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Psiquiatría. Guía psiquiátrica niños y adolescentes (1/11)

Autor: Centre Londres 94
Curso:
9,50/10 (2 opiniones) |612 alumnos|Fecha publicaciýn: 04/11/2010

Capýtulo 10:

 Psicopatología. Periodos de desarrollo (1/3)

El niño en construcción es un término que utilizamos aquí para referirnos al niño de la fase del proceso de separación-individuación de M. Mhaler (29), es decir, desde que la simbiosis ha alcanzado su acné, en torno al 5.o mes, hasta los 3 anos. Con el termino de "niño en construcción" queremos mostrar como un todo esas dos líneas de desarrollo: la separación y la individuación avanzando a la par (construcción de limites configuración de una autonomía con respecto a la madre y construcción de estructuras y capacidades internas, es decir, percepción, memoria, cognición, lenguaje y demás capacidades lloicas). Y todo ello, entre otras razones, porque la madre, tras la llamada por Winnicott "preocupación maternal primaria" (30), ha empezado a tranquilizarse después de haber constatado que podía confiar en sus capacidades, en las del bebe y en las de ambos para entenderse. Esto genera una no tan inmediata disponibilidad de la madre, lo que el bebe va advirtiendo. Va desilusionándose de la fantasía simbiótica de una madre prolongación de sí mismo y enteramente a su servicio y dándose cuenta que no le pertenece, que ella tiene intereses y vida propia (interés por el padre por ejemplo). Empieza, eso sí, a ilusionarse con su autonomía motora, (gatear, andar) o con su control y posesión de todo (por supuesto el control de sus esfínteres sobre los que es él, y no su madre, quien ejerce dominio) y avanza en la construcción progresiva de su mundo interno, mágico y simbólico, que distingue cada vez mejor del externo (y que controla también mejor y le protege ante las frustraciones externas).

Se diría que es entonces cuando la filogenia, aunque no expone oportunamente algo al servicio del bebe, tiene un valor discriminativo y genera "la angustia del 8.o mes" (2.o organizaros de Spitz, que en realidad con frecuencia se ve aparecer ya en el 5.o mes). El niño se asusta ante el rostro de personas que no pertenecen a su entorno habitual, cuando algún tiempo antes les hubiera sonreído ("sonrisa social") confundiéndolas con los seres familiares.

Ahora se asusta ante la ausencia de esa familiaridad. Poco a poco va discriminando y observando con perspectiva a su madre, fuera de él entre los otros que no son su madre. Inicia entonces la larga tarea de construir una imagen interna estable de su madre. Tarea ardua y penosa puesto que la estabilidad es difícil de conseguir cuando ha de aunar y compatibilizar en los afectos amorosos y agresivos hacia su madre (posición depresiva de M. Klein).

Ha de echar mano, para sobrellevar y avanzar en su tarea, de esos objetos como el osito de peluche considerado en parte el y en parte su madre (objetos transicionales de Winnicott (30), y así poder ir empezando a tolerar el triste reconocimiento de su madre externa, total y autónoma. La conquista de estos escenarios internos, ya con carácter estable y cada vez más simbólico, y en los que el lenguaje ocupa un decisivo lugar, significan el final de este proceso de separación-individuación. El niño se ha construido para él un mundo psíquico interno del que hace parte simbólicamente su madre, y eso le permite bastante tranquilamente admitir que ella y el son seres diferentes.

A lo largo de este proceso es sin duda alguna la angustia de separación la que está en el centro de la escena, organizando o desorganizando el funcionamiento mental y el desarrollo. La psicopatología infantil que se organiza en este periodo tiene que ver con importantes movilizaciones de este tipo de angustia, que es la depresiva y frente a la que surge, diferentes mecanismos defensivos que configuran distintos cuadros psicopatológicos. Las personalidades limite son a menudo "niños a medio construir" que se originan en este periodo. Pero cuando nosotros vemos a un niño que está en apuros en esta época, aparte de tratar de serle útiles ya, lo que inquieta es su pronóstico.

* ¿Es un niño que no va a acabar de construirse?

*¿Es un niño que ha detenido su construcción?

*¿O es un niño que está en derribo?

* Esta es la cuestión en la que el psiquiatra infantil debe aplicarse. Las formas de expresión psicopatológica pueden ser muy diferentes según el proceso descrito se perturbe en uno u otro momento y la importancia, intensidad, constancia y, sobre todo, la significación que adquiera el factor perturbarte. Algunas de las manifestaciones psicopatológicas de este periodo son: La depresión analítica, la anorexia del 2.o semestre, el mericismo o fumigación (de aparición habitual a los 6-8 meses), los espasmos del sollozo (que habitualmente aparecen a los 6 meses y es poco frecuente que continúen pasados los 3 años), los problemas de retraso en la aparición del lenguaje y la sintomatología expresiva, frecuentemente, de psicosis como es la ausencia de angustia del 8.o mes (el niño que se va con cualquiera durante estos años).

El niño pequeño (de 3-7 anos). El niño en esta época, si todo ha ido bien, ha zanjado una etapa que le permite sentirse una pequeña personita con autosuficiencia motriz, lingüística y sobre todo con un mundo interno con escenarios, representaciones y símbolos que van adquiriendo mayor consistencia en la medida en que juega y suena, despierto o dormido. Está equipado mucho mejor frente a las adversidades. Ha adquirido una especie de guiñol interno y haciendo representaciones desdramatiza la realidad. Por eso ahora se siente en buena forma para afrontar cuestiones ya esbozadas en su mente, pero que venía eludiendo. Prefería pensar hasta entonces que el mundo se componía de grandes y pequeños, pero ahora se decide a tomar en serio que a parte de esta clasificación, existe la de los sexos. "¿Porque a mama le llamo mama y a papa, papa?" "¿Porque yo soy un niño y ese otro niño es una niña?" "¿Por qué hay niños con colita y otros no?" "¿Porque dice la niña mama tiene pechos y yo no?" "¿Quien da, quita, pone, los pechos, atributos específicos?". El niño piensa mágicamente como en los cuentos de hadas por eso le interesan, en los que todo es posible. Hay una cuestión que le inquieta y le fascina: la relación entre sus padres. Cuando sus padres se miran, se acercan, se hacen un arrumaco, el corre a meterse por medio o, cuando menos, a controlar la situación. Se le enciende la luz roja de alarma, porque no quiere sentirse excluido. Los dos juntos son un peligro. ¿Que es lo que pasa entre ellos?, ¿Por qué se hacen caso el uno al otro de esa forma? (el niño intuye la naturaleza erótico-afectiva). ¿Porque él no consigue que su madre o su padre le hagan el mismo caso a él, que se hacen entre sí? ¿Que tienen ellos que no tenga él?, ¿quien da o quita lo que hay que tener (problemática de seducción y castración)? Todas estas preguntas, y muchas más que le hacen estar preguntando constantemente "por que", ocupan estos interesantes años de su vida que giran en torno a la pareja de sus padres con quienes rivaliza alternándolos (complejo de Edipo positivo y negativo), pero habitualmente a la niña le tirara mas el padre y al niño la madre y querrán ser como el padre del mismo sexo. Es así como van adquiriendo sus identidades secundarias, las sexuales. El proceso es diferente en varios aspectos para el niño y la niña. En todo caso esta tendrá que cambiar de objeto de amor (de su madre a su padre y al hombre), mientras que el niño seguirá con su inicial interés por su madre y luego, por la mujer. Las angustias en este periodo giran en torno a tener o no tener los atributos de naturaleza sexual (angustia de castración) que le permitiría el triunfo. El castigo de los padres, si no se aceptan sus normas, en el fondo es referido por el niño a este tipo de angustias, detrás de las que subyace la angustia de separación del periodo anterior. Así va introyectando esas normas como una especie de código moral, interno (Superyo) y configurando exigencias ideales de funcionamiento basados en su admiración a los padres y a antiguas imágenes satisfactorias de sí mismo (Ideal del yo). El niño en este periodo despliega, como vemos, toda una nueva y compleja escenografía interna, ensayando mecanismos de defensa como la proyección, el desplazamiento, somatización con tintes conversivos, represión, etc., y organizando algunos síntomas evolutivos, para, de esta forma, hacer frente dignamente a esta apasionante lucha desigual en la que ha de encontrar alternativas satisfactorias a sus desventuras.

Este tipo de funcionamiento neurótico evolutivo es el que logra el niño normal en este periodo. Por tanto, presentara manifestaciones sintomatológicas que hemos de situar en la norma. Sera la peculiaridad, la intensidad y la persistencia del sintoma, y sobre todo la valoración del funcionamiento mental global del niño, lo que nos va a alertar sobre la significación patológica.

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