En Protágoras, una obra del filósofo griego Platón, puede leerse un mito que se refiere al origen de los seres vivientes. En este mito se muestra por qué, para los griegos antiguos, el ser humano es superior a los demás animales: "Era el tiempo en que existían los dioses, pero aún no existían los seres mortales. Cuando llegó el momento de sacarlos a la luz, Zeus ordenó a los dioses Epimeteo y Prometeo que distribuyesen entre todos seres las cualidades que pudieran convenirles, Epimeteo se encargó de la distribución, y Prometeo, de inspeccionar la tarea una vez realizada. Epimeteo atribuyó a unos la fuerza sin la velocidad; a los más débiles, los dotó de ligereza; a algunos les concedió armas defensivas. A los más pequeños, les dió alas y viviendas subterráneas. Luego se ocupó de abastecer a todos los seres mortales con lo necesario para defenderse de las inclemencias climáticas. A algunos les dió pieles gruesas para el frió; a otros, pieles resistentes al calor. A continuación, procuró distintos tipos de alimentos para cada especie: a unos, las hierbas de la tierra; a otros, los frutos de los árboles; a otros, las raíces. Pero Epimeteo, que no era muy sabio, había consumido todas las propiedades y se había olvidado de la especie humana.
Llegó Prometeo a realizar la inspección. Vió a todas las especies convenientemente equipadas, pero al hombre lo vió desnudo, descalzo, sin lecho, sin defensas. Y era el día marcado para salir a la luz desde el seno de la tierra. Prometeo, ante la dificultad, y queriendo salvar al hombre, robó a los dioses Hefesto y Atenea la sabiduría técnica y el fuego y se los regaló al ser humano. Así, el hombre entró en posesión de la sabiduría útil a la vida.
Puesto que el hombre participaba de lo divino, se distinguió entre todos los seres por su culto a los dioses. Empezó a construir altares e imágenes divinas. Enseguida, adquirió el arte de articular sonidos y palabras e inventó la habitación y el vestido, el calzado y la cama, y los alimentos sacados de la tierra.
En un principio, los hombres vivían dispersos: no había ciudades. Eran destruidos por los animales salvajes, siempre más fuertes que ellos. Buscaron, pues, reunirse y salvarse mediante la construcción de ciudades; pero, una vez reunidos, se peleaban entre ellos porque no poseían la técnica política.
Entonces Zeus, temiendo que la especie humana desapareciera del todo, envió a Hermes para que llevara a los hombres el pudor y la justicia, para que en las ciudades hubiese armonía."
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