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Psicología. Farmacología pediátrica (2/2)

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (2 opiniones) |413 alumnos|Fecha publicación: 16/11/2010

Capítulo 6:

 Psicopatología. Factores de la conducta incendiaria

Factores diferenciales entre una experiencia iniciática con el fuego  y la conducta incendiaria patológica

Experiencia de iniciación Conducta patológica

Historia Episodio único Recurrente

Método No planeado Planeado

Motivo Accidental Intencional

Ignición Disponible Adquirida

Motivo Inespecífico Específico

Comportamiento Apagar el fuego Escapar

El comportamiento incendiario patológico se caracteriza por una historia de múltiples igniciones que tiene lugar durante al menos un periodo de 6 meses. La naturaleza y extensión de estas igniciones puede variar, desde padres que encuentran velas quemadas en la habitación de sus hijos a incendios que requieren llamar a los bomberos. Las igniciones normalmente son planeadas, opuestas al hecho de ser un acto impulsivo. Las fuentes de ignición, como cerillas y encendedores, a menudo se buscan, adquieren y ocultan hasta ser necesitadas. La actividad de prender el fuego normalmente ocurre en un área oculta o aislada en o cerca del hogar, donde haya poca posibilidad de detección inmediata por parte de un adulto o figura de autoridad. Cuando se prepara un fuego a

menudo hay un intento de reunir materiales inflamables y combustibles, como viejos periódicos, trapos o productos químicos, como pinturas y alcohol, para usar como ayuda a la hora de extender el fuego. Estos fuegos pueden ser motivados por una variedad de razones, incluyendo la venganza y el enfado, la búsqueda de atención, las travesuras maliciosas, el ver quemar el fuego, y en un pequeño número de casos adolescentes, el beneficio. El objetivo perseguido al iniciar un fuego a menudo tiene un valor significativo debido a la importancia emocional del fuego. Por ejemplo, si un joven ha prendido fuego a los cojines de la silla favorita de su madre, entonces es probable que la motivación primaria para ello resida en la naturaleza de la relación entre la madre y su hijo. Tras el fuego, los jóvenes no suelen admitir voluntariamente estar involucrados en la ignición. Si el fuego queda fuera de control, más que pedir ayuda, probablemente escaparán a un lugar seguro, a veces para observar cómo quema y esperar la llegada de los bomberos.

¿A cuántos jóvenes les ocurre este problema?

Los estudios epidemiológicos actuales hacen referencia fundamentalmente a poblaciones norteamericanas, ya que en nuestro país la prevalencia de la piromanía entre los niños y adolescentes es muy baja.

En Estados Unidos los datos epidemiológicos son más elevados que en Europa. Allí los incendios provocados por niños son la segunda causa de muerte infantil (la primera son los accidentes automovilísticos) entre los 6 y los 14 años, y la primera causa de muerte en niños preescolares (Hall, 2000; citado por Gaynor). Entre un 2 y un 3% de consultas psiquiátricas infantiles tienen como causa comportamientos relacionados con el fuego.

¿Qué características clínicas tienen estos niños y adolescentes?

La información sobre las características clínicas de niños y adolescentes pirómanos proviene primariamente de estudios descriptivos, con una proporción inferior de datos a partir de investigaciones empíricas con rigurosos criterios científicos.

Hay una cantidad creciente de especulación clínica que sugieren subtipos motivacionales para describir el comportamiento incendiario (Canter y Fritzon, 1998). Estos subtipos motivacionales son intuitivamente útiles como punto de partida para ayudarnos a entender el marco conceptual del comportamiento incendiario y ofrecen una explicación relativamente singular del desarrollo de este tipo de comportamiento en los niños. No obstante, carecen de investigación y validación empírica. Los cuatro subtipos motivacionales son: curiosidad (fuegos como resultado de la experimentación o accidentes); problemas/dificultades (fuegos como expresión de distrés psicológico); delincuencia (conseguir destrucción, control o daño intencionadamente); patológico (fuegos debidos a trastornos mentales severos).

Se ha propuesto organizar las características clínicas del comportamiento incendiario en tres categorías principales: características individuales, circunstancias sociales y condiciones ambientales. Cada una de estas categorías comprende factores de riesgo específicos que predicen los rasgos esenciales de niños y adolescentes incendiarios. Existe un cuerpo de investigación que apoya la idea de que los niños y adolescentes incendiarios se pueden dividir en dos grandes grupos de edad: niños con una edad media de unos 8 años y adolescentes a partir de 13 años. Se hipotetiza que la naturaleza bimodal de esta distribución de edad distingue dos clases diferenciales de prendedores de  fuego, un grupo más joven con características clínicas y motivos que difieren significativamente de aquellos del grupo de mayores.

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