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Psicología. Farmacología pediátrica (2/2)

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (2 opiniones) |413 alumnos|Fecha publicación: 16/11/2010

Capítulo 11:

 Identidad sexual. Epidemiología

¿Ha cambiado la incidencia del TIS en las últimas décadas?

Desafortunadamente los tipos de datos de epidemiología infantil requeridos para responder a esta cuestión no existen. Se dispone de fuentes de información indirectas, pero son difíciles de utilizar. Considérese, por ejemplo, el actual debate respecto a la incidencia de tendencia homosexual. Algunos autores mantienen que la incidencia es bastante estable, mientras otros sostienen que se ha incrementado. Si la primera visión es correcta, entonces también puede esperarse una incidencia estable de los TIS, ya que existe un porcentaje inespecífico de adultos homosexuales que probablemente experimentó TIS en su infancia (al menos de forma latente). Si la última visión es correcta, entonces uno puede esperar encontrar un mayor número de niños con síntomas de TIS.

Los cambios en los patrones educativos de los niños, respecto al comportamiento de rol sexual son otra fuente indirecta de información sobre los cambios en la incidencia del TIS. Hay autores que señalan, en base a su experiencia clínica, que las madres que han intentado “masculinizar” a sus hijas o “feminizar” a sus hijos con el fin de prepararlos para “roles sociales radicalmente nuevos” no han producido niños “andróginos”, como esperaban, sino niños que evidencian un “rol estereotípico de género cruzado que asustaba a sus padres”. No se ha estudiado en profundidad el efecto educativo de los padres para moldear el rol comportamental sexual en los niños, por lo que no podemos afirmar que un tipo de educación menos convencional esté introduciendo TIS inadvertidamente.

¿Hay diferencia de prevalencia entre niños y niñas?

Se ha observado de manera consistente que existe mayor número de referencias en niños que en niñas respecto a la identidad sexual. Esto se ha reflejado tanto en estudios de investigación como en estudio de casos clínicos, en los que se señala una ratio  aproximada de 6’6 niños por cada niña (los estudios de muestras clínicas indican una prevalencia más alta de conductas sexuales atípicas comparándolas con las de la población general).

Una posible explicación es que factores sociales jueguen un rol en esta disparidad. Por ejemplo, está bien constatado que los padres, profesores y amigos son menos tolerantes con el comportamiento de género cruzado en los niños que en las niñas (los padres relacionan las conductas femeninas del niño con homosexualidad en la vida adulta), lo que podría conllevar a diferencias de sexo en los casos que llegan a la consulta clínica.

Otra posible fuente de error es el menor interés por el estudio del TIS en las niñas (Mardomingo, 1995). Todo ello, teniendo en cuenta que los estudios epidemiológicos sobre el TIS son escasos, no nos permite sacar conclusiones definitivas respecto a la prevalencia del TIS.

¿Cuándo empieza el TIS?

Los signos comportamentales iniciales del TIS suelen aparecer durante la primera infancia (edad de los primeros pasos) y años preescolares, años en los que pueden observarse los patrones más convencionales de comportamiento de sexo. En algunos casos los padres señalan que comportamientos como usar vestidos del sexo opuesto empezaron antes del tercer cumpleaños. Rara vez el TIS se inicia en la vida adulta.

¿Cómo es el comportamiento de un niño con TIS?

El asunto clínico central concierne al grado en el que se presenta un patrón de signos comportamentales, para poder inferir hasta qué punto un niño sufre TIS. En su forma leve, el niño siente malestar hacia su propio sexo, pero reconoce el sexo al que pertenece. En su forma grave, la identificación con el sexo contrario es tan intensa que se desea profundamente una apariencia externa en todo similar, recurriendo al tratamiento hormonal y a la corrección quirúrgica. En todo caso el síntoma común es el sentimiento de inadecuación respecto del propio sexo.

En los niños, el cuadro clínico, en su forma completa incluye las siguientes características:

- un deseo ocasional o frecuente de ser niña o una insistencia de que él es una niña.

- expresiones verbales o comportamentales de disforia anatómica (por ejemplo, decir que no les gusta su pene y que preferirían una vagina; orinar en posición sentada realzando la fantasía de tener genitales femeninos).

- frecuente uso de ropa u otros complementos femeninos (pintarse las uñas, usar maquillaje, etc).

- una preferencia por roles femeninos y una evitación de roles masculinos en juegos simbólicos.

- una preferencia por juguetes y actividades estereotípicamente femeninos (p.e. jugar a las casitas, a los papás y mamás) y una evitación de los masculinos (p.e. juegos violentos, peleas).

- uso recurrente de manierismos afeminados o estereotípicamente femeninos.

- una preferencia por las niñas como compañeras de juego y una evitación de los niños como compañeros de juego

- una evitación de los juegos violentos y/o participación en deportes grupales con niños.

En las niñasel cuadro es similar. Incluye: un deseo ocasional o frecuente de ser niño o una insistencia de que ella es un niño; expresiones verbales o comportamentales de disforia anatómica; intensa aversión a usar ropa estereotípicamente femenina e insistencia en llevar ropa estereotípicamente masculina; una preferencia por roles masculinos y una evitación de roles femeninos en juegos simbólicos; una preferencia por juguetes y actividades estereotípicamente masculinas y una evitación de las femeninas; uso recurrente de manierismos estereotípicamente masculinos; una preferencia por los niños como compañeros de juego y una evitación de las niñas como compañeras de juego; un fuerte interés por los juegos violentos y participación en deportes grupales con niños.

La consulta al médico suele producirse cuando el niño empieza a ir al colegio dado el rechazo que produce en los compañeros, que le conduce al aislamiento social. El niño toma conciencia, entonces, del carácter problemático de sus sentimientos y deseos. En las niñas la consulta suele producirse más tarde, dada la mayor tolerancia social.

Durante la infancia deben considerarse varios aspectos del desarrollo. Un aspecto concierne a las constataciones del niño de querer ser del otro sexo o en la insistencia de que él o ella pertenecen al otro sexo. Podrían esperarse mayores dificultades con el autoetiquetado de género en los niños con TIS durante los años preescolares y cuando el cuadro clínico general es extremo y quizás, cuando hay problemas de funcionamiento psicosocial general. No obstante, lo más frecuente cuando hablamos de TIS es que el niño/a sabe cuál es su sexo, pero desea pertenecer al otro sexo.

Un segundo asunto evolutivo concierne a la variación en los marcadores evolutivos de identificación de género cruzado. Algunos comportamientos, tales como preferencia de amistades del otro sexo, parecen ser estables a lo largo de la infancia; sin embargo, otros comportamientos, como actividades e intereses de rol, pueden sufrir importantes cambios. Por ejemplo, niños que muestran una preocupación hacia las muñecas y juegan interpretando el rol de madre, es menos probable que lo hagan a medida que se acercan a la adolescencia, pero puede que continúen manifestando preocupaciones femeninas como un intenso interés en la moda femenina y una idealización de actrices y estrellas del rock. Los manierismos afeminados de estos niños pueden llegar a hacerse más prominentes. Es menos probable que los niños mayores manifiesten deseo de cambiar de sexo, pero la persistencia de disforia de género en estos niños puede expresarse de otras maneras, como el menosprecio del propio sexo y la idealización del otro sexo.

El último asunto evolutivo concierne al significado del deseo de cambio de sexo durante la infancia y la adolescencia. Ese deseo podría relacionarse con varios factores durante la temprana infancia. Por ejemplo, un niño podría razonar que debido a que prefiere actividades del otro sexo, sería lógico ser una persona del otro sexo. O un niño podría pensar que haciendo actividades del otro sexo, cambia de sexo, una manifestación del pensamiento preoperacional que tiene lugar antes de alcanzar la constancia de género. Factores familiares también podrían ser importantes para niños pequeños que perciben que a un padre le gustaría que fuera del otro sexo. De esta manera se hace altamente improbable que los niños pequeños conceptualicen el deseo de cambiar de sexo de la misma manera que los adolescentes.

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