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Capítulo 3:

 Somos el poder de una creencia

Estaba el león en medio de la selva retozando cuando de repente vio un hombre que venía caminando con su cabeza gacha, su cuerpo recogido y agachado y dando tan lastimeros sonidos de llanto, que los animalitos de la selva asustados salían corriendo sin siquiera atreverse a mirar a ningún lado de miedo que se contagiaran de ese profundo dolor.

El León se paró y defendiendo su territorio, pegó un gran rugido que hizo que el hombre se detuviera y lo mirara a los ojos. Fue tal el dolor que el animal vio en los ojos de este hombre que decidió hablarle en vez de atacarlo; le dijo: ¡Un momento señor! A mi territorio no entra nadie que tenga una energía tan negativa como la suya. Eso es más contagioso que cualquier enfermedad. Debe salir pronto de mis dominios, antes de que mis hermanos se contagien.

El hombre lo miró y con su voz entrecortada le dijo: „Atáqueme por favor; tengo tan mala pero tan mala suerte, que nadie en el mundo me quiere y solo deseo morir?. El animal sólo dijo „¡Cancelado!? e hizo un gesto como si estuviera haciéndole cruces al demonio. El hombre lo miró con curiosidad y en ese momento paró de llorar. „¿Cancelado?? interrogó al león. „Pues claro respondió éste; no ve que el cerebro se cree lo que usted le diga. ¿De dónde sacó esa creencia tan absurda?? El hombre le dijo: „no es una creencia es la verdad. Desde que tengo consciencia y era un niño sé que la mala suerte me acompaña.

Cuando tenía dos años mi padre me abandonó y recuerdo como si fuera ayer que mi madre dijo comentándole a mi abuela: pobre mi hijo, es de tan mala suerte que para él nada funciona, ni siquiera su papá lo quiere; imagínese la vida que lo espera.... mi mamá que parecía profeta, pudo ver lo que sería mi futuro. Por eso señor León devóreme por favor, quíteme ese destino de mala suerte de mi vida. Imagínese como será mi mala suerte que ni siquiera usted me quiere comer?.

El León rugió volvió y gritó „¡CANCELADO! ?. Con su pata gigantesca pero mullida como la de un enorme gatito acarició el rostro de ese hombre enjugando sus lágrimas y le dijo: „le contaré un secreto que aprendí de los más grandes sabios y después me dirá que decide hacer?.

Yo cada vez me convenzo más de que es mejor ser un animal que un hombre. No sé para qué les dieron a ustedes el cerebro. Nosotros nacemos y desde que nacemos sabemos lo que vamos a ser; nadie nos compara con nadie y simplemente nos entregamos a vivir y a ser felices de la mejor manera del mundo, siendo lo que somos. Nuestros padres nos aman como somos y nos permiten crecer sin darnos informaciones tontas que dañen nuestra vida.

Pero ¿y ustedes?. Desde antes de nacer, con ese cerebro maravilloso que tienen, comienzan a chupar información del mundo y obviamente comienzan a programarse con esa información. Imagínese señor usted desde los dos años se convenció de que tenía mala suerte. ¿Que buena programación no le parece? Como usted dice, posiblemente su mamá si fue un profeta, pero de esas bien malas; ¿no cree usted? Aunque realmente ella no tiene la culpa, pues ella no sabía cómo funciona la mente. Por eso esta usted aquí señor; para aprender uno de los más grandes secretos: los seres humanos somos el resultado de una creencia. Y con estas palabras de aquel sabio -dijo el León-, aprendí como funciona la mente de los hombres.

Quién podría imaginarse que somos el resultado de las creencias de todas las personas de autoridad con las que nos vinculamos emocionalmente antes de los 7 años de edad. Tal vez si hubiéramos sabido esto antes, la historia sería diferente. Cuántos de nosotros nos convertimos en padres, sin apenas saber lo que eso significaba para la humanidad; cuántos hemos repetido y repetido las historias de nuestros antepasados, sin apenas entender los motivos de estos comportamientos.

Si los seres humanos entendieran cuál es la responsabilidad de los adultos, posiblemente el pénsum de los colegios cambiaría, posiblemente también los padres pasarían más tiempo con sus hijos y no los dejarían en manos extrañas con tanta facilidad; tal vez, sólo tal vez los maestros tendrían una preparación diferente para educar, no sólo trasmitirían información de conceptos, si no que realmente se encargarían de la misión mas grande: formar un ser humano.

Desde antes de nacer nuestro cerebro ya ha recibido información a pesar de que estamos protegidos dentro del vientre materno. Recibimos información que nos dan nuestros padres, a veces no tan positiva como se quisiera; algunos nos trasmiten información que nos llena de miedos y de angustias, de temores de no ser perfectos, de miedos a no cumplir las expectativas de nuestros padres... nos preocupamos hasta por no tener el sexo que ellos quieren que tengamos.

Es entonces cuando nacemos, e inmersos en el mundo comenzamos como esponjas a recibir la información del entorno.

Los niños son como esponjas dispuestas a absorber con los sentidos todo lo que les diga el mundo. Para nosotros cuando somos bebés todo es real; ¿alguna vez usted ha visto un niño antes de los 7 años contradiciendo algo de lo que se le diga? No, antes de los 7 años no contradecimos nada, preguntamos por qué y para qué y creemos que todo lo que nos digan es cierto para nosotros.

Lo impactante de la historia es que ni siquiera nos damos cuenta de lo que decimos; creamos los ganadores o los perdedores de la vida. Cuántas veces un niño escucha a su mamá o papá decir: cómo eres de desordenado, o indisciplinado, o tonto; cuántas veces un maestro empieza a enseñar y hace sentir como "bruto" al alumno que no capta con la facilidad que él quisiera.

Los niños manejan algo que se llama promesas auto cumplidas; es decir los adultos somos dioses para ellos y a los dioses hay que cumplirles lo que ellos digan. Si por ejemplo usted le dice a un niño que es desordenado, él, en infinito amor inconscientemente dice: yo te lo cumplo y hace todo lo que está en sus manos para poder cumplir lo que el adulto le dijo.

Así que no podemos quejarnos de la gente que nos rodea. Cada uno de los niños es el resultado de lo que los adultos han creído de ellos; y lo que es peor usted es el resultado de lo que los adultos creyeron de usted.

Claro que hay algo que se debe tener en cuenta: nuestros padres y adultos en infinito amor nos dieron lo que a ellos les dieron, y esto ha sido una cadena eterna. Todos somos víctimas de víctimas.

Después de saber esto y analizando las personas del mundo, creo que el trabajo que hicieron los adultos, en muchas ocasiones ha sido excelente ¿Saben cuántas personas son hoy excelentes seres humanos, excelentes profesionales, maravillosos líderes, artistas, científicos gracias a lo que sus padres familiares y maestros les hicieron creer? Posiblemente a usted, si está leyendo estas líneas le pase como a mi; cuando se conoce esto, inmediatamente se tienen dos sentimientos: el primero unas ganas infinitas de encontrarse con los seres que ama, o con sus primeros maestros para reclamarles por haber destruido parte de su vida; el segundo, si se es padre quizás esté experimentando una culpa infinita por todo lo que ha hecho con su o sus hijos.

Sin embargo la buena noticia es que todavía estamos a tiempo de cambiar; afortunadamente el cerebro humano siempre está listo para aprender. Posiblemente nuestros hijos ya crecieron, pero aún seguimos siendo sus padres y seguimos teniendo influencia.

Posiblemente ya no estemos cerca de los que amamos, pero siempre estamos cerca de alguien con el cual estamos vinculados emocionalmente, pues somos para el o ella, una persona de autoridad y ese vínculo hace que tengamos influencia y podamos ayudar; pues a pesar de que los primeros 7 años son básicos, siempre estamos influenciados por las personas de autoridad con las cuales nos relacionamos Dentro de cada ser humano hay un Einstein, un Dalí, un Picasso, un Miguel Ángel, un Bill Gates, un Onassis, un Gabriel García Márquez o cualquiera de esos personajes que se han destacado en la historia del mundo; usted si cambia sus creencias puede convertirse en cualquiera de ellos, o en un ser muchísimo mejor.

Es cierto: Somos el resultado de un conjunto de creencias pero, también es cierto que las creencias se pueden cambiar. Todo lo que usted cree, es un pensamiento... lo que piensa produce una acción, la acción produce un resultado y ese resultado afianza la creencia.

Este es un círculo eterno, hasta que usted despierte, revise su sistema de creencias y decida cuáles quiere aceptar y cuáles le dañan razón por la cual las quiere botar a la basura. Una gran mujer llamada Luisa Hay dice con toda la verdad del mundo: "Lo único que tienes en tu mente, son pensamientos y los pensamientos se pueden cambiar".

Si esto es cierto, ¿qué le impide a usted o a mí o a cualquier persona del mundo tener sólo creencias positivas? ¿Qué impide que decidamos hoy, sólo por hoy exteriorizar el genio que somos dentro? ¿Qué es lo que hace que usted...si usted, no entre dentro de usted mismo y decida cuales son las creencias que le ayudan a crecer para potencializarlas? Deberíamos entrar dentro de nosotros mismos y tomar todas las creencias limitadoras para imaginariamente hacer con ellas un envoltorio arrugado bien compacto; sin decir nada podríamos suspirar profundamente, botar el aire por la boca con fuerza y tirar ese envoltorio hacia atrás.

Usted elige: ser feliz.... o desgraciado. Antes no lo sabía, ahora sí... antes todo se lo metían dentro, ahora usted es el responsable de lo que tiene adentro. A partir de ahora no se queje de la vida que tiene, pues la que comienza a tener depende de usted. Este es el momento de decidir. Yo ya decidí. ¿Y usted? El hombre escuchaba lleno de atención lo que aquel sabio león decía, y dentro de él, los ajustes se fueron haciendo... cuando el león terminó de hablar, sólo le dijo: ¿usted cree que todo esto es cierto? El rey de la selva, sonrió y mirándolo comentó: no creo.... Yo sé, y lo se tanto, que desde que nací, mis padres me dijeron que era el rey de la selva y me lo creí tanto, que mis hermanos de la selva se lo creyeron también y ahora nadie duda de quién es el que manda aquí.

Y como mando, ahora le ordeno que se vaya y sea feliz. Ahora conoce el secreto y si no lo pone en práctica yo mismo lo buscaré y le arrancaré cada pedacito de su piel hasta que aprenda, pero si lo práctica, descubrirá cómo el éxito y la felicidad son suyos.

El hombre abrazó al león, y con su cara brillante e iluminada salió cantando mientras brincaba por el césped repetía una suave tonadilla que decía: En la mente sólo hay pensamientos, los pensamientos se pueden cambiar; ahora que tengo el secreto, el mundo me espera para triunfar.

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