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Psiquiatría. Guía psiquiátrica niños y adolescentes (4/11)

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |481 alumnos|Fecha publicaciýn: 05/11/2010

Capýtulo 16:

 Trastornos de la identidad sexual

TRASTORNOS DE LA IDENTIDAD SEXUAL (TIS)

DESARROLLO PSICO-SOCIO-SEXUAL HUMANO

Con frecuencia el sexo (anatomía) de una persona coincide con su identidad sexual (sentimiento subjetivo de ser hombre o mujer), su rol o papel sexual (patrón de conducta culturalmente aceptado como masculino o femenino) y su orientación o preferencia sexual (respuesta activa o imaginaria frente a estímulos eróticos), pero no siempre es así.

Diversas categorías de la conducta humana, conocidas como dimorfismos sexuales, permiten diferenciar de forma fiable la conducta sexual humana, bien entendido que tales diferencias no son absolutas, sino tendencias, de forma que estos comportamientos se dan en un porcentaje distinto en cada uno de los sexos. Los principales dimorfismos sexuales incluyen: 1) la identidad sexual 2) la orientación sexual; 3) los patrones de juego durante la infancia; 4) la propensión hacia la agresión física y 5) las características cognitivas relacionadas con el lenguaje y las habilidades visuo-espaciales (33). Estas diferencias aparecen ya a los 2 o 3 años de vida y permanecen básicamente constantes. Los niños son menos tolerantes con otros niños que manifiestan conductas del sexo opuesto que lo son las niñas a este respecto.

Según Stoller (citado en Noshpitz y King (25)) la identidad sexual depende en primera instancia del sexo anatómico, en segundo lugar de las actitudes de padres y amigos, y finalmente de una intensa y oculta fuerza biológica que determinaría lo que él llama la identidad sexual medular. Para este autor cuando tal fuerza es muy potente la influencia social, o incluso la evidencia de la propia anatomía, no es capaz de superarla; sin embargo, cuando es débil los factores ambientales pueden generar estados de ambigüedad sexual (25).

Hacia los 2 años y medio unos dos tercios de los niños reconocen su propio sexo, y niños y niñas se identifican a sí mismos en casi el 100% de los casos (19).

La conducta sexual implica la identificación con formas de comportamiento aceptadas culturalmente como masculinas o femeninas. En nuestros días, no obstante, las sociedades occidentales vivimos una época de cambio de expectativas que pueden favorecer la ambigüedad. Pese a que la biología parece determinar que los niños sean motoricamente más agresivos que las niñas, los rasgos finales acaban siendo modulados por las expectativas de los progenitores, particularmente por las de los padres (19).

Tradicionalmente se ha animado a los niños a la independencia, el juego físico y la agresividad, mientras que en las niñas se ha fomentado la dependencia, la verbalización de sentimientos y la intimidad física; en las actividades lúdicas los niños han jugado con pistolas y camiones y las niñas con muñecas y ropas.

Los roles, no obstante, están cambiando. Ahora a los niños se les anima a expresar sus sentimientos y se persiguen intereses tradicionalmente femeninos; mientras que a las niñas se les estimula a seguir carreras tradicionalmente dominadas por los hombres y a participar en deportes competitivos. A medida que la sociedad se vuelve más tolerante en sus expectativas respecto a los sexos, los roles devienen menos rígidos y las oportunidades para niños y niñas aumentan (19).

Durante la adolescencia los cambios hormonales parecen jugar un papel importante en la esfera afectiva y en la conducta. En los varones adolescentes los niveles de testosterona correlacionan con la libido, que se manifiesta en forma de conducta sexual, masturbación y búsqueda del coito; las adolescentes sin embargo, aun cuando influidas por los andrógenos, no presentan una evidencia clara de cambios conductuales; el acto sexual en las chicas parece casi exclusivamente determinado por factores psicosociales (19).

De hecho, dado que la pubertad aparece en las chicas unos dos años antes que en los chicos, podría suponerse que el inicio de relaciones sexuales es más precoz, sin embargo las adolescentes son menos activas sexualmente que los varones de su misma edad. Los adolescentes se activan fácilmente por estímulos ambientales y las erecciones son frecuentes, generando urgencias libidinales, que habitualmente conducen a la masturbación, una vía de satisfacer sus impulsos sexuales. El despertar del impulso sexual en las chicas, por el contrario, esta íntimamente relacionado con los sentimientos, y tienden, a diferencia de los varones, a contemplar sexo y amor como dos aspectos relacionados. La edad media del primer acto sexual completo (datos USA) es de 16 anos; a los 19 años el 80% de los varones y el 70% de las mujeres han realizado alguna vez el coito (19).

Durante la adolescencia media es frecuente la conducta sexual y la experimentación de variados roles sexuales. La masturbación ocurre en ambos sexos como una actividad habitual; son frecuentes los enamoramientos, a menudo respecto a personas inalcanzables de la misma o mayor edad; y ocurren también experiencias homosexuales, generalmente transitorias. La mayoría de los adolescentes necesitan en esta época que se les confirme que es normal tener alguna experiencia homosexual aislada y que esto no significa una orientación homosexual permanente. Sin embargo, en un pequeño porcentaje de adolescentes (1-4% de los varones, y 0.5-2% de las chicas) aparece ya una orientación homosexual predeterminada, que requerirá consejo sobre como desenvolverse con su rol (19).

El desarrollo de la identidad sexual y aspectos relacionados ha intentado explicarse a través de numerosas teorías. En la actualidad las principales son:

La teoría cognitiva del desarrollo, la teoría del aprendizaje social, los modelos de procesamiento de información, la aproximación multidimensional matricial y la teoría evolucionista pura (25).

En los últimos anos el interés de los investigadores se ha volcado en determinar cómo y cuando aparece el auto-etiquetado de un niño como varón o hembra; la estabilidad sexual (consciencia de que un niño se convierte en un hombre y una niña en mujer); la constancia sexual (sentimiento de estabilidad e inmutabilidad del sexo) y el motivo sexual (reconocimiento de que una persona no puede cambiar de sexo por desearlo). Y también a describir y analizar el afeminamiento de las niños, la masculinización de las niñas, el cambio de ropas entre niños y el grado que esto sugiere transvestismo, la homosexualidad (sexo y orientación sexual incongruentes) y la transexualidad (sexo e identidad sexual incongruentes) (25).

ALTERACIONES DE LA IDENTIDAD SEXUAL HUMANA

El diagnostico de las alteraciones de la identidad sexual ha sufrido cambios drástico a lo largo de los últimos 30 anos. Las primeras descripciones de lo que se denomino una conducta sexual "incongruente" en niños sin otras anormalidades físicas o biológicas detectables datan de 1960 (Green y Money, citado en Zucker) (34), y las primeras listas diagnosticas de 1968 (Bakwin, citado en Noshpitz) (25). La homosexualidad fue considerada oficialmente un trastorno hasta 1973 en que se elimino de los códigos del DSM-II. El transexualismo ha sido eliminado como diagnostico independiente en el DSMIV (APA 1994) pero permanece en la CIE-10 (OMS 1992).

La ubicación de estos trastornos dentro de las clasificaciones al uso también ha cambiado: en el DSM-III se incluyeron dentro de los trastornos psicosexuales; en su versión revisada (DSM-III-R) aparecieron en el epígrafe trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia; la CIE-10 los ha englobado dentro de los trastornos de la personalidad y comportamiento del adulto, y finalmente el DSM-IV los ha vuelto a definir en un apartado especifico trastornos de la conducta e identidad sexual). Todos estos cambios denotan un interés creciente y un desarrollo marcado del cuerpo de conocimientos al respecto de la sexualidad humana.

En la actualidad las posibilidades diagnosticas son: Transexualismo (F64.0 [CIE-10]), Transvestismo no fetichista (F64.1 [CIE-10]), TIS en la infancia (F64.2 [CIE-10] o 302.6 [DSM-IV]), TIS en adolescentes y adultos (302.85 [DSM-IV]), Otros TIS (F64.8) y TIS sin especificación (F64.9 [CIE-10] o 302.6 [DSM-IV]).

De forma global (para pautas ver CIE-10 o DSM-IV) los niños o niñas con un TIS manifiestan un sentimiento negativo persistente en relación con su sexo anatómico, verbalizan deseos de ser del sexo opuesto (o que de hecho lo son), presentan un travestismo de inicio precoz y consistente, prefieren juegos y compañeros de juego del sexo contrario, y adoptan papeles del sexo opuesto en las actividades lúdicas (25). Los trastornos de la identidad sexual constituyen un continuum en el que no puede establecerse una línea demarcadora clara que diferencie que niños debieran recibir el diagnostico y cuáles no (19).

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