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El recurso humano en las empresas

Autor: Fabio Muñoz Jimenez
Curso:
9/10 (3 opiniones) |7968 alumnos|Fecha publicación: 28/06/2005
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Capítulo 9:

 Globalización... ¿qué significa? II

¿Pone en peligro la globalización, un modelo de sociedad?

La Globalización organizaría y pondría en escena la importancia de lo político. No sería posible una política nacional independiente en un mundo donde los países son económicamente interdependientes.

Bajo este vocablo, "globalización" se encuentra hoy un fenómeno complejo de dimensiones múltiples, que mezclan el desarrollo de los países antaño pobres, la desregulación de los mercados y la disminución de la tasa de crecimiento. Habríamos pasado, sin transición, de un modelo económico dirigista (en el caso Francia) a otro puramente liberal, el de antes del keynesianismo.

Vale la pena decirlo en seguida: nadie sabe lo que nos depara esta evolución, tanto más por el hecho de que entramos en esta fase de la globalización sin el auxilio de ninguna institución internacional de regulación", nos dicen Jean Paul Fitoussi y Pierre Rosanvallon (ob. cit.).

"Ante todo está la ganancia, en función de la cual se instituye lo demás. Sólo después se distribuyen las sobras de las dichosas "creaciones de riqueza", sin las cuales, se nos dice, no habría nada, ni siquiera esas migajas que por otra parte se van reduciendo: no hay otra reserva de trabajo ni de recursos.

Así pues, tenemos un mercado libre para obtener ganancias; planes sociales encargados de expulsar de su trabajo, al menor costo posible, a hombres y mujeres que a partir de entonces quedan privados de medios de subsistencia e incluso de un techo; un estado providencial que actúa como si reparara las injusticias flagrantes, a menudo inhumanas. Y a ellos se suman esos beneficiarios que se sienten humillados por hallarse en tal estado (y lo están), cuando no se considerará "beneficiario", de la cuna a la tumba, a un heredero.

Y en ese mundo (que se instala bajo el signo de la cibernética, la automatización, y las tecnologías revolucionarias y que desde ahora ejerce el poder), los trabajadores, pobres diablos, aún creen poder colocar "su mercado de trabajo".Es para llorar de risa.En otra época debían aprender a conservarse en sus puestos. Ahora deberán aprender a no tener puesto alguno, y ese es el mensaje que se les envía, por el momento de manera muy discreta. No obstante, ese es el camino que se está siguiendo.

Estamos ante una elección. A partir de ahora tenemos la facultad de decidir -¡a la carta!- si preferimos la desocupación a la pobreza o ésta a aquélla.

Pero nadie tenga la menor duda: ¡tendremos las dos cosas!

Las grandes empresas y las organizaciones mundiales, los excesos (asistencia social) de otras épocas, culpables de todos los males (mucho más en Europa): salario mínimo, vacaciones pagas, asignaciones familiares, seguro social, subsidios para la educación, locuras culturales, para citar sólo algunos ejemplos de tamaño desbarajuste; son fondos robados a los objetivos de la economía de mercado. Para mantener gente que no pide tanto. La búsqueda de trabajo es suficiente ocupación para toda una vida. No hallarlo le agrega un poco de sabor.

A la gran mayoría le queda una última función importante que cumplir: la de consumidores. Consumir es nuestro último recurso, nuestra última utilidad. Aún servimos para esa función de clientes necesarios para el "crecimiento" puesto por las nubes, tan deseado, proclamado como el fin de todos los males, esperado con tanta ansiedad.

Por primera vez, la masa humana ha dejado de ser necesaria desde el punto de vista material -y menos aún desde el punto de vista económico- para esa pequeña minoría que detenta el poder y para la cual la existencia de las vidas humanas que evolucionan por fuera de su círculo íntimo sólo tiene un interés utilitario, como se advierte cada día más claramente", nos dice Viviane Forrester en su libro El Horror Económico ( Fondo de Cultura Económica - 1997).

"La idea del comercio libre se ha convertido en un mito. De hecho, la idea hoy se acepta como un dogma económico en todo el mundo..........En líneas generales, los economistas proclaman la liberación, pero hacen caso omiso de los costos que ello representa en materia de despidos, rebajas salariales y deterioro del medio ambiente.

Para las naciones bien pobladas y dotadas de abundantes recursos naturales, el proteccionismo es muy superior al comercio libre", nos dice Ravi Batra en su libro El Mito del Libre Comercio (Editorial Vergara - 1993).

"Es preciso oponerse con razones claras al punto virtualmente incontestado de que el libre comercio es bueno, crea riqueza y ayuda a los países menos adelantados.

La visión del libre comercio distorsiona la capacidad potencial para conseguir que el mundo sea un lugar mejor, donde reine la cooperación y no la competencia ruinosa.

El libre comercio promete más de lo que puede dar y, como todos los yonquis a los que le falta la droga, su única solución es repetir la dosis.

Los defensores del libre comercio dicen que su preocupación primaria es incrementar el tamaño de la tarta económica del mundo y que una vez logrado esto, habrá sin duda más a repartir entre todos y que algo les "caerá" a los más pobres.

Ni el libre comercio. Ni el viejo proteccionismo nos capacitarán para superar los temibles desafíos con que se va a enfrentar el mundo en el siglo XXI..

Se ha pasado de la división mercantil del trabajo a la división industrial del trabajo, luego a la división imperial del trabajo y actualmente a la división multinacional del trabajo.

En su inmensa mayoría, las cada vez más abundantes multinacionales se escapan del control estatal de los países donde operan, y ya no suelen tener su sede en sus comunidades nacionales.

Las empresas tienen una movilidad cada día mayor y no dudan en trasladarse a los lugares donde los recursos son abundantes y donde las leyes laborales y la protección del medio ambiente son menos rigurosas; mejorando la competitividad, pero empeorando por lo general las condiciones.

Hay que romper el ciclo de más comercio internacional que constituye una amenaza para el medio ambiente, la justicia social y el empleo sostenible", nos dicen Tim Lang y Colin Hines en su libro El Nuevo Proteccionismo ( Ariel 1996).

"El autor cita a Singer y Wildavsky que dicen: "La clave para entender el orden del mundo real es separar el mundo en dos partes. Una parte la constituyen las zonas de paz, riqueza y democracia. La otra parte es la de disturbios, guerra y desarrollo. Podemos decir cosas útiles sobre las zonas de paz; y cosas útiles sobre las zonas de disturbios, pero si tratamos de considerar al mundo como un todo, lo que conseguiremos son falsedades o trivialidades".

La visión de hoy está señalada por un nuevo grado de pesimismo.

El ubicuo esfuerzo para acumular capital introduce una presión económica que se disemina por todo el sistema.

La resignación resume la visión que el pasado lejano tenía sobre el futuro; la esperanza, la que tuvo ayer; la aprensión es el talante dominante del hoy.

El historiador y crítico social Leo Marx comenta que sólo hay un pequeño paso desde la "destrucción de la fuerza moral" al término "alienación" de Karl Marx y su advertencia en 1844 de que "la devaluación del mundo humano aumenta en relación directa con el aumento de valor del mundo de las cosas".

En concreto, la internacionalización actualmente intensifica las ansiedades surgidas por las pobres actuaciones económicas tanto en Europa como en Estados Unidos. Se plantea la pregunta de cómo se hará cargo el mercado del cada vez mayor número de norteamericanos, mexicanos o ciudadanos de cualquier país que se encuentran en paro a causa de la gran penetración del mercado en sus fronteras.

Uno de los problemas del capitalismo es que las desigualdades de beneficios y propiedad pueden exhibir diferencias que consideraríamos intolerables si se aplicaran a los derechos políticos como el voto o a los derechos civiles como la igualdad ante la ley. De ahí que mientras que el espíritu político occidental siga desplegando su disgusto por la desigualdad política y cívica, no es irrazonable esperar que la tolerancia a la extrema desigualdad económica caerá tarde o temprano. Hasta que este espíritu igualitario se revele por si mismo ....sigue constituyendo otra causa de nuestro malestar subyacente" nos dice Robert Heilbroner (ob. cit,).

"El liberalismo no es lo mismo que el capitalismo, cualquiera que sea su definición. El primer compromiso de un liberal es con una cultura política particular, con un proceso de autogobierno en el que los cuidadanos constituyen una sociedad que les permite realizar sus ideales personales bajo condiciones de libertad e igualdad. La propiedad privada y los mercados competitivos, si son regulados adecuadamente, sirven como un elemento de este ideal liberal más amplio.

Se requerirán generaciones de esfuerzo movilizado -muchos más nuevos comienzos- antes de que cualquier sociedad occidental empiece a aproximarse al ideal liberal de igualdad sin dominación.

El reto es trabajar a favor de la justicia social en la distribución de oportunidades para la riqueza y el desarrollo individual.

Merece la pena señalar que el liberalismo moderno no santifica los derechos de propiedad sobre todos los demás. En oposición a los ideales del laissez-faire del siglo XIX persigue un fin superior: permitir que todos los ciudadanos desarrollen su propia personalidad bajo condiciones de igual libertad. Aunque la propiedad privada y la libertad para contratar son aspectos fundamentales de este ideal, tambien lo son una educación liberal y la genuina igualdad de oportunidades. Los propietarios no tienen derecho a reclamar un tratamiento especial mientras existan injusticias más grandes a las que se otorgue una menor prioridad", nos dice Bruce Ackerman (ob. cit.).

"En el Hotel Fairmont de San Francisco se efectuó una reunión de notables de los negocios, universidades y gobernantes del mundo (500 de primera línea) en septiembre de 1995; se pone en marcha una mesa redonda sobre "tecnología y trabajo en la economía global". Los pragmáticos de Fairmont reducen el futuro a un par de números y un concepto: "20 a 80" y "tittytainment".

En el próximo siglo, el 20% de la población activa bastará para mantener en marcha la economía mundial. No se necesitará más fuerza de trabajo.

En Fairmont se esboza un nuevo orden social: países ricos sin una clase media digna de mención..........y nadie le contradice.

Mas bien hace carrera la expresión tittytainment, que pone sobre la mesa el veterano Zbigniew Brzezinski; tittytainment, es una combinación de entertainment y tits (pechos en argot americano) al decirlo Brzezinski piensa menos en el sexo que en la leche que brota del pecho de una madre lactante. El buen humor de la frustrada población del mundo podría mantenerse con una mezcla de entretenimiento aturdidor y alimentación suficiente.

¿Cómo la quinta parte podría ocupar al resto superfluo?. Los participantes en el debate esperan que la integración y el sentido para su vida provenga del amplio campo de los servicios voluntarios a la sociedad, la ayuda a los vecinos, la práctica de deportes o la participación en asociaciones de todo tipo. "Se podrían revalorizar estas actividades mediante una modesta remuneración y fomentar la autoestima de millones de ciudadanos"

La dirección en la que apunta el conocimiento acumulado de los directivos y la ciencia llevan directamente a la era premoderna.

El estado del bienestar "se ha convertido en una amenaza para el futuro", un plus de desigualdad social es inevitable, opinan algunos periódicos especializados ....adaptación hacia abajo.

"El continente ha estado viviendo por encima de sus posibilidades: una nueva ola de ahorros golpea Europa" otros titulares.

Lo que hacen los reformadores que operan bajo el signo de la globalización es mas bien denunciar el contrato social no escrito de la república (Alemania), que mantiene la desigualdad social dentro de unos límites mediante la redistribución hacia abajo.

En un movimiento global de pinza, la nueva internacional del capital desquicia estados enteros y su actual ordenamiento social. En todo el mundo desciende el porcentaje con que los propietarios de capital y patrimonio contribuyen a la financiación de los gastos del estado. Por otra parte los que dirigen las corrientes globales de capital bajan continuamente el nivel salarial de sus empleados contribuyentes.

Ninguna nación puede oponerse sola a esta presión.

Las cotizaciones en bolsa y los beneficios de los consorcios ascienden en porcentajes de dos dígitos mientras los salarios y jornales descienden. Al mismo tiempo el paro crece en paralelo a los déficit de los presupuestos públicos.

Caminando hacia atrás en el futuro algunos empresarios de máximo nivel dicen: "el viento de la competencia se ha convertido en una tempestad, y el verdadero huracán aún está por venir"

Pretenden hacer creer que todo esto es por así decirlo un proceso natural, resultado de un incesante progreso técnico y económico. Esto es absurdo. La interdependencia económica global no es en modo alguno un acontecimiento natural, sino que fue producido concientemente por una política orientada a unos fines.

Desde la eliminación del mercado de divisas hasta la constante expansión del acuerdo de comercio mundial del GATT, los políticos gobernantes de los países industrializados de occidente han producido sistemáticamente ese estado de cosas que ya no pueden controlar.

Pero el turbocapitalismo, cuya victoria en todo el mundo parece ahora imparable, destruye los fundamentos de su existencia: un espacio capaz de funcionar y una estabilidad democrática. El ritmo del cambio y la redistribución del poder y el bienestar erosionan las viejas unidades sociales con mayor rapidez de lo que las nuevas pueden desarrollarla. Los hasta ahora países del bienestar consumen la sustancia social de su cohesión más de prisa aún que la ecológica.

Para la mayoría de los perdedores (tanto sea en Estados Unidos, Europa, Japón, China o la India) tiene que sonar como una burla el lema de la cumbre del G-7 en Lyon a finales de Junio de 1996: "hacer de la globalización un éxito en beneficio de todos".

La globalización se convierte en una trampa para la democracia.

Sólo ingenuos teóricos o políticos cortos de vista creerán que se puede, como está ocurriendo actualmente en Europa, privar año tras año a millones de personas de trabajo y seguridad social sin pagar en algún momento el precio político por ello.

Al contrario que en la lógica empresarial, en las sociedades democráticas no hay surplus people, ciudadanos superfluos.
Los perdedores tienen un voto, y lo utilizarán. No hay razón para estar tranquilos: el terremoto social seguirá al político.
Los excluídos responden por su parte con la exclusión (xenofobia, separatismo, aislamiento).
No es la pobreza, sino el miedo a ella, el que pone en peligro a la democracia.

Los periódicos especializados constatan (1995) que "la capacidad de los bancos emisores para hacer bajar por si solos los tipos de interés había desaparecido. También describieron la importancia de los bancos emisores frente a las subidas y bajadas del billonario mercado de divisas, cuyo volumen diario de negocios es casi el doble que todas las reservas de los bancos centrales juntos.

De Estados Unidos a Australia, desde Gran Bretaña hasta Japón el bienestar de masas desaparece con rapidez de las naciones líderes de la economía mundial.

El miedo al futuro y la inseguridad se extienden, el tejido social se resquebraja. Pero la mayoría de los responsables niega su responsabilidad.

La competencia en una economía global brutal crea un mercado de trabajo global. Ningún empleo está seguro.

Las consecuencias de la creciente libertad de comercio (apoyadas por la acción del GATT y la OMC) son abrumadoras.

Con la total liberación del tráfico internacional de capital y divisas, el ataque más radical a la constitución económica de las democracias se abrió paso sin resistencia digna de mención.

Cuanto mejor se puede disponer sin fronteras de producción y capital, tanto más poderosas e ingobernables se vuelven esas organizaciones, en parte gigantescas, que hoy atemorizan y privan de poder a los gobiernos y a sus electores por igual: los consorcios transnacionales (TNC son sus siglas en inglés).

El Secretario General de la OMC, Renato Ruggiero, planea incluso la definitiva eliminación de todos los aranceles........en todo el mundo", nos dicen Hans-Peter Martin y Harald Schumann (ob. cit.).

"En una economía global un trabajador puede ofrecer dos cosas: habilidades o la voluntad de trabajar por salarios bajos.

La competencia cabeza a cabeza nunca es un juego de tu ganas-yo gano; en el mejor de los casos es un juego de tu ganas-yo pierdo, y todos pueden verlo potencialmente como un juego de tu pierdes-yo pierdo.

Para ser eficaz, una economía mundial abierta, multipolar e integrada exige la coordinación fiscal y monetaria entre los principales países: Alemania, Japón, y Estados Unidos", nos dice Lester Thurow en su libro La Guerra del Siglo XXI (Editorial Vergara - 1992).

"Ventajas efímeras. Las mismas fuerzas que han hecho que las ventajas en los factores sean menos decisivas, también han hecho que sean extraordinariamente efímeras con harta frecuencia. La ventaja competitiva que se basa en los costes de los factores es vulnerable a unos costes todavía más bajos de los mismos en algún otro lugar, o en la intervención de unos gobiernos que deseen subvencionarlos. El país que hoy en día ofrece el más bajo coste de mano de obra se verá rapidamente desplazado por el que lo ofrezca mañana. La fuente más barata para el aprovisionamiento de un recurso natural puede cambiar de la noche a la mañana en el caso de que una nueva tecnología permita la explotación de ese recurso en lugares que hasta entonces se hubieran considerado imposibles o antieconómicos", nos dice Michael E. Porter en su libro La Ventaja Competitiva de las Naciones (Editorial Vergara - 1991).

"El comercio internacional nos ha entrelazado en una dependencia y compromiso mutuos. Estamos interconectados en una red que nos atrapa" nos dicen Charles Hampden-Turner y Alfons Tronpenaars en su libro Las Siete Culturas del Capitalismo (Editorial Vergara - 1995).

"Durante las últimas generaciones, el pensamiento económico estuvo dominado por los economistas neoliberales del libre mercado y se asocia a nombres como Milton Friedman, Gary Becker, y George Stigler. Podemos considerar que la economía neoliberal está en lo cierto, digamos en un ochenta por ciento.

Los denominados neomercantilistas (que abordan el otro veinte por ciento, según Fukuyama, que trata de la vida social, las costumbres, la moral, los hábitos de la sociedad en que transcurre la vida económica y que la condiciona) que han discutido con los economistas del libre mercado durante la última década. Quienes proponían la segunda perspectiva -incluyendo personas como Chalmers Johnson, James Follows, Clyde Prestowite, John Zysman, Karl Van Wolferen, Alice Amsden y Laura Tyson- han argumentado que las economías dinámicas y de rápido crecimiento de Asia oriental han tenido éxito por no seguir las normas de la economía neoliberal, sino por violarlas.

Los países asiáticos que se han desarrollado con tanta rapidez, según los neomercantilistas, no habrían logrado sus sorprendentes altas tasas de crecimiento gracias al funcionamiento sin trabas de los mercados libres, sino debido a la intervención de los gobiernos de cada uno de esos países, que se ocuparon de promover el desarrollo a través de políticas industriales.

El debate generado por los neomercantilistas ha girado en torno a dos temas: si en realidad fueron las políticas industriales las responsables de las altas tasas de crecimiento de Asia y si los gobiernos son capaces de dirigir el desarrollo económico mejor que los mercados.

La economía neoliberal es una empresa intelectual mucho más seria y sostenida que el neomercantilismo. Una cantidad de pruebas empíricas confirman que los mercados son, en efecto, eficientes asignadores de recursos y que dar rienda suelta al egoísmo promueve el crecimiento.

El problema de la economía neoliberal es que ha olvidado ciertos fundamentos clave en los cuales se basa la economía clásica. Adam Smith, el maestro de los economistas clásicos, creía que el ser humano era impulsado por el deseo egoísta de "mejorar su condición", pero nunca hubiera adherido a la noción de que la actividad económica podría ser reducida a la maximización utilitaria racional. El ser humano actúa con fines no utilitarios en forma racional y con orientación grupal con suficiente frecuencia como para afirmar que el modelo neoclásico nos presenta una imagen incompleta de la naturaleza humana", nos dice Francis Fukuyama en su libro Confianza (Trust) Editorial Atlantida - 1996).

"La constante más inmediata es que las personas y comunidades favorecidas por su posición económica, social y política, atribuyen virtudes sociales y permanencia política a aquello de lo que disfrutan. Esa atribución se reivindica incluso ante la abrumadora evidencia en sentido contrario. Las creencias de los privilegiados se ponen al servicio de la causa de la satisfacción continua y se acomodan de modo similar las ideas económicas y políticas del momento.

Lo que es nuevo en los países capitalistas -y se trata de un punto vital- es que la satisfacción imperante y la creencia resultante son ahora cuestión de muchos, no sólo de unos pocos. Operan bajo la convincente cobertura de la democracia, aunque no una democracia de todos los ciudadanos, sino de aquellos que, en defensa de sus privilegios sociales y económicos, acuden a las urnas. El resultado es un gobierno que se ajusta no a la realidad o a la necesidad común sino a las creencias de los satisfechos, que constituyen hoy la mayoría de los que votan.

En el pasado, los afortunados económica y socialmente eran, como sabemos, una pequeña minoría, un pequeño grupúsculo que dominaba y gobernaba. Hoy representan una mayoría aunque, como se ha dicho, una mayoría no de todos los ciudadanos sino de los que realmente votan.

Les llamaremos la mayoría satisfecha, la mayoría electoral satisfecha, en una visión más amplia, la cultura de la satisfacción.......gobiernan bajo el cómodo abrigo de la democracia, una democracia en la que no participan los menos afortunados(incluye a los directores de empresas, a sus mandos medios y superiores, a hombres y mujeres de negocios independientes, a profesionales, agricultores (subvencionados) y pensionistas)..........es su propio interés, naturalmente, el impulso dominante de la mayoría satisfecha, lo que en realidad la controla.

En el centro de las ciudades de Estados Unidos y Europa existe una amenaza constante de conflicto, delito y desorden social de la subclase. El tráfico de drogas, los tironeos indiscriminados y otros delitos, así como la desorientación y desintegración de las familias son ya elementos de la existencia cotidiana.

Esto se debe, en una parte sustancial, a que una economía que se expande con menos vigor y una industria que se traslada a emplazamiento económicos más favorables ha privado a la subclase de los empleos lndustriales relativamente estables y tranquilos que había antes en las grandes ciudades. Pero también, y sobre todo, a que se ha paralizado la normal movilidad social de ascenso que fue durante mucho tiempo el disolvente del descontento. La subclase se ha convertido en un fenómeno sempiterno ya no generacional. La razón es que lo que era un paso que iniciaba el ascenso en la vida económica se ha convertido ahora (1989) en un callejón sin salida.

Aunque considerando la vida sórdida a la que está abocada la subclase moderna, sobre todo si se la compara con la mayoría satisfecha, es asombroso en realidad que el descontento y sus manifestaciones más violentas y agresivas no sean mayores de lo que son.

Para la economía de la satisfacción es básico el compromiso general con el laissez-faire. Nada que suceda en el corto plazo es contrario al bienestar a largo plazo. La intervención del estado, con su mano que controla o sostiene, no es precisa y, salvo cuando un banco o una gran empresa necesita que la salven o hace falta reforzar la defensa común, nunca es beneficiosa. El instrumento específico que garantiza la benignidad, concretamente citado y proclamado, es el mercado.

En realidad hace ya mucho tiempo que los economistas han admitido que el mercado no produce resultados socialmente aptos. Hay monopolio y hay numerosas imperfecciones menores de la competencia. Lo mismo es algo aceptado la distribución del poder notoriamente desigual entre empleador y empleado y una distribución intrínseca y enormemente desigual de la renta.

Lo que no se acepta y, en realidad, no se reconoce, es la fuerte tendencia del sistema económico a volverse perjudicialmente no contra los consumidores, los trabajadores o el público en general, sino hacia adentro, contra si mismo.

La tendencia autodestructiva del capitalismo moderno empieza en la gran empresa. La anomalía está en que la dirección es la que tiene el poder y la dirección, a pesar de ese poder, ha de supeditar, se teoriza, su propio interés al de los accionistas, que individualmente carecen de poder.

Para servir a la satisfacción había, y hay, tres exigencias básicas. Una, defender una limitación general a la intervención del estado en la economía; la segunda, es encontrar satisfacción social para la posesión ilimitadas y desinhibidas de riqueza.; el tercer elemento que hace falta es justificar un sentimiento menor de responsabilidad pública hacia los pobres", nos dice John Kenneth Galbraith en su libro La Cultura de la Satifacción (Emecé Editores - 1992).

"Actualmente (1992) y en el futuro, los conflictos sociales y políticos no serán entre el capital y el trabajo, sino entre los bien situados y los relativa o específicamente pobres. Es posible que dichos conflictos no sean pacíficos. La participación política es un disolvente de las tensiones, y, cuando no se dispone de dicha participación, la única alternativa es la violencia", nos dice John Kenneth Galbraith en su libro Un Viaje por la Economía de Nuestro Tiempo (Editorial Ariel - 1994)

"En todos los países industrializados existe un firme compromiso con la economía de consumo -con los bienes y servicios de consumo- como fuente primordial de la satisfacción y el placer de los seres humanos y como la medida más visible de las consecuciones sociales. En la economía moderna es un hecho algo extravagante que la producción sea ahora más necesaria por el empleo que proporciona que por los bienes y servicios que abastece.

En una sociedad buena todos los individuos deben tener libertad personal, bienestar mínimo,igualdad racial y étnica, y la oportunidad de acceder a una vida satisfactoria. Debe reconocerse que nada niega tan absolutamente las libertades de los individuos como la total falta de dinero, ni las perjudica tanto como su suma escasez", nos dice John Kenneth Galbraith en su libro Una Sociedad Mejor (Grijalbo - 1996).

"De los "cotos de caza nacionales" que son a menudo el origen de las rentas de localización y de "altos grados de monopolios" en beneficio de las firmas instaladas, lo que les permitiría beneficiarse con márgenes estructuralmente más elevados que el promedio.

En el plano financiero hemos asistido a un formidable crecimiento de la internacionalización........que ha llevado a hablar de una verdadera "financierización" de la economía. La "mergermanía" aparece entonces como la aplicación a la industria -pero con un propósito totalmente diferente- esta explosión de los mercados financieros, con riesgos reales de formación de una "economía de casino", centrada en el corto plazo y la especulación, en detrimento de la industria y el corto plazo.

El espacio mundial se integra y se complejiza a la vez. La vieja noción de división del trabajo norte/sur (productos manufacturados contra materias primas) ya no permite captar la naturaleza y la realidad del dinamismo y de los intercambios mundiales contemporáneos.

La globalización no ha estado acompañada por la construcción de un mercado mundial único y transparente.

Las formas actuales de la mundialización se caracterizan por una confrontación jamás alcanzada, en este nivel, entre modelos organizacionales, culturas de empresas y estrategias de comportamiento, que tienen desde entonces un origen y una base de mayor velocidad", nos dicen Benjamin Coriat y Dominique Taddei (ob. cit.).

"El mercado no puede calibrar el futuro porque es corto de vista por naturaleza. No sólo en razón de que su mirada se extiende hacia horizontes necesariamente cortos, sino porque carece de aptitudes y de la lógica requeridas para incorporar problemas distintos a los de su propia naturaleza y para moderar sus excesos. Esto es función de las sociedades y de los estados, en una relación que no puede ser estática, sino necesariamente dinámica y debe proveer readecuaciones, a veces tan profundas que les quepa su definición como un "nuevo contrato social", tanto a nivel nacional como global.

¿Puede la competencia gobernar el planeta?. ¿Es la competencia el mejor instrumento para enfrentarse a escala mundial a los cada vez más graves problemas medioambientales, demográficos, económicos y sociales?.

Además de los problemas medioambientales, la globalización se asocia cada día más -y no sólo en la mente de las gentes- con la explosión demográfica, el paro masivo, los movimientos migratorios, el aumento del crimen organizado (especialmente el tráfico de drogas), la inseguridad ligado a la proliferación de las armas nucleares y los conflictos étnicos y religiosos, así como con las nuevas enfermedades (como el sida) o con la reaparición de ciertas epidemias tradicionales otrora vencidas (malaria, etc.). Por encima de todo la globalización aumenta el temor a un posible conflicto mundial entre el decreciente número de "los poseedores", "los ricos" o "los dominadores", y la creciente masa de los "desposeídos", "los miserables" y "los marginados".

Resulta chocante la divergencia entre el fuerte proceso de globalización económica en el plano de las finanzas y la empresa y el carácter explosivo de la mayoría de problemas sociales, económicos, medioambientales y políticos que conocen los países y regiones del mundo.

Lo que podríamos llamar "economía de Madonna" es un proceso que unifica (esencialmente a través de la homogeneización) el consumo de "bienes" de información y comunicación según la misma lógica (de mercado) y el mismo sistema (infraestructuras y redes globales de publicidad masiva), tal como en su día hizo el mundo de Coca Cola o el universo de Levis Jeans.

La liberación de las corrientes de intercambio se han convertido en la ideología y terapia dominante de los ultimos 50 años; y el GATT ha sido la institución pensada para su promoción y salvaguarda en el campo internacional.

La nueva ruptura no se plantea entre una sociedad capitalista y una sociedad poscapitalista, ni entre el capitalismo "bueno" de la economía social de mercado y el "malo" de la jungla o de casino, sino entre un capitalismo nacional en declive y un capitalismo mundial en auge.

Este fenómeno anuncia el advenimiento de un cambio histórico: poco a poco, empezamos a salir de la era de la riqueza de las naciones para entrar en la era de la riqueza del mundo.

El mantenimiento del estado del bienestar se ha equiparado a la pérdida de competitividad económica. Se considera que la justicia social y la competitividad son incompatibles.

El objetivo de una mayor competitividad le ha ganado la partida al objetivo del pleno empleo. La búsqueda de una mayor competitividad ha sido una de las razones principales en favor de la sistemática reducción del empleo en todas las economías desarrolladas", nos dice el Grupo Lisboa (ob. cit.).

"La aplicación de las diversas variantes del capitalismo "salvaje", ha conducido a una situación dramática. En el escenario internacional, así como también en el interior de cada país, desarrollado o en vías de desarrollo, se puede constatar la existencia de una tendencia a la dualización de la sociedad que se agudiza constantemente.

El dinero informático se comporta de modo tan distinto del dinero convencional que los economistas aún no atinan a identificarlo (Kurtzman 1993).

La nueva forma de dinero que está empujando el dinero histórico hacia las orillas del sistema financiero (y económico) globalmente es una "megarred". Abarca, alrededor del mundo acciones, bonos, futuros, tasas de interés, opciones, etc..

Naturalmente, este sistema monetario que surge es mucho más volátil que el antiguo.

En vez del patrón oro, impera hoy el "patrón megabyte" (Kurtzman)", nos dicen Naum Minsburg - Hector Valle y otros en su libro El Impacto de la Globalización (Ediciones Letra Buena - 1994).

"Queremos continuar la verificación de los errores del neoliberalismo con la constatación de su principal fracaso: el desempleo. Hoy por hoy el desempleo es una consecuencia de la preocupación excesiva por lo estrictamente financiero, con menoscabo de la economía real.

No podemos aceptar que la competencia internacional y otras circunstancias económicas determinen un sendero necesario de reducción de los niveles de bienestar general que ya se habían alcanzado a niveles inferiores de desarrollo tecnológico y de conocimiento y conciencia social.Sólo nos faltan líderes atrevidos e imaginativos.

El dilema llevado al extremo sería el siguiente: o inventamos la forma de mantener el estado del bienestar o contribuiremos a gestar la próxima revolución que aspire a derrumbar para siempre el sistema capitalista con los sufrimientos que estos intentos generan", nos dice Luis de Sebastian en su libro Neoliberalismo Global ( Editorial Trotta - 1997 ).

"¿Cuánto tiempo podrá mantenerse el sistema ante el aumento continuo del número de desocupados y ante el estancamiento del nivel de vida de los que trabajan?. Los bolsones de pobreza y de miseria relativa (y a veces absoluta) en los países industriales, cuyo peso hasta aquí estaba atenuado por la expansión general y por las anticipaciones que la acompañaban (el "tercio sumergido" de Roosevelt había sido transformado sucesivamente en "cuarto" y luego en "quinto"), se transforman en bolsones permanentes y crecientes poblados por gente sin recursos y sin esperanza. Los elementos que, en la dislocación de los valores y de las motivaciones, lograban consolidar, relativamente bien, la sociedad (las previsiones de alza del nivel de vida y las no pocas posibilidades de "promoción"/ascenso de escala de calificaciones y de ingresos) se hallan en vías de extinción. Por último, en economías capitalistas, sin crecimiento, el desempleo no puede mas que seguir, año a año, aumentando en algunos sectores de la población activa (corresponde al crecimiento natural de la población, aumentado por los efectos de las inversiones labour-saving).

¿Cuál es el "ejemplo" que esas sociedades de capitalismo liberal dan al resto del mundo?

Primero, el de la riqueza y el poder tecnológico y militar. Pero al mismo tiempo, esas sociedades presentan al resto del mundo una imagen que causa rechazo, la de las sociedades en las cuales reina un vacío total de significaciones. El único valor es el dinero, la notoriedad en los medios de comunicación o el poder, en el sentido más vulgar e irrisorio del término. En ellas las comunidades son destruídas, la solidaridad se reduce a disposiciones administrativas. Frente a semejante vacío, las significaciones religiosas se mantienen e incluso ganan poder.

Creo que vivimos la fase más conformista de la historia moderna. Se afirma: cada individuo es "libre", pero, de hecho, todos reciben pasivamente el único sentido que la institución y el campo sociales les proponen y les imponen: el teleconsumo, hecho de consumo, de televisión, de consumo simulado vía televisión", nos dice C. Castoriadis en su libro El Avance de la Insignificancia (Eudeba - 1997)

"La estructura organizativa y las estrategias empresarias están de mudanza continua. La información comienza a afectar a una y otras, a tal punto que la organización empresarial tradicional empieza a quedar obsoleta. Pero también el concepto tradicional de "emprendedor" -la compañía para la que trabaja la gente- se está deshilachando. Cada vez más personas tienen empleos temporarios. La tercerización (out sourcing) se generaliza.

Lo que subyace en todo esto es el paso al conocimiento como recurso clave de producción.

Hay sin embargo un gran problema: la deslocalización de la mano de obra. Las personas que obtienen los nuevos empleos no son las mismas que perdieron los viejos. Los nuevos empleos no están en las fábricas, empresas, e industrias, donde estaban los antiguos. De tal modo, la transición amenaza la seguridad del empleo", nos dicen Peter Drucker e Isao Nakauchi (ob. cit.).

"Estamos en una etapa de capitalismo sin capitalistas. Existen grandes inversores institucionales especialmente los fondos de pensiones y los fondos de inversión.

No nos enfrentamos a un nuevo orden mundial (1993) sino a un nuevo desorden mundial.

El dinero no tiene patria. Tampoco la información.", nos dice Peter Drucker en su libro La Sociedad Poscapitalista (Editorial Sudamericana - 1993).

" Con referencia a la sociedad del conocimiento (el autor se pregunta y se contesta): son trabajos importantes. Pero tanto cerebro y nada de fuerza muscular no pueden ser buenos para el país. ¿Todos intelectuales?. La historia no es alentadora; nunca ha nacido una nación así ", nos dice Shintaro Ishihara en su libro El Japón Que Sabe Decir No (Editorial Sudamericana - 1992).

"¿Son los estados-nación verdaderamente los actores más importantes de la economía mundial actual?. En un mundo en el que las fronteras económicas se desvanecen de manera progresiva, ¿son sus fronteras arbitrarias, históricamente accidentales, genuinamente significativas en términos económicos?. Si la respuesta es no, ¿que tipo de fronteras tendrían sentido?

A medida que la mecánica de los mercados verdaderamente mundiales de capital reduce casi a la nada su capacidad para controlar los tipos de cambio o para proteger su divisa, los estados-nación han pasado a ser vulnerables a la disciplina impuesta por las elecciones tomadas en otros lugares por personas e instituciones sobre las que no tienen control práctico.

En una economía sin fronteras, cualquier régimen estadístico que tenga el estado-nación como unidad principal de análisis está obligatoriamente desfasado. Las estadísticas oficiales (comercio exterior) son una falacia descarada y manifiesta. No son un reflejo exacto de nada. Las cifras que todo el mundo conoce y que todo el mundo utiliza son, simplemente, inexactas.", nos dice Kenichi-Ohmae (ob. cit.).

"Si buscamos el momento histórico que más se asemeje al nuestro, inevitablemente señalaremos esa hora oscura en que la civilización materialista y el espíritu científico y racional del mundo antiguo sufrió un descalabro que allanó el camino de la civilización medieval.

Si los gustos y la ética de nuestra generación y la siguiente difieren de los que fueron propios de la sociedad industrial, la sociedad que surja como consecuencia de nuestras nociones de progreso quizás posea ideologías y paradigmas divergentes respecto de su predecesora y no sería extraño que estas sociedades, disponiendo de menos bienes materiales de consumo, se distancien del espíritu racional del pasado. La gente de la edad media, como resultado de lo que se consideraba grandes adelantos, creó una sociedad mejor con menos consumo material y un espíritu racional.

Si se quisiera sintetizar en una sola frase aquello que define a la edad media, diría "falta de bienes, exceso de tiempo", nos dice Taichi Sakaiya en su libro

Historia del Futuro - La Sociedad del Conocimento (Editorial Andrés Bello - 1994).

"¿Cuál puede ser el nuevo orden mundial?. 1ª hipótesis, que sea un orden policial; 2ª hipótesis, que haya un surgimiento de nuevos profetismos capaces de trastornar ese orden; 3ª hipótesis, que llamaré la hipótesis liberal y militante, es que el corte del mundo y de las sociedades industriales en dos es inevitable en la medida en que no haya existido una verdadera reflexión sobre el problema de la pobreza", nos dice Guy Sorman en su libro Hacia un Nuevo Mundo (Emecé 1991).

"A medida que el capital y la tecnología fluyan hacia las naciones de salarios bajos, sus salarios subirán con su competividad. Como resultado no tendrán grandes superavits comerciales con las naciones avanzadas, tendrán déficits, como contrapartida a la entrada de capitales.

Es difícil no concluír que este cambio en la demanda (nivel medio de la fuerza de trabajo) impulsado por la tecnología, ha sido una razón clave para el crecimiento de la desigualdad de los ingresos dentro de los Estados Unidos, así como el aumento del desempleo en Europa. Podría haber ocurrido que el aumento de la demanda de trabajadores cualificados fuese no tanto el resultado de una mayor demanda dentro de cada actividad industrial, sino de un cambio en la composición del conjunto de actividades hacia aquellos sectores que emplean una mayor proporción de trabajadores cualificados sobre los no cualificados. Un cambio de esas características podría, por ejemplo, ser el resultado de un mayor comercio con países del tercer mundo en el que el trabajo es abundante. Pero de hecho la evidencia abrumadora es que la demanda de trabajadores no cualificados ha caído no porque haya cambiado el que producimos, sino el como producimos", nos dice Paul Krugman en su libro El Internacionalismo Moderno (Editorial Crítica - 1997).

Veamos ahora algunos datos significativos:

"Se estima que el 92% de la exportaciones y el 77% de las importaciones de los Estados Unidos ocurrieron dentro de las corporaciones mundiales ", (Robert B. Reich, ob. cit.).

"Los flujos diarios en moneda extranjera representan alrededor de un billón de dólares (antes de 1992) y superan con creces las sumas empleadas en la compra internacional de bienes y servicios o las inversiones en fábricas de ultramar. En realidad a fines de la década de 1980, más del 90% de este intercambio de monedas extranjeras no tenía relación con el comercio o la inversión de capital", (Paul Kennedy, ob. cit.).

"Como consecuencia de los adelantos en la automatización se pronostica que en los próximos 30 años tan sólo un 2% de la actual fuerza laboral "será necesaria para producir todos los bienes necesarios para satisfacer la demanda total.

El número de americanos que viven con unos ingresos medios ha pasado de un 71% de la población en1969 a menos de un 63% a principios de la década de los años 90. La familia media americana sufrió una pérdida de ingresos de alrededor del 2% entre 1989 y 1990. Este declive se hizo más dramático entre aquellas personas con estudios universitarios. Entre 1987 y 1991 los salarios reales (de los trabajadores universitarios) descendieron en un 3,1%.

Más del 35% de graduados en fechas recientes se han visto en la obligación de aceptar empleos que no requieren diploma universitario, frente al 15% de hace 5 años.

El mercado laboral para graduados universitarios es, en la actualidad (1994) el más pobre desde el final de la guerra mundial.

Aunque muchos de los profesionales que configuran las nuevas elites de analistas teóricos trabajan en las mayores ciudades del mundo, tienen muy poco o ningún arraigo con el lugar.Estos nuevos grupos emergentes de trabajadores internacionales de alta tecnología, cuyos salarios para el año 2000 representaran algo más del 60% de los ingresos de los habitantes de los Estados Unidos, pueden apartarse de las responsabilidades cívicas en el futuro, si prefieren no compartir sus ganancias y sus ingresos con la totalidad del país" (Jeremy Rifkin,ob. cit.).

"En la década de los sesenta la economía creció a un ritmo del 5% anual(una vez corregido por inflación). En los años setenta, el crecimiento disminuyó hasta un 3,6% anual. En los años ochenta hubo una desaceleración más hasta un 2,8% anual y en la primera mitad de la década de los noventa el mundo ha estado experimentando un ritmo de crecimiento de apenas un 2% anual.

En dos décadas el capitalismo perdió un 60% de su impulso.

Si un trabajador despedido tiene quince o más años de antigüedad, vive en una región de lento crecimiento y se ve obligado a cambiar de industria, por lo general pierde más del 50% de su salario anterior. Aquéllos que están por encima de los 55 años de edad simplemente son desalojados de la fuerza laboral.

Los precios de los recursos naturales -una vez corregidos por inflación- han caído casi un 60% desde mediados de los años setenta a mediados de los ochenta. Y se presume otra caída del 60% para los próximos 25 años.

En promedio, las industrias de servicios pagan salarios un tercio menos que la industria manufacturera.

De 1964 a 1992 la producción del primer mundo subió el 9%, pero las exportaciones treparon un 12% y los préstamos internacionales subieron un 23%.

En una jornada normal(1992) los mercados mundiales de capital mueven 1,3 billones de dólares y todas las exportaciones representan solamente 3 billones anuales" (Lester C. Thurow, ob. cit.).

"La vieja noción del pleno empleo aparece cada vez más anticuada.A principios de 1990, la C.E.E. tenia 16 millones de personas sin empleo, el 10% de lo que "debería ser" la masa laboral. Hasta el año 2000 se necesitarán 10 millones de nuevos empleos para bajar al 7% la tasa de paro. Otros 25 millones de nuevos puestos harán falta hasta el año 2010, sólo para absorber el 15% de crecimiento de la masa laboral de la C.E.. ¿de dónde saldrán estas colocaciones?.

Al mismo tiempo que se incrementa el paro, se advierte un descenso de la presión para el aumento del sueldo por parte de los trabajadores con empleo en Estados Unidos. Por ejemplo, en 1978 y 1988 se crearon 7,5 millones de nuevos puestos para varones pero, en 1988, 18,4 millones de trabajadores varones ocupaban puestos con salario inferior a los niveles de l978. Sin embargo, aumentó el numero de colocaciones para mujeres y su sueldo medio pasó del 43% de los varones al 54% en l988.

Pero los salarios reales descendieron a lo largo de la década para las dos terceras partes de los trabajadores norteamericanos de ambos sexos, una proporción realmente impresionante.

Entre 1973 y 1990, los sueldos reales por hora para trabajadores no supervisores, que son aproximadamente las dos terceras partes de la masa laboral de los Estados Unidos, bajaron un12% y los sueldos reales por semana bajaron un18%. El resultado ha sido un vertiginoso aumento de la desigualdad en Estados Unidos" (Tim Lang y Colin Hines, ob. cit.)

"En el próximo siglo, el 20% de la población activa bastará para mantener en marcha la economía mundial. No se necesitará más fuerza de trabajo.

En el año 1996, en la OCDE buscaban trabajo inútilmente más de 40 millones de personas.
Desde hace 4 décadas el intercambio mundial de bienes y servicios crece más a prisa que la producción.
Desde l985, el crecimiento del volumen comercial supera incluso en el doble al aumento de la productividad económica.
En 1995, una quinta parte de los bienes y servicios que se recogían estadísticamente en el mundo se negociaban por encima de las fronteras.

Según la última ronda de rebajas de aranceles del GATT (Dic./93) que incluyó muchos servicios, se crearían 6 millones de puestos de trabajo, 2% menos de déficit presupuestario y 4,5% más de crecimiento económico. Similares promesas acompañaron la fundación del NAFTA y de la OMC.. De hecho ocurrió todo lo contrario: las cifras de parados se elevaron, así como los déficit presupuestarios, el crecimiento en cambio mas bien se ralentizó", (Hans-Peter Martin y Harald Schumann, ob. cit.).

"De acuerdo con los datos aportados por la OIT en marzo de l994 existen en el mundo unos 820 millones de personas entre desocupados y subocupados; que representan el 30% de la fuerza laboral mundial. El organismo ha indicado también que ésta es la peor crisis mundial de empleo, desde la depresión de l930, además cada año 38 millones de personas adicionales ingresan a la fuerza laboral existente, sin encontrar los puestos de trabajo necesarios para dicha masa creciente de trabajadores.

En los países centrales pertenecientes a la C.E. crece el empobrecimiento relativo de su población. Existen en la actualidad (1993) unos 50 millones de personas en situación calificada técnicamente de pobreza. En los Estados Unidos subsisten otros 35 millones de pobres.

23 países industrializados cuya población era en 1990 de 773 millones de personas tienen un PBI equivalente al 73,2% del producto mundial, mientras que 130 países en desarrollo tienen un PBI equivalente al 17,9% del total mundial, y en 23 países ex-socialistas su PBI, representa el 8,9% del total. La población de estos 153 países era superior a los 4400 millones de personas.

En los 24 países de la OCDE existe en la actualidad (1993) una masa del orden de 36 millones de desocupados, casi l0 millones más que en 1990.

Los países miembros de la C.E. se están convirtiendo en auténticas "fábricas de parados", ya que en dichos países se ha pasado en las ultimas tres décadas de 3 a 17 millones de desocupados

En el seno del G-7 la desocupación llega a 23 millones de personas.

En verdad la "muerte de dinero" ha partido el mundo en dos categorías económicas de poder, amplitud y fundamentos desiguales. La más pequeña puede llamarse "real" y por ahí circulan billetes, monedas, bienes, comercio, servicios tangibles, tecnología, etc.. En la economía real figuran fábricas, trabajadores, médicos, arquitectos, docentes, obras públicas, comercios..... en fin la vida cotidiana. Lo dramático es que esa sea la parte más expuesta de l

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