que facetas de una sola verdad, que sus funciones son complementarias, que sólo difieren en los aspectos no esenciales de sus doctrinas, y que sus misiones representan etapas sucesivas en la evolución espiritual de la sociedad humana. (Shoghi Effendi, Llamado a las Naciones, p.XI)

El propósito de la religión, tal como ha sido revelado desde el cielo de la Santa Voluntad de Dios, es establecer la unidad y la concordia entre los pueblos del mundo; no la convirtáis en causa de lucha y discordia. La religión de Dios y su ley divina son los más potentes instrumentos y el más seguro de todos los medios para hacer que la luz de la unidad alboree entre los hombres. El progreso del mundo, el desarrollo de las naciones, la tranquilidad de los pueblos y la paz de todos los que habitan en la tierra se hallan entre los principios y ordenanzas de Dios. La religión otorga al hombre el más preciado de los dones, ofrece la copa de la prosperidad, da la vida eterna y derrama beneficios imperecederos sobre la humanidad. (Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, p.135)

Que las diversas comuniones de la tierra y los múltiples sistemas de creencia religiosa, nunca se permitan fomentar los sentimientos de animosidad entre los hombres es, en este Día, la esencia de la Fe de Dios y su Religión. Estos principios y leyes, estos firmemente establecidos y poderosos sistemas han procedido de una única Fuente, y son los rayos de una única Luz. Que difieran uno del otro debe atribuirse a los requerimientos variables de las épocas en que ellos fueron promulgados. (Bahá'u'lláh, Epístola al Hijo del Lobo, pp. 12-13)

OH vosotros que habitáis en la tierra! La religión de Dios es para el amor y la unidad; no hagáis de ella la causa de enemistad o disensión. (Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, p.234)

La religión debería unir a todos los corazones y hacer que las guerras y las disputas se desvanecieran de la faz de la tierra, dando nacimiento a la espiritualidad, confiriendo vida y luz a cada corazón. Si la religión se convierte en causa de aversión, de odio y de división, sería mejor no tener ninguna y apartarse de semejante religión sería un acto verdaderamente religioso. Pues está claro que el propósito de un remedio es curar; pero si el remedio sólo sirve para agravar la enfermedad sería mejor desecharlo. Una religión que no sea causa de amor y unidad no es una religión. Todos los santos profetas fueron como médicos para el alma; prescribieron un tratamiento para la curación de la humanidad; por tanto, cualquier remedio que cause enfermedad no proviene del gran Médico Supremo. ('Abdu'l-Bahá, París Talks, p. 133)

Bahá'u'lláh ha dicho que si un miembro inteligente de cada uno de los sistemas religiosos fuese seleccionado y estos representantes se reunieran tratando de investigar la realidad de la religión, establecerían un cuerpo interreligioso ante el cual serían presentadas todas la diputas y diferencias de credo para su consideración y solución. Tales cuestiones podrían entonces ser analizadas y contempladas desde el punto de vista de la realidad y todas las imitaciones serían descartadas. Mediante este método y procedimiento, todas las sectas, grupos y sistemas se volverían uno sólo.

(`Abdu´l-Bahá, Promulgación de la Paz Universal, pp. 270-271, Charla en la Iglesia Unitaria de todas las Almas, Fourth Avenue y Twentieth Street, Nueva York, 13 de julio de 1912)

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