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Psiquiatría. Guía psiquiátrica niños y adolescentes (6/11)

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opinión) |868 alumnos|Fecha publicación: 08/11/2010

Capítulo 1:

 Conductas normal y anormal

6. TRASTORNOS DE CONDUCTA EN LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA.

CONDUCTA NORMAL Y PATOLOGICA.ETIOLOGIA Y EPIDEMIOLOGIA.

VALORACIÓN CLINICA Y SINTOMATOLOGIA.

DIAGNOSTICO DIFERENCIAL.CURSO Y PRONÓSTICO.

TRATAMIENTO

Autores: F. Ortuño Sánchez-Pedreño, P. Lorens Rodríguez, J.J. Plumed Domingo,G. Selva Vera y R.Tabares Seisdedos Coordinador:A. Agüero y M.A. Catalá, Valencia

CONDUCTA NORMAL Y ANORMAL

Al evaluar la conducta en el niño, cualquier juicio que establezcamos dependerá de los criterios que utilicemos para diferenciar la normalidad de la anormalidad. Así, tenemos:

Normalidad como media. Esto supone el considerar como normales aquellas conductas que se dan con mayor frecuencia en la infancia. Es importante, además, valorar el momento evolutivo en que se produce el hecho. Así, no será lo mismo una conducta de excesiva dependencia hacia la madre en un niño de 1 ano, que en uno de 5. En este último caso, se trataría de un retraso evolutivo.

Como problemático, tenemos que señalar el que muchos rasgos, de carácter no pueden considerarse desde ningún punto de vista patológicos. Así, un niño extremadamente inteligente sería considerado, ciñéndonos a lo dicho, tan anormal como uno con un retraso mental.

Normalidad como ideal. Esta idea tiene su origen en las teorías psicodinámicos, de acuerdo con las cuales la normalidad completa se trataría de algo utópico. El desarrollo psíquico seguiría una escala evolutiva, cuyo escalón final sería un equilibrio intrapsiquico completo. Evidentemente, la dificultad de este concepto reside en admitir la existencia de patología en prácticamente todas las personas.

Normalidad como ajuste.Esto supone una aproximación más flexible al concepto de normalidad. Supondría la capacidad de adaptación del individuo al medio, de forma que todos aquellos síntomas que produjesen dificultades a nivel de las relaciones interpersonales, laborales, o en los rendimientos escolares, desde un punto de vista subjetivo o de acuerdo con un juicio externo, supondrían una patología.

Otra forma de evaluar la conducta seria siguiendo un criterio cuantitativo o cualitativo. Cuantitativo se refiere a que las conductas normales o anormales se diferencian en el grado o intensidad en que aparecen. Por ejemplo, una inquietud o actividad excesivas o, por contrario, una gran pasividad, son sugestivas de conducta anormal. Lo cualitativo habla de una diferencia en la calidad y tipo de las conductas normales y patológicas. El caso más típico serian los síntomas psicóticos, que presentan una diferencia cualitativa clara con respecto a lo normal.

A la hora de establecer los criterios diagnósticos para determinados cuadros, se han descrito como entidades categoriales (aproximación cualitativa), aunque no dejan de ser desviaciones estadísticas de la conducta normal. Entre estos dos conceptos hay una superposición continua, y el decantarse hacia un extremo u otro depende del punto de vista con que se juzgue. Un ejemplo de esto sería el retraso mental, ya que la diferencia entre dos niños que presentan una gran variación de coeficiente intelectual puede valorarse ateniéndose a una diferencia numérica de CI, o a las manifestaciones en el comportamiento, que reflejan una forma radicalmente distinta de juzgar los hechos e interpretar el mundo en el que viven.

Otras patologías suponen tan solo una desviación cuantitativa, como por ejemplo en la enuresis, que se valora en función de la intensidad, frecuencia y momento evolutivo en que se produce la conducta. Lo contrario sucede con enfermedades como el autismo, en que los síntomas que lo definen suponen siempre una desviación cualitativa respecto al comportamiento del niño normal.

Ya hemos comentado el valor clave que tiene el momento de aparición de un síntoma en el desarrollo evolutivo del niño, puesto que nos orientara sobre su condición de normal o anormal. Junto a esto, debemos considerar las futuras implicaciones en la conducta de adulto. Así, algo menos de la mitad de los niños que cumplen criterios para un trastorno de conducta presentaran un trastorno antisocial de personalidad de adultos. Sin embargo, los síntomas de ansiedad o depresivos leves tienden a ser poco estables. Esto es importante para juzgar la severidad de los síntomas.

Vamos a revisar brevemente la evolución del comportamiento del niño. No comentaremos los dos primeros años de vida, dada la escasa relevancia de estos problemas en los primeros años de vida, y nos centraremos en tres etapas:

Años preescolares (2-5 años).

Años escolares (6-11 años).

Adolescencia.

Capítulo siguiente - Trastornos de la conducta. Etapas

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