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Psiquiatría. Guía psiquiátrica niños y adolescentes (1/11)

Autor: Centre Londres 94
Curso:
9,50/10 (2 opiniones) |612 alumnos|Fecha publicaciýn: 04/11/2010

Capýtulo 12:

 Psicopatología. Periodos de desarrollo (3/3)

Con frecuencia los padres tienen que ver en estas fobias y en estas dificultades de latencialización. (18) Pero las fobias escolares pueden ser en algunas otras ocasiones, el exponente de fracasos del desarrollo anteriores a la época edifica (que tampoco se la han podido plantear en sus propios términos). Fobias escolares graves, pre psicosis o las impropiamente llamadas "psicosis de la latencia" suelen tener raíces en la época del niño lactante o en el proceso de separación-individuación. Los llamados "fracasos escolares" o los problemas escolares de extrema frecuencia, en los que el entorno familiar y escolar juegan un papel importante, son a menudo disarmonias evolutivas (32) con un trasfondo neurótico o prepsicotico y manifestaciones disléxicas, discalculicas, o con cualquier otro tipo de trastorno instrumental. Las psicosis que se detectan en esta edad se muestran con frecuencia a través de un repliegue, una inhibición, un mutismo que esconde ideas sobrevaloradas o claramente delirantes sin que, en general, se llegue a desarrollar un delirio estructurado o sistematizado como en el adulto. Las alucinaciones, sin ser frecuentes, no están excluidas. Y, en fin, las actuaciones a través de comportamientos psicopáticos, o de las predisposiciones psicosomáticas, no son infrecuentes.

El adolescente (12 a 18-20 anos). La última etapa de la edad evolutiva es la llamada crisis de la adolescencia, que se inicia con la pubertad y que va a promover cambios importantes que dejaran prácticamente conformada de manera definitiva la personalidad del adulto. De nuevo una gran plasticidad. Evoluciones problemáticas previas pueden solventar sus conflictos y otras evoluciones satisfactorias pueden, en cambio, verse comprometidas. Sin embargo, esto no es lo habitual y los funcionamientos mentales que arrastran serias dificultades, suelen conflictualizarse o desorganizarse todavía más en este periodo, mientras que unos buenos antecedentes de funcionamiento mental son un inestimable bagaje para encarar la adolescencia.

Nos contentaremos con dar aquí solo, algunas pinceladas sobre lo que vive el o la adolescente. La historia suele iniciarse (antes en la chica que en el chico) con cambios hormonales que van a generar, por un lado, el crecimiento corporal con gran incremento de la talla y, por otro lado, un desarrollo corporal sexual (crecimiento de genitales, desarrollo mamario en las niñas y aparición de caracteres sexuales secundarios correspondientes a cada sexo). El desarrollo sexual conlleva la menarquía en las chicas y las eyaculaciones en los chicos y, en ambos, un intenso incremento de la pulsiónalidad sexual. Todo ello, lleno de profundas significaciones y siendo objeto de reacciones del entorno familiar y social.

El o la adolescente han de despedirse, de hacer el duelo, de su cuerpo infantil, a partir del cual habían constituido su identidad y al que ya estaban acostumbrados. (33) El cambiante y novedoso cuerpo, y la aparición de sus caracteres sexuales confrontan al adolescente con una fuerza que surge de lo más profundo de su ser y que tiene la impresión de no controlar. Sus nuevas características corporales con frecuencia el crecimiento corporal es disarmonico inicialmente le sorprenden, le disgustan, o le agradan, en el fondo, pero le cuesta asumirlas cara al exterior. Por ello, el o la adolescente, no dejan de mirarse en el espejo. Necesitan seguirse la pista a sí mismos día a día y no les resulta fácil hacerse con una representación estable de sí mismos cuando su cuerpo está cambiando.

El ser ya mayor, el tener los atributos sexuales como el padre, o como la madre, y la fuerte pulsiónalidad sexual, reabren la problemática edifica a la que el niño, para poder latenciarse, había dado una tregua, entre otras razones como hemos visto, por encontrarse en inferioridad de condiciones. La situación ha cambiado y el adolescente, tras a menudo merodear en sus fantasías eróticas con los personajes de su entorno familiar próximo, siente miedo, culpa, vergüenza y corre en busca de la pandilla ("el mercadillo del amor") donde, de forma más o menos progresiva, irá dando salida a su pulsiónalidad sexual, a sus afectos y a sus confidencias. Esto no tiene siempre lugar de forma sencilla y, con alguna frecuencia, tratando de apuntalar su narcisismo y paradójicamente su identidad sexual, tiene lugar alguna experiencia de tipo homosexual que no tendrá relevancia en su estable orientación heterosexual futura.

Todo impulsa al adolescente hacia una ineludible autonomía y autoconstrucción definitivas, y, por tanto, se remueve el antiguo proceso de separación individuación. Por otro lado, con la reactivación de la problemática edifica, esta vez ha de encontrar su alternativa, ya no en una especie de tregua de los investimentos parentales como el niño latente, sino en un adiós a las fijaciones eróticas hacia los padres. El adolescente ha de despedirse de las imagos arcaicas (33) de unos padres protectores, idealizados, eróticos, divinadores de deseos, grandiosos o todavía con tintes simbióticos, al modo que el niño latente se despide de los Reyes Magos. Tanto cuanto más apego exista hacia estas imagos de los padres, tanto más trabajo va a costarle al adolescente superar esta crisis, elaborar el duelo de esta separación. Al adolescente es esto lo que le escuece en su mundo interno. En una imagen grafica podríamos imaginárnoslo sentado en la plaza pública con una pancarta en cada mano. Una diría: "Busco a mis padres-Reyes Magos" y otra: "Los padres-Reyes Magos no existen". Pero esta escena no podría tener lugar más que en una plaza pública interna, porque el adolescente no puede reconocer su dependencia cuando se está jugando su narcisismo en superarla.

El entorno no deja de percibir esta ambivalencia inconfesable del adolescente y lo encuentra contradictorio entre sus actitudes dependientes y sus proclamas de independencia. Otro aspecto desconcertante para los padres, también con algo inconfesable en relación con la reactivación edifica, es la actitud rechazante que sobre todo el adolescente puber muestra hacia el padre del sexo opuesto, queriendo dejar bien sentado, ante sí mismo y los demás que nada erótico existe en esta relación. Pero además el adolescente provoca de forma habitual, en mayor o menor grado, a sus padres, con objeto de encontrar en la reacción de ellos un cierto apoyo para el distanciamiento que ha de producirse. Su toma de conciencia de que sus padres no están a la altura de sus idealizaciones infantiles suele serle útil para increparlos y generar cierta turbulencia que le facilite una autonomizarían, externa e interna, menos dolorosa al soslayar así la culpa y propiciar las racionalizaciones. Los padres representan una función importante en la adolescencia de sus hijos. Muchos de ellos, acostumbrados a ser idealizados por sus hijos, toleran mal la des idealización irreverente del adolescente y su autonomizarían. Han de elaborar un duelo en paralelo a sus hijos. Ambas elaboraciones interactúan positiva o negativamente entre sí.

El o la adolescente, tras haber recurrido en estos años, en mayor o menor medida, a la masturbación, haber tenido progresivas y diferentes experiencias erótico-afectivas y haber realizado elecciones e identificaciones diversas, puede volver con el ánimo más sereno hacia sus padres. Podrá reconocer sus defectos y virtudes y relacionarse de manera más libre, menos conflictiva, y adulta con ellos en un clima de afecto y mutua comprensión. Es prácticamente imposible, ser adulto si, tras los avatares de la adolescencia, no se produce una especie de reencuentro conciliatorio con los padres.

Resumiendo, crecimiento y sexualización del cuerpo, aumento de la pulsiónalidad, oscilación entre tendencias regresivas a estadios edipicos y preedipicos, y tendencias progresivas hacia la asunción del cuerpo sexuado y la autonomía, duelo del cuerpo infantil y de las imagos protectoras y erotizadas de los padres, cuestionamiento de identidades con inquietudes narcisistas, nuevas identificaciones y elecciones de pareja, y despliegue de mecanismos de defensa para sobrellevar toda esta tarea (represión, regresión, identificación, etc.), son las líneas de fuerza esenciales de la adolescencia, en las que el entorno familiar y social tienen indudable importancia.

Es fácil imaginar que, ante tal conmoción psicológica, que remueve los cimientos mismos de la personalidad, puedan producirse descompensaciones psíquicas de estructuras o de organizaciones frágiles o una mayor conflictualización de problemáticas no resueltas. La aparición de episodios psicóticos agudos, o el inicio de psicosis de tipo esquizofrénico, son fácilmente comprensibles tras haber señalado el cuestionamiento, al que el adolescente ha de hacer frente, de sus identificaciones primarias y secundarias, y la fuerza de su movimiento pulsiónal. El proceso primario, descrito por Freud, irrumpe con violencia en las zonas más conscientes del Yo desorganizándolo pasajera o definitivamente. Pensemos en las personalidades "pseudo-self" de Winnicott o en los pre psicóticos latenciales, que pueden tomar estos derroteros. Las psicosis depresivas pueden adquirir en la adolescencia formas similares a las del adulto. La anorexia mental y la bulimia son manifestaciones psicopatológicas muy vinculadas a la adolescencia y ponen de relieve como la antigua problemática, no resuelta, del proceso de separación-individuación puede llegar a extremos graves cuando es reactivada en la adolescencia. La anoréxica y la bulímica luchan denodadamente por no depender y se refugian en un cuerpo infantil que denuncia su angustia ante el cuerpo sexuado. La patología del "acting" ocupa también un lugar importante en la psicopatología adolescente, tanto en su vertiente psicosomática como comportamental. Sin embargo conviene precisar que un cierto nivel de actuación no como signo de una incapacidad de mentalización es considerado necesario en una adecuada evolución de la adolescencia. Finalmente, hay que mencionar la frecuencia de las dismorfofobias en esta época en que el cuerpo cambia tanto y constituye fácilmente el lugar de proyección de inquietudes, que pueden tener un valor neurótico poco importante o constituir el comienzo de un episodio psicótico.

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