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Lo que ocurre después de la muerte

Autor: Julio César Clavijo Sierra
Curso:
5,50/10 (2 opiniones) |627 alumnos|Fecha publicaciýn: 01/12/2009
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Capýtulo 4:

 Nuevo Testamento. Lo que enseña

Desde luego, el Nuevo Testamento es mucho más explícito acerca de la condición real de aquellos muertos que durante su vida hicieron la voluntad de Dios, y la de aquellos que no la hicieron. Precisamente ya hemos examinado la historia del Rico y Lázaro donde se refleja esa situación. Además, el Nuevo Testamento es suficientemente explícito en lo que respecta al destino final de los justos y de los injustos. El destino final de los justos serán cielos nuevos y tierra nueva donde mora la justicia (2. Pedro 3:13), mientras que el destino final de los injustos será el lago de fuego a dónde serán arrojados los que no se hallaron inscritos en el libro de la vida (Apocalipsis 20:15). Pasemos a analizar con más detalle la enseñanza del Nuevo Testamento relacionada con este tema.

EL LUGAR DE LOS MUERTOS O HADES

El Nuevo Testamento no usa la palabra seol, pero utiliza en su lugar la palabra griega hades. Hades es una "palabra griega que significa «lo invisible». Los griegos dieron este nombre primeramente al «lugar profundo» donde reposan los espíritus una vez despojados de sus cuerpos, y después (según la mitología griega) lo utilizaron para el dios de lo profundo.

El Nuevo Testamento nos enseña que el Rico estaba en la región de tormento del hades (Lucas 16:23) mientras que Lázaro se encontraba en la región de consuelo del hades (Lucas 16:25).

Los habitantes de Capernaum contaban con una ciudad de mucho progreso y esplendor, pero toda su gloria iba a perecer en el hades (Mateo 11:23, Lucas 10:15); las puertas del hades (o el poder de la muerte) no prevalecerán contra la iglesia (Mateo 16:18), estaba profetizado que el alma de Jesucristo no estaría para siempre en el hades (Hechos 2:27, 31), Jesucristo tiene las llaves de la muerte y el hades (Apocalipsis 1:18), El hades sigue a la muerte (Apocalipsis 6:8). Luego del juicio final la muerte y el hades serán lanzados al lago de fuego y esa será la segunda muerte (Apocalipsis 20:13-15).

El Nuevo Testamento afirma que Jesucristo descendió a las profundidades más bajas de la tierra, como una referencia a su descenso al hades (Efesios 4:9). Nuevamente (como lo explicamos con el seol en el Antiguo Testamento), esto no significa que el hades quede necesariamente en el centro de la tierra, sino que puede referirse a la condición misma de morir. Cuando Cristo resucitó de los muertos, Él venció al hades y a la muerte (Efesios 4:8-10).

Algunos sugieren que Efesios 4:8-10, también indica que después de la resurrección de Cristo, él sacó del hades (seol) a todas las almas de los santos que habían muerto hasta ese momento, y que todos los justos que mueren después de la resurrección de Cristo van directamente al cielo, mientras que los que mueren sin Cristo siguen yendo al hades. No obstante, el texto de Efesios nunca dice eso de manera clara, pero más bien dice que cuando Cristo resucitó, Él cautivo lo que cautivaba a la humanidad (por vencer al pecado y a la muerte) y dio dones a los hombres, constituyendo a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y a otros maestros. (Efesios 4:11).

EL ABISMO

El Nuevo Testamento (al igual que el Antiguo Testamento) utiliza la palabra abismo para referirse a todo el lugar de los muertos. Por ejemplo, afirma que Cristo descendió al abismo y estuvo entre los muertos (Romanos 10:7).

En una porción del abismo algunos demonios son atormentados, y por eso unos demonios le rogaron a Jesús que no los enviara para allá (Lucas 8:31). Satanás será apresado durante mil años en el abismo (Apocalipsis 20:1-3). El libro de Apocalipsis enseña que la bestia (anticristo) sube del abismo (Apocalipsis 11:7), lo que significa que aquel gobernador mundial contará con los poderes de las tinieblas, por eso la profecía dice que subirá del abismo pero también irá a perdición (Apocalipsis 17:8).

Algunos de los juicios finales conducirán a mucha gente al abismo, pues en efecto morirán. Por ejemplo, las langostas que "subieron del abismo" tienen por rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión (Apocalipsis 9:11) y su misión es obedecerle asesinando a muchas personas. Abadón y Apolión, significan Destructor.

EL INFIERNO

La mayoría de las versiones españolas de la Biblia, utilizan el término infierno, con dos connotaciones.

a. La primera, corresponde a la traducción de la palabra griega tártaro y hace referencia a un lugar de castigo donde se encuentran algunos demonios, quienes tendrán que enfrentarse más adelante con el juicio de Dios  (2. Pedro 2:4). De acuerdo con la concepción de los griegos, el tártaro era una caverna donde eran lanzados los malos.

b. La segunda, corresponde a la traducción de la palabra gehena, y hace referencia a la sección de tormento y castigo del hades. Así, es el equivalente de la palabra hebrea Abadón.

Debemos temer a Dios, pues Él tiene el poder de quitar la vida y echar en el infierno (Mateo 10:28, Lucas 12:4-5); los que van rumbo al infierno, son llamados hijos del infierno (Mateo 23:15); en el infierno hay condenación (Mateo 23:33); el fuego del infierno nunca se apaga (Marcos 9:48); es mejor renunciar a cualquier órgano del cuerpo que ser arrojado al infierno (Mateo 5:27-30, 18:8-9, Marcos 9:43-47); el que mate y el que insulte a su hermano quedará expuesto al infierno de fuego (Mateo 5:21-22, 1 Juan 3:15); el mal uso de nuestra lengua (ofensas, groserías, maledicencias, mentiras, blasfemias, etc.) puede hacernos perder en el infierno (Santiago 3:6).

La palabra gehena, es una adaptación griega de la expresión hebrea ge-hinom que significa valle de Hinom, o ge-ben-hinom que significa valle de los hijos de Hinom. Hinom significa lamentación.

El valle de Hinom, es un valle localizado a las afueras de la ciudad de Jerusalén. En los días de Cristo, este valle era el basurero de Jerusalén. El valle de Hinom era un botadero a cielo abierto, por lo cual, los Israelitas mantenían fuego ardiendo de continuo a fin de mitigar el olor de la putrefacción. A ese basurero también se arrojaban cadáveres de animales y de restos humanos, y los residuos de los cadáveres que no eran consumidos por el fuego, eran devorados por gusanos. Ese valle era un lugar donde literalmente el fuego nunca se apagaba y los gusanos siempre estaban presentes. El valle era sinónimo de podredumbre, muerte y destrucción, al punto que los judíos utilizaron el vocablo gehena para aludir al lugar de castigo eterno, y por eso el Señor Jesús lo usó como una referencia para describir la realidad de ese lugar de tormento, a donde se dirigen todos aquellos muertos que en su vida no aceptaron el llamado de Dios.

Además, en ese mismo valle, en los días anteriores a la caída de Jerusalén en manos de los ejércitos de Nabucodonosor, los Israelitas se apartaron de Dios e hicieron sacrificios humanos en honor a los ídolos abominables Baal y Moloc (2. Reyes 23:10, 2 Crónicas 28.3; 33.6; Jeremías 7.31; 32.35). Por esa causa, Dios advirtió que ese Valle ya no se iba a llamar más valle de los hijos de Hinom, sino valle de la Matanza (Jeremías 7:32).

EL LADRON ARREPENTIDO QUE FUE CRUCIFICADO AL LADO DE JESUS 

El evangelista Lucas, nos informa que el ladrón arrepentido que fue crucificado al lado del Señor Jesucristo, "dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:42-43) 

Aquel ladrón mostró arrepentimiento, mostró su fe en el Señor Jesucristo como el único que podía salvarle y lo reconoció como el Mesías Rey, pues habló de su reino. Con su clamor, aquel ladrón también reconoció que no todo acaba con la muerte, y que algo ocurre con nosotros después de que ésta nos alcanza. 

Jesucristo le prometió que ese mismo día, ellos dos iban a encontrarse en el paraíso. La pregunta que debemos hacernos es: ¿A qué paraíso se estaba refiriendo el Señor? El día que Jesucristo murió, al igual que todos los hombres que mueren, Él descendió al lugar de los muertos, a dónde también descendió aquel ladrón arrepentido. Había dos opciones para el ladrón; ir al lugar de tormento del hades o ir a lugar de consolación del hades, pero el Señor Jesucristo le prometió que ese mismo día, ambos se encontrarían en el paraíso, como una referencia a su encuentro en el lugar de consolación del hades. 

Note usted que Jesús nunca dijo que ese mismo día se verían en el cielo, o que ese mismo día se verían en los cielos nuevos y en la tierra nueva que será la morada eterna final de los redimidos. La Biblia no dice eso y no debemos especular que eso fue lo que ocurrió, pues los textos bíblicos que nos hablan sobre lo que pasó inmediatamente después de la muerte de Jesucristo, nos dicen que Él fue al hades (Efesios 4:9). Jesús profetizó que Él iba a cumplir la señal del profeta Jonás de permanecer tres días y tres noches en el corazón de la tierra (Mateo 12:39-40, 16:4)". Como puede usted notar, la Biblia es clara en afirmar, que después de su muerte, Cristo no ascendió inmediatamente a los cielos, sino que tenía que cumplirse en Él la profecía de Jonás y de los otros santos profetas, que afirmaron que Él descendería al seol (lugar de los muertos) pero su alma no sería dejada allá, pues resucitaría. 

En conclusión, el paraíso al que se refiere Lucas 23:42-43, es el seno de Abraham, o lugar de consuelo del Hades, ya que ese mismo día, tal como lo prometió el Señor, ambos (Jesús y el ladrón arrepentido) se tenían que encontrar en un lugar mejor. Por extensión, podríamos decir, que la promesa también se refería a que algún día, ambos se iban a encontrar en los cielos nuevos y tierra nueva, que será el paraíso final para los redimidos.  

LA MUERTE DE LOS CRISTIANOS 

Para un cristiano el morir es ganancia (Filipenses 1:21), pues significa partir para estar con el Señor (Filipenses 1:23). Ya el Antiguo Testamento, había confesado que es estimada a los ojos de Jehová la muerte de sus santos (Salmo 116:15), y esto sigue siendo cierto en el Nuevo Testamento, pues los que han llegado a la muerte luego de vivir una vida en Cristo tienen esperanza (1. Tesalonicenses 4:13-14), pues son herederos de una grande salvación (Hebreos 2:3). La muerte de los creyentes es un encuentro con Cristo, por eso Esteban dijo: "Señor Jesús recibe mi espíritu" (Hechos 7:29). 

Una vez que un cristiano muere, su alma descansa en la presencia de Dios (2. Corintios 5:8), y estará en la presencia del Señor, en el lugar de consolación, hasta que llegue el día de la venida de Él para levantar a su iglesia, y entonces Dios traerá con Jesús a los que durmieron en Él (1. Tesalonicenses 4.14). 

"Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables." (2. Corintios 5:6-9) 

LA RESURRECCION 

La resurrección es una de las doctrinas fundamentales de la fe cristiana (Hebreos 6:1-2); la muerte entró por Adán, pero por Cristo la resurrección de los muertos (1. Corintios 15:21-22); hay resurrección para los justos y para los injustos (Hechos 24:15); los que hicieron lo bueno resucitarán para vida, pero los que hicieron lo malo, irán a resurrección de muerte (Juan 5:28-29); la resurrección de los justos es la primera resurrección (1. Tesalonicenses 4:16, Apocalipsis 20:5-6); la resurrección de los injustos es la segunda resurrección (Apocalipsis 20:12-13). La primera resurrección está dividida en varias etapas. Corresponde a la resurrección de los santos que murieron antes del arrebatamiento de la Iglesia (1. Corintios 15:51-55), a la resurrección de los santos que murieron durante la gran tribulación (Apocalipsis 7:13-14), y probablemente haga referencia a la resurrección de otros santos que crean a Dios durante el milenio (Isaías 65:19-20). 

Habrá recompensa en la resurrección de los justos (Lucas 14:14); es una dignidad alcanzar la resurrección de los justos (Lucas 20:35), el que resucite en justicia ya no puede morir por ser hijo de la resurrección (Lucas 20:36, Romanos 6:9) y Cristo fue el primero en resucitar (1. corintios 15:23). 

Jesús dijo que Moisés mismo creyó en la resurrección, pues Dios es Dios de vivos y no de muertos (Mateo 22:31-32, Lucas 20:37-40); Moisés y los profetas anunciaron que Cristo había de padecer y ser el primero de la resurrección de los muertos (Hechos 26:22); David profetizó que Jesús iba a resucitar (Hechos 2:31); Jesús prometió que iba a resucitar (Mateo 16:21, Marcos 8:31, 9:9-10), y afirmó que iba a cumplir la señal del profeta Jonás de permanecer tres días y tres noches en el corazón de la tierra (Mateo 12:39-40, 16:4); los apóstoles enseñaron la resurrección de entre los muertos (Hechos 4:2, 17:18, 24:21); Los apóstoles dieron testimonio de la resurrección del Señor Jesús (Hechos 4:33, 1. Corintios 15:3-9, 20); hay gente que se burla de la enseñanza de la resurrección (Hechos 17:32); y hay gente que niega esa enseñanza (1. Corintios 15:12); hay gente que dice que la resurrección ya se efectuó y trastornan la fe de algunos (2. Timoteo 2:17); la resurrección es una esperanza (Hechos 23:6); la resurrección de Jesucristo nos ha dado una esperanza viva (1. Pedro 1:3); cuando resucitemos seremos semejantes a Cristo (Romanos 6:5), el bautismo nos salva porque Jesucristo resucitó (1. Pedro 3:21); El Señor aseguró que en la resurrección ni se casan ni se dan en casamiento (Mateo 22:30, Marcos 12:25-27, Lucas 20:34-36), etc. 

Los muertos en Cristo resucitados, los salvos vivos transformados de la edad de la iglesia, más los salvos de la gran tribulación, juntos haremos parte de la primera resurrección antes del reino de los mil años  y reinaremos con Cristo esos mil años, siendo coadjutores del sacerdocio de Cristo sobre el Israel secular y la humanidad. Al final de ese periodo, este mismo grupo en general (o la iglesia) juzgaremos juntamente con Cristo (Juan 5.22; Hechos 10.42) a los ángeles que pecaron y al mundo en general (1. Corintios 6.2-4) en el gran día del juicio final del Trono Blanco. 

EL CUERPO DE GLORIA

El Nuevo Testamento enseña que nuestro cuerpo será transformado en un cuerpo semejante al cuerpo glorioso con el que Cristo resucitó (Filipenses 3:21). La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios y por eso debemos ser transformados en un cuerpo incorruptible (1. Corintios 15:50).

Adán fue coronado de gloria y de honra, fue hecho para que no muriera y toda la creación fue puesta debajo de sus pies (Salmo 8:4-9), pero el pecado trajo como resultado su muerte y esa muerte pasó a todos los hombres (Romanos 6:24). Así, esa gloria y honra se convirtió en deshonra y todos los hombres hemos heredado de Adán esa imagen de deshonra (1. Corintios 15:49). Nuestro Señor Jesucristo apareció como el segundo Adán (1. Corintios 15:45), como aquel que vino a restituir esa corona de gloria y de honra que el hombre perdió (Hebreos 2:9). Por medio de la resurrección, Jesucristo obtuvo un cuerpo glorioso y recuperó ese estado que Adán perdió el día que pecó. Así, los que hemos creído en Cristo, heredaremos esa imagen de gloria y de honra que Jesucristo obtuvo por medio de su resurrección (1. Corintios 15:49).

Así como una semilla debe ser sembrada para que de ella brote una planta que tiene una forma totalmente distinta a la semilla que fue enterrada, así los hombres muertos resucitarán con un cuerpo totalmente diferente con el que fueron sepultados (1. Corintios 15:37-38). El cuerpo que fue sepultado no es el cuerpo con el que nos levantaremos. Tenemos un cuerpo corruptible que será transformado en un cuerpo incorruptible, tenemos un cuerpo deshonrado que será transformado en un cuerpo glorioso, tenemos un cuerpo débil que será transformado en un cuerpo de poder, tenemos un cuerpo animal que será transformado en un cuerpo espiritual (1. Corintios 15:42-44), tenemos un cuerpo mortal que será transformado en un cuerpo inmortal (1. Corintios 15:53). Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser pero sabemos que cuando Él se manifieste seremos semejantes a Él (1. Juan 3:2).

Jesucristo no resucitó como un espíritu, sino que tenía un verdadero cuerpo glorioso (Lucas 24:39-40). Con ese cuerpo glorioso comió (Lucas 24:41-42, Juan 21:12-13) y por eso cuando nosotros resucitemos podremos comer del árbol de la vida (Apocalipsis 2:7, 22:2, 22:14). Ese cuerpo glorioso le daba la facultad de aparecer dentro de recintos que estaban completamente cerrados (Juan 20:19), y solo podían identificarlo si Él así lo quería (comparar Lucas 24:15-16 con Lucas 24:31).  

Nosotros tenemos una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos, y esa esperanza viva tiene valor porque Cristo resucitó de los muertos (1. Pedro 1:3-5)

EL ARREBATAMIENTO DE LA IGLESIA

El apóstol Pablo enseñó que no todos los creyentes vamos a morir, pero todos sí seremos transformados (1. Corintios 15:51). Algún día el Señor arrebatará a su iglesia para que esté para siempre con Él. Los santos que estén muertos resucitarán y los que estemos vivos seremos transformados y arrebatados juntamente con ellos para recibir al Señor en el aire (1. Corintios 15:51-52, 1. Tesalonicenses 4:16-17).

Será un evento parecido a lo que ocurrió con Enoc y Elías.

EL JUCIO FINAL

El apóstol Juan enseñó que habrá una segunda resurrección, dónde todos los hombres estarán delante de Dios para ser juzgados al final de los tiempos (Apocalipsis 20:11-13).

Aquel día serán abiertos muchos libros y también será abierto el libro de la vida. Todos los hombres serán juzgados por lo que está escrito en los libros (Apocalipsis 20:12). La mención a los libros puede ser una referencia a las conciencias de los hombres, pues en la epístola a los Romanos (donde también se habla del justo juicio de Dios), se dice que las conciencias de los hombres darán testimonio y sus pensamientos los acusarán o defenderán (Romanos 2:15). La mención del libro de la vida, puede ser una referencia a Jesucristo, pues en su papel de humano perfecto y vencedor, juzgará al mundo. La Biblia enseña que Jesús no juzgará al mundo como Padre sino desde su función de Hijo (Juan 5:22), pues Dios juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos (Hechos 17:31), y por eso Dios juzgará por medio de Jesucristo los secretos de los hombres (Romanos 2:16), ya que el Señor conoce a los que son suyos. (2. Timoteo 2:19).

Todo aquel que no se halle inscrito en el libro de la vida será lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 20:15). Todo aquel que venza heredará todas las cosas, pero los pecadores tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre (Apocalipsis 21:7-8).

EL LAGO DE FUEGO

El lago de fuego será el lugar definitivo de castigo eterno. La Escritura afirma que el lugar de los muertos (o hades), será lanzado después del juicio final al lago de fuego (Apocalipsis 23:14). De acuerdo con la Escritura, actualmente no hay nadie en ese lago de fuego, y los primeros que serán arrojados allí serán la bestia y el falso profeta luego de la batalla de Armagedón (Apocalipsis 19:20). Más adelante serán arrojados el diablo y los demonios, y serán atormentados por los siglos de los siglos (Apocalipsis 20:10), y finalmente serán lanzados allí, todos aquellos hombres que no se hallaron inscritos en el libro de la vida (Apocalipsis 20:15).

El castigo es eterno (Mateo 25:46); allí será el lloro y el crujir de dientes (Mateo 8:12, 13:41, 50); los habitantes de Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas fueron puestos por ejemplo sufriendo el castigo del fuego eterno (Judas 1:7); los que no obedecen el evangelio sufrirán pena de eterna perdición (2. Tesalonicenses 1:8-9); todo aquel que no de buen fruto será cortado y echado en el fuego (Mateo 7:19); la cizaña (los hijos del malo) será arrojada al fuego (Mateo 13:38,40); todos los que sirven de tropiezo y todos los que hacen iniquidad serán echados al horno de fuego (Mateo 13:42), los malditos serán arrojados al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41), el que blasfeme contra el Espíritu Santo sufrirá pena de castigo eterno (Marcos 3:29); los escribas y fariseos hipócritas de los tiempos de Jesús recibirán mayor condenación (Mateo 23:14); los que no se hayan preparado estarán en las tinieblas de afuera  (Mateo 8:12, 22:13).

LOS CIELOS NUEVOS Y LA TIERRA NUEVA

El Señor dará vida eterna a los que perseveran en el bien, buscando honra, gloria e inmortalidad (Romanos 2.7). Dios tiene preparado un lugar para nosotros en los cielos (Juan 14:2, 1. Pedro 1:4)

El apóstol Pedro afirmó que nosotros esperamos según las promesas del Señor unos cielos nuevos y una tierra nueva donde mora la justicia (2. Pedro 3:13). Los cielos y la tierra que ahora existen serán destruidos y Dios hará una nueva creación (2. Pedro 3:10-12). El apóstol Juan vio un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron y el mar ya no existía más (Apocalipsis 21:1). El Señor Jesús prometió que los humildes de corazón recibirán la tierra que Él les ha prometido (Mateo 5:5), y que como hemos visto, no corresponde a esta tierra actual, sino a los cielos nuevos y a la tierra nueva.

A esa nueva tierra, descenderá desde los cielos la ciudad que tiene fundamentos cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:10). Esa ciudad es la nueva Jerusalén y en ella habitarán los redimidos de Dios. Dios mismo morará con los redimidos. Allí habrá un solo trono que será el trono de Dios y del cordero (Apocalipsis 22:3), pues el cordero es Dios mismo manifestado en carne. Nuestro Dios estará para siempre con nosotros y podremos verlo a través del cuerpo glorificado de Jesús (Job 19:26-27, Apocalipsis 22:4).

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