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El recurso humano en las empresas

Autor: Fabio Muñoz Jimenez
Curso:
9/10 (3 opiniones) |7968 alumnos|Fecha publicaciýn: 28/06/2005
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Capýtulo 3:

 Integrados en la Nueva Economía

Hace ya 50 años el gran paleontólogo francés Pierre Theilard de Chardin, con su "noosfera", y el canadiense Mcluhan, con su idea de aldea global, describían un mundo global, totalmente integrado e intercomunicado; éste mundo que vivimos medio siglo después es la Era de la Nueva Economía.

El mundo electrónico de hoy se traduce en la comunicación permanente y total que se mantiene entre los nudos cada vez más densificados de la Red que a todos nos une. Internet está regida por las leyes de Moore (el potencial de cálculo se duplica cada 18 meses) y de Metcalf (el rendimiento de la red crece con el cuadrado de sus partícipes).

En ese nuevo contexto mundial, el tema de la nueva economía ha sido tratado por muchos economistas, con visiones muy diversas. Pero de manera en especial relevante por el principal protagonista de la prolongada saga de expansión, el Presidente de la Reserva Federal de EEUU, Alan Greenspan. Concretamente, cuando atribuyó el progreso económico en curso a un cierto factor X, para desde él interpretar qué está pasando y qué podrá suceder de cara al futuro; sin recurrir a los razonamientos neoclásicos, keynesianos, monetaristas.

Tendencias

Entre las piezas básicas que en una primera visión integran el comentado factor X, podríamos sintetizar -para EEUU, pero también a efectos europeos en la mayoría de los aspectos-, con una rápida secuencia de circunstancias: fuerza de trabajo abundante y barata por las inmigraciones de asiáticos e hispanos (o de magrebíes y subsaharianos en Europa); insumos muy económicos -hasta el encarecimiento del petróleo en la segunda mitad de 1999- por las tendencias deflacionarias de los mercados internacionales basadas, en parte, en la liberalización del comercio tras la Ronda Uruguay (y también a causa de la fuerte apreciación del dólar en EEUU); fuertes entradas de capital para inversiones en los mercados financieros, compensatorias del déficit comercial creciente en la Unión norteamericana (y salidas desde la Unión Europea, con los conocidos efectos muy negativos en la cotización del euro); activación de las inversiones como consecuencia del efecto enriquecimiento, más que compensador, al menos hasta ahora, el evidente declive del ahorro privado en la América sajona.

Con todo, dentro de los variados impulsos de la nueva economía, el elemento más diferenciador de otros tiempos, es el auge de las nuevas tecnologías: agricultura revolucionada por la agroquímica, la biotecnología (transgénicos y animales de diseño), lucha ecológica, etc.; dispositivos de fabricación automatizada con robotización al alza en la industria; nuevos diseños, materiales en equipos cada vez más sofisticados; y en la distribución comercial, logística avanzada, y comercio electrónico a todos los niveles.

Adicionalmente, en la senda del progreso técnico hay que referirse a los sistemas de organización de empresas: reingeniería, empowerment, benchmarking, calidad total, sostenibilidad ambiental con vertido cero, I+D combinado con innovación, liderazgo promotor y de transacción, intensificación del capital humano, etc. En ese sentido, las escuelas de negocios ofrecen a empresarios y ejecutivos la oportunidad de reciclarse en un mundo de nuevas posibilidades.

Y por último, pero no lo menos importante, está todo lo referente a Internet. Baste con recordar lo que significa el comercio electrónico en sus distintas manifestaciones de B2B, B2C, B2E, Intranet, Extranet, etc. Con todas las incidencias que tales avances tienen en sectores de distribución, relaciones financieras, conexiones con la Administración Pública, comunidad científica, educación y cultura, etcétera.

Por lo demás, la Nueva Economía se engarza estrechamente con la globalización. Un tema que se manifiesta en la apertura de los mercados mundiales para un comercio cada vez más libre, sin barreras. En ese contexto sirva, como botón de muestra recordar cómo en España, en 1963, se publicó el Arancel Ullastres, con una protección media ad valorem del 30-35%. En tanto que en el 2000, la Tarifa Integrada de la Comunidad Europea (TARIC),esto es, el Arancel Exterior Común de la CE, sólo supone el 2% ad valorem como promedio (agricultura aparte). Lo cual significa, lisa y llanamente, que los sistemas productivos de los países de la UE (también el de España) se sitúa en medio de un escenario casi absolutamente libre; que como es lógico exige de las empresas altos niveles de productividad y un máximo esfuerzo de competitividad de cara al mercado internacional.

Por otra parte, la globalización se traduce en una malla de entidades privadas y públicas que se materializan en la acción de las multinacionales; y de las organizaciones de las Naciones Unidas y del G-7. Con ineficiencias considerables, por el hecho de que los estados/nación pierden capacidades para actuar, sin que los organismos de ámbito mundial las ganen de manera suficiente.

En definitiva, el escenario en que vivimos, es algo más que nueva economía, globalización y sociedad digital. Se trata de un proceso de numerosos perfiles, que va ganando en extensión y profundidad. Y como Mike Moore, Director de la OMC, manifestó en el momento más difícil de Seattle 99, la alternativa a la nueva economía y la globalización no sería otra que volver a la Guerra Fría; con todo lo que ello vendría a significar de revivencias militaristas y de grandes inversiones del armamentismo. En contra de lo que sucede ahora, cuando la acumulación pacífica, sin ninguna Tercera Guerra Mundial a la vista desde 1975, está generando recursos ingentes -la acumulación pacífica o dividendos de la paz, tan frecuentemente olvidados por los economistas- que necesitan colocarse a efectos de inversión en los mercados financieros.

Ello explica que tras caídas bursátiles considerables siempre haya, por lo menos hasta ahora, rápidas recuperaciones no poco admirables. Pero lo que llevamos visto, no nos permite asegurar que estemos en un camino de rosas. La nueva economía -dicen sus más acendrados defensores-, se pretende que está coincidiendo con una nueva era de prosperidad indefinida, basada en un ciclo muy prolongado (lo que se llama, en la jerga anglosajona, el high tech cycle). Lo cual significaría para los impertérritos newagers, la erradicación de los ciclos económicos, tal como éstos se han conocido hasta el comienzo de la década de 1990. No obstante, y aparte de toda clase de escepticismos, de lo que no cabe duda es de que habrá una tendencia a crecientes altibajos en los mercados, que podría poner en peligro la dinámica de estabilidad.

Visión

En ese sentido, se han pronunciado personas como Laura Tyson y Robert Kuttner; al subrayar, la primera, el tema de la volatilidad creciente y del imposible control de los mercados internacionales. En tanto que Kuttner señala cómo en una verdadera creación de valor para el accionista en las sociedades tipo Internet, es absolutamente indispensable generar cash flow; para así repartir beneficios, asegurar amortizaciones, y mantener sin excesivas inverosimilitudes los niveles de capitalización bursátil; y por ende, un nivel adecuado de cotizaciones.

Por lo tanto, no puede tenerse una visión de optimismo sin sombra de otra cosa. El mercado ha de corregir (ya lo está haciendo) muchas exuberancias y excesos. Aparte de que toda una serie de frenos aparecerán, probablemente, en una segunda etapa de la economía digital: deseconomías de escala en las megafusiones que hoy buscan sobre todo las ventajas competitivas del gran tamaño; problemas con las administraciones públicas a causa de la erosión de la competencia en los mercados; límites al crecimiento por razones ecológicas; y también por la escasez de recursos humanos, que no se encontrarán fácilmente por la lentitud en los métodos de formación profesional.

El presente y el futuro del trabajo

Actualmente, el mercado laboral está sometido a un proceso de transformación. Dos de los fenómenos más importantes de este cambio son la aceleración tecnológica y la globalización económica.

El desarrollo espectacular de las nuevas tecnologías está sustituyendo ocupaciones que antes realizaban personas. La automatización y la robótica afectan a la ocupación industrial. Si en este sentido se ha hablado de "crisis del trabajo", el cambio también implica el aumento de la demanda de profesionales preparados para usar las nuevas tecnologías o para servirse de ellas generando nuevos tipos de trabajo. Podemos hablar así más bien de un cambio en la concepción tradicional del empleo.

La globalización acerca el tiempo y espacio. Implica un mundo conectado a través de redes, una tendencia mundial de los fenómenos, una actuación económica a escala planetaria y una interdependencia entre las partes en juego.

La globalización se ha hecho visible en las finanzas, el comercio, la producción, etcétera. El peso que han adquirido las multinacionales y la masa de trabajadores que arrastran ha llevado a que su poder se equipare al de los Estados. Más de la mitad de los cien mayores entes económicos del mundo no son países, sino empresas.

Esta situación incide en el mundo del trabajo de distintas maneras. Se crean culturas de empresa estandarizadas a nivel internacional, por ejemplo, y se da un desplazamiento de los centros de producción hacia países de Oriente o del Sur en busca de escalas salariales más bajas.

El presente del mundo laboral, anuncia las tendencias que nos depara el futuro. Pero las posibilidades son muchas y muy diferentes. Está en nuestras manos confeccionar el mejor camino hacia el futuro del mundo del trabajo.

Algunas ideas que se apuntan para un hipotético futuro:

Fragmentación del tiempo Formación continuada Riesgo en las inversiones y proyectos Nuevos servicios Trabajo voluntario Nuevas tecnologías Trabajo en red Contratación flexible Movilidad laboral y geográfica

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