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El recurso humano en las empresas

Autor: Fabio Muñoz Jimenez
Curso:
9/10 (3 opiniones) |7968 alumnos|Fecha publicaciýn: 28/06/2005
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Capýtulo 6:

 Eficacia y Equidad: un Paradigma. Los problemas y retos de la globalización

Es para mí un honor poder comentar -y compartir- los planteamientos que el Dr. Louis Malassis realiza para el IICA en su documento "Políticas de Desarrollo Económico y de Cooperación".

A lo largo de mi carrera profesional como economista siempre he sido de la opinión que Malassis ha sido el padre de la corriente conceptual francesa de la agroindustria y el análisis de los encadenamientos agroindustriales. Con sus múltiples libros, artículos, conferencias, seminarios, cátedras y demás, muchos profesionales de muchas partes del mundo, entre ellos yo mismo, se han formado en sus profundas pero también prácticas reflexiones.

Durante mis estudios en Francia, tuve la oportunidad de beneficiarme de sus cátedras y demás conocimientos. Me adscribo plenamente a la teoría del enfoque sistémico de la corriente francesa, pero también reconozco los grandes méritos de la escuela norteamericana del "agribusines", especialmente en Harvard, que también se adscribe a la teoría del enfoque sistémico y en la cual encontramos, con el mismo tamaño de Malassis, al profesor Ray Golber, también en mi opinión, padre de la corriente norteamericana de pensamiento sobre la agroindustria.

¿Hacia un nuevo paradigma: eficacia y equidad?

El interesante planteamiento del profesor Malassis tiene como eje la fórmula eficacia y equidad. El considera que ambos son un paradigma para el futuro y además posible e indispensable de lograr simultáneamente.

A mi juicio, lo sustantivo del planteamiento radica en la necesaria articulación y correspondencia que debe haber entre ambos factores, que todavía hoy, y marcadamente durante el modelo sustitutivo de importaciones, es válido plantear en América Latina y el Caribe.

Valga subrayar en el planteamiento de Malassis su insistente llamado para apartarse del esquema de "lo blanco y lo negro", el que no permite reconocer ligas y articulaciones entre actores y realidades. Apartarse de la visión dicotómica de ricos y pobres, campo y ciudad, mercado y Estado, eficacia y equidad, es un grito a veces oculto a lo largo de todo su planteamiento.

La frase de Malassis "la abundancia agrícola en ningún lugar del mundo puede crearse con campesinos pobres" es tan cierta como la que dice "en ninguna parte del mundo desarrollado se ha logrado tal nivel de desarrollo con una agricultura empobrecida". En ambas frases se trasluce la necesidad de dejar la dicotomía acartonada y rígida y retomar la visión sistémica, que al ser "holística" también incorpora lo concreto y lo específico.

Alrededor de su planteamiento central de eficacia y equidad, Malassis ubica interdependencias básicas entre una y otra.

La primera de ellas resulta contundente cuando reconoce que detrás de la eficacia y la equidad existe una red entramada de relaciones humanas de poder, que el llama el juego de tres poderes de compra: el de los consumidores, el de los productores (compradores de medios de producción) y el de la nación, o poder adquisitivo internacional.

El corolario de esta afirmación es importante: la eficacia y la equidad pasan por esta realidad sustantiva y no sólo, y muchas veces ni necesario resulta pasar, por un derecho plasmado en políticas o documentos de intenciones.

La segunda interdependencia sustantiva que identifica Malassis es la necesaria correspondencia entre la intervención del Estado y la actuación del mercado. Armonizar una y otra, coincido, es perfectamente factible, tal como lo señala abrumadoramente la experiencia de la mayoría de los países asiáticos.

De nuevo, esta armonización depende de las fuerzas en presencia. Dice Malassis: "En particular, dependen de la importancia del sector de la pobreza, de la capacidad de los pobres para organizarse y de su poder de intervención, bajo una forma u otra, en la vida política del país".

Finalmente, destaca un elemento, que a mi juicio es "el" elemento de todas las interdependencias y el que consolida la fórmula de eficacia y equidad, que es el recurso humano. El recurso humano no sólo es el elemento presente en las tramas del juego de los poderes, ni de las presiones que "direccionan" las políticas y las intervenciones públicas y privadas, sino esencialmente el factor clave que sustenta la eficacia y la equidad.

Hoy, en la era de la globalización y la integración, la capitalización del recurso humano mediante la educación, la alimentación, la salud y el trabajo es la clave de la competitividad; pero también inherente le es la eliminación de la pobreza (ver G. Escudero, COMUNIICA, vol 3 Dic., 1996). En efecto, no puede haber pobreza ahí donde hay capitalización humana, como no puede haber competitividad ahí donde no hay un recurso humano capitalizado.

¿Taylorismo y fordismo en la era de la globalización?

La revolución de la productividad del trabajo de principios de siglo en los Estados Unidos y posteriormente en Europa y otras latitudes como Asia, simbolizada con el taylorismo y sobre todo con el fordismo, tuvo repercusiones visibles que incluso aún se manifiestan. La producción y el consumo de masas abrió la dimensión del Estado benefactor, pero sobre todo puso en relieve la posibilidad de lograr competitividad y equidad simultáneamente. Conciliar alta productividad y salarios elevados de manera simultánea ha sido una experiencia demostrada y sostenible, lo que nos recuerda Malassis en su planteamiento.

Malassis nos recuerda esta condición como una posibilidad que hoy tiene vigencia, pero con la inevitable contradicción, por un lado, de una globalización que se acelera fuertemente por causa de la revolución de la información y las comunicaciones a escala planetaria y que trae consigo las posibilidades reales de superar la pobreza tornándola en capitalización humana, y por otro lado, la "paciencia del pueblo que se deteriora" por seguir esperando los beneficios prometidos y acicateados por esa gran posibilidad que promete ser inminente, pero que para las mayorías aún no se hace una realidad.

Cada una de las grandes revoluciones tecnológicas de la humanidad ha dejado un legado invaluable para las subsiguientes. En la primera de ellas, la revolución de la agricultura, el hombre aplicó el conocimiento a la tierra, logrando hacer de la agricultura una actividad estable y capaz de organizar sobre ella a la sociedad. La segunda revolución tecnológica, la revolución industrial, permitió el nacimiento, consolidación y hegemonía de la industria y, en ella, el hombre aplicó el conocimiento también a los instrumentos de trabajo, herramientas, máquinas y productos.

La tercera revolución tecnológica fue, precisamente, la revolución de la productividad, donde el hombre aplicó el conocimiento al propio trabajo, o sea, a los procesos de trabajo, sus métodos y sus tiempos y movimientos. El taylorismo y el fordismo fueron sus máximos exponentes.

Sin embargo, hoy se asiste a una cuarta revolución tecnológica, la revolución del conocimiento, donde éste se aplica al conocimiento mismo. He aquí la gran diferencia con respecto a las otras tres revoluciones anteriores: en ésta el recurso humano es el principio, el medio y el fin para lograr eficacia, equidad y competitividad.

Por eso creo, junto con Malassis, que es posible hoy aplicar políticas de eficacia y equidad simultáneamente, no tanto como, pero más que, en los tiempos del fordismo.

Estoy seguro de que, aunque Malassis no pone suficiente énfasis en el aspecto del medio ambiente, pero sí lo menciona con toda propiedad, está en su preocupación esta dimensión de la realidad.

Sospecho que para él dicha dimensión se ve subordinada a la fórmula de eficacia y equidad. El problema del deterioro del medio ambiente y los recursos naturales, en última instancia, se resuelve bajo el paradigma que nos propone.

¿Por una política de cooperación técnica revisada?

Con el realismo que lo caracteriza, Malassis enfoca la política de cooperación técnica en el respeto, el aprovechamiento de las ventajas y la actitud de cambio en los paradigmas, todo ello en el marco de una nueva relación Norte-Sur, en la realidad de la globalización y en la terminación de la bipolaridad.

La cooperación técnica no puede apartarse del paradigma de la eficacia y la equidad, como no puede apartarse de una realidad que no se presenta en términos dicotómicos y excluyentes "de lo blanco y lo negro".

Tiene que ser muy realista, alejarse de las "satanizaciones" y los prejuicios. ¿Deben los países concentrarse en la investigación básica, o más bien, en la investigación aplicada y la investigación-acción? Estos son algunos asuntos que deben ser repensados.

¿Deben los grupos reunir a la vez el sector pobre y el sector de eficacia? Malassis considera que eso es altamente deseable, ya que es útil desarrollar las relaciones de complementariedad entre las unidades de producción pequeñas y grandes.

Por último, deseo resaltar el énfasis que Malassis hace sobre la gran oportunidad y conveniencia de utilizar los medios masivos de comunicación: radio, televisión, vídeo, prensa y ahora Internet, entre otros, como parte de la cooperación técnica. Ello tiene una amplia coincidencia, por cuanto el IICA, dentro del marco de su transformación institucional, se encuentra insistiendo en este mismo planteamiento y actuando en consecuencia.

Señala Malassis: "Para nosotros, resulta sorprendente constatar que los medios de comunicación de masa sean utilizados más como instrumento de diversión que como un instrumento de formación e información con miras al desarrollo".

Los medios de comunicación pueden jugar un papel estratégico en el proceso de la capitalización del recurso humano y, por ende, en el logro simultáneo de la eficacia y la equidad, paradigma del profesor Malassis.

EL EMPLEO Y LA GLOBALIZACIÓN: LOS PROBLEMAS Y LOS RETOS

La globalización y la rápida revolución tecnológica tienen sus ventajas y desventajas. Por un lado, es evidente como las nuevas fuerzas económicas brindan oportunidades para el desarrollo económico y la expansión del empleo de cada país. La globalización promueve la liberación del comercio, la eliminación de las barreras no arancelarias y la nivelación de los aranceles. Como principal efecto se produce la libre movilidad de capitales en un mercado único mundial. Pero ese rápido ritmo de globalización y de progreso tecnológico conlleva a problemas comunes en todos los países. La competencia se torna indiscriminada y los cambios económicos que trae consigo la confluencia de la integración económica mundial con los adelantos técnicos, pueden engendrar inestabilidad y dificultades en la empleabilidad de una gran parte de la población activa de un país.

A partir de esta renovación en el orden económico, se está exigiendo que la mano de obra sea mucho más competente. De no serlo, tendrá que buscar cabida en los mercados laborales que son intensivos en el uso de la mano de obra o que se acogen a niveles de productividad muy bajos:

La demanda de trabajadores calificados ha aumentado tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo. Entre 1.981-1.996, los nuevos empleos creados en las economías avanzadas han sido sobre todo para profesionales y técnicos. En los países en desarrollo estas mismas categorías ocupacionales han experimentado crecimientos notables, pero en menor grado. Por el contrario, el aumento de empleos para los trabajadores de producción, entre los que se incluyen trabajadores manuales y artesanos diestros, pero sobre todo trabajadores no calificados o poco calificados, ha sido pequeño tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados, y en algunos casos no ha habido aumento, sino disminución. La única excepción a esta regla se encuentra en el sector de ventas y de servicios. La creciente incorporación a este sector de trabajadores no calificados refleja el auge de los servicios en las economías desarrolladas, así como una tendencia de los que buscan trabajo, a capacitarse en las destrezas demandadas por los empleos del sector de los servicios. La difusión mundial de las nuevas tecnologías ha creado y ha destruido empleos a la vez, y ha traido consigo cambios en la organización de las empresas (1).

Quienes no tienen acceso a los mercados laborales modernos en los cuales la productividad y los salarios son altos, les queda como alternativa enrolarse en actividades precarias con baja remuneración. Estas actividades se matriculan en sectores informales bajo las categorías de cuenta propias o microempresas de sobrevivencia.

Finalmente, la globalización es sinónimo de estandarización. Ahora las empresas tienen que someterse a la certificación de sus productos con el fin de poder ingresar a los mercados internacionales. Lo mismo se está haciendo con los procesos productivos, se están certificando para garantizar la conservación del medio ambiente y el correcto uso y manipulación de los recursos naturales. Para los primeros años del siglo XXI se espera que también se certifique la calidad de la mano de obra y sobre ella sus competencias para acceder a los mercados laborales modernos.

Bajo los nuevos esquemas que impone la globalización, las competencias en la fuerza de trabajo son cada vez más decisivas para determinar la empleabilidad de un individuo. Una mano de obra bien calificada le facilitará a un país ser mucho más competitivo en su contexto regional y mundial. La tarea de toda nación que aspire a ser competitiva en el entorno mundial será la obtención de factores avanzados como el recurso humano para ser empleado en la producción y comercialización estratégica de bienes y servicios.

Toda acción que tienda a buscar una mejor posición de la fuerza laboral debe estar supeditada a las directrices que se postulen desde políticas nacionales y locales de formación del recurso humano. Acciones aisladas solo serán paliativos para mitigar temporalmente las crisis, o bien, para agravarlas. Tal como lo ha recomendado la ONUDI a las naciones del mundo en su informe de 1.997 sobre el "Desarrollo del Recurso Humano en la Industria":

Cada país debe formular una visión de largo plazo para lograr el desarrollo del recurso humano de la industria. La visión de largo plazo necesita adoptar un enfoque holístico, no solo de capacitación de la mano de obra. Esto requiere tomar una perspectiva de largo plazo para la obtención de destrezas y habilidades en un período de 15 a 20 años. La visión del desarrollo del recurso humano debe estar integrada a la visión general del desarrollo industrial y económico del país. Esto debe considerar los nichos de mercados y las ventajas competitivas y las habilidades y destrezas que requiere la industria para ser competitiva, como también los nuevos desarrollos a la luz de la cambiante demanda (2).

En el marco del largo plazo, es fundamental estar al tanto sobre las calificaciones y la capacidad de adaptación de los trabajadores y de las empresas a las nuevas oportunidades que brinda el mercado. La globalización impone una reposición de tecnologías más rápida, que posibilita el aprendizaje en el puesto de trabajo. Para reconocer los nuevos perfiles que va requiriendo la mano de obra será fundamental promover el montaje de sistemas de monitoreo, como los observatorios de empleo y los sistemas de formación para el trabajo, capaces de detectar las necesidades de la demanda laboral y el estado de los perfiles de la oferta de mano de obra.

Esto también es posible si se da una mayor cooperación entre la industria y los proveedores de formación para certificar la provisión de destrezas profesionales, facilitando, por ejemplo, la inclusión de la experiencia basada en el propio trabajo como un factor a considerar y certificar:

Los planes de acción y las políticas deben promover la revisión periódica de las habilidades y destrezas que demanda la industria y los perfiles que ofrece la mano de obra. Para ello será muy importante incorporar sistemas de mapeo que reorienten el desarrollo del recurso humano como el IHRD-ROM que ofrece la ONUDI.

Según la OIT, actualmente están en marcha esfuerzos significativos para coordinar a empresas y a los proveedores de formación profesional, para garantizar que los cursos impartidos por éstos eviten la trampa habitual de transformarse en algo rígido, obsoleto y falto de necesaria imaginación.

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