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El recurso humano en las empresas

Autor: Fabio Muñoz Jimenez
Curso:
9/10 (3 opiniones) |7968 alumnos|Fecha publicación: 28/06/2005
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Capítulo 8:

 Globalización... ¿qué significa? I

La dictadura del mercado

"Hoy por primera vez en la historia, el capitalismo ha ganado sin atenuantes. Quizás la mayor cuestión del siglo", nos dice Michael Albert en su libro Capitalismo contra Capitalismo ( Editorial Paidos - 1991).

También Francis Fukuyama señala que "al llegar al final de la historia no quedan ya competidores ideológicos serios para la democracia liberal", en su libro El Fin de la Historia y el Último Hombre (Editorial Planeta - 1992); y luego reitera, "hoy en día , casi todos los países desarrollados han adoptado o están tratando de adoptar, formas institucionales de tipo democrático-liberal. Muchos de estos países se han ido desplazando, en forma simultánea, hacia una economía de mercado y una integración a la división del trabajo capitalista y global", en su libro Confianza (Trust) (Editorial Atlántida - l996).

Otros que vienen en nuestra ayuda para introducir el tema son Jean-Paul Fitoussi y Pierre Rosanvallon, que en su libro La Nueva Era de las Desigualdades (Editorial Manatial - 1997), dicen: "Vivimos ciertamente una mutación económica decisiva (la de la globalización) y vemos con claridad el agotamiento de cierto tipo de regulación económica. Pero al mismo tiempo sentimos que el problema es más amplio. Todos comprueban que, con el desarrollo de la globalización, surgen relaciones inéditas entre economía, política y sociedad. Vivimos a la vez el agotamiento de un modelo y el final de un antiguo marco de inteligibilidad del mundo. Nos encontramos por eso ante un gran punto de inflexión de la modernidad".

Sobre el momento histórico Bruce Ackerman, en su libro El Futuro de la Revolución Liberal (Editorial Ariel - 1995), afirma: "De Varsovia a Moscú, de La Habana a Pekín, un espectro recorre el mundo como si acabara de surgir del sepulcro: el retorno del liberalismo democrático revolucionario. Esta reaparición en el escenario mundial ha sorprendido a los propios liberales. El pensamiento liberal moderno ha dado un giro antirrevolucionario. Sus partidarios no están preparados para asimilar el desafío del actual momento histórico (1992)".

En cuanto a la profundidad del cambio Jean-Marie Guehenno, en su libro El Fin de la Democracia (Editorial Paidos - 1995), nos dice que: "El año 1989 no clausura una época iniciada en 1945 o en 1917. Clausura lo que se ha institucionalizado gracias a 1789. Pone fin a la era de los estados-nacionales".

Cuando la Unión Soviética abandona el escenario de la historia, el capitalismo triunfante y rampante, se libera de las ataduras y miedos -estratégicos- y deja que la "creación de riqueza " tenga la prioridad.

"Con todos sus competidores ahuyentados del campo de juego económico, ¿habrá perdido el capitalismo su capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias?", dice Lester Thurow en El Futuro del Capitalismo (Editorial Vergara - 1996).

"Liberados de la amenaza de la dictadura del proletariado, desde entonces se trabaja más duramente en la instalación de la dictadura del mercado mundial", dicen Hans-Peter Martin y Harald Schumann en su libro La Trampa de la Globalización (Editorial Taurus - 1998).

Cumplido el "destape" de la ideología de la globalización, veamos -ahora- lo que dicen algunos estudiosos, sobre su alcance:
"No existirán productos ni tecnologías nacionales, ni siquiera industrias nacionales. Ya no habrá economías nacionales, al menos como concebimos hoy la idea, lo único que persistirá dentro de las fronteras nacionales será la población que compone un país. Los bienes fundamentales de una nación serán la capacidad y destreza de sus ciudadanos. El dinero, la tecnología, la información y los bienes traspasan las fronteras con una rapidez y facilidad sin precedentes. El coste para el transporte de productos y comunicación de ideas es cada vez más bajo"........"La nueva barrera de acceso a los mercados no es el volumen o el precio, sino la habilidad para encontrar la exacta correspondencia entre tecnología y los mercados específicos. Del alto volumen al alto valor."......"A medida que las compañías se integran en redes cada vez más descentralizadas, la capacidad de los gobiernos para ejercer control sobre las operaciones mundiales de las que están radicadas dentro de sus naciones disminuye considerablemente", nos dice Robert B. Reich en su libro El Trabajo de las Naciones (Editorial Vergara - 1993).

"Los principales creadores y controladores de tecnología son compañías multinacionales cada vez más grandes y con mayor influencia global que responsabilidad global"......."Al competir con firmas rivales por sectores del mercado mundial, han desarrollado una estrategia mediante la cual dirigen la inversión y la producción de una parte a otra del planeta con la ayuda de una revolución financiera y de las comunicaciones, que ha creado un mercado global para bienes y servicios. Importantes en el mundo actual, dichas compañías lo serán mucho más en el futuro gracias al derrumbe de las barreras comerciales que había impuesto la guerra fría y la cada vez mayor integración de la economía global"......."Aunque la liberación financiera contribuyó a expandir el comercio mundial, también produjo otro efecto: la creciente separación de los flujos financieros del comercio de manufacturas y servicios. Cada vez más, las transacciones en moneda extranjera no tuvieron lugar porque una compañía estuviera pagando bienes extranjeros o invirtiendo en montaje en el exterior, sino porque los inversores estaban especulando con una moneda concreta u otros instrumentos financieros"......."La realidad hoy es que cualquier gobierno que perjudique la demanda de las finanzas internacionales de unos beneficios sin restricciones (aumentando impuestos personales, por ejemplo, o elevando los derechos sobre las transacciones financieras) encontrará que el capital se desvanece y la moneda se debilita"........"Al fin y al cabo, la teoría del mundo sin fronteras alienta a los directivos a sopesar de manera constante la ventaja relativa a la producción en una parte del planeta en relación con las otras", dice al respecto Paul Kennedy en su libro Hacia el Siglo XXI (Editorial Plaza y Janes - 1993).

"Por debajo de la nueva configuración de superficie económica de la tierra que ahora se está operando y de los más espectaculares terremotos y volcanes económicos que son tan visibles están los movimientos de las cinco "placas económicas". Cinco placas cuyas fuerzas son tan irreductibles como las de la geología:
• fin del comunismo
• un cambio tecnológico a una era dominada por las industrias basadas en la capacidad intelectual del hombre
• una demografía nunca antes vista
• una economía global
• una era donde no existe un poder económico, político o militar dominante
Las economías nacionales desaparecen. Esto causa una desconexión notable entre las empresas comerciales con una visión mundial y los gobiernos nacionales que tienen que concentrarse en el bienestar de "sus" votantes" dice Lester C. Thurow en su libro El Futuro del Capitalismo (Editorial Vergara - 1996).

"La nueva economía es una economía global. Lo nuevo es que la economía nacional ahora trabaja como unidad a nivel mundial. En este sentido no sólo estamos asistiendo a un proceso de internacionalización de la economía, sino.....interpenetración de la actividad económica y de las economías nacionales a nivel global" dice Robert Heilbroner en su libro Visiones del Futuro (Editorial Paidos - 1996).

"Desregulación, liberación y privatización: estas tres "ciones" se convirtieron en los instrumentos estratégicos de la política económica europea y americana, que el programa neoliberal (Reagan/Friedman y Thatcher/Hayek) elevó a ideología decretada por el estado (años 1979-1980)" nos dicen Hans-Peter Martin y Harald Schumann (ob. cit.).

"Una nueva civilización está emergiendo en nuestras vidas. Esta nueva civilización trae consigo nuevos tipos de familia; formas distintas de trabajar, amar, vivir; una nueva economía; nuevos conflictos políticos, y, más alla de todo esto, una conciencia así mismo diferente" nos dicen Alvin y Heidi Toffler en su libro La Creación de una Nueva Civilización (Editoral Plaza y Janes - 1995).

"Las formas particulares que ha tomado el desarrollo de la internacionalización de las mercaderías, de los capitales y de los conocimientos, que se designan hoy con el nombre de "globalización". El papel crucial, para la competitividad de las empresas, de la innovación en todas sus formas, materiales e inmateriales. La modificación de las formas de competencia, donde elementos como la calidad de los productos y la capacidad para diferenciarlos ocupan un lugar cada vez más esencial. Estas tres tendencias concentran lo que probablemente tiene de fundamental la nueva situación industrial en la cual deben operar a partir de ahora las empresas" nos dicen Benjamin Coriat y Dominique Taddei en su libro Made in France (Alianza Editorial - 1995).

"En los últimos 20 años se ha iniciado una nueva "era de la competencia", especialmente debido a la globalización de los procesos económicos. La competencia ya no explica el funcionamiento de una forma especial de mercado (un mercado competitivo) distinto del mercado oligopolístico y del monopolístico. Ser competitivo ("la competitividad") ha dejado de ser un medio para convertirse en un fin. La competitividad ha adquirido la categoría de credo universal, el rango de ideología, se proclama a los cuatro vientos que se está incubando una nueva economía global, cuyos principales protagonistas son empresas multinacionales con sede en America del Norte, Europa Occidental y Japón. Ya sea mediante la localización o el traslado de instalaciones productivas y de una competencia feroz, ya sea a través de sólidas alianzas para competir con mayores posibilidades de éxito a escala mundial, las redes mundiales de las empresas multinacionales están reestructurando la configuración sectorial y territorial en todos los ámbitos de la economía, de la industria automovilística a las telecomunicaciones, de la industria electrónica a la farmacéutica, de la textil a la del transporte aéreo civil. La nueva economía global es como un campo de batalla entre gigantes en donde no cabe la tregua ni la compasión para el vencido" nos dice El Grupo Lisboa en su libro Los Límites de la Competitividad (Editorial Sudamericana - 1996).

"La estructura y la dinámica de la economía mundial cambiaron profundamente. Ya no hay un "centro económico" de la economía mundial, la fuerza laboral está cambiando rápidamente. Apenas ayer, los trabajadores industriales de las plantas de producción masiva eran el centro de la mano de obra. Hoy, su número se reduce aceleradamente, y aún más lo hace su importancia. Y en el centro de gravedad de la fuerza laboral de todos los países desarrollados se sitúan de manera creciente trabajadores con conocimientos, personas que no trabajan en modo alguno con sus manos (los trabajadores del conocimiento). Lo que subyace en todo esto es el paso al conocimiento como recurso clave de producción" nos dicen Peter Drucker e Isao Nakauchi en su libro Tiempo de Desafíos/Tiempo de Reinvidicaciones (Editorial Sudamericana - 1997).

"Un aspecto llamativo de la economía sin fronteras, aunque se pase por alto con mucha frecuencia, es que las personas casi siempre tienen mejor acceso a productos baratos y de gran calidad cuando no son "del país""......."El hecho fundamental de la vinculación a los flujos mundiales de información es uno de los hechos centrales y definitivos, o tal vez, el hecho central y distintivo de nuestro momento histórico" nos dice Kenichi-Ohmae en su libro El Fin del Estado-Nación (Editorial Andrés Bello - 1997).

Los cambios motivados por la tecnología en robótica, informática y biotecnología; la internacionalización de las finanzas; la expansión de las comunicaciones; y la emergencia multinacional de las corporaciones son las fuerzas o vectores principales que impulsaron la globalización económica.
Estas fuerzas orientaron el pasaje de la sociedad industrial a la sociedad de la información; el poderoso avance de las telecomunicaciones; la desmasificación de la producción en serie; la disminución de la escala de operaciones; el desmantelamiento de las organizaciones burocráticas; la creciente especialización del trabajo; la intangibilidad del valor de las empresas; el conocimiento como recurso crucial de la economía; la integración de sistemas; la aceleración del ritmo de las operaciones y transacciones; la mundialización de las finanzas y del capital; la globalización de los mercados y estrategias empresarias; la homogeneización de las formas de vida y de los modelos de consumo; el cambio en los costes o disponibilidad de los insumos; y la implantación de la competitividad como principal regla de juego.

¿Cuándo comenzó el proceso de liberación de las corrientes de intercambio?
El Grupo Lisboa, señala los últimos cincuenta años, como período dominante; Ravi Batra, indica el año 1973, como el punto clave de inflexión para los Estados Unidos.

¿Por qué algo que tiene entre un cuarto y medio siglo de evolución recién en los últimos 15 años se exacerbó y en los últimos 10 años se volvió tan extremo?
La victoria del capitalismo se logra en tres frentes, opina Michael Albert, y en un intervalo histórico reducido. Los gobiernos de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos; la confrontación "galáctica" con el comunismo; y la guerra contra Irak sirven para "liquidar" tres importantes "limitantes" al libre mercado y alcance global del capitalismo. La lucha contra el intervencionismo estatal, la muerte del comunismo soviético por descomposición interna y la lección terminal dada a los dictadores -mesiánicos- de los pueblos subdesarrollados, dejo las "manos libres" al capitalismo y a la globalización competitiva.
El mundo como mercado, un stock de tecnología disponible y un capital ansioso de maximizar las ganancias, fueron el objetivo y los recursos necesarios y suficientes para iniciar el asalto global.
Al internacionalizarse los mercados, empieza una batalla de "todos contra todos"
Al desaparecer las fronteras ( barreras) comerciales, la competitividad alcanza a todos los factores. Y comienzan a registrarse algunos efectos (deseados? o no deseados?) en la ocupación, en los salarios, en el medio ambiente, en los sectores industriales, en el estado del bienestar, que van derivando en definitivos problemas económicos, ecológicos y éticos, de gran magnitud, con alta peligrosidad, y, no solamente -aún- irresueltos, sino en franca progresión

Era de esperar, que un "comercio sin normas", llevara a una "competencia despiadada y sin final", que conduce a una pérdida constante de puestos de trabajo, a una concentración creciente de empresas multinacionales, a una pérdida de poder de los gobiernos nacionales y a un aumento de la desigualdad.
En muchos casos, la competencia no sólo significa la pérdida de puestos de trabajo sino también la pérdida de fuentes de trabajo. En su caso la tecnificación sustituye a la mano de obra y en el otro elimina -directamente- por cierre, la posibilidad de todo tipo de ocupación.

En las próximas páginas vamos a reproducir, por su importancia e interés, la opinión de algunos destacados estudiosos en la materia que nos ocupa, luego se darán datos cuantitativos que los mismos autores aportan en sus trabajos.

"Existe una bipolarización entre dos grandes tipos de capitalismo de importancia comparable y entre los cuales el futuro no está decidido. El modelo anglosajón y el modelo germano-nipón.
Cuanto más creador es el capitalismo de riqueza a corto plazo, mayor es el riesgo de convertirse en destructor de valores sociales a largo plazo, si no está lo bastante acotado por los poderes públicos, y si no tiene la competencia de otros valores sociales que no sean monetarios.
La frontera que separa a un país en situación de progreso de un país en decadencia está representada, en gran medida, por la preferencia por la construcción del futuro por un lado, el goce del presente por el otro" nos dice Michael Albert (ob. cit.).

"El verdadero desafío económico que afrontan los Estados Unidos para los próximos años-lo mismo que todas las demás naciones- es incrementar el valor potencial que sus ciudadanos pueden agregar a la economía global, al promover sus habilidades y capacidades, y perfeccionar los recursos para compatibilizar esas habilidades y capacidades con los requerimientos del mercado mundial.
Las compañías líderes de Estados Unidos ya no planean ni establecen la producción de grandes volúmenes de bienes y servicios; ya no participan ni invierten en una amplia serie de fábricas, máquinas, laboratorios, depósitos y otros activos tangibles; ya no emplean grandes dotaciones de operarios, ni gerentes de mediano nivel; ya no sirven de acceso a la clase media americana. Son cada vez más una fachada, detrás de la cual se mueve una multitud de unidades y subunidades descentralizadas que se alían permanentemente con otros grupos similarmente descentralizados en todo el mundo.
Lo que se intercambia entre las naciones es con menos frecuencia el producto terminado que la especialización para resolver los problemas (investigación, diseño del producto, fabricación) para identificarlos (marketing, publicidad, encuestas al consumidor) y para coordinar los servicios y componentes de rutina, todo lo cual se combina para crear valor.
El nivel de vida de la población de un país depende cada vez más de lo que pueda aportar a la economía mundial en términos del valor de sus conocimientos y habilidades. Y depende cada vez menos de lo que posean en términos de la productividad de las compañías en las cuales tienen los mayores intereses.
Ya no tiene sentido algo semejante a una compañía o una industria norteamericana. La economía norteamericana no es más que una región mundial, si bien todavía es una región relativamente próspera", nos dice Robert B. Reich (ob. cit.)..

"Hoy nos enfrentamos, con mayor fuerza que nunca, a estos problemas interrelacionados: superpoblación, presión sobre la tierra, emigración e inestabilidad social, por un lado, y poder de la tecnología para incrementar la productividad y sustituír las ocupaciones tradicionales, por el otro.
Aunque son pocos los dirigentes políticos -en caso de que haya alguno- que parecen dispuestos a enfrentarse a este hecho, la mayor prueba a la que se verá sometida la sociedad humana en el siglo XXI consistirá en el modo de utilizar "el poder de la tecnología" para satisfacer las demandas planteadas por "el poder de la población"; esto es, como encontrar soluciones globales eficaces con el fin de librar a las tres cuartas partes más pobres de la humanidad de la creciente trampa malthusiana de la malnutrición, la hambruna, el agotamiento de los recursos, la agitación social, la emigración forzosa y los conflictos armados; consecuencias que, aunque menos directamente, también pondrán en peligro a los países ricos.
El crecimiento proyectado en la población mundial no puede sostenerse con nuestros actuales niveles y pautas de consumo.
Existe la preocupación de que la estructura de edad y las prioridades del gasto de un país con elevado "índice de dependencia de los mayores" constituyan un impedimento para los incrementos de la producción global, en especial en comparación con sociedades con una mayor proporción de personas que trabajan y con mayores recursos invertidos en la manufactura y la industria.
La economía mundial está volviéndose más integrada y más rica en conjunto, si bien la creación y el disfrute de esta riqueza es muy desigual.
Semejante visión de un orden mundial próspero y armónico, basado en el laissez-faire, un mercado en funcionamiento las 24 Hs. del día y la omnipresente televisión parece asombrosamente ingenua a la luz de los problemas demográficos, medioambientales y regionales del planeta.
Aún cuando el dinero sea la cosa más puramente racional que existe, ello no implica que sea inmune a la inestabilidad, los pánicos y la huída financiera.
Por su naturaleza misma, al mercado racional no le interesa la justicia social.
No obstante, las consecuencias a largo plazo son perturbadoras y amenazan con exacerbar el dilema global. Si la revolución biotecnológica puede convertir en obsoletas ciertas formas de agricultura, la revolución robótica podría eliminar muchas clases de puestos de trabajo en la producción industrial y el montaje en cadena. En ambos casos, las compañías multinacionales son las beneficiarias del valor reducido de la tierra y el trabajo.
La revolución financiera internacional plantea sus propios retos a la supuesta soberanía del estado-nación. El mundo sin fronteras implica una cierta cesión del control de un país sobre su propia moneda y política fiscal. Esta cesión puede reportar prosperidad, pero si el sistema internacional es inestable, no hay autoridad que controle los potenciales flujos masivos de moneda.
¿Como espera alguien salir indemne?. Aún cuando la economía global esté creando tres bloques comerciales inmensamente poderosos y privilegiados, Europa, Estados Unidos y Japón, ¿pueden estos bloques -al margen de lo bien que se "preparen" internacionalmente para el futuro- aislarse de las turbulencias causadas por el cambio mundial?, ¿pueden existir como islas de prosperidad en un mar de descontentos?", nos dice Paul Kennedy (ob. cit.).

"En la actualidad (1994), por primera vez, el trabajo humano está siendo paulatina y sistemáticamente eliminado del proceso de producción. Las máquinas inteligentes están sustituyendo, poco a poco, a los seres humanos en todo tipo de tareas, forzando a millones de trabajadores de producción y administración a formar parte del mundo de los desempleados, o peor aún, a vivir en la miseria.
¿Qué es lo que ocurriría si, realmente, no existieran más empleos?
La idea de una sociedad no basada en el trabajo resulta tan extraña respecto a cualquier idea que podamos tener sobre la forma de organizar a muchas personas en un todo armónico, que nos vemos enfrentados con la perspectiva de tener que replantearnos las bases mismas del contrato social comúnmente aceptadas.
La tercera revolución industrial fuerza una crisis económica de ámbito mundial de proporciones monumentales; debido a que millones de personas pierden sus puestos de trabajo a causa de las innovaciones tecnológicas, mientras que el poder adquisitivo se desploma. Al igual que ocurrió en la década de los años 20, nos hallamos peligrosamente cerca de una gran depresión, mientras que ninguno de los actuales líderes mundiales quiere reconocer que existe la posibilidad de que la economía global se está acercando, de forma inexorable, hacia un mercado laboral decreciente, con unas consecuencias para la civilización extremadamente peligrosas y preocupantes.
Cada vez más los trabajadores americanos son forzados a aceptar trabajos marginales para poder sobrevivir.
Mientras que la primera ola de automatización tuvo impacto sobre los trabajadores de "cuello azul", la nueva revolución protagonizada por los procesos de reingeniería empieza a afectar a los escalones medios de la comunidad empresarial, amenazando la estabilidad económica y la seguridad del grupo políticamente más importante de la sociedad americana: la clase media. Por primera vez desde la gran depresión, son desplazados hacia los escalones inferiores de la escala social, víctima de las nuevas formas de racionalización de la producción, de las tendencias a una mayor automatización y de la competencia global del mercado.
Los apartados de la gran aldea global tecnológica, tan sólo son capaces de hallar formas de sobrevivir tomando por la fuerza aquello que se les niega por las fuerzas del mercado. No sorprende que la industria de la seguridad sea una de las de mayor crecimiento de la economía americana", nos dice Jeremy Rifkin en su libro El Fin del Trabajo (Editorial Paidos - 1996).

"El mercado y sólo el mercado manda.
........Al parecer algo está haciendo temblar los cimientos del capitalismo...
Las verdades eternas del capitalismo -el crecimiento, el pleno empleo, la estabilidad financiera, el aumento de los salarios reales, el dejar operar a los mercados- parece haberse esfumado, así como los enemigos del capitalismo.
Con todos sus competidores ahuyentados del campo de juego económico, ¿habrá perdido el capitalismo su capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias?.
Ha dejado de ser alternativa viable.......no se ha derrumbado como el comunismo, pero en esencia se ha debilitado. El capitalismo nunca prevee con ocho o diez años de anticipación y por lo general sólo planea a tres o cuatro años. El problema es simple. El capitalismo necesita desesperadamente lo que su propia lógica interna dice que no tiene que hacer.
La ideología de la inclusión se está agotando, para ser reemplazada por un revival capitalista de "la supervivencia del más apto".
Los perdedores, aquellos que han quedado excluidos, y no pueden lograr que el sistema funcione, se refugian en el fundamento religioso, donde un mundo de certidumbre reemplaza a otro de incertidumbre.
Cuando la tecnología y la ideología no se combinan armoniosamente, el magma económico fluctúa.
En el futuro la motivación para la cooperación y el esfuerzo no van a ser los salarios por encima del valor del mercado sino el "miedo", el miedo a ser despedido en una economía de salarios reales declinantes.
Las economías más avanzadas están produciendo lo que Marx reconocería como un "lumpen proletariat": aquellos cuya productividad potencial es tan baja que no son requeridos por la economía privada en ninguna escala salarial que pueda permitirles mantenerse en nada parecido al nivel de vida normal.
Desde el punto de vista político el lumpen proletario no cuenta. Ellos no causan revoluciones, son inocuos. En los Estados Unidos el pobre ni siquiera vota.
Lo que importa son las expectativas de la clase media. La clase media está alarmada y tiene motivos para ello. Expectativas desactualizadas. Menos hogares propios. Desigualdad creciente. Caída del salario real. Nivel de vida decreciente (a lo largo de sus vidas y las de sus hijos).
El rico se costeará los guardias de seguridad privados gracias a sus más altos ingresos mientras la clase media tendrá que vérselas con la inseguridad callejera, los malos colegios, la no recolección de residuos y el deterioro del transporte público.
Como indican los datos sobre la caída salarial, los trabajadores no capacitados del primer mundo están en vías de quedar marginados.
La era de la regulación económica ha quedado atrás y la era de la regulación económica mundial no ha llegado. Al menos durante un tiempo el capitalismo se va a manejar con mucho menos regulación gubernamental.
En un mundo multipolar sin un punto focal económico dominante, ¿quién maneja el sistema?, ¿quién es el prestamista de último recurso para detener el pánico financiero y los flujos de capital si se derrumba el sistema?, ¿quién provee los mercados abiertos, fácilmente accesibles a aquellos que desean desarrollarse?.
En un período de equilibrio interrumpido no hay líderes, ya que nadie comprende las amenazas o las oportunidades del mercado. Todo está en fluctuación sin posiciones constantes desde las cuales obtener influencia política. Sin embargo, si no hay alguien que administre el sistema comercial mundial y ejerza presión sobre aquellos que abusan del mismo, es evidente que el sistema gradualmente se atrofiará y, a la larga, se derrumbará.
En la economía global moderna hay una ley inflexible de los salarios: las únicas diferencias salariales que pueden subsistir en el largo plazo son las justificadas por las habilidades que generan más alta productividad.
La erupción más explosiva del volcán ha sido provocada por la demografía y estriba en el paulatino envejecimiento de la población mundial. Se ha creado una nueva clase de población. Por primera vez en la historia de la humanidad, nuestras sociedades tendrán un grupo muy numeroso de personas mayores económicamente inactivas, votantes opulentos que requieren servicios sociales costosos, como asistencia médica, y dependen del gobierno para gran parte de su ingreso. Ellos están debilitando el estado de bienestar social, destruyendo las finanzas del gobierno, y amenazando las inversiones que todas las sociedades necesitan hacer para alcanzar un futuro de éxito. Los ancianos son votantes unilaterales (jubilación+medicina).
Los grandes mercados globales, electrónicamente conectados, no cambian las probabilidades de generar burbujas financieras, sino que las hacen potencialmente más grandes y vinculan a los mercados nacionales a una red, de modo que los mercados son más propensos a ir juntos a la quiebra.
Al capitalismo no le interesa la eficiencia abstracta (inculcar valores de honestidad de modo que el sistema se maneje a un costo más bajo). Se trata de dejar a cada uno que actúe según su máxima conveniencia ejerciendo sus propias preferencias personales. Pretender ser un criminal es tan legítimo como pretender ser un sacerdote.
Los individuos capitalistas promueven las únicas cosas que les resultan provechosas: el consumo y el ocio.
La ventaja del capitalismo es su capacidad para satisfacer las diferentes preferencias individuales. La mayor desventaja del capitalismo es su miopía. Tiene intrínsecamente un horizonte a corto plazo.
En el capitalismo no hay ningún análisis de futuro", nos dice Lester C. Thurow en su libro El Futuro del Capitalismo (Editorial Vergara - 1996).

"Es cierto que el ideal de una sociedad abierta al exterior y fundada sobre la libre asociación de individuos soberanos se afirma de manera excluyente. Pero el triunfo es al mismo tiempo el principal peligro que acecha a una sociedad semejante, porque parece amenazar la existencia del hecho nacional, erosionar el vínculo social y disolver la comunidad cívica. El sentimiento de inseguridad e incertidumbre es así, sin duda, el fruto de la globalización económica y de la individualización sociológica, nacidas del cumplimiento mismo del programa moderno.
Toda la dificultad está allí. El triunfo del individualismo aporta consigo un formidable potencial de progreso y, al mismo tiempo, de padecimientos. El mercado mundial impulsa el crecimiento y destruye puestos de trabajo; permite financiar la economía pero limita los márgenes de maniobra presupuestarios; multiplica las riquezas pero aumenta las desigualdades hasta lo intolerable. Del mismo modo, el movimiento de la democracia libera a los individuos pero atomiza el cuerpo social y deshace las solidaridades. Salvo que se niegue la vivencia cotidiana de los individuos y su angustia ante el porvenir, no es posible entonces contentarse con saludar esta consumación de la sociedad individualista como si realizara los fines últimos de la humanidad. La apología del mercado y la defensa de los derechos del hombre no basta para construir una representación de la sociedad que permita que ésta se reconcilie consigo misma y rechace las amenazas.
La crisis que atravesamos es entonces, indisolublemente económica y antropológica. Es a la vez, crisis de civilización y crisis del individuo. Fallan simultáneamente las instituciones que hacen funcionar el vínculo social y la solidaridad (la crisis del estado providencia), las formas de la relación entre la economía y la sociedad (la crisis del trabajo) y los modos de constitución de las identidades individuales y colectivas (la crisis del sujeto).
La sociedad debe comprenderse a partir del eslabón más débil. No tiene ningún sentido, por lo tanto, decir que "todo va bien a excepción del desempleo". Puesto que es justamente esta "excepción" la que constituye el problema. Del mismo modo, no importan tanto los promedios de ingresos como su dispersión y distribución. Los indicadores estadísticos captan poco y mal los fenómenos de precariedad, el sentimiento creciente de inseguridad, las formas múltiples de fragilización del vínculo social.
Si un país continúa enriqueciéndose globalmente mientras crece la fractura social, es sin duda porque hemos entrado en una nueva era de las desigualdades, aceptada por algunos con mayor o menor cinismo.
La inseguridad es hoy la palabra clave. Resulta de ello, en lo más profundo de las empresas, una extraordinaria angustia. Los indicadores económicos no pueden dar cuenta del medio al mañana. El desarrollo de una desocupación masiva es el vector evidente y primordial de la sensación de inseguridad y vulnerabilidad que tetaniza a la sociedad. La crisis es, en última instancia, de orden estructural y compete también a una dimensión de orden antropológico. Es a la vez crisis de civilización y crisis del individuo.
Es central la cuestión de la identidad: ¿como ser alguien en "una sociedad de trabajadores sin trabajo"?. Se tiene la sensación de que toda una fracción de la generación que tiene entre 20 y 30 años vive con la idea que se la sacrifica por anticipado en el altar del empleo.
A medida que flaquea el apoyo de las instituciones de encuadramiento y las normas sociales de conducta, brota una angustia tan difusa como apremiante. Incapaces de analizar claramente sus mecanismos, polarizamos nuestras actitudes sobre las formas más elementales de la tranquilidad: la del retorno del gendarme y la de la respuesta "pararreligiosa", con el desarrollo del fenómeno de las sectas. Los tranquilizantes y las drogas permiten resolver la gran contradicción moderna: ser uno mismo y estar a la vez liberado de si mismo.
La globalización de la economía multiplica las incertidumbres. Se corre el riesgo de que de origen a una sociedad aún más desigual.

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