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Psicología de las emociones

Autor: Natalia Muñoz Hernández
Curso:
9/10 (8 opiniones) |9010 alumnos|Fecha publicación: 08/07/2008

Capítulo 9:

 La inteligencia emocional

El concepto Inteligencia emocional

Según Daniel Goleman, autor del Best-seller titulado Inteligencia emocional en 1995, la inteligencia emocional es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos ajenos, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos. Este concepto, que engloba habilidades muy distintas, se diferencia de la inteligencia propiamente dicha, es decir, de la capacidad exclusivamente cognitiva. Por lo cual, puede ser que sujetos muy capacitados intelectualmente carezcan de inteligencia emotiva.

Howard Gardner, creador de la obra Inteligencias múltiples: la teoría en la práctica (1995), es autor del modelo llamado "inteligencia múltiple" y fue el primer teórico del campo de la inteligencia que señaló la diferencia existente entre las capacidades intelectuales y las emocionales. Él se refirió por primera vez a aspectos como la inteligencia personal, el conocimiento del propio mundo interno o la inteligencia social.

Los psicólogos Peter Salovey y John Mayer, autores del libro Emotional development and emotional intelligense (1993),propusieron en la década de los 90 una teoría que tenia en cuenta la inteligencia emocional y definieron el concepto como la capacidad de controlar y regular los sentimientos de uno mismo y de los demás y utilizarlos como guía del pensamiento y la acción.  Goleman realizó una adaptación de esta teoría en la que propuso cinco habilidades emocionales y sociales básicas, que intentaré resumir a continuación.

Daniel Goleman nos habla de la conciencia de sí mismo, como la capacidad que el sujeto tiene para saber que está sintiendo en un determinado momento y de utilizar sus preferencias para guiar su toma de decisiones, basada en una evaluación realista de sus capacidades y en una sensación de confianza en sí mismo.

Goleman trata de la autorregulación, necesaria para que cada sujeto sea capaz de controlar sus emociones y evitar que estas interfieran de forma negativa en el desarrollo de la tarea que se esté llevando a cabo en el momento. El sujeto ha de ser consciente y demorar las gratificaciones en su búsqueda de objetivos.

En tercer lugar, el autor se refiere a la motivación. Expresa la importancia de utilizar nuestras preferencias más profundas para encaminarnos hacia nuestros objetivos, ayudarnos a tomar iniciativas, ser más eficaces y eliminar, a pesar de los contratiempos, las frustraciones que se presenten.

Posteriormente, Goleman nos habla de la empatía, necesaria para darse cuenta de lo que están sintiendo las otras personas y ser capaces de ponerse en su lugar.

Por último, el autor se refiere a las habilidades sociales para usar de forma adecuada las emociones en las relaciones, interpretando adecuadamente las situaciones y las redes sociales. Nos habla de interactuar fluidamente y utilizar estas habilidades personales para persuadir, dirigir, negociar, resolver disputas, cooperar y trabajar en equipo.  

Bases Neuroanatómicas del sistema emocional

El cerebro actúa en la expresión y el control de las emociones. La denominada parte emocional del cerebro se encuentra localizada en el sistema límbico, que presenta una clara vinculación con la corteza cerebral, que es la parte que controla el pensamiento. Según los estudios realizados por LeDoux, autor de la obra Mind and brain. Dialogues in cognitive neuroscience (1986), a la corteza cerebral o neocórtex se le atribuyen funciones de metaconocimiento, es decir, la conciencia sobre los estados emocionales que permiten al sujeto discernir, comprender y analizar por qué se siente de un modo determinado. Por este motivo, es necesario "educar" esta estructura cerebral y entrenarla para que gobierne de un modo adecuado el sistema límbico.

Tal y como explica Daniel Goleman, el "cerebro pensante" actúa como moderador del "cerebro emocional", pero existe escaso control inicial respecto al momento que surge la emoción y, por tanto, el sujeto presenta un reducido margen de maniobra sobre el tipo de emoción que le afecta.

El sistema límbico se encuentra alojado en los hemisferios cerebrales y se encarga de regular las emociones y los impulsos. Incluye en hipotálamo, dónde se produce el aprendizaje emocional. Es en esta cavidad donde se almacenan los recuerdos emocionales. La amígdala es el centro de control emocional. Cuando el sistema límbico y sus subestructuras afrontan una situación amenazadora para el sujeto sin pasar por el "filtro" del cerebro pensante, la corteza cerebral, se producen unas reacciones desproporcionadas que se traducen en episodios de alteración personal y momentos de crisis.

Durante la experimentación de sensaciones positivas, el cerebro libera serotonina y endorfinas, que son substancias bioquímicas asociadas al sentido del bienestar. Cuando hay más serotonina en el cerebro se produce una disminución de la agresividad y la impulsividad. Esta sustancia se puede estimular de manera natural a través de la sonrisa, con una dieta equilibrada, practicando ejercicio físico frecuentemente o durmiendo lo suficiente.  

Establecer caminos neuronales o conexiones intersinápticas entre la amígdala y la corteza cerebral es un factor determinante para un buen desarrollo emocional. Respecto a este tema, la obra La inteligencia emocional. Aplicaciones educativas (2000) cita las investigaciones llevadas a cabo por J. Kagan (autor del libro Discrepancys temperament and infant distress, 1974). Este autor expone que en el caso de los niños con rasgos estables de timidez su amígdala es fácilmente excitable, probablemente debido a una predisposición heredada para mantener niveles elevados del neurotransmisor norepinefrina que estimulan este centro de control del cerebro emocional. En consecuencia no desarrollan caminos neuronales entre la amígdala y la corteza (estructura cerebral pensante de los contenidos emocionales). 

Cuando se produce una lesión cerebral en el córtex, bien por traumas o por lobotomías prefontales (ablación total o parcial de los lóbulos frontales del cerebro) se producen comportamientos en el sujeto caracterizados por una emocionalidad superficial, indiferencia, apatía e inestabilidad a los contextos sociales. Este hecho demuestra la capacidad de discernimiento que posee la corteza cerebral de acuerdo con los valores personales y sociales y las motivaciones del individuo.    

Para ser más exhaustivos, el sistema límbico, denominado también por su función "cerebro emocional", lleva a cabo las siguientes funciones:

- Regula las emociones y los impulsos.

- Produce el aprendizaje emocional.

- Almacena los recuerdos emocionales.

- Facilita información entre el hipotálamo, la corteza cerebral y otras partes del encéfalo.

- Transmite sensaciones de las necesidades humanas básicas: hambre, sed, deseo sexual y sueño.

El dominio de uno mismo

El cerebro almacena la información recibida en diferentes regiones. La "amígdala" es el lugar donde se concentran las emociones suscitadas por una determina experiencia. De este modo, toda vivencia que haya despertado en un sujeto una determinada reacción emocional, por más sutil que ésta sea, parece quedar codificada en esta estructura en forma de almendra denominada "amígdala" que almacena los sentimientos.

Los circuitos nerviosos ligados a la amígdala, especialmente los nervios conectados con las vísceras, proporcionan al sujeto una respuesta somática, que se traduce en una sensación visceral de alerta. La capacidad de reconocer y entender estas reacciones subjetivas, según Daniel Goleman, va consolidándose a medida que la persona en cuestión va acumulando nuevas experiencias. El autor afirma que los jóvenes tienen menos intuiciones que los adultos debido a su menor acumulo de vivencias. La expresión clásicamente utilizada para referirse a este tipo de sensibilidad que nos orienta es la de sabiduría.   

Goleman en su obra La práctica de la inteligencia emocional (2001) cuenta una historia real para ilustrar la importancia que adquiere la amígdala cerebral a la hora de tomar decisiones, aunque estas sean poco relevantes. El relato me pareció interesante para esclarecer el tema que nos acupa y a continuación está reproducido íntegramente.  

Antonio Damasio, neurólogo de la Universidad de Iowa, tuvo un paciente que era un brillante abogado al que hacia pocos años se le había diagnosticado un pequeño tumos en los lóbulos prefrontales. La intervención quirúrgica destinada a solucionar el problema resultó todo un éxito, salvo que el cirujano seccionó accidentalmente las conexiones nerviosas que conectaban los lóbulos prefrontales con la amígdala, un hecho cuyas consecuencias casi fueron tan sorprendentes como trágicas, porque si bien el paciente no parecía experimentar ninguna deficiencia cognitiva, no solo era incapaz de seguir con su trabajo, sino que acabó abandonándolo, divorciándose e incluso perdiendo su casa.

En un determinado momento, el abogado solicitó la ayuda de Damasio, que se quedó desconcertado al descubrir que, según los primeros exámenes neurológicos realizados, todo parecía perfectamente normal. Pero cierto día se dio cuenta de que al formular al paciente la sencilla pregunta "¿cuándo tendremos nuestra próxima cita?", su paciente se perdía en todo lujo de detalles acerca de los pros y contras que tenía cada una de las posibles horas en que podían concertar la cita durante las dos próximas semanas, sin poder llegar a decidir cuál sería el momento más adecuado.

Entonces fue cuando Damasio se percató del verdadero problema de su paciente, que no parecía tener sensación alguna de sus pensamientos y, en consecuencia, carecía de preferencias al respecto. (Texto extraído de la obra "La práctica de la inteligencia emocional" de Daniel Goleman. Pág. 80-81).  

Goleman afirma que nuestra mente no está organizada como un ordenador que pueda facilitarnos una copia impresa de los argumentos racionales a favor y en contra de una determinada decisión, basándose en todas las ocasiones anteriores en que hayamos experimentado una situación similar. En lugar de esto, el cerebro se sirve del "poso emocional" que han dejado dichas experiencias previas y propicia una respuesta en forma de intuición o de sensación visceral.

Estas sensaciones subjetivas acompañan al sujeto durante toda su trayectoria vital, porque, del mismo modo que se produce una corriente continua de pensamientos también existe una afluencia continua de sentimientos al respecto. La noción de que exista una racionalidad ajena a los sentimientos es, según el autor que nos ocupa, no es más que una ficción. El pensamiento y el sentimiento conviven estrechamente unidos, y en consecuencia albergamos sentimientos sobre todo lo que hacemos, pensamos o imaginamos.

La intuición y las sensaciones viscerales constituyen un índice de nuestra capacidad para captar los mensajes procedentes de nuestro almacén interno de recuerdos emocionales. Existen tres competencias emocionales básicas y cada una de ellas presenta un prototipo de carácter que aparece resumido en el cuadro que podemos observar a posteriori. Dicha información está extraída de la obra La práctica de la inteligencia emocional (2001) de D. Goleman.

La inteligencia emocional

Capítulo siguiente - Conclusión

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