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Lo que ocurre después de la muerte

Autor: Julio César Clavijo Sierra
Curso:
5,50/10 (2 opiniones) |627 alumnos|Fecha publicación: 01/12/2009
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Capítulo 3:

 Antiguo Testamento. Lo que enseña

EL LUGAR DE LOS MUERTOS O SEOL

El Antiguo Testamento establece que todos los hombres, los justos y los injustos, tan pronto como les alcance la muerte van a un lugar conocido como el seol o el lugar de los muertos. El seol también fue llamado abismo, o tierra del olvido (Salmo 88:12). Particularmente, Isaías 14:9-11 y 14:15-17 demuestra que el seol es un lugar en el que hay existencia consciente después de la muerte.  

Jacob mencionó que él descendería al seol (Génesis 37:35, 42:38); los hijos de Jacob expresaron que su padre descendería al seol (Génesis 37:35); los hombres que se adhirieron a la rebelión de Coré fueron tragados por la tierra y descendieron vivos al seol (Números 16:29-34); Zofar, uno de los amigos de Job, mencionó que el seol es demasiado profundo (Job 11:8); Job, también afirmó que en el seol están todos los muertos, sean ricos o pobres, sean siervos o jefes, sean pequeños o grandes (Job 3:13-19); el salmista agradece a Dios por haberle librado del seol (Salmo 30:3); ningún hombre podrá librar por sí mismo su vida del poder del seol (Salmo 89:48); ni aún en el seol podemos escondernos de la presencia del Dios Omnipresente (Salmo 139:7-9); los hombres asesinos saben que envían a sus victimas al seol (Proverbios 1:12); todos los hombres descienden al seol (Eclesiastés 9:10); un salmo mesiánico indica que Cristo descendería al seol (Salmo 16:10); y todos los que confiamos en Dios seremos redimidos del seol (Oseas 13:14).

Algunos comentaristas afirman que los hebreos creían que ese lugar estaba en el centro de la tierra, ya que en algunos pasajes se habla de "descender" al seol, pero la palabra "descender" puede ser más bien una referencia a la misma condición de morir, y no necesariamente a descender al centro de la tierra. En otros pasajes, la palabra seol es sinónimo de sepulcro, pero esto no indica que en la mentalidad hebrea el sepulcro sea la misma región de los muertos, sino que indica es, que cualquiera cuyo cuerpo muerto es puesto en un sepulcro, tiene su alma en el lugar de los muertos. En el Salmo 6:5, seol se refiere al estado de muerte cf. Salmo 18:5.

Jonás también usó el término seol de manera figurada, pues aún cuando se encontraba con vida en el vientre del gran pez, él ya se consideraba prácticamente muerto y por eso dijo que oró al Señor desde el seno del seol (Jonás 2:1). Coré y todos los que participaron de su rebelión, fueron tragados por la tierra y descendieron vivos al seol, no porque el seol quedara necesariamente en el centro de la tierra, sino porque de esa manera murieron y llegaron a la región de los muertos (Números 16:33). Aún si asumiéramos que el lugar de los muertos queda en el centro de la tierra, eso no niega la existencia de ese lugar ni la descripción que Jesús dio acerca de él.

El seol es un lugar indeseable para los malvados, pues allí son castigados y avergonzados (Deuteronomio 32:21-22, Job 24:19, Salmo 31:17, Isaías 14:9-11). Por el contrario, el seol es un refugio y esperanza para los justos (Job 14:13, Oseas 13:14).   

EL ABISMO

Otro de los nombres que los hebreos le dieron al lugar de los muertos, fue el de abismo. Los hebreos también llamaban abismo a las profundidades del océano. Así, en el libro de los Salmos se expresa que cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, ellos caminaron por el abismo (Salmo 106:9), lo que es una referencia a todo el pueblo de Israel andando entre las profundidades del mar rojo como por tierra seca. Cuando Dios estaba realizando su obra de creación  sobre la tierra, el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas (o del abismo) (Génesis 1:2, Proverbios 8:27). Cuando ocurrió el diluvio, las fuentes del grande abismo (las inmensas corrientes de agua en las grandes profundidades de la tierra) y las cataratas de los cielos fueron abiertas (Génesis 7:11).  

Nuevamente, esto no indica necesariamente que el lugar de los muertos esté en el fondo del océano, sino que puede ser una referencia a lo insondable que es para nosotros el lugar de los muertos. Job afirmó que la sabiduría no se encontraba  en el abismo (Job 28:14); el salmista oró para que no se lo tragará el abismo (Salmo 69:15); los muertos están en el abismo (Salmo 71:20); los hombres asesinos envían sus víctimas al seol, y se los tragan como un abismo (Proverbios 1:12), el rey de Babilonia y el Rey de Egipto han descendido al seol, a lo más bajo del abismo (Isaías 14:15, Ezequiel 31:15); a Jonás lo rodeó el abismo (Jonás 2:5), etc.

EL ABADON (O DESTRUCCION)

Continuando con la enseñanza del Antiguo Testamento acerca del lugar de los muertos, podemos apreciar que éste también hace referencia a una región llamada abadón. Los términos seol y abismo, se refieren a toda la región de los muertos, indistintamente de que se dirija al lugar de consuelo de los justos o al lugar de tormento de los injustos, pero el término abadón está directamente relacionado con la región en la que se encuentran los muertos injustos.

El abadón está descubierto delante de Dios (Job 26:6); la iniquidad y el fuego están relacionados con el abadón (Job 31:11-12); aquellos sobre los que reposa la ira de Dios, descenderán al hoyo profundo y la verdad de Dios no será contada en el abadón (Salmo 88:6-7, 11); el que deja el buen camino y odia la reprensión morirá y llegará al seol y al abadón (Proverbios 15:11); el seol y el abadón nunca se sacian (Proverbios 27:20).

UN LUGAR DE CONSUELO

La Biblia enseña que la muerte de los santos, es apreciada delante de Dios (Salmo 116:15). Así, aun cuando el Antiguo Testamento no sea muy explícito, sí nos da alguna orientación acerca de un lugar de consuelo para aquellos que han muerto, y que hicieron la voluntad del Señor (Job 14:13, Oseas 13:14).

LA RESURRECCION

El Antiguo Testamento enseña que los muertos van a resucitar, algunos para obtener la vida eterna y los otros para vergüenza y confusión perpetua (Daniel 12:2).

CASTIGO ETERNO

El Antiguo Testamento enseña que existe un castigo eterno que está representado con fuego y azufre. Jehová hará que los injustos sufran con fuego, azufre y viento abrasador, pero librará a los justos (Salmo 11:5-7); Jehová juzgará a todas las naciones en un fuego que no se apagará ni de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo (Isaías 34:1, 10). El profeta Ezequiel enseñó que el alma que peca voluntariamente, esa alma morirá (Ezequiel 18:4 y ss).

VIDA ETERNA

Moisés tenía conocimiento del libro de la vida (Éxodo 32:32) y Jehová enseñó a Moisés que todo aquel que peca será raído de ese libro (Éxodo 32:33).

Job confesó que aquel que lo habría de salvar tiene vida, y aún cuando Job tuviera que morir, él sabía que algún día se levantaría de entre los muertos y habría de ver a Dios. Él mismo y no otro vería con sus propios ojos a Dios (Job 19:25-27)

Ezequiel enseñó que aquel que practique la justicia, ese hombre vivirá (Ezequiel 18:9)

El profeta Daniel, también enseñó que los que resuciten para obtener la vida eterna resplandecerán como resplandecen las estrellas en el firmamento (Daniel 12:3). Jehová envía bendición y vida eterna a los que andan en su voluntad (Salmo 133:3)

LOS ARREBATAMIENTOS DE ENOC Y ELIAS

Enoc y Elías no vieron la muerte. Por tanto, ellos no fueron a la región de los muertos, sino que fueron arrebatados por Dios a los mismos cielos.

Enoc caminó con Dios  y desapareció, porque le llevó Dios (Génesis 5:21), La epístola a los Hebreos nos enseña que Enoc no vio la muerte sino que fue trasladado a otro lugar (Hebreos 11:5)

El profeta Elías fue igualmente trasladado. Él fue alzado por Dios y fue llevado al cielo en un torbellino (2. Reyes 2:1, 11), y no fue vuelto a encontrar (2. Reyes 2:16-18).

Estos hombres no murieron, por tanto, no tienen por qué resucitar. Estos hombres no están en el hades pues no conocieron la muerte. Estos hombres están ahora mismo en el cielo. Los muertos están en el hades, ya sea en la región de tormento o de consuelo, y los que estamos vivos, estamos aquí en la tierra.

A pesar de que la Escritura confiesa que Elías fue arrebatado al cielo por un carro de fuego en un torbellino, hay personas que niegan esto, diciendo que el traslado de Elías no fue para el cielo, sino que el profeta fue traslado para otro lugar de la tierra, por lo que algún día posterior al suceso del carro de fuego, el profeta Elías tuvo que morir. Ellos dicen que luego de su desaparición, Elías le envió una carta al rey Joram de Judá, por lo cual dicen ellos, Elías aún se encontraba en un lugar próximo a donde se dio el suceso sobrenatural del carro de fuego, y estaba informado de todo lo que sucedía en Israel y en Judá, aunque permanecía escondido disfrutando de un buen retiro, ya que habiendo nombrado a Eliseo como su sucesor, no tenía por qué volver a aparecer públicamente. El texto que ellos tuercen para tratar de buscar sustento a su posición es 2. Crónicas 21:12-15.

No obstante, esa posición es refutada por la propia Escritura, que nos enseña que Joram, en los primeros años de su gobierno, reinó simultáneamente con su padre Josafat, sobre el reino de Judá (2. Reyes 8:16-17). Es decir, durante un breve tiempo, hubo dos reyes oficiales sobre Judá, que eran Josafat y Joram, padre e hijo. Joram, asumió el reino de Judá antes de la muerte de su padre Josafat, pero los dos fueron considerados reyes oficiales, y el tiempo de reinado simultáneo, fue computado de manera independiente para el periodo de cada uno de estos dos reyes. El tiempo que Joram reinó sobre Judá fue de solo ocho años, pero de estos, algunos se refieren al reinado compartido con su padre Josafat, y los otros, al tiempo en el que reinó solo.

Joram mostró su mal proceder desde el principio de su reinado, aun cuando Josafat (su padre) vivía. Además, de acuerdo con el relato bíblico, es totalmente posible que Elías enviara esa carta a Joram rey de Judá, antes del arrebatamiento al cielo. Quizá Elías escribió esa carta en momentos muy próximos a su traslado, y esa sea la razón por la cual no se desplazó hasta Jerusalén para darle la profecía de manera personal a Joram rey de Judá, pues sabía que Dios lo podía arrebatar en cualquier momento.

Aún más, la Escritura afirma que Elías fue arrebatado antes de que Josafat terminara de reinar, pues se dice que Josafat consultó al profeta Eliseo, el que sirvió a Elías (2. Reyes 3:11-12), por lo cual es evidente que Elías ya había salido del escenario.

La conclusión es que Elías escribió la carta para Joram rey de Judá antes de su arrebatamiento, y que Elías fue trasladado al cielo convirtiéndose (al igual que Enoc) en tipo del arrebatamiento de la Iglesia. Podemos confiar en que Dios arrebatará a su iglesia, pues tenemos el testimonio de Enoc, de Elías y de Jesucristo (más de dos testigos).

CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA

El profeta Isaías enseñó que los cielos y la tierra que ahora existen serán destruidos (Isaías 51:6), y Dios creará en su lugar unos cielos nuevos y una tierra nueva. Así, los primeros cielos y la primera tierra serán puestos en el olvido (Isaías 65:17). En esos cielos nuevos, y en esa tierra nueva habitarán para siempre los justos y se recrearán con abundancia de paz. Allí no tendrán morada los malos (Salmo 37:9-11, 22, 27-29).

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