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Psicopatología de la adolescencia

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opinión) |1644 alumnos|Fecha publicación: 24/03/2010

Capítulo 4:

 Consecuencias psicopatológicas

No pretendemos que este capítulo se convierta en un manual de psicopatología de la edad adolescente, sino solamente una comprensión clara sobre el particular y una manera de pensar la adolescencia desde la perspectiva del desarrollo y, por lo tanto, dinámica y cambiante. Por ello contemplaremos cuatro apartados básicos, desde la perspectiva psicopatológica: los problemas de adaptación/conducta; la crisis de la crisis adolescente; la fijación de problemas por la connotación externa y, por último, el narcisismo y la muerte en la adolescencia.

4.I- LOS PROBLEMAS DE ADAPTACION Y CONDUCTA Los problemas de adaptación y conducta se están convirtiendo en el grupo que mayor incremento están sufriendo en las tasas de prevalencia de los trastornos mentales que llegan a consulta en la etapa infanto-juvenil, sobre todo en la adolescencia. En la bibliografía y en la práctica se constata la existencia de un grado de coincidencia a la hora de la comprensión psicopatológica de los problemas de conducta (con gran coherencia desde cada una de las respectivas perspectivas teóricas), y la dificultad a la hora de intervenir con un relativo éxito en este tipo de problemas.

La reflexión sobre la causa o efecto de los problemas de conducta en la adolescencia es de gran interés y está de gran actualidad. Así resaltamos el papel de las investigaciones realizadas sobre la identificación de los adolescentes con los "héroes-antihéroes" que aparecen en la cultura televisiva actual, el papel de la violencia en los video-juegos, la extensión de la pasión por el juego. Todo ello configura un panorama digno de ser, cuanto menos, considerado como un clima que puede inducir a un tipo de conducta: identificación, inducción, imitación, pero que no dejan de ser pasos evolutivos que precisan una investigación longitudinal más rigurosa, multidisciplinar y en profundidad. Lo cual nos obliga, una vez más, a resaltar la necesidad de contextualizar cada problema de conducta de cada adolescente, realizando el estudio de la estructura de personalidad y/o psicopatológica que subyace y la multiaxialidad en la descripción como dos instrumentos necesarios para el análisis.

4.1.1- Los problemas de conducta y adaptación en la adolescencia pueden aparecer de diversas formas fenomenológicas, pero las más frecuentes e interesantes serían las siguientes: 4.1.1.1) Paso al acto: fuga, toxicomanía, intento de suicidio, agresión, delincuencia.

4.1.1.2) Rasgo de expresión en otras estructuras psicopatológicas.

4.1.1.3) Perversión clínica.

4.1.1.4) Cuadro neurótico: histeria, obsesión, depresión (culpabilidad neurótica, fracaso y búsqueda de castigo).

4.1.1.5) Reacción defensiva o expresión de desorganización frente a la entrada o "estar" psicótico.

4.1.1.6) Cuadro psicótico, con sus variantes y formas de presentación (bouffé delirante, esquizofrenia, manía).

4.1.1.7) Crisis de identidad del adolescente: encrucijada en la organización del yo.

4.1.1.8) Desinvestimiento del mundo objetal (morosidad, pasotismo, desinterés, apatía, indolencia).

Creemos fundamental diferenciar estos problemas como síntomas o rasgos, de la estructura que subyace. Pero ello nos obliga a establecer que no se debe confundir síntoma o rasgo con estructura de personalidad o enfermedad, esto hace que en el adolescente se requiera un tiempo de observación y seguimiento mayor que otras etapas, como p.e. la edad adulta, para definirlo con precisión.

4.1.2- Los criterios nosológicos actuales, esquematizados en la Tabla I, son los siguientes: 4.1.2.1) La CIE-10 es una clasificación más aplicable a los trastornos de la infancia y la adolescencia que la serie DSM, poseyendo la flexibilidad de poder introducir criterios multiaxiales. La categoría de los trastornos disociales incluye una serie de pre-requisitos de un gran interés: persistencia del trastorno, reiteración del comportamiento, exclusión de los actos aislados y la relación con los modelos sociales en los que vive el/la sujeto, incluye la posibilidad de que este tipo de trastornos se encuentren en el seno de otros procesos psicopatológicos y destaca dos aspectos epidemiológicos de singular relevancia: la relación con situaciones medio-ambientales de riesgo (p.e. relaciones familiares inadecuadas, fracaso escolar) y el hecho de ser más frecuentes en el sexo masculino.

Para nosotros tiene una especial importancia que esta clasificación incluye un patrón de desarrollo a la hora de catalogar este tipo de trastornos. Las formas de comportamiento incluidas son aquellas que de forma reiterada se exploran en diversas escalas (p.e. la de CBCL de ACHENBACH & EDELBROCK): excesivas peleas con los pares, crueldad hacia otras personas o hacia los animales, destrucción de las cosas ajenas, tendencias piromaníacas, robos, mentiras reiteradas, fugas reiteradas de casa y/o la escuela, rabietas frecuentes y graves, provocaciones, desafíos y desobediencias graves y persistentes.

Estos trastornos pueden presentarse asociados con trastornos hiperquinéticos (F90.1) en el ámbito familiar (F91.0), sin sociabilizar (F91.1), en forma sociabilizada (F91.2), con presentación desafiante y oposicionista (F91.3), asociado con trastornos emocionales de tipo depresivo (F92.0) o neurótico (F92.8). Por fin están los trastornos asociados con problemas serios de los procesos vinculares, sobre todo los de tipo desinhibido en el que aparece un grado muy disperso a la hora de la selección de los vínculos en los niños/as en los primeros años de la vida (cambios continuos en las personas que les cuidan, múltiples cambios de domicilios, cesiones familiares), con una conducta "pegajosa" a lo largo de toda la primera y segunda infancia o una dificultad en la discriminación afectiva, con lo que aparecen trastornos emocionales y comportamentales en la relación afectiva con los pares y otras personas (F94.2).

4.1.2.2) DSM-IV: No es esta clasificación una buena referencia para los trastornos mentales de la infancia y la adolescencia, no obstante debido a la difusión que está teniendo en los últimos años debemos hacer referencia a ella. En el Eje I incluye dos tipos de trastornos de conducta: los trastornos de conducta perturbadora y los trastornos del control de los impulsos no clasificados en otras partes (312.34).

En los trastornos de conducta perturbadora incluye dos grandes grupos: los trastornos por déficit de atención y los trastornos de conducta. En estos últimos sus características deben estar presentes durante, al menos, seis meses y ordena la frecuencia de los ítems de forma decreciente: robo sin enfrentamiento con la víctima; fuga del hogar al menos en dos ocasiones; mentiras frecuentes; piromanía; fugas de la escuela de forma frecuente; violación de la propiedad privada; destrucción deliberada de la propiedad ajena; crueldad física con los animales; abusos sexuales; empleo de armas; crueldad con las personas.

De igual forma aparece un criterio pronóstico: leve si solo provoca leves molestias a los demás; moderado cuando el número de problemas y su efecto en los demás es ya evidente y grave cuando la importancia de los problemas presentes o de sus efectos dificultan la comunicación normal.

Las formas clínicas en las que se presenta este tipo de trastornos son: tipo grupal (312.20); tipo agresivo solitario (312.00); tipo indiferenciado (312.90); y negativismo desafiante (313.81).

4.1.3- En general los apartados anteriores se refieren a dos tipos de contenidos en los adolescentes y a una forma de presentación muy frecuente de estos problemas. En cuanto a los contenidos son la reafirmación y el deseo de individuación los que destacan, siendo la presentación y el papel de la pandilla una forma relevante en la que se presentan este tipo de problemas. En la Fig. 1 señalamos el círculo relacional que produce distorsiones en la conducta y en la adaptación en la adolescencia. En efecto, No es raro que el/la adolescente reciba duras críticas que provienen de los demás, sobre todo de los adultos que le rodean.

En esta situación su autoestima se encuentra muy dañada, a lo que hay que añadir las situaciones por las que puede encontrarse previamente dañada (caso de la distorsión en la percepción de la propia imagen corporal). De esta suerte la única forma en que puede obtener su identidad es por oposición al entorno, siendo este mecanismo el que potencia la dura crítica de los otros y así terminar de cerrar el círculo vicioso.

4.1.4- Los trastornos de la sexualidad en la adolescencia: aunque son variados (abuso sexual como dador o como receptor, las conductas homosexuales más o menos aisladas) en este apartado vamos a hacer referencia al embarazo en la adolescencia, dado que es una conducta de especial relevancia y cuya tendencia es al incremento (Fig. 2). Existe un ligero incremento en la tendencia de los porcentajes de nacimientos en mujeres adolescentes comparados con el conjunto de las edades, a pesar que en los últimos años se ha iniciado ya un evidente descenso, pero este descenso no consigue cambiar la tendencia al alza motivada por el fuerte incremento habido desde 1975 hasta 1988 (1975: 4,77%; 1985: 6,5%; 1990: 7,3%; 1991: 6,8%) (Fig. 2). Por CC.AA. destaca el 13,3% de las Islas Canarias, el 10% de Asturias y Andalucía, mientras que por debajo de la media se situarían Castilla La Mancha(6,7%) y Castilla-León, Madrid y Cataluña con el 5,7%.

El incremento de la tasa de IVE durante los años comprendidos entre 1.987 y 1.992, ambos inclusivas, ha sido muy importante ya que se ha triplicado en las mujeres adolescentes, algo superior al incremento ocurrido para el conjunto de las edades (Fig.3).Por CC.AA. son las Islas Canarias (15,2%); Andalucía (15,1%); Cataluña (14,6%) y Castilla-La Mancha (14,2%) superan la media estatal, mientras que Madrid y Asturias (11,7%) se encuentran por debajo de ella.

Con estos datos podemos concluir que: el embarazo detectado en mujeres adolescentes (menores de 20 años) en España durante el año 1991 alcanzó a 33.088 adolescentes, lo que supuso una tasa del 17%o para ese rango de edad. En cuanto al perfil se puede decir: mujer entre 17-19 años, soltera, clase media y media-baja, que vive en CC.AA.

deprimidas socio-económica y socio-culturalmente. Últimamente se está asistiendo a un descenso de la natalidad en la adolescencia, pero su descenso es parejo o ligeramente menor que el que acontece en el total de nacimientos en España.

Un estudio más amplio y variado sobre los contenidos de este tipo de situaciones, se podrá encontrar en dos trabajos previos (Pedreira 1.995). Algunos datos de interés se aportan en las Tablas II, III y IV, a la hora de conocer la actitud de los y las adolescentes hacia esta situación y la "solución" que se busca para superarla.

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